martes, 11 de octubre de 2016

Socorro González-Sepúlveda Romeral: Tontamente pensado

Henri Matisse (1869-1954)
La lectora





Esta mañana, saliendo de la biblioteca José Acuña, en un semáforo de la calle Quintana, me cruzo con un señor maduro, que se parece mucho a un antiguo profesor de la Universidad Complutense. Lleva puesto un abrigo verde de sport, que yo llamo abrigo de Gobernador Civil, un sombrero y una bufanda a cuadros. Va vestido como corresponde a un intelectual de izquierdas, un poco anticuado y, sobre todo, de una manera impropia del mes de abril. Me ha mirado con insistencia y, yo no sé por qué, me he sentido halagada. Camino de casa, pienso tontamente en varias posibilidades…

Uno: Me ha mirado porque cree conocerme, pero no me conoce. Si vive cerca de casa y es normal que mi cara le suene; nos habremos cruzado cientos de veces. Puede que me haya  confundido con otra, ¿Con quién? ¿Qué personalidad tendrá esta otra? ¿Qué significará para él? Un antiguo amor, una prima del pueblo o su casera…

Dos: Puede que al verme con los libros debajo del brazo piense: “Esta señora es una rata de biblioteca, de las que leen libros sin parar, por diversión. De las que leen  sin criterio, lo bueno y lo malo, que se alimenta de literatura,  sin vida propia ¡Una novelera!”

Tres: Hoy, no es por nada, tengo el guapo subido. Llevo puesto el abrigo negro, que me hace más delgada y estilosa, abierto para que se vea mi vestido estampado  primaveral y con un escote generoso. Puede que él esté pensando “Esta señora, madurita, esta de muy buen ver. Ese peinado la favorece y, ¡Qué bien  le sienta ese vestido escotado! ¡Es primavera! Sería interesante  iniciar una aventura. ¡Si se le cayese un libro! Podríamos empezar hablando de literatura y después… ¿quién sabe?”.

Camino cada vez más despacio; absorta en mis pensamientos. De repente, vuelvo la cabeza para mirarle y, en esa mismo instante él también se vuelve  y me mira… ¡Dios mío, va a pasar algo!  ¡Y pasa! Choco con el distribuidor de pan Bimbo que derrama la mercancía en plena calle.

─ ¡Señora, mire por dónde va! ¡No se puede ir pensando en las musarañas! 



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