lunes, 1 de abril de 2013

Amantes de mis cuentos: Buena conductora



En 1957 comenzó la fabricación del Seat-600 en España.
Su nacimiento cambió por completo la vida de los españoles.
Esther a sus veinte años y con su trabajo se pagó las clases de conducir. El día del examen estaba hecha un puro nervio. Todos sus compañeros de trabajo le desearon suerte. Superó el test, las pruebas del circuito e hizo la prueba de circulación. Mientras esperaba que le dijesen si había aprobado, no podía mantenerse quieta. A su izquierda, una chica mordiéndose las uñas y a su derecha un chico que aparentemente estaba tranquilo.
Llegó un profesor y le hizo señas a la chica, no lo había superado. La chica no dice nada pero dos lágrimas corren por su mejilla. Esther la mira sin hablar pues teme que si le dice algo, a ella le suceda lo mismo. En eso llega el profesor de Esther y afirma con la cabeza. ¡Ha aprobado! ¡Lo ha conseguido! Es tal la euforia que la invade que se abraza y besa al chico que tiene al lado, éste la mira todo asustado se separa y camina con pasos más que ligeros alejándose de aquella loca. La chica le toma la mano y le dice que se alegra y mucho por ella.
En el trabajo lo celebran por todo lo alto: patatas fritas, aceitunas, cacahuetes, refrescos.
Se ha privado de salir los fines de semana con sus amigos, de no comprarse ropa, ni abalorios, ni cosméticos. Sus padres les han ofrecido la mitad de lo que le cueste un coche. Un Seat 600, blanco, de dos puertas, de séptima mano, con la chapa bastante ajada, pero eso sí, con un motor fenomenal.
Domínguez, un compañero que pronto se jubilará y que fue taxista queda con ella para acompañarla en ese su primer día. Los demás preguntan qué itinerario van a tomar.
Al salir de su casa ya la está esperando. Van en busca del coche, Esther saca la llave, intenta abrir la puerta, no se deja. Entonces da un golpe en el techo, la ventanilla se baja por arte de magia y desde dentro, abre. Se suben los dos y Esther arranca. Su compañero comenta:
-Muy bien. Salida de profesional.
La chica comienza a sentirse muy satisfecha. No siempre se reciben halagos así. Tiene que frenar en una pendiente y a la salida, Domínguez, moviendo afirmativamente la cabeza le dice:
-Muy bien utilizado el embrague.
No cabe en sí de gozo. Se está inflando como un globo. En todo el camino, no se olvidó de dar intermitentes, guardó la distancia reglamentaria, en cada paso de cebra dio paso a los peatones. Aminoró la velocidad cuando era preciso y no se saltó ningún semáforo en rojo. Esperaba que de un momento a otro, Domínguez, volviera a decir una alabanza. Ya la estaba necesitando. Y no llegaba.
Al fin habló Domínguez con voz mesurada.
-Todo perfecto, Esther, salvo que vamos en dirección prohibida. 

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