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sábado, 25 de marzo de 2023

El arte de conversar

 



Se dice que si el habla es plata, el silencio es oro. Es cierto que entre personas que acaban de conocerse el silencio puede resultar incómoda, pero entre amigos unos instantes de silencio refuerzan la amistad. A veces no se necesitan palabras para hacerse entender, para demostrar que pueden confiar uno en el otro.

En una buena conversación, en cualquier intercambio de palabras, en ese instante en que las abstracciones se transforman en lenguaje, es vital saber escuchar. Cuando dos personas hablan a la vez el resultado no es una conversación, es un enfrentamiento, una colisión. Al final ni te enteras quién dijo qué.

Una buena conversación no es una conferencia ni un informe, no hay que monopolizar la palabra demasiado tiempo, a veces es triste cuando alguien insiste en seguir hablando cuando ya no tiene nada que decir.

Se sabe que hay ciertos temas que en un grupo diverso deberían ser tabú: la religión, la política, el fútbol, las enfermedades de cada cual…

En cambio entre amigos todo es válido, hasta las recetas de cocina, los negocios, el viaje de las vacaciones… Sin pasarse, por favor.

Lo que una buena conversación ha de tener es esa chispa que alegra la mirada, ese refutar sin discutir respetando el sentir de cada uno, esas risas que para quien no esté en el ajo pueden resultar algo tontas, ese pequeño pitorreo a costa de alguien, la extravagancia del vecino del quinto, hasta ese coqueteo que tiene lugar cuando dos o más personas se reúnen para dar cabida a una de las más altas manifestaciones de la inteligencia humana: la capacidad del ser humano para expresar pensamientos y sentimientos por medio de la palabra.

 

¿Conversamos?

 


lunes, 30 de julio de 2018

De tertulia con... La mar



Allá en el fondo del mar salado,
estuve cerca, cerca de un mes,
y he visto peces tan chiquititos
como la punta de un alfiler.

Cuatro camaroncitos diéronme de comer,
y una sardina arenque me sirvió el café.
Agua dulce pedía, agua que no me daban,
y un tiburón decía: «Eso sí que no hay aquí».

Con esa canción infantil me dormía mi madre. Y desde entonces el sentimiento hacia esa inmensa masa de agua salada es indescriptible, el amor se cuela entre las cabrillas blancas y espumosas. En la playa me siento en la orilla a contemplar el infinito y el susurro de las olas me trae paz, leyendas, frases y botellas con mensajes secretos.

No es de extrañar que la gente de mar y los poetas tiendan a hablarle como si fuera una mujer. Y que en la literatura aparezca como protagonista de muchas obras. También a la música le gusta el mar, quien no recuerda a Charles Trenet cantando «La mer» que tuvo más de cuatrocientas versiones, y quien no ha disfrutado con el final de la obra sinfónica de Claude Debussy. Y los pintores que desde muy antiguo han creado esas maravillosas marinas.

Jules Michelet escribió: «Mucho antes de vislumbrarse el mar, se oye y se adivina el temible elemento. Primero un rumor lejano, sordo y uniforme. Poco a poco cesan todos los ruidos dominados por aquél. No tarda en notarse la solemne alternativa, la vuelta invariable de la misma nota, fuerte y profunda, que corre más y más, y brama».

Y es que la mar no deja indiferente. Nos brinda misterios, tragedias…

Como la catástrofe conocida como el Naufragio de los diez veleros en la isla de Gran Caimán. El Cordelia era una nave que formaba parte de una flota, y se topó en 1794 con un arrecife coralino, sus señales no sirvieron de nada y todos fueron encallando uno detrás de otro. Los que vivían en ese lugar tomaron sus botes y lograron rescatar con vida a todos los tripulantes y pasajeros. Se dice que por ello el rey Eduardo III la liberó de impuestos.

El famoso Triángulo de las Bermudas situado entre Puerto Rico, Fort Lauderdale y las Bermudas en el océano Atlántico, con sus extrañas teorías: entre ellas la desaparición de un escuadrón de cinco bombardeos de los Estados Unidos de América en 1945.

Y la Roca del Obispo, la isla más pequeña del mundo, con un faro que ocupa casi toda la superficie. Se dice que en el siglo pasado algunos criminales fueron abandonados allí con un poco de pan y agua.

