martes, 15 de mayo de 2018

Aracne

Diego Velázquez: La fábula de Aracne o Las Hilanderas (1644-1648).


Era una muchacha libia, instruida en el arte de tejer por Atenea, diosa griega de la sabiduría y patrona de los artesanos.

Fue famosa en Hipepa por sus bordados tan perfectos que la gente quedaba cautivada al contemplarlos. Para muchos, Aracne ya superaba a su maestra. Tan repetido fue este comentario que se lo creyó.

Cierto día, en medio de una plaza muy concurrida, Aracne alardeando desafió a la diosa invitándola a competir y a mostrar delante de los presentes quién era la mejor bordadora. Atenea quiso darle una lección y aceptó el reto.

Durante todo el día estuvieron bordando, de modo constante y con técnicas nuevas y admirables. Al atardecer, llegó el momento de exhibir los trabajos. Atenea representó a los dioses en todo su esplendor, con una escena de su victoria sobre Poseidón, Aracne, en cambio, los representó decadentes, envueltos en vicios y amoríos.

Al ver la obra de Aracne, Atenea admitió que la destreza de la joven era perfecta, pero se enfadó mucho por la irrespetuosa elección del motivo y rasgó el tejido. Aracne dándose cuenta de su error, sintió mucho miedo, e intentó suicidarse colgándose de una viga del techo de su casa. Según nos cuenta Ovidio, Atenea se apiadó de ella y le salvó la vida. Sin embargo, la castigó convirtiéndola en una araña y la condenó a tejer para el resto de los tiempos.

Este mito no aparece en el repertorio de los pintores de vasijas áticas. La historia se narra en «Las metamorfosis» de Oviedo y en las «Geórgicas» de Virgilio, que identifican a Atenea (diosa griega) como Minerva (diosa romana).

La historia sugiere que el arte de tejer tenía su origen en la imitación de la labor de las arañas y que se desarrolló en Asia Menor.  

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