martes, 1 de abril de 2014

Amantes de mis cuentos: Nuestra canción


El Malecón. La Habana. Cuba

A Benny Moré



En este bar te vi por vez primera.

Llevaba años sin venir, cuarenta y tres años, un mes y doce días. Al entrar se me encogió el corazón. Me senté en la mesa de siempre, un joven desconocido tomó nota. Debí pasar el tiempo pensando en ti porque, al hacer ademán de beber, solo quedaba en el fondo del vaso una gota de color ámbar, como tus ojos. Recordé cuando bajaste, por aquellas escaleras, vestida de color de fuego, con un escote en la espalda hasta la cintura y oí crujir los peldaños como si la madera se hubiese puesto a llorar, a gemir. No así las tablas del suelo, que te acogieron como si besaran tus pies. La bandeja oscilaba mientras servías bebidas y cantabas aquella canción.

Y sin pensar, te di mi vida entera.

Sí, así fue, desde el primer momento en que nuestras miradas, se cruzaron. Por eso, desde ese instante, para mí este es el BAR, sí, con mayúscula, los demás solo han sido tascas, cantinas, mesones, cafeterías. Al llegar a nuestra mesa, un amigo común nos presentó y cuando tomaste mi mano dejé de sentirme como una hoja arrastrada por el viento.

En este bar se hablaron nuestras almas.

Te invité y aceptaste. Menos mal que llevabas el peso de la conversación porque yo me había quedado mudo, menos mal que sonreíste cuando derramé mi bebida en tu vestido rojo; menos mal que al bailar y no dejar de pisar tus pies no separaste tu cuerpo del mío, ni cuando al intentar robarte un beso los nervios me llevaron a tu nuca en vez de ir a tus labios. Dijiste que era el único beso que te había hecho estremecer. Me serviste un trago de ron mientras bebías cerveza, allí muy junto a mi corazón. En aquellas horas supe lo que era el amor, conocí lo que era una mujer, lo que era enloquecer al verte partir. En noches sucesivas estuve yendo y quedando a la espera hasta la amanecida. No te volví a ver en toda la semana, ni la mañana del sábado, ni la tarde del domingo. Ni durante todo un año. La vida me llevó lejos y dejé de ir a nuestro BAR, hasta hoy. 

Pregunté por ti. Me contaron que, intentando escapar en una balsa, no lograste llegar a tu destino. 

Quise darnos un homenaje y recordando viejos tiempos bebí una copa de ron y una jarra de cerveza, una copa de nuevo, una jarra también, otra de nuevo, otra después... Cuando salí de allí iba dando tumbos, mientras lloraba al cantar:

Camarera, Camarera.
Tú eres la camarera de mi amor.





Autor de la letra de la canción: José Dolores Quiñones

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