No nos olvidemos de los barcos fantasmas, sin tripulación y flotando a la deriva. Tal vez un calamar gigante es el causante de que esos barcos sigan surcando los océanos.

Los atlantes si hacemos caso a Platón eran unos tipos que parecían de otro planeta y que vivían en esa isla mítica, llamada la Atlántida, desaparecida en la noche de los tiempos. Estaba ubicada más allá de las Columnas de Hércules y se la describe como más grande que Libia y Asia Menor juntas. 

Sorprendente es el archipiélago de San Blas, un auténtico sueño, donde viven los indios Guna. Y yendo de una isla a otra te cuentan la leyenda de una isla que se hundió tras un terremoto y que dio lugar a las llamadas piscinas naturales. La profundidad del océano aquí es de poco más de medio metro y en varios bancos de arena puedes estar de pie con el agua a los tobillos o a la rodilla. Imposible imaginar esa sensación de estar de pie en pleno océano rodeado de agua. Son momentos que no se olvidan, son los caminos del mar, es ese confidente que te habla en secreto.

Decía Karen Blixen que la cura de todos los males es el agua salada: el sudor, las lágrimas, el mar.

Para Osho algunas leyendas señalan que el mar es la morada de todo lo que hemos perdido, de todo lo que no hemos tenido, de los deseos frustrados, de los dolores, de las lágrimas que hemos derramado.

En cambio Irene Nemirovsky pensaba que: No se puede ser infeliz cuando se tiene: el olor del mar, la arena bajo los dedos, el aire, el viento.

sábado, 30 de junio de 2018

De tertulia con... La pereza


Representación de la pereza y la indolencia
Parábola del trigo y la cizaña, 1624, Abraham Bloemaert
































Es más habitual de lo que imaginamos pues está constantemente tentando al ser humano. Se hacen muchos planes, pero…

Nuestros ancestros no utilizaban la frase «lo haré luego» porque gastaban sus energías en beneficio del aquí y el ahora. Si se tenía hambre, se comía; si se tenía sed, se bebía. Los ingleses, grandes hombres pensantes, escribieron: ¡Qué bueno es no hacer nada y luego descansar!

Y es que para realizar algo hay que empezar a hacerlo, gritaba una madre de diez hijos perezosos. No os compliquéis la vida, empezad por lo más sencillo. ¡Ea! Haced vuestras camas. O mejor uno que las haga, otro que quite el polvo, otro que barra, otro que lave, otro que planche, otro que corte leña, otro que guarde el heno, otro que ordeñe las vacas, otro que haga la comida… Madre, quedo yo, que seré quién se la coma, chilló el más joven haciéndose el gracioso.

Los diez gandules, en principio, hicieron oídos sordos a las palabras de la buena madre que durante una semana siguió, ella sola, haciendo las tareas.

Hasta que una noche comentó que para trabajar había que dormir bien, se acabó eso de ir de parranda. Creyeron que eran palabras vanas hasta que vieron a su madre tomar el rifle, con el que cazaba conejos. La buena puntería que tenía la señora les hizo desistir y obedecer. Llegó la orden de sentarse en el porche, les quería contar algo…

«Existía una leyenda que hablaba de los muchos peligros con los que se puede topar un haragán.  En un pueblo remoto, tanto, que muy pocos lo conocían y visitaban, había un hombre tan vago que de noche dormía y de día se tendía, no se levantaba ni siquiera para recoger oro que según comentaba era lo más que ambicionaba.

Su mujer e hijos se hartaron de tanta vagancia y le abandonaron. Él quedó acostado en su camastro.

A través de una ventana podía ver un árbol cubierto de frutos maduros, pero levantarse era demasiado esfuerzo. Un hombre pasó por allí y el perezoso aprovechó para pedirle que le hiciera el favor de llevarlo, con catre y todo, bajo la fronda del árbol.

El forastero hizo lo que le pedía y allí quedó el zángano, bocarriba. Con un palo daba un ligero toque, abría la boca y el fruto caía directamente a sus labios.

¡Qué inteligencia tan preclara tengo! Pensaba con orgullo.

Al ponerse el sol, una bandada de pajaritos, llegaron al árbol, era su hogar, uno de ellos alivió sus intestinos y el excremento cayó en la boca del flojo».

