sábado, 1 de marzo de 2014

Amantes de mis cuentos: El amor es ciego

Hippopotamus amphibius

-          Dame un beso, amor mío.

Pero el que fuera el amor mío no me daba un beso. Ya lo decía mi madre:

-          Algunos son como son.

Trabaja en un circo y al salir se introduce en el río y de allí no hay quien le saque. Se queda en su recodo preferido, hasta dieciséis horas, como si fuera el amo del lugar.

Me dicen que es feo pero yo le encuentro una pinta simpática. Es verdad que tiene la cabeza grande, la boca amplia y el torso en forma de barril pero a pesar de ser achaparrado y tener las piernas cortas hay que ver lo que corre cuando al anochecer deja el agua. Es demasiado agresivo en cuanto se le importuna y eso me hacía sentir muy triste.

Yo le llamaba cielo, cariño, amor, aunque si le hubiese dicho ¡Oye tú! sería lo mismo.

Por fin decidí cortar la relación. Él ni se inmutó cuando se lo dije.

Mi mejor amiga me dio la enhorabuena. Y como si lanzara un piropo me dijo que cuando le conoció su primera impresión fue de estupor. Siempre pensó que yo me hice novia de ese hipopótamo por estar muy necesitada de cariño o por la falta de hombres que hay en el pueblo.   


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