viernes, 12 de octubre de 2012

Carmen Dorado Vedia: Tres magos

Tres Magos

Inquietos los dioses por lo que sucedía decidieron recurrir, como antaño, a tres magos.
Su misión sería llevar, como único equipaje, aquello que consideraran imprescindible para resolver las disputas que imperaban en todo el mundo.
Tras la sorpresa inicial ante un encargo tan inusitado cada uno de los ancianos se retiró a meditar.
Después de un corto período de tiempo, pues en apenas unos minutos, los planetas serían alineados y se abriría una puerta para conducir a los mensajeros a su destino, éstos se reunieron para mostrar lo que cada uno de ellos llevaría en su regreso a la tierra.
Yo llevaré comprensión, dijo el de la barba blanca. Comprensión suficiente, siguió, para dirimir con paciencia los conflictos.
La comprensión no es suficiente, protestó el de los cabellos rojizos. Se necesita firmeza, determinación y capacidad de resolución y, por desgracia, no nos permiten llevar más que una.
¿Resolución? ¿Qué entiendes tú por resolución?, gritó el primero que había hablado. Acaso ¿te estás refiriendo a algún tipo de arma?
El tercero, cuyo pelo antaño negro ya hacía tiempo que había comenzado a blanquear, viendo en la discusión absurda en que se habían entroncado sus compañeros tosió para llamar la atención, y dijo:
Nos han encargado una misión diferente, sí, pero no por ello menos importante y hasta ahora vosotros no habéis hecho más que discutir sobre la importancia de lo que el otro quería llevar consigo. ¿No hubiera sido mejor coordinar nuestros esfuerzos, dialogar sin menospreciar la opinión del otro y actuar como uno solo? De esta forma habríamos evitado el enfrentamiento. Por eso, yo propongo que junto a nosotros viaje suficiente diálogo para que no ocurra lo sucedido hoy aquí. Compañerismo, porque el trabajo en grupo llega más lejos y a más gente, y  determinación para actuar y resolver de forma precisa en cada momento.
Al terminar su alocución el mayor de todos, el del pelo blanco, se acercó hasta el de la barba rojiza y tendiéndole la mano le atrajo hacia sí en un fuerte abrazo. Al mismo tiempo un estruendo, acompañado de una lluvia de estrellas les anunció que pronto se encontrarían en aquella tierra marchita y maltratada, pero muy amada, y que una vez allí, si los hombres les dejaban, cumplirían la misión, que se les había encomendado.



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Tres Magos por Carmen Dorado Vedia

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