¡Qué asco! Gritaron todos a la vez.

Y con el rifle detrás de ellos comenzaron a ejecutar las tareas que su madre les iba mandando hacer. No voy a permitir ‒se le oyó decir‒que a mis hijos les pase otro tanto cuando yo muera. Y no hay "pero" que valga.   

 






miércoles, 30 de mayo de 2018

De tertulia con... el espejo



¿Quién no se ha mirado en uno?

Ocupa un lugar importante en la mitología y supersticiones de muchos pueblos. Se dice que en él aparece el espíritu de cada uno de nosotros y cuenta la leyenda que cuando alguien se está muriendo se deben cubrir los espejos para que el alma del agonizante no quede encerrada en ellos.

Una chica muy hermosa de quince años, Bloody Mary, Mary Worth, Mary Whales, que peinaba cien veces en la noche su deslumbrante cabello ante el espejo, se sintió desfallecer porque una noche un hombre malo y envidioso le rapó la cabeza. No soportó verse así de fea y aunque le decían que el pelo volvería a crecer, una semana después de aquel suceso, se suicidó. Su familia la enterró con una especie de cuerda que estaba atada en la superficie a una campanilla, pues padecía de catalepsia. Mary se despertó, tocó la campana, pero nadie la escuchó. Asustada, echó una maldición antes de volver a morir. También se dice que fue asesinada en el bosque detrás de la escuela elemental Pine Road. Por lo visto a alguien se le ocurrió encender tres velas frente a un espejo, se peinó el cabello igual de veces, gritó su nombre en tres ocasiones seguidas, y se le apareció con un corte en la frente donde brotaba sangre, con un cuchillo y una verruga en la nariz, y… Este ritual no sirve para preparar ese cóctel de fama internacional. Nada tiene que ver con María I de Inglaterra.

¿Habéis oído hablar de la Dama de Blanco? Un joven argentino solitario se encontró a una hermosa muchacha vestida de blanco a quien invitó a bailar, luego fueron a tomar algo y como la joven sentía frío, el galán le ofreció su chaqueta. Cuando al día siguiente regresó para ver a su amada, la chica está muerta y enterrada en la Recoleta. Allá va y encuentra su prenda de vestir colgada en la puerta del panteón. En la bóveda puede observarse a una joven frente a la puerta de la cripta, tomada del picaporte como queriendo salir. El joven enloquece. El mito afirma que, si entras al baño y apagas las luces, giras cinco veces a la derecha, gritas «Lady in White», y a continuación, giras cinco veces a la izquierda y dices el nombre del ser querido fallecido con el que quieres hablar, aparecerá frente a ti.

Se recomienda situar dos espejos frente a frente para que se cree un espacio infinito donde los espíritus puedan transitar libremente en el mundo de los vivos.

Por mi parte nunca he tenido el ánimo suficiente para comprobar estas leyendas. A mí me gustan los espejos. Esa superficie pulida en la que me veo como soy, de frente, o esos cóncavos o convexos del callejón del Gato, allí donde Ramón del Valle Inclán descubrió lo que era el Esperpento, gracias a lo grotesco de la figura humana.

De vez en cuando le pregunto a mi espejo: ¿Me estás hablando a mí? Imitando a Robert de Niro, en Taxi Driver. Y por dudoso que parezca echamos una parrafada cuando voy sobrada de tiempo, y le comento… mis cosas.

Los espejos hacen soñar. Los vampiros, como no tienen alma, no se pueden reflejar en él. Lewis Carroll desarrolló la idea del espejo como entrada a un mundo inverso en la segunda parte de Alicia en el País… Tolkien retoma con su célebre espejo de Galadriel la tradición del espejo capaz de mostrar el futuro. Rowling en «Harry Potter y la piedra filosofal» no refleja la imagen de quien lo contempla, sino sus deseos más profundos. En el cuento «El pescador y su alma» de Oscar Wilde aparece el espejo de la Sabiduría, en el que se refleja todo excepto el rostro de quien se mira en él. Y en Blancanieves, el espejo tiene la facultad de hablar para responder a las preguntas que le formula la madrastra.

