jueves, 1 de mayo de 2014

Amantes de mis cuentos: Hombre eterno



Goya atendido por Arrieta






Mi mejor amigo es hipocondríaco.


A los siete años le dio sarampión y desde entonces se siente muy a gusto en su papel de “enfermo imaginario”. Te describe con tanta profusión de detalles sus enfermedades y su tratamiento que, cualquiera pensaría que solo le falta una asignatura, para graduarse de doctor en medicina.


Si le llamo para ir al cine le duele la espalda, si al teatro le duele el dedo meñique de los dos pies, nunca he oído que unos juanetes dieran tanto de sí. Si le propongo ir a sentarnos a un parque es alérgico al polen. A lo único que está dispuesto a acompañarme es a ver los partidos de fútbol.


A los niños los quiere mientras más lejos mejor porque siempre tienen mocos y son una fuente de contagio.


Entre pitos y flautas ha enterrado a todos los sanos de su alrededor. Si alguien le va a contar una dolencia solo emite una primera frase porque él le interrumpe para contar la suya. Un día que tuve una pequeña conjuntivitis pensé, que era la primera vez que le iba a ganar en una enfermedad, que no me había descrito y cuando me fue a interrumpir, no le dejé:


-¡Eh! El primero que ha empezado he sido yo.


Por primera vez en la vida el protagonista de una enfermedad era yo, ¡qué equivocado estaba! porque cuando me contó la suya era mucho más y a mí de esas cosas no me gusta presumir.


En general he gozado de muy buena salud, hasta la semana pasada, que por complacerle ante su insistencia en que los dos nos hiciésemos una analítica, a mí me dejaron ingresado en el hospital y, en cambio, a él le han puesto de ejemplo de cómo una persona de su edad, puede tener una estupenda salud de hierro.  

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