sábado, 7 de julio de 2018

Mª Isabel Martínez Cemillán: Historias y Leyendas de las Iglesias de Madrid - San Nicolás de los Servitas

San Nicolás de los Servitas
Vista desde el ángulo suroeste

 Decíase en aquel aún pequeño Madrid del siglo XV que, entre iglesias y conventos, casi un centenar se contaban. Campanarios, torrecillas y cúpulas se erguían deseosas de alcanzar el azul del cielo. 

Muchas han desaparecido, bastantes, afortunadamente, se conservan, otras se levantaron más tarde, todas tienen su historia, algunas, entrañables leyendas, patronos y santos de profunda devoción. 

Queremos acercarnos a ellas y conocerlas y hoy empezamos con una de las más antiguas.

SAN NICOLÁS DE LOS SERVITAS

Edificada en el siglo XII, en el que fue Madrid árabe, dentro de la muralla, un barrio en el  que mudéjares y cristianos viejos habitaban, vivían, amigablemente.

Como ya en el siglo XVII, la iglesia se hundía, se consolida la hermosa torre mudéjar, (aún se conserva gran parte inferior), añadiendo un clásico chapitel. Tras diversas vicisitudes, en 1825, es adquirida por la Venerable Orden Tercera de Siervos de María, y se renueva culto y devoción, principalmente a Nuestra Señora de los Dolores, preciosa imagen con el pecho traspasado por siete espadas simbólicas, a San Pelegrín Laciosi, monje servita, modelo de santidad y, que yo sepa, único protector de la enfermedad del cáncer. 

Pero, sin duda, su imagen más conocida y devota es San Antonio, el Guindero, protagonista de preciosa leyenda:


San Antonio de Padua
Pintor: Antonio de Pereda


Subía por la Cuesta de la Vega un sudoroso hortelano sobre su asno, cargado además con dos grandes serones rebosantes de rojas y lustrosas guindas que pensaba vender en el Mercado de la Cebada, aliviando así su penuria económica. Como tenía prisa, pinchaba y azotaba al animal  que, quizá agotado, salta, cocea y arroja al suelo amo y carga, que ruedan por el polvoriento camino. Al ver el desastre, el pobre hombre, llora amargamente y clama pidiendo ayuda a San Antonio, del que era muy devoto. 

Un fraile joven y sonriente se acerca y le pregunta la causa del llanto, el hortelano contesta: “no lo ves, toda mi cosecha del año, sucia y polvorienta y yo sin venta y sin el dinero que tanto necesito”. El fraile, animoso y diligente, comienza a recoger las guindas y echarlas en el serón, ante el enorme asombro del hombre que no comprende cómo pueden estar tan frescas como recién cortadas y, agradecido le ofrece un gran puñado, pero, el fraile le dice, que se las lleve cuando regrese a la cercana iglesia de San Nicolás, donde él estaría.

Cuando feliz, con los dineros en el bolsillo y una gran bolsa de guindas, el hortelano acude a la iglesia, la encuentra vacía, decide esperar rezando, entra en una capilla, y se queda paralizado porque en el centro del altar está la imagen de San Antonio, ¡el mismo sonriente fraile que le había ayudado! Impresionado, corre por la calle Mayor, gritando, proclamando el milagro, que se extiende rápidamente por Madrid, así como la devoción por el santo, llamado desde entonces San Antonio, el Guindero, y se forma una Cofradía que, años después, junto con la imagen, pasará a la iglesia de Santa Cruz, donde aún se venera.



© Mª Isabel Martínez Cemillán

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