jueves, 1 de enero de 2015

Amantes de mis cuentos: El Ángel de la Guarda


Ángel de la Guarda (1656)
Pietro da Cortona



Dicen que todos tenemos un ángel de la guarda que vela por cada uno de nosotros con dedicación exclusiva.

Me pregunto si debido al crecimiento de la población mundial los ángeles no habrán tenido que reorganizarse y tengan que compartir esos cuidados con varias personas a la vez. No sé qué criterio llevaran.

El caso es que Laura y Vanesa son amigas desde la niñez y que sus madres cuando nacieron las encomendaron al arcángel Gabriel.

Vanessa es una chica explosiva, tiene una lengua tan afilada que ni siquiera se da cuenta cuando corta. Sus comentarios son tan contundentes que aún siendo agnóstica es como si llevara la Biblia bajo el brazo. Respecto a los hombres ha acuñado la frase de ser una “suicida sexual”, el placer, el disfrute para ella es tan importante que el riesgo es secundario. La emoción de lo prohibido es su bandera.

Laura es la sensatez personificada. Sus comentarios son amables. Es generosa en cumplidos o calla cuando no encuentra nada que alabar. No concibe el sexo sin amor, siendo tachada por su amiga de cursi, mojigata y otras lindezas.

Vanesa, con tipo de modelo, en un primer momento se lleva de calle a los chicos. Y no se explica cómo la mosquita muerta de Laura, es quien llega a ser amiga de ellos.

Cuando Laura habla a Vanessa de sus sueños, ésta se pregunta cómo puede ser tan tonta y la ametralla con una lógica tan aplastante que a Laura no le quedaría otro recurso que apuntarse a unas clases de autoestima si no fuera por una fuerza innata en ella.

En Vanesa, la explosión hormonal, es como una tormenta que puede convertirse en ciclón. El termostato hormonal en Laura es el equilibrio de la nieve en invierno y el sol en verano.

Sus madres diariamente le rezan a Gabriel para que espabile a Laura y modere a Vanesa.

Con algún que otro sobresalto las cosas iban más o menos bien hasta que un día llegó lo inevitable. La amistad que tantos obstáculos había superado se quebró. El eterno enamorado de Vanesa, aquél a quien siempre tenía a mano en caso de necesidad, se enamoró de Laura y esta le correspondió. Vanesa no se lo podía creer. Laura, esa insípida, se casaba antes que ella y con un chico que por derecho de antigüedad le pertenecía. Nunca pensó que su amiga de la infancia le pudiera robar nada y mucho menos a un hombre.

Laura le pidió que fuera dama de honor de su boda y Vanesa rompió ante sus ojos  la invitación. Proclamó al mundo que se casaría antes que Laura y lo cumplió.

Fuentes fidedignas han confirmado que Gabriel solicitó un año sabático en el servicio celestial tras aquellos días en que hasta las alas se le cayeron de agotamiento.








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