jueves, 1 de mayo de 2014

Amantes de mis cuentos: Ansias de vivir


 
La guadaña





No creo que encuentre nunca un  rincón apropiado para morir. No estoy preparado. Ni siquiera tengo la maleta hecha porque espero que cuando llegue la guadaña se lleve a la vecina, que tan precavida ella, ¡tiene hecho hasta testamento! Es de las que mantiene el armario arreglado; por si se muere de repente, no puedan decir de ella que era una desordenada.

Yo no. Es más, si me propusieran quedarme para cepa, aceptaría.

Y no es porque tenga miedo de ir al infierno, que lo tengo; es que vivir con pasión, sin medir las consecuencias, es lo mejor que nos puede suceder. Cierto es que soy algo guaricandilla, cierto es que me gusta gozar de la vida, cierto es que no las pienso, pero ¡es tan triste pasar por la tierra sin pena ni gloria!

Otra razón de peso es que de los muertos siempre se habla bien y como de mí hay mucha tela por donde cortar, no quiero que nadie sienta escrúpulos, al decir verdades, estando de cuerpo presente.

No tengo forma de describir lo que siento cuando estoy hoy con uno y mañana con otro. Eso hay que vivirlo. Nunca he entendido a esos amantes que se suicidan por amor. El verdadero tiene que ser compartido con muchos y si requiere sacrificios… deja de ser amor.

Mi amiga de toda la vida, joven, bella, rica, se quedó viuda y nunca más ha vuelto a estar con un hombre. ¡Infeliz! Encima, se vanagloria de ello. 

¡Qué desperdicio! A eso yo le llamo morirse en vida.


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