martes, 1 de septiembre de 2015

Amantes de mis cuentos: Un hombre reflexivo

Cape Cod al atardecer
Edward Hopper

Mi mujer quiere más al perro que a mí. Todo estaría bien si ella se ocupara de darle la comida, bañarlo y quitarle las pulgas. No. Eso me toca a mí. Ella solo se entretiene en sacarlo a pasear. Están todo el dichoso día, una detrás del otro; le acaricia el lomo; le besa el hocico; hasta por las noches duerme a los pies de su cama.

Charla con sus amigas de lo inteligente, guapo y cariñoso que es.  No hay en el mundo otro que lo iguale; a mí nunca me ha sobado la espalda; nunca ha dicho una lisonja sobre mi persona; no me besuquea, no me achucha. No. Soy un cero a la izquierda.

Se acomoda en su sillón favorito y el perro se le sienta encima. Juntos frente al televisor escuchan la novela que emiten por las tardes y si comienza la música que da inicio al episodio y no está en su sitio, el perro la trae a rastras, para no perderse ni una coma de lo que dicen. Se quedan como en trance. Si cuentan algo triste mi mujer llora y el perro mirándola con ojos de pena, gime.

Debo tomar una decisión. No sé de quién divorciarme, si de mi mujer o de la Organización Nacional de Ciegos, que fue quien le proporcionó al perro.




© Marieta Alonso Más

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