La imponente fortaleza fue
construida por los templarios entre 1294 y 1307, a imagen y semejanza de los
que antes habían levantado en Tierra Santa. Está situada en el Bajo Maestrazgo,
junto a la costa mediterránea. La ciudad, amurallada se asienta en un
promontorio rocoso que alcanza 46 metros de altitud, unido al continente por un
tómbolo, istmo o estrecha lengua de arena, que une un islote al continente.
Conocida por los griegos con
el nombre de Quersonesos, los romanos la denominaron península, aludiendo a su
forma. Fue ocupada por los árabes en el 718,
y reconquistada por Jaime I de Aragón en 1234. De 1249 a 1275 perteneció a los
Moncada. Pasó luego a la orden de Montesa en 1319, y en 1409 se convirtió en
sede pontificia de Benedicto XIII de Aviñón, el Papa Luna, que residió en el castillo hasta su muerte.
Destaca
en todo el conjunto la sobriedad y solidez de su construcción, tanto en las
estancias templarias como en las estratégicas e intrincadas dependencias
pontificias que realizaría más tarde Benedicto XIII. Uno de los mayores
intereses arquitectónicos del castillo se encuentra en la solución abovedada
del Cuerpo de Guardia y en la austeridad y severa proporción de la Basílica de
los Templarios.
Las
austeras
salas, sobrios patios y adustas torres; todo el conjunto está rodeado por el
omnipresente Mediterráneo, la fortificación que la rodea es de época de Felipe
II, y fue construida por Bautista Antonelli. En 1423 pasó a pertenecer a la
Santa Sede, pero Alfonso V, la reincorporó a la Corona de Aragón en 1430. Desde
el 4 de junio de 1931 es Monumento Histórico-Artístico Nacional.
Este castillo, junto al
Vaticano y el Palacio de los Papas de Aviñón, es una de las tres sedes
pontificias de la historia.

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