lunes, 1 de junio de 2015

Amantes de mis cuentos: Reencuentro


 
Locomotora de vapor 
  
Me encantan los apeaderos. En soledad cuando no hay nadie, y solo el murmullo del viento nos trae a lo lejos un ligero retumbar de vías. En muchedumbre cuando los pasajeros se revuelven y hay un ir y venir de maletas, empujones, protestas y hasta alguna que otra bofetada dada a quien se arriesga a tocar traseros; y cuando ves llegar a ese con aires de gran señor, birlando carteras, cadenas y hasta el peluquín del más despistado…

Me escondo en esos sitios privilegiados donde nada se escapa a un ojo bien adiestrado, escuchando a los bienvenidos y a los bien hallados.

Salto de gusto al escuchar el ruido de la locomotora, el silbato es música para mis oídos. Por eso no hay lugar que no visite que, no vaya a presentar mis respetos... a la estación de ferrocarriles. 

Por eso me gusta tanto Cabaret y la escena donde Liza Minelli, grita, grita,  grita...

Llevo años queriendo hacer lo mismo. No quiero morir sin haberlo hecho. Creo que le debo ese homenaje a la película, a mis gusanos de hierro, a esos monstruos que son mi debilidad. Pero no me atrevo. Soy más tímida.

Ayer no sé qué pasó por mi mente. Sin pensar me encontré en una gran terminal. El estruendo era espantoso. Trenes saliendo y entrando. Cosa rara no había nadie en el andén. Estaba sola. Mejor ocasión imposible. Tenía que ser valiente. Esperaría a que aquella mole que ya estaba a punto de llegar, hiciera su entrada silbando. Dicho y hecho. Saltando como una lunática, chillaba, voceaba, me desgañitaba.

Y en mitad de tan gran interpretación ¡Oh, Dios mío! Veo ante mí una sonrisa que mejor no analizar. ¡Trágame tierra! Nada menos que a ese hombre a quien tanto amé, con quien me iba a casar y no se presentó en la iglesia, a ese a quien nunca más querría volver a ver, que me decía socarrón:


-         Extravagante y deliciosa como siempre.



© Marieta Alonso Más



2 comentarios:

  1. Me has hecho sonreir. ¿Serias capaz de eso? Un beso

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    1. No lo he hecho nunca pero podría ser una buena terapia. Un abrazo de palabras.

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