martes, 1 de marzo de 2016

Amantes de mis cuentos: La anciana de la garrota

Las brujas de San Millán
Ignacio de Zuloaga





Iba camino de mi trabajo a las seis de la mañana y en plena avenida tuve que frenar en seco porque una anciana cruzaba la calzada como si el semáforo estuviera en verde para ella. Sin ponernos de acuerdo todos los conductores sacamos la cabeza por la ventanilla e increpamos a la señora. En vez de aligerar el paso, lo que hizo fue hacernos frente parándose en mitad de la calle con una mano en la cintura, un pañuelo negro cubriendo su cabeza, sus faldas largas y su bastón amenazante.

¡Coño, si es mi abuela! ¿Qué hace aquí a estas horas?

Me bajé del coche y la llevé hasta la acera. Corrí para aparcar mientras escuchaba gritar: ¡Bruja, más que bruja! Y aunque antes yo había gritado algo más gordo, ahora me sentó muy mal, era mi abuela y no tenían por qué ofenderla.
Como está sorda como una tapia estaba tan tranquila sentada en el banco y me explicó que salía a caminar por prescripción facultativa y lo hacía a esas horas porque más tarde el calor era apabullante y por eso aprovechaba el fresco de la mañana.

-         Abuela, no puedes cruzar la calle como si estuvieras en el pueblo.

-         No te preocupes, hijo, ya frenarán.

La alegría se le desbordada por los ojos por haber tenido la suerte de verme y me explicó con lujo de detalles que esto de salir a caminar sin tener algo que hacer, era una pérdida de tiempo por lo que, siempre buscaba un sentido a sus paseos.

Ha comprobado la clase de ataúd que su Seguro de Deceso le tiene asignado. ¡Una birria! Y ha reservado uno a su gusto. Visitó a su costurera y le ha encargado la mortaja. Cada día va a la notaría y agrega un codicilo al testamento, el notario un encanto pero la secretaria murmura por lo bajo, ella no oye lo que dice pero se lo imagina. Y hoy, va a ir a su entidad bancaria porque haciendo cuentas, con eso del redondeo le están robando, cada mes, cinco céntimos y como no tienen la delicadeza de regalarle ni un bolígrafo, ni un calendario; se los va a reclamar. Hay que tener mucho cuidado con los banqueros, hijo, solo saben barrer para ellos. 




© Marieta Alonso Más

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