En la Edad Media, apenas se hizo uso del mismo. En los siglos XVI y XVII ocupa un lugar destacado en los salones.

Y hoy ¿Qué importancia tiene el espejo en tu casa?      

jueves, 29 de marzo de 2018

De tertulia con... La Luna




Desde que el hombre llegó a la tierra la fascinación por su único satélite natural le ha llevado a soñar. Su gran tamaño, sus ciclos orbitales, sus fases, hizo que junto al sol en muchas culturas antiguas fuera una deidad, sirviera como calendario, alimentara su imaginación, azuzara fantasmas y avivara el misterio, cuando en los días de luna llena se despiertan todos los miedos.

Cuenta la leyenda que en una noche atávica, la luna quiso bajar a la tierra y quedó enredada entre las ramas de un árbol, donde un lobo se encontraba descansando. Esta empezó a acariciar su hocico y jugaron toda la noche, hasta que ella volvió al firmamento, a su hogar; y el lobo se adentró con pesar en el bosque.

La blanca esfera le siguió con la mirada y para recordarle siempre, le robó su sombra. Por eso el lobo desde entonces le aúlla en las noches de luna llena para pedirle que le devuelva su silueta.

Eso dice la leyenda. Pero hombres poco románticos, poco tiernos, poco noveleros, han dicho que el aullido del lobo, al igual que el de otros cánidos, era utilizado como una forma de comunicación para alertarse unos a otros, para llamar en la época del celo, para marcar territorio, para arropar a sus crías… Y mirando con desdén a quiénes disfrutan con las leyendas dejaron caer que… en las noches despejadas de luna llena, la actividad de aullidos se incrementa por el aumento de luminosidad.

Y vino Anaxágoras para ofrecernos una visión racional de lo que era la luna, y dijo que tanto el sol como la luna eran dos cuerpos gigantes, rocosos y esféricos y que la luz emitida por la luna no era más que el reflejo del sol.

¡Qué soso debió haber sido ese hombre! Es mucho más romántico considerar que ese faro de la noche con sus ciclos de veintiocho días, siendo así de femenina, algo tendría que ver con la fertilidad, pues va creciendo y desarrollándose a medida que van pasando los días.  

Es tan hermosa que se ha dejado rodear por mitos y leyendas y cierra los oídos cuando le dicen que la mayoría son erróneos.

Las abuelas aseguraban que tenía el poder de hacer crecer más el pelo y las uñas, en su fase creciente. Según los expertos el pelo crece una media de un centímetro a centímetro y medio al mes, gracias al folículo piloso y que la luna no tiene nada que ver.

Ni se me ocurre preguntarles por su lado oscuro, el llamado refugio de las almas malignas, de las tres parcas o de las brujas, si no son capaces de ver que entre las montañas que se dibujan en ella podemos ver un sapo, una rana, una liebre, un conejo, un hombre con leña al hombro y a veces hasta el mismo San Jorge con su lanza. 

No quiero que la ciencia me desvele con palabras prosaicas ese espíritu misterioso que la luna nos hace sentir. Culpan a la literatura romántica de la creencia tan apetitosa de que la luna sea de queso. Menos mal que están de acuerdo en que la luna afecta a las mareas. Lo que al parecer han desmentido, de momento, es que la luna llena influya en las emociones, aumentando los nacimientos y ¡horror! la criminalidad.

Lo que sí han confirmado, con algunas dudas, que hay una correlación entre las fases de la luna y los ritmos biológicos del ser humano durante el sueño.

La cultura griega bautizó a la luna con el nombre de Selene y la relacionaron con el sol, su amante eterno, y aunque la mayor parte del tiempo andan separados, no pueden existir, el uno sin el otro.

Pero ellos se han buscado sus triquiñuelas y al menos cada año y medio, en algún lugar de la tierra, ocurre que la luna se mueve por delante del sol y todo se pone oscuro, eclipse solar le llaman, es la estrategia femenina para que nadie pueda ver el momento de mayor intimidad entre los dos amantes.



El sol tan contento nos hace un guiño


miércoles, 28 de febrero de 2018

De tertulia con... La bañera

Jacques-Louis David
La muerte de Marat (1793)


Hay a quien le gustan las bañeras o tinas, que es más romántico, por su carácter privado y a otros por todo lo contrario. Pero ya sea a solas o acompañados es placer de dioses darse un baño y soñar mientras nos vamos relajando del ajetreado quehacer diario. 

