sábado, 11 de febrero de 2017

Socorro González-Sepúlveda Romeral: Revelación





 
Acrílico sobre tela/ Mujer con sombrero



Aquel día, Marta lo recuerda con más de veinticuatro horas, el tiempo se estiró, se alargó, fue un día eterno y, a la vez puntual, con un antes y un después. Por la mañana, realizó una entrevista de trabajo  que no  la dejó satisfecha. Por la tarde, después de visitar al médico se desataron todos sus temores a padecer un cáncer; siempre había sentido un miedo irracional por esta enfermedad. Tenía prisa por llegar a casa, encerrarse en su habitación y llorar.


Al llegar, su marido, que siempre llegaba más tarde, la esperaba en el salón.


-Cariño, tenemos que hablar, es importante -dijo, nada más verla entrar.


Marta, contrariada, después de colgar su abrigo en el perchero, se sentó en el sofá y se dispuso a escuchar, se temía lo peor. Él  se quedó de pie, no parecía sentirse cómodo ni seguro de sí mismo, daba vueltas al vaso de whisky que tenía entre las manos y con la punta del zapato seguía los dibujos de la alfombra. Comenzó a hablar:


─La conocí hace tiempo… Nunca pensé que me iba a enamorar… Ahora está embarazada… Yo te quiero mucho, pero ella me necesita…  -Mientras  hablaba, sus ojos iban inquietos de la alfombra a la ventana.


Marta ya no escuchaba, pensó: ¿Todo esto me está pasando a mí? Todas mis sospechas se han confirmado.


Siguiendo la mirada del marido miró  a su vez por la ventana. Vio pasar las nubes cargadas de lluvia, volar una banda de pájaros en forma de uve, oyó voces de niños jugando en la calle. Dejó volar la imaginación. De pronto, sin saber por qué, notó que todos sus miedos y sus dudas la abandonaban y se sintió libre. Comprendió que vivir era lo importante. Entonces supo que lucharía contra el cáncer y viviría alargando su tiempo, porque aún quedaban muchos caminos para andar y se propuso andarlos.


Se levantó, sonriendo se puso el abrigo y dijo:


─Voy a dar una vuelta antes de que anochezca, ¡El día es magnífico! No me esperes para cenar.



© Socorro González-Sepúlveda Romeral    

6 comentarios:

  1. Los miedos empequeñecen el YO.
    La certeza lo fortalece.
    No siempre es así.
    Pero es un comienzo.
    El empoderamiento, tan de moda, del YO femenino.

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  2. El relato, corto y sencillo con un mensaje importante!!!

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