martes, 22 de mayo de 2012

Marme: A través de la mirilla

Hola a todos los seguidores de este fantástico blog:
Marieta me ha ofrecido la oportunidad de publicar un cuento mío en su espacio, y por supuesto, he aceptado encantada. Estoy muy emocionada porque será mi primer cuento en salir a la luz. Muchas gracias por esta oportunidad.
Espero que os guste.




Me sobresaltó el timbre de la puerta y sin querer dejé caer la taza en la que estaba bebiendo el café. Antes de abrir, eché un vistazo por la redonda mirilla de latón. Entonces, le vi. Un intenso escalofrío, rápido como una corriente eléctrica, recorrió todo mi cuerpo. Mi pulso se aceleró y sentí una leve náusea revolver mi estómago.
Era él. No albergaba ninguna duda. Jamás podría olvidar esa mirada de hielo incrustada en su cara oronda y grisácea, ni las arrugas largas y profundas de su frente, ni su pelo negro y grasiento.
Volvió a tocar el timbre con insistencia. ¿Qué podía hacer?  Me sequé el sudor de mi frente. Estaba indecisa y tenía miedo. Pero, por otra parte, era una oportunidad que no podía desaprovechar. Yo le esperaba, aunque no tan pronto. No había tenido valor para decidir lo que haría cuando me lo encontrase, y ahora, ahí estaba, inmóvil sobre mi alfombrilla de Bienvenida.
Durante cinco largos años había temido este encuentro, no obstante no estaba preparada. No es que no hubiera soñado mil veces con su castigo o con mi venganza, simplemente no había llegado a concretar un plan. Sin embargo, mi rabia me  espoleaba para beneficiarme de la situación, para no dejarlo escapar. ¿Qué podía hacer? Repetía mi voz interior.
-          ¿Hola? ¿Hay alguien?, curioseó apoyando su oído contra la madera intentando averiguar si yo seguía allí.
Tal vez había escuchado mi respiración, o mis pasos al acercarme. La sangre galopaba por las venas de mis sienes y el aire no llegaba con facilidad a mis pulmones. Estaba aterrorizada mas no podía dejar que se marchase. Mis ojos tropezaron con el cuchillo de cocina que todavía no había guardado. No me había dado tiempo a recoger después de la comida y la cocina estaba atestada de platos sucios y cacerolas requemadas.
Volví a mirar. Se había dado la vuelta y se iba. De pronto cogí el cuchillo, abrí la puerta y en una secuencia de movimientos no pensados, se lo clavé en la espalda. Me vengaba por fin de su ultraje, de la humillación de mi hija, de nuestra vida rota, de todo el llanto derramado que una pequeña condena de cinco años no podía resarcir.
Se desplomó al suelo y una cascada de telegramas y certificados resbalaron de su cartera esparciéndose por el rellano. Se giró con dificultad mirándome con ojos de espanto y todavía sosteniendo, en una de sus manos, una carta certificada a mi nombre. Sólo en ese momento comprendí mi error, mientras él, inocente, se desangraba a mis pies.

Licencia Creative Commons
A través de la mirilla por Marme

2 comentarios:

  1. Uf!!!
    Buen relato. Logras crear desasosigo, inquietud y... el final sorprendente.

    Me ha gustado mucho. Enhorabuena.

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    1. No sabes cuánto me alegra que te haya gustado y sobre todo que te hayas animado a escribirme un comentario. Muchísimas gracias!!

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