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lunes, 17 de junio de 2019

Las Musas

Apolo y las nueve Musas


Cuenta la leyenda que eran hijas de Zeus, rey del Olimpo y de Mnemósine, diosa de la memoria. Apolo tuvo amores con cada una de ellas. Las musas fueron fundamentales para el desarrollo artístico en la Antigua Grecia. Generalmente se las asociaba con el agua de algún río o la fuente del monte Piero, cercano al Olimpo. Poetas y adivinos bebían de esas aguas con la seguridad de recibir la inspiración.

El poder que se les atribuye era el de bajar a la tierra y susurrar ideas para inspirar a los mortales, siempre que se las invocara, los sucesos que había de relatar, así como otorgarle el don del canto y darle elegancia a lo que recitaba. También se les atribuía un poder profético, por su relación con Apolo, el dios profético de Delfos.

Para el poeta y legislador Solón, las Musas era «la clave de la buena vida», traían tanto la prosperidad como la amistad. Buscó la perpetuación de sus reformas políticas a través del establecimiento de la declamación de su poesía, invocando a sus Musas.

El mito de las Musas pervivió durante siglos. Se las representaba con atributos y actitudes diferentes, en función de la disciplina artística o científica con la que eran asociadas, aunque estas varían según las tradiciones. En la Edad Media, el Renacimiento y el Romanticismo se las recuerda como patronas de los artistas.

La palabra museo, lugar destinado a la exhibición pública de conocimientos, significa: lugar de culto a las Musas.

Gracias a Hesíodo conocemos los nombres de las nueve:



Calíope: Musa de la elocuencia, la belleza y la poesía épica. Fue madre de Orfeo. Se la suele representar con una corona de laurel y portando una lira.




Clío: Musa de la historia y de la poesía épica. Sus atributos son una trompeta y un rollo o libro abierto.





Erato: Musa de la poesía amorosa y erótica. Está coronada con rosas y porta una cítara. 







Euterpe: musa de la música, especialmente del arte de tocar la flauta. Lleva una corona de flores.





Melpómene: Musa de la tragedia. Aparece ricamente vestida y portando una máscara trágica.




Polimnia: Musa de la música y de los poetas sacros. Se suele representar toda de blanco y en otras, aparece cubierta por un velo, mostrando su carácter sagrado.




Talía: Musa de la comedia y de la poesía bucólica. Presidía banquetes otorgando dones de abundancia.





Terpsícore: Musa de la danza y la poesía coral. Representada con guirnaldas.  







Urania: Musa de la astronomía y las ciencias exactas. Porta un globo terráqueo que mide con un compás.



En la Odisea, Homero, pide:

«Cuéntame, Musa, la historia del hombre de muchos senderos, que anduvo errante mucho después de destruir la sacra ciudad de Troya...»


martes, 15 de mayo de 2018

Aracne

Diego Velázquez: La fábula de Aracne o Las Hilanderas (1644-1648).


Era una muchacha libia, instruida en el arte de tejer por Atenea, diosa griega de la sabiduría y patrona de los artesanos.

Fue famosa en Hipepa por sus bordados tan perfectos que la gente quedaba cautivada al contemplarlos. Para muchos, Aracne ya superaba a su maestra. Tan repetido fue este comentario que se lo creyó.

Cierto día, en medio de una plaza muy concurrida, Aracne alardeando desafió a la diosa invitándola a competir y a mostrar delante de los presentes quién era la mejor bordadora. Atenea quiso darle una lección y aceptó el reto.

Durante todo el día estