Una vez más me enfrento a la responsabilidad
de escribir algo que esté a tu altura. Cada año me gusta recordar todas las cosas
buenas que te adornaban, y que eran muchas, y el duodécimo aniversario de tu
marcha no va a cambiar la tónica.
En esta ocasión creo que hablaré de tu
generosidad y de cómo nos recordabas una y otra vez a mi hermano y a mí que
debíamos ser fieles a nosotros mismos y hacer el tipo de cosas que realmente
nos llenara. En mi caso, leer y escribir.
Os pongo un ejemplo.
Debía rondar el mes de abril, más o menos, y
en el centro comercial de referencia de la ciudad habían puesto unos puestos
con libros. Ibas con mamá a pasear algunas mañanas por allí y, como no podía
ser de otra manera, la convenciste para echar un vistazo. Que ese «solo mirar»
acabase convirtiéndose en llevar un regalo a la niña tampoco la sorprendió ni a
ella ni a ti. A mí tampoco en realidad.
Ese libro fue El
juego del ángel,
de Carlos
Ruiz Zafón, y aunque no sea mi favorito de la saga, debo reconocer que
le tengo un cariño especial. Estoy segura que fuiste buscando esa novela en
concreto, porque era la que yo quería. Estoy convencida de que suavizaste a
mamá (solo un poco porque siempre ha sido encantadora, aunque más cáustica como
yo) para hacerte con él. Porque supiste que me haría sonreír.
Aún sonrío cuando lo recuerdo y me siento
agradecida por haberlo vivido. Me siento feliz porque ocurrió de aquella manera
y no de otra. Mil gracias por eso momento y por todos los que viví a tu
lado. Porque tanto tú como mamá me inculcasteis unos valores y una forma de
ver el mundo de la que me siento muy orgullosa.
Gracias por todo. También por los libros.
© MJ Pérez
No hay comentarios:
Publicar un comentario