domingo, 3 de agosto de 2014

El mito de Apolo y Marsias




 
Cima de Conegliano, 1507-1509






Apolo era un poderoso dios que entre todas sus virtudes se encontraban la música, la poesía y las artes. 

Marsias era un sátiro, criatura mitad hombre, mitad carnero, acompañante de la diosa Cibeles.


Un día Atenea hizo una flauta doble con huesos de ciervo y la tocó en un banquete de los dioses. Al principio no podía comprender por qué Hera y Afrodita se reían tapándose el rostro con las manos, pues su música parecía complacer a los otros dioses; en consecuencia se dirigió sola a un bosque, tomó otra vez la flauta junto a un arroyo y contempló su imagen en el agua mientras tocaba. Enseguida se dio cuenta de lo ridícula que parecía con el rostro azulado y los carrillos hinchados, por lo que arrojó la flauta y maldijo a quienquiera que la recogiese.


Marsias tropezó con la flauta, y se convirtió en el mejor flautista, venciendo a cualquiera que lo desafiara. Recorrió Frigia con ella, en el séquito de Cibeles, deleitando a los campesinos. Éstos decían que ni Apolo mismo podía haber hecho mejor música, ni siquiera con su lira. Y Marsias fue tan insensato que no les contradijo. Esto provocó la ira de Apolo, quien le invitó a un certamen en el que el vencedor podía imponer el castigo que quisiese al perdedor. Marsias accedió y Apolo eligió a las nueve Musas como jurado.


Hay varias versiones del concurso: Unas dicen que Marsias tocó mejor que Apolo. Otras dicen que quedaron igualados. En cualquier caso Apolo le gritó a Marsias:


-         “Te desafío a que hagas con tu instrumento lo que yo hago con el mío. Ponlo al revés y toca”.


Marsias no pudo hacer frente al desafío pues con una flauta eso era imposible.
   

Otra versión nos dice que Marsias fue derrotado cuando Apolo acompañó con su voz el sonido de la lira, cantando himnos tan deliciosos que las Musas sentenciaron a su favor. Marsias protestó, ya que el concurso consistía en la habilidad tocando un instrumento y no con la voz, pero Apolo replicó que Marsias soplaba en su flauta, lo que era casi lo mismo.


Apolo se vengó con mucha crueldad de Marsias. Lo desolló vivo y clavó su piel en un pino, según unos, a un plátano, según otros, junto a la fuente del río que hoy lleva su nombre.


Apolo ganó un segundo certamen musical presidido por el Rey Midas; esta vez venció a Pan. Así fue como Apolo se convirtió en el Dios de la Música y desde entonces toca su lira de siete cuerdas.


Es la eterna lucha entre los aspectos apolíneos y dionisíacos de la naturaleza humana, el caos y la mesura, tan opuestos y complementarios a la vez. Nietzsche desarrolló estos conceptos en su obra “El nacimiento de la tragedia” cambiando la visión racionalista de los antiguos griegos.







Fuentes:

Wikipedia, la enciclopedia libre.

Robert Graves: Los Mitos griegos. Alianza Editorial. Madrid 1985

        

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