Un ejemplo arqueológico emblemático es el «Gran Baño de Mohenjo Daro», sus ruinas se encuentran en Pakistán, fue una especie de piscina municipal con escaleras que bajaban hasta el agua. Las bañeras individuales más antiguas se encuentran en Babilonia hacia el 1800 a.C. Las excavaciones en los palacios micénicos concuerdan con los relatos de los poemas homéricos. Creta nos ha legado una perteneciente al palacio de Cnosos que asombra por su parecido a las bañeras de principios del siglo XX.

Era costumbre ofrecer un baño a los huéspedes. Muchas familias tenían baño en sus casas aunque al parecer las termas eran mucho más populares, pues no solo se bañaban también recibían masajes. Eran lugares ideales para las relaciones sociales, económicas y políticas, ya que abrían al mediodía y cerraban al ponerse el sol.

Las bañeras podían ser de mármol, ónice, pórfido e incluso de plata. Con la caída del Imperio Romano esa costumbre decreció, a pesar de su mala fama la Edad Media no era tan alérgica al baño como nos han querido hacer ver, pues en la España musulmana estaba muy extendida la costumbre de bañarse.

En Francia en el siglo XVIII se inventaron las bañeras con desagüe. Se comenta que por aquella época, visitaba París, Benjamin Franklin, el inventor del pararrayos, y le gustaron tanto las bañeras que se llevó varias a Norteamérica y redactaba en ellas sus escritos.

Se creía en la antigüedad que el uso del baño estaba relacionado con la medicina y la magia y que era un buen remedio contra las enfermedades. El naturalista e historiador Plinio curaba su asma en la bañera. Había baños para todos los gustos: los de tierra servían para combatir la tuberculosis; los de hojas de abedul contra el reumatismo y la hidropesía; los de heno o de saúco contra el dolor de huesos, hasta los parisinos pusieron de moda el baño a la carta. En el menú se contaba con baños de azahar, de miel, de esencia de rosas, de leche, de vino…

La bañera más famosa de la antigüedad fue la del sabio Arquímedes de Siracusa. Ya sea anécdota, leyenda o realidad, lo cierto es que algún tipo de recipiente resultó ser clave para descubrir y enunciar la ley física conocida como principio de Arquímedes.

Plinio cuenta que Popea, esposa de Nerón, llevaba en su comitiva quinientas burras nodrizas para bañarse en su leche, es de suponer que también llevaba una bañera. En este capítulo de belleza también podría incluirse la bañera de la reina egipcia Cleopatra VII, y la de Paulina Bonaparte, hermana de Napoleón.

En su testamento, Pedro III de Aragón dispuso que su cadáver recibiera sepultura en el Monasterio de Santes Creus, y en una bañera de pórfido rojo, que el almirante Roger de Lauria trajo desde Sicilia, como sus antepasados Enrique VI y Federico II, enterrados asimismo en bañeras romanas de pórfido, reutilizadas como sarcófagos.

Tristemente famosa sería la bañera de Marat, en la que el estadista de la revolución francesa se sumergía durante largas horas para aplacar una enfermedad de la piel, y en la que murió apuñalado por la joven Charlotte Corday.

El genio de Alfred Hitchcock inmortalizó cinematográficamente la bañera en la recurrente escena de Psicosis: "...Marion entra en el cuarto de baño y se desnuda para darse una ducha. Ya de pie en la bañera, y con el agua corriendo, no oye que alguien abre la puerta del baño. Inesperadamente se corre la cortina y apenas alcanzará a ver la sombra de una mujer mayor que esgrime un gran cuchillo de cocina. Marion grita y cae sobre el borde de la bañera. La ducha seguirá corriendo y arrastrando la sangre hacia el sumidero. Un primer plano muestra su ojo, mientras la cámara se aleja girando sobre sí misma..." ​

Julia Roberts y Richard Gere protagonizaron una preciosa escena de bañera en esa película tan taquillera de los años 90 ¿recuerdas su nombre?

