martes, 13 de marzo de 2018

Carolina Olivares: La princesita y los dos adolescentes (Basado en hechos reales)







Como cada año la familia Rodríguez planifica las vacaciones estivales. Suelen hacerlo entre los meses de abril y mayo. Reunidos, deciden los destinos.

Como a la mayoría de los españoles les corresponde un mes de vacaciones. Y aunque no tienen el mismo trabajo hacen lo habido y por haber para que coincidan sus respectivos permisos laborales. Lo fraccionan en tres. Los veranos -a mediados de julio- se van de crucero. La mayoría es por el extranjero, por Europa; sin embargo, de vez en cuando, contratan uno que solo toca puertos españoles.

Los cruceros son los preferidos de los miembros que componen la familia. Damián y Yolanda lo pasan genial, y sus dos hijos, en plena adolescencia ¡Uf! Ni te cuento.

Este tipo de viaje es muy divertido, hay un montón de actividades. Cada mañana amanecerás en un nuevo puerto, bajarás a tierra o te quedarás en el barco; harás excursiones, verás otros países; conocerás a otras personas y te mezclarás con gentes que hablan otros idiomas y tienen una cultura distinta a la tuya. Tras el ocaso llegan los espectáculos y las noches temáticas: Noche en Blanco, de Gala o con el Capitán. La mejor es la noche de los Disfraces, a sus hijos les fascina. Todos se disfrazan, los chicos se inventan los disfraces.

El año pasado se disfrazaron de personajes de cómic. Iban muy góticos, ofreciendo abrazos a los pasajeros. Fue muy divertido verles abrazarse a viejecitas y viejecitos vestidos como si fueran demonios o fantasmas.

Este verano Damián y Yolanda barajan dos posibilidades: disfrazarse de roqueros o de personajes de película de terror. De segundas y terceras, organizan escapas a la playa y se van a la costa; sin embargo, todos los veranos cambian de lugar. Así cada año visitan un punto nuevo de su país. Pero desde hace tiempo, siempre repiten destino y regresan a Tavernes de la Valldigna (playa).

Tavernes, para abreviar, es un pueblecito muy bonito que pertenece a la Comunidad de Valencia. Los chicos son los más interesados en ir porque han hecho amistades. Allí les espera, con impaciencia «La Princesita». Y con la misma impaciencia los adolescentes desean reencontrarse con ella.

La Princesita, mitad niña, mitad mujer, es un encanto.

Los tres quedan con otros jóvenes. Han formado una pandilla y hacen actividades propias del verano: ir a la playa a bañarse en el mar, dar largos paseos por la orilla; nadar en la piscina. Por las tardes se entretienen echando partidas con juegos de mesa: juegan al Ajedrez, al Parchís, a la Oca. Y de vez en cuando tocan instrumentos musicales. A Yolanda le ponen la cabeza... A Damián le es indiferente. Aunque es entonces cuando el matrimonio aprovecha para bajar a la playa. Allí estiran la toalla en la arena y, como si fueran lagartos, se tumban a tomar el sol horas y horas hasta terminar con la piel abrasada pues rara vez se untan el cuerpo con crema protectora.

‒Sois unos inconscientes. ‒Les recriminan sus hijos más tarde‒. Parecéis gambas de lo rojos que estáis, y es que ¿A quién se le ocurre tostarse al sol sin echarse protección solar? Luego decís ¡Si vosotros siendo adultos sois peores que nosotros!

Ante esto el matrimonio guarda silencio. Típica reacción del progenitor cuando sabe que el hijo está en lo cierto.

Como la letra de la canción del Dúo Dinámico: el final, del verano, llegó, y tú partirás... Llega el día de la despedida. Es un momento clave, deben decir adiós a «su Princesita». Nos veremos el próximo año, en el siguiente verano.

La familia está triste, tanto como La Princesa. Ella está de pie, junto al coche. Mientras, los padres de los adolescentes meten los bultos en el maletero. Los chicos están indecisos, no saben si abrazarla, si darle un beso... Y es tan fácil: ¡solo tienen que hacer las dos cosas! Primero tienen que abrazarla, después han de darle un par de besos en las mejillas. Y ya está. Pero ella sigue allí, de pie, esperando.

Instantes antes, entre risas, han estado hablando. Ahora apenas queda tiempo.

‒Venga, daros un abrazo, y os hago una foto. ‒Propone Damián. Y los chicos le abrazan a la vez. Oh, qué enternecedor. Luego, sendos besitos, por parte de ellos, son estampados en sus sonrojadas mejillas. Yolanda también la besa y la abraza. La Princesita tiene los ojos vidriosos, Yolanda también.

‒Adiós nena. ‒Le dice la madre de sus amigos‒. Cuídate mucho. Hasta el año que viene.

La nena está callada, en su rostro se dibuja una dulce sonrisa. Afirma con la cabeza, continúa sonriendo.

Se van; y justo antes de arrancar han visto a La Princesita agitar su mano y decir adéu. ¡Qué graciosa es! Se ha despedido en valenciano. Entonces los chicos, sacando las cabezas por las ventanillas del coche, han gritado la misma palabra.

Ya no la ven. A pocos kilómetros de distancia parece que no pasa nada, pero sí pasa. Los adolescentes charlan entre sí, con apariencia risueña; sin embargo, en su interior algo está derramando lágrimas.

Con suerte llegará otro verano, un nuevo encuentro; y otra despedida. Y llegará el día en que sus vidas se separen para siempre. Porque no tendrán ilusión por encontrarse pues habrán tomado caminos diferentes.

Mientras tanto, la esperanza por retornar a Tavernes, hace que ese camino que hay que recorrer en el tiempo hasta el próximo verano se viva con especial ilusión.

© Carolina Olivares


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