domingo, 1 de noviembre de 2015

Amantes de mis cuentos: El balcón


Casa Milá  (La Pedrera), Barcelona, España
Arquitecto: Antoni Gaudí




Diego se ha escondido en el balcón. No quiere que los niños de la guardería le puedan quitar la pelota que lleva abrazada. Es la primera vez que traspasa las puertas de cristales. Está prohibido.

Se acerca a la balaustrada y recula de inmediato. Cierra los ojos y poco a poco se deja caer hasta el suelo donde queda sentado con el balón en el regazo y la espalda apoyada en la pared.

Siente que vibra el cristal de la puerta, alguien está apoyado en ella. Al oír su nombre da un respingo y la pelota rueda hasta quedar encajonada en la barandilla de hierro forjado. Con el pie intenta moverla, no lo consigue. Se arrastra por el suelo. Prueba sacarla con las manos. Tampoco.

Oye cómo le llaman.

-         ¡Diego! ¡Diego!

Es Rosa, la chica que le cuida.

-         Diego ¿dónde estás?

-         Aquí...-, contesta muy bajito.

Intenta de nuevo retirar de entre los barrotes su pelota. Imposible. Los coches parecen tan pequeños desde ahí. Alguien está abriendo la puerta. Repta hacia la esquina y queda detrás de una de las hojas.

-         ¡Diego! ¡Diego! ¡No te escondas! ¿Dónde estás, cariño?

-         Aquí...- repite de nuevo en el mismo tono. La puerta se cierra.

Gatea hacia el borde. Empuja la pelota y esta cae al vacío. Uno de sus brazos queda colgando. Se agarra muy fuerte a la barandilla. La abertura de los barrotes es amplia. El balón ha golpeado a un transeúnte  que levanta la vista y, al ver al niño, lanza la pelota con tanta fuerza y tan poca fortuna que rompe el cristal de la puerta.

A Diego le rodean los cristales rotos.

-         ¡Diego! - grita Rosa.


El niño se pone en pie de un salto, se vuelve, cruza las piernas.  Pero sucedió lo que ya tenía superado. Mira de reojo a Rosa y baja la cabeza. El pis brota con fuerza y el regato se desliza hacia la calle salpicando al hombre que había hecho el destrozo.


© Marieta Alonso Más

Foto: Wikipedia, la enciclopedia libre

2 comentarios:

  1. Me has tenido en vilo, ¡menos mal que no se ha caido!

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    1. De eso se trataba de mantenerte en vilo. Muchas gracias chiquillas por todos tus comentarios.

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