Volvamos a la realidad. En tiempos de sequía lo más apropiado es una ducha.

domingo, 28 de enero de 2018

De tertulia con... La brújula




Nos indica cuál es el norte y que al lado contrario está el sur, que a la izquierda está el oeste, a la derecha el este. Por lo que los más temerarios hombres del mar se sintieron beneficiados con este artilugio, pues no sería la primera vez que se dirigieran a otro lugar y que jamás llegaran a tierra.

Antes de la brújula la dirección en el mar se determinaba con la posición de los cuerpos celestes, otras la navegación se apoyaba con el uso de sondas. Las dificultades eran las aguas demasiado profundas y que a veces el cielo estaba demasiado nublado. También existían otros instrumentos de navegación como el compás, las cartas náuticas, taxímetro náutico, sextantes, el astrolabio, antigua invención griega. Todo ayudaba en la navegación.

Los árabes generalmente se guiaban por los cuerpos celestes, ya que contaban con cielos despejados al navegar el golfo Pérsico y el océano Índico. En el mar Báltico se usaba más la sonda al ser relativamente poco profundo.

Se dice que la brújula fue inventada en China entre el año 850 y 1050. Al principio consistía en una aguja imantada flotando en una vasija llena de agua. Hoy la forma en que funcionan las brújulas es prácticamente la misma.

Es curioso que las brújulas chinas siempre apuntan al sur, mientras que las europeas apuntan al norte, por lo que algunos investigadores piensan que la brújula europea es un invento independiente de la china. A saber.

Como a todo invento se le fue haciendo mejoras para reducir su tamaño y facilitar el uso, cambiándose la vasija de agua por un eje rotatorio, y añadiéndose una «rosa de los vientos» que es un disco con marcas de divisiones de grados y subdivisiones que señala 32 direcciones celestes. También está la creencia de que los olmecas podrían haber descubierto y usado una brújula de magnetita desde antes del año 1000 A.C.

​Es probable que se haya usado en los países de Asia oriental hacia el tercer siglo de la era cristiana pues sus mapas y brújulas también apuntan al sur. Y hay quienes opinan que un milenio más tarde Marco Polo la introdujo en Europa.

Al principio se creyó que era obra de brujería, de ahí su nombre; desde fines de la Edad Media y hasta mediados del siglo XIX se creyó que la aguja imantada apuntaba hacia el Polo Norte y se creía que esto ocurría porque —se suponía— existía en el Polo Norte una gigantesca montaña de hierro o de magnetita en medio de una isla imaginaria llamada Rupes Nigra.

Como herramienta de orientación bajo tierra se utilizó por primera vez en la ciudad minera de Massa, Italia, a partir del siglo XIII. Ya en el siglo XV formaba parte del equipo básico de los mineros.

También existe la brújula seca que se inventó allá por el año 1300. Consta de tres elementos: una aguja magnetizada, una caja con cubierta de vidrio y una carta náutica con la rosa de los vientos. El modelo de brújula con el agua atada a una tarjeta rotatorio se describe en la Divina Comedia de Dante, 1380.

Aunque se han mantenido casi inalterables con el paso del tiempo, hoy las brújulas utilizan una aguja o disco magnetizados dentro de una cápsula llena con aceite, o queroseno o alcohol, el fluido hace que el agua se detenga en vez de oscilar alrededor del norte magnético. Fue en 1936 cuando se inventó la primera brújula portátil con líquido, diseñada para uso individual. Existen unas que usan la brújula de Quibla para obtener la dirección de la Meca y también la brújula de Jerusalén usada por los judíos.

Es importante saber que la tierra posee un enorme campo magnético que la rodea. Al no ser demasiado fuerte, es por lo que la brújula utiliza ligeras agujas muy sensibles al movimiento que tiene dos partes, una policromada en rojo y la otra en negro o blanco. La roja siempre apunta al norte magnético de la tierra. Como la inclinación e intensidad del campo magnético terrestre varía a diferentes latitudes, las brújulas se calibraron para cinco zonas terrestres:

 Estados Unidos, norte de Europa y Asia.

México, América Central, Panamá, Colombia, Venezuela, norte de África.

Chile, Bolivia, Brasil, África central.

Paraguay, Uruguay, sur de Argentina, Nueva Guinera, sur de África.

Australia, Antártida, Nueva Zelanda.

