lunes, 1 de mayo de 2017

Amantes de mis cuentos: Popurrí de Habaneras






Cuando salió de La Habana el cielo lloró.

Tanto, tanto que se inundó el malecón, las calles, los jardines, los patios, la cocina y el agua llegó al borde de la cama donde se encontraba llorando Zulema, la bella mulata.

Su marinero había embarcado rumbo España. ¡Difícil predecir su vuelta! Allá en la manigua quedaron susurros, caricias, promesas de amor.

-Volveré -fueron sus palabras, lo último que acariciando sus labios le oyó murmurar.

Seis meses atrás había llegado en un barco velero, repleto de sal y nada más conocerla, prometió con pícara mirada que la camelaría con el apreciado género que traía en sus bodegas.

-¡Qué adulón! ¡Qué manera de darme coba!

Él era de Torrevieja donde se hablaba de Cuba, de su alma y sentir. 

Ella con disimulo, a través de las varillas de su abanico pudo contemplar su recia barba. Y surgió el amor.

¡Qué poco había durado la felicidad! En un pispás había llegado la hora de regresar a España, de su marinero.

Un runrún, un cuchicheo se iba extendiendo.

-Vente conmigo, hermosa cubana.

-¿Quién ha dicho eso? -gritó Zulema sentándose de un salto en mitad del lecho.

Una bandada de lindas guachinangas revoloteando a su alrededor, empujaban con suavidad la cama entre las aguas hasta llegar a la mar.





 © Marieta Alonso Más

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