miércoles, 1 de enero de 2014

Amantes de mis cuentos: Autoestima





Me considero una mente privilegiada.

Mi madre es la única, a veces,  que está de acuerdo conmigo. 

Mi padre, desde hace tiempo, solo me mira y calla. 

Tengo una hermana a la que adoro pero me parece que no soy correspondido. Su mayor virtud es la cabezonería, mira que le digo que con el físico tan espectacular que tiene no necesita estudiar, pero no me hace caso y siempre ha sacado sobresaliente en las asignaturas,  tanto que pudo entrar en medicina con la gorra y se sacó el título. Ahora se dedica a trabajar.

En cambio, yo estoy a la espera que la suerte me sonría.

Hace dos meses pidió a sus padres, y a los míos, claro, que la acompañasen a ver un chalet en Torrevieja. Pretende comprarlo.

Le dije: -¿Para qué?

Y me contesta que papá y mamá nunca han salido del pueblo y quiere que disfruten de los beneficios del mar.

-          Y yo ¿qué?

-          Tú también podrás disfrutarlo.

Eso me pareció bien, hasta que rascándome la cabeza, eso lo hago siempre que pienso, le solté:

-          Pues dispuesta a comprar ¿por qué en Torrevieja y no en las Seychelles?

Silencio. La buena educación no es su fuerte.

A Torrevieja que nos fuimos todos a dar el visto bueno. Desde el primer momento puse reparos, porque no es que esté mal pero ni siquiera es nuevo, lo compra de segunda mano.

Ayer ha dicho que este fin de semana se va a la playa. Tiene cita con un albañil. Los del tiempo pronostican, lluvia, frío y viento. No es sensato viajar. Y le he dicho a mi madre:


-          Vigila a tu hija. Si es capaz, con este tiempo, de hacer cuatrocientos sesenta kilómetros por un albañil ¿Qué no hará por un ingeniero?

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