Son inservibles en el Polo Norte y en el Polo Sur, allí es incapaz de señalar correctamente el norte debido a la convergencia de las líneas de fuerza del campo magnético terrestre.

Durante muchos años la brújula ha sido el instrumento de orientación más importante para el hombre.

Hasta los senderistas utilizan brújulas al no requerir pilas, ni toma de electricidad.

Hoy en día la brújula está siendo reemplazada por el GPS (Sistema de posicionamiento global, por sus siglas en inglés). Este da las coordenadas exactas y se calcula mediante una triangulación que realizan satélites de este sistema que tienen el tamaño de un teléfono móvil. Sin embargo, por precaución, por si toca la flauta el mono, barcos y aviones llevan brújulas ante posibles desperfectos de estos equipos.


Cuenta la leyenda que en el siglo VI a.C. un pastor que vivía cerca de la ciudad de Magnesia, en Asia Menor, descubrió que cierta clase de mineral atraía al hierro. A ese fenómeno se le llamó magnetismo. Tales de Mileto lo estudió. Más adelante se descubrió que si un fragmento de hierro o acero se frotaba con el mineral magnético, quedaba magnetizado o imantado. El término español de imán procede de una palabra latina que significa «piedra dura». También se descubrió que si se permitía a una aguja magnética girar libremente siempre señalaría la dirección norte sur.  

viernes, 22 de diciembre de 2017

De tertulia con... Los carteles


Hoy la publicidad forma parte de nuestra vida. Nada es más efectivo, para reclamar la atención de los que vamos por la calle, que un cartel publicitario.

Se cree que alrededor del año 440 a.C. ya los romanos tenían sellos que imprimían sobre objetos de arcilla. Hubo que esperar hacia el año 1041 para que Bi Sheng inventara el primer sistema de imprenta de tipos móviles con piezas de porcelana en las que se tallaban los caracteres chinos. La imprenta moderna, la tipografía, no se creó hasta el año 1450, de la mano de Johannes Gutenberg.

En 1798 Aloys Senefelder inventó la litografía, que consiste en trazar un dibujo, un texto o una fotografía en una piedra calcárea o una plancha metálica. El francés Godofredo Engelmann llamó cromolitografía a la técnica de reproducción litográfica en  colores. Los primeros prototipos de carteles llegaron con el desarrollo del fotograbado en la segunda mitad del siglo XIX.

La combinación de colores, palabras e imágenes en un formato atractivo y económico hizo que con el tiempo el cartel fuera la mejor forma de comunicación, la manera más efectiva de convertir las calles en galerías de arte, ante la naciente sociedad de consumo. Logró escalar un puesto dominante y con los avances de las técnicas de impresión se hizo posible la creación de carteles más efectivos y baratos.

El desarrollo de la impresión offset, ha permitido desde su invención grabados de alta calidad que son utilizadas en la actualidad para periódicos, revistas y carteles. Las últimas novedades, la impresión digital, la xerografía, y ahora los programas informáticos, han dado a Shigeo Fukuda, maestro de la cartelería y de ilusiones ópticas, la capacidad de poner en papel casi cualquier cosa que puedan imaginar. 

Los carteles de propaganda política han sido y son de gran profusión durante las campañas electorales, y especialmente importante en el período de entreguerras y muy utilizado en las dos guerras mundiales.

Y al pensar en carteles quien no recuerda a Alfons Mucha (1860-1939) que consiguió un enorme impacto en París con el cartel estilo Art Nouveau. Su estilo basado en una composición fuerte, curvas sensuales, mujeres hermosas, elementos decorativos y colores naturales, influyó en toda una generación, llegando a personificar este nuevo estilo vanguardista.  La fama le llegó con la obra de teatro «Gismonda», protagonizada por Sarah Bernhardt el 1 de enero de 1895; o a Jules Chéret que se convertiría en un maestro del arte del cartel. Tanto que su obra es muy buscada por los coleccionistas de todo el mundo.

¿Quién no ha oído mencionar la escuela alemana de vanguardia Bauhauss? Fue fundada en 1919 por Walter Gropius y revolucionó el diseño gráfico, la arquitectura y el diseño industrial. Su frase preferida era: La forma sigue a la función. Tel Aviv es la ciudad con más arquitectura Bauhaus del mundo.

