domingo, 25 de junio de 2017

Luis Miguel García de Mora (Lumigarmo): Crónicas de mi padre II


Imagen: Centro Virtual Cervantes


El «hospitalito» de Alcalá de Henares

En el esplendoroso Alcalá de Henares patrimonio de la Humanidad, no podemos olvidarnos del «hospitalito»… El hospital gratuito de la Misericordia, llamado de Antezana y popularmente conocido por «el hospitalito», cubrió ya sus quinientos quince años de actividad ininterrumpida y abnegada. Fue una fundación de don Luis de Antezana y su esposa, doña Isabel de Guzmán, cristalizada en octubre de 1483, y bien puede ser uno de los centros benéficos en servicio más antiguos de España. Hoy depende de la fundación de su nombre y de las posibles donaciones. Se dice que carece de subvención oficial.

Imagen: Centro Virtual Cervantes

El hospital acoge a ancianas desamparadas, que están a cargo de las Siervas de María. El inmueble, en la calle Mayor, ofrece un bello patio castellano de guijos y pozo con brocal y galerías con balaustrada de madera, donde toman el sol y el aire las asistidas. En uno de los corridos se conserva la cocina que solía utilizar San Ignacio de Loyola cuando estuvo en Alcalá estudiando filosofía e incluso sirvió de enfermero. La iglesia, de reducidas dimensiones, alberga algunas obras de arte. Al exterior, un enorme alero hace casi de marquesina.
Cristo de Martínez Montañés

Frontera al hospital hállase la casa natal de Cervantes, que goza de numerosas visitas; enfrente, pero ya en la calle Imagen, está la casa en que nació don Manuel Azaña; a unos pasos y en la misma vía, el monasterio de carmelitas del que Teresa de Jesús fue priora en alguna época, como lo fue sor Luisa Belén de Cervantes, hermana del autor del «Quijote». Sábese que don Rodrigo de Cervantes, padre de ambos, ejerció como cirujano-sangrador en el hospital.

Hacia un lado de la calle Mayor cae la Plaza Mayor o de Cervantes, con el edificio esquinado que habitó Santo Tomás de Villanueva, hijo del «antiguo y conocido Campo de Montiel», en su período estudiantil, y la gran Universidad a escasas varas y en plaza adyacente. Hacia el otro, la iglesia magistral y catedral reciente, amén de otros recuerdos de Cisneros; la Casa de la Entrevista, en la que los Reyes Católicos dieron audiencia a Cristóbal Colón para oírle sus sueños de nuevas rutas marinas; el palacio, entonces arzobispal, iniciado por Ximénez de Rada en el XIII y en el que viven o nacen reyes y emperadores, como tantas otras históricas piedras y sucederes.

La ideal singladura alcalaína discurre por los más diversos y significativos caminos y así se patentiza en aquellos parajes urbanos, que de otra parte, tanto han crecido en las últimas décadas por mor de la proliferación industrial y la consiguiente inmigración, sin que falten jamás acá o allá puntos que nos retrotraen presencias de hechos y personajes de altísimo nivel. Al margen de su más lejano pretérito remontado a la prehistoria, Alcalá de Henares es un cúmulo de valoración cultural en los más de siete siglos de tradición y proyección universitaria.

Y dentro, enclavado en el casco noble y tan noble como lo que más lo sea, el hospitalito de Antezana con su medio milenio de amor y generosidad, marcando un tiempo a los tiempos que van llegando, y a todas sus circunstancias, atendiendo como le es posible a un puñado de mujeres desvalidas, que acaso serían más si más disponibilidades hubiera… En el opulento Alcalá de Henares patrimonio de la humanidad, guardemos siempre un puesto de honor a este pequeño patrimonio de la humanidad doliente.
Sobrevolando el caserío, las ternes cigüeñas proclaman con sus crotoreos las glorias pasadas y presentes. También futuras.



© Miguel García de Mora


Miguel García de Mora Gallego, «El narrador de La Mancha» nació en Manzanares en 1916 y murió en La Solana en 2013. Llega a este Blog de la mano de su hijo Luis Miguel que lo define como un hombre sencillo y un periodista incansable. Para su hija Gloria, su padre, fue un manchego de pro, de franqueza campechana y corazón abierto, que se sintió Quijote y Sancho en extraña confusión. 

Muchísimas gracias a los dos por permitirme publicar algunas de sus crónicas.





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