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miércoles, 1 de abril de 2026

Amantes de mis cuentos: Pasión por los cometas

 



Me encantan. Cierro los ojos y los imagino como un símbolo de libertad. Los científicos, tan sosos, nos dicen que son cuerpos celestes formados por polvo, rocas y partículas de hielo que orbitan alrededor del Sol.

Y yo me pregunto, si por un casual, los cometas fueran cientos de guerreros uniformados con espadas al viento, con esa luz blanca que es capaz de cegar y que con su sola presencia defendieran al Sol de intrusos no deseados; esos que saben que la raza humana no podría sobrevivir sin el calor de sus rayos. Nunca se sabe dónde puede estar el peligro. Además, necesito ese color dorado tan bonito del verano. Mi piel es tan blanca que mi abuela dice que soy la representante de la leche en la Tierra.

Hay dos cometas que me vuelven loca de amor. El Halley, ése que orbita cada 76 años y que se llama así en honor a quien calculó su órbita en 1705, Edmund Halley. Mi padre vio a ese famoso y estudiado cometa, dos veces: en 1910 y 1986. Yo solo he podido disfrutar de él en el 86. Al otro, que se verá en 2061 no llegaré con vida, pero quizás desde esa otra dimensión a la que iremos todos, pueda verlo hasta más cerca y tal vez, salude al astrónomo inglés y con su ayuda convertirme en un cometa que viaje cada año haciendo «eses» para deleite de los niños. Todo es posible. ¿No creen?

El segundo cometa de mis amores es el de Navidad. La estrella de Belén que guio a los Reyes Magos hasta el Niño Jesús y que simboliza esperanza, guía y eternidad.

Mi madre era una gran repostera y sus hijas le salieron golosas. Nos hacía Flan de leche condensada, Pudin de pan con almendras y pasas, Bocado de la Reina, Brazo gitano, Cometas de Navidad con chocolate negro y estrella incluida. Hay cosas que son imposibles de olvidar. Se te hace la boca agua solo con pensar en ellas.

Ya sé, ya sé, que la Navidad no solo es el tiempo comprendido entre Nochebuena y Reyes Magos, que no está en los regalos, ni en los postres, ni en las vacaciones… Pero, hay que ver lo que ayudan para sentir a Dios y poner en alza el amor y la paz.

© Marieta Alonso Más

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