martes, 23 de junio de 2015

Brújulas y Espirales: Philip Hensher "El imperio de las Zarzas"

Blog literario de Francisco Martínez Bouzas


jueves, 13 de febrero de 2014


EN KABUL, 1830

El Imperio de las Zarzas


Philip Hensher



Traducción de Alberto Coscarelli


Edhasa, Barcelona, 639 páginas


(LIBROS DE FONDO).

   El multiculturalismo dejó hace tiempo de ser un concepto abstracto. Eso, al menos se observa al comprobar quienes son los componentes de la selección efectuada por la revista Granta el año 2003, “Los mejores novelistas británicos”. En el  Twenty británico  de ese año están representadas en efecto la enorme variedad de etnias, creencias religiosas, opciones sexuales, modelos familiares que convierten a Gran Bretaña en una sociedad sumamente fluida. La misma diversidad encontramos en las temáticas de las obras de los autores seleccionados. En la selección de Granta figura la comedia de costumbres y la sátira, géneros británicos por excelencia, la homosexualidad y el lesbianismo, ambiciones experimentalistas, pero también la novela histórica, representada entre otras por The Mulberry Empire de Philip Hensher, traducida al español y publicada por  Edhasa bajo el rótulo de El Imperio de las Zarzas. Una aventura de la primera guerra afgana.
   Su autor se ha convertido en poco tiempo en uno de los novelistas y críticos británicos más respetados. Sorprendió hace unos años al obtener el Premio Somerset Maughan con Kitchen Venon. Hace diez años  saltó a la fama internacional al convertirse en uno de los escritores de “la lista que establece las lecturas de toda una generación”.
   El Imperio de las Zarzas traslada al lector al Kabul de 1830 y le sumerge en el desastroso primer intento de invasión de Afganistán realizado por el Imperio Británico y que finalizó en una colosal hecatombe ya que del brillante cuerpo expedicionario de 16.000 soldados, sólo sobrevivirá un jinete.
   De raíces realistas pero dotada de una gran originalidad en el tratamiento de los personajes, la novela de Hensher describe las relaciones entre Oriente y Occidente durante la década de 1830, trasladando al lector a los diversos escenarios de toma de decisiones políticas de la época: San Petersburgo, Kabul, Londres, Calcuta. El virtuosismo del narrador hace posible que la novela adopte diferentes tonos según las ciudades en las que se desarrolla la acción: aventuras exóticas, influencia de la novela victoriana, de la narrativa decimonónica rusa, etc. La mayoría de los personajes tuvieron existencia histórica. Tal es el caso del protagonista, el viajero  Alexander Burnes que arriba a Kabul en una de sus expediciones geográficas y descubre todo un mundo de olores, colores y costumbres sorprendentes para un occidental.
   Tanto el tema de la primera guerra afgana como el escenario de Kabul resultan de indiscutible actualidad. Sin embargo, el acierto es puramente azaroso ya que Philip Hensher ya había redactado la novela antes de la  intervención americana en el país y de un conflicto que no cesa. La novela es fruto de las sugerencias del escritor A.S. Byatt que le aconsejó al autor que escribiese una novela de amplias dimensiones sobre el tema. El resultado es El Imperio de las Zarzas, una pieza exuberante, colorista, rebosante de vida, de personajes singulares como el emir Dost Mohammed Kan, padre de cincuenta y cuatro hijos.
   Escrita en homenaje de las grandes obras literarias inglesas del siglo XIX, se modula según sus acentos, se ajusta a sus cánones y preocupaciones, nos introduce en las moradas inglesas de la época, en la geografía de Crimea y en los palacios orientales con el lenguaje propio de un novelista victoriano. Y aporta noticias a los lectores, una de las razones que, según el premio Nobel  V.S. Naipul, justifican la existencia de una novela.

Francisco Martínez Bouzas
Fragmento
“Desde aquí, la enorme y lenta tormenta de tierra, elevada por el viento, anuncia el progreso y lo oculta, ostentoso y secreto al mismo tiempo. Desciende, ahora, hacia esta lineal nube marrón, y allí, en la cabeza de la misma, como si emergiera del smog, está el gobernador general en persona. Cabalga ala cabeza de su procesión como una joya colocada en el centro de una corona. Está sentado en su palanquín y dormita, bamboleándose de lado a lado. De vez en cuando, levanta la cabeza y se mantiene erguido. La etiqueta y los requerimientos de la vasta comitiva  se han sumado, y esto significa que debe levantarse antes de las cinco todos los días, y a esta hora en que anochece, siente el peso de su temprano despertar. Delante y junto a  su engalanado elefante marchan los abanderados descalzos, que agitan estandartes mongoles (para quién es algo que nadie pregunta). Con expresiones graves, levantan y bajan los pies con rápida decisión, como si quisieran imitar al elefante del gobernador general. Detrás del elefante de lord Auckland caminan los elefantes de su grupo doméstico, sus hermanas y los cortesanos.”
(Philip Hensher, El Imperio de las Zarzas, página 230)



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