domingo, 1 de junio de 2014

Amantes de mis cuentos: Ave, Caesar, morituri te salutant


La primera Catilinaria
Cicerón denunciando a Catilina año 63 a.C.
Pintor: Cesare Maccari, 1880
Palazzo Madama, Roma


Mi novia es una pedante. La oyes hablar y es como si estuvieras leyendo una Enciclopedia. Yo soy inteligente por naturaleza pero de conocimientos ando flojo. Me hago entender pero a los idiomas los mantengo al margen. Ella en cambio habla hasta latín. Cuando me enteré le hice jurar que nunca se metería a cura. Me dio una explicación un tanto ambigua.

Su padre me ha dicho que siempre ha sido algo tonta. Su madre, en cambio, piensa que el espíritu de un sabio romano se ha apoderado de su hija.

Al principio creí que buscaba impresionarme pero ha pasado el tiempo y sigue igual. Ayer sin ir más lejos le hablaba de cuando yo fuera rico y me soltó: Pedes in terra ad sidera visus. Traduce chata le pido y me da la espalda. Me entró tal cabreo que me largué.

Entré en el bar de la esquina. Allí encontré a mi mejor amigo, Bruto, siempre le he llamado así porque era peor que yo en el colegio. Le conté lo de mi novia y sin terminar va y me dice: Bibere humanum est, ergo bibamus. Le dejé con la cerveza en la mano. Lo que me faltaba… 

Llego a mi casa y busco a mi madre para que me brinde su hombro. Me escucha en silencio y me dice que la humanidad aunque tenga la cabeza de trapo no debe tener los pies del revés, ¡Nunca pensé que mi madre fuera tan sabia! Ya tengo un buen argumento para que mi novia camine hacia el futuro y no hacia atrás.

Me pongo en pie para no perder tiempo y me retiene para preguntarme si estoy enamorado de esa chica. Me lo ha dicho así tan de sopetón que no sé qué contestarle. Yo creo que sí. Te encuentro dubitativo y de eso debes estar seguro, me dice acariciando mi rostro, porque Amor est vitae essentia.


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