Henry Toulouse-Lautrec (1864-1901) es muy conocido por sus carteles representando la vida nocturna parisina, ya que era cliente habitual del Moulin de la Galette, El Moulin Rouge, Le Chat Noir, el Folies Bergère. Los dueños de los cabarets le pedían que dibujara y en sus largas noches en esos locales plasmaba todo lo que veía y lo dejaba por las mesas. Alcanzó la popularidad en vida.

Lucian Bernhard que basó su trabajo en el ahorro, carteles con publicidad directa que son obras maestras de economía, los elementos eran a menudo simplemente el nombre de la compañía en letras grandes y un dibujo mostrando el producto, con una fuerza que puede ser considerada el arquetipo de todo cartel. Fue uno de los pioneros del diseño publicitario. Su estilo se caracterizó por el uso de pocas palabras, con frecuencia una sola, e imágenes simples. Creó la imagen de grandes marcas como Bosch, Stiller y Audi.

Puede que una imagen nos resulte familiar, pero en muchas ocasiones su autor nos es desconocido. I love New York, un modelo imitado por infinitas ciudades es del neoyorquino Milton Glaser, que también ilustró el célebre afiche de Bob Dylan en 1967.  

El que todas las películas tengan su cartel publicitario, casi desde los comienzos del séptimo arte, nos habla de la importancia entre el  cine y el diseño. Anselmo Ballester, italiano, de origen español, trabajó para Orson Welles, Cecile B. Demile, Rosellini.  Saul Bass fue un autor de carteles de películas como West Side Story, Vértigo, Anatomía de un asesino, Con la muerte en los talones. Reynold Brown con sus composiciones geniales en La gata sobre el tejado, Espartaco, El Álamo. Franco Fiorenzi con sus carteles de una misma película y sus protagonistas. Drew Struzan autor de los pósters de Indiana Jones, Star War, Regreso al futuro. John Alvin que compuso carteles para Gremlins, El Rey León, E.T., La Bella y la Bestia. Jano, el cartelista español, que ilustró ¡Bienvenido Mister Marshall!, dirigida por Luis G. Berlanga, La ciudad no es para mí con Paco Martínez Soria como protagonista, entre otros.

Nos viene a la mente las portadas de discos como El lado oscuro de la luna del grupo Pink Floyd que representa la descomposición de la luz blanca, su autor fue Storm Thorgerson, cuya mirada ha sido comparada con la de Salvador Dalí.

Otra portada famosa es la de Abbey Road, con los Beatles cruzando el paso de cebra, y que ha sido imitada en numerosas ocasiones. Fue diseñada por John Kosh, el director creativo de Apple Records. El título hace honor a la calle donde se encontraban los estudios de grabación de EMI y como curiosidad la matrícula del Vokswagen Escarabajo fue objeto de numerosos robos por parte de los fans del genial grupo, el coche era propiedad de un vecino. Años después fue subastado. El hombre parado en la acera a la derecha de la imagen es un turista estadounidense que no se percató de la foto hasta meses después cuando se vio en el álbum.  

Y tantos otros creativos que la lista sería interminable.

Debo reconocer que me gusta leer los carteles cuando paseo por mi ciudad. Y recuerdo uno allá por el año 1977, cuando se iban a celebrar las primeras elecciones generales en España, que decía así: Cuarenta millones de partidos votan por los calcetines Cóndor. Y es que como bien nos recuerda el refranero español: Cada cabeza un seso.

Otro anuncio entrañable es la música del spot El Almendro con aquello de «Vuelve a casa, por Navidad»

Y al estar tan cerca de estas fechas podríamos hacer un árbol con nuestras de peticiones. Por ejemplo:

Ríe
Besa
Sueña
Perdona
Haz favores
Rompe un hábito
Siente la naturaleza
Sal a correr. Pinta un cuadro.
Sonríe al hijo, al nieto, al amigo, al vecino
Mira fotos viejas. Ayuda a un desconocido
Escribe cuentos. Lee un libro que te haga soñar
Canta en la ducha. Cumple tus promesas. Cultiva el amor

Haz realidad tus fantasías
……….
…………
……………
Atrévete a poner tu frase, tu granito de arena para estas Navidades.

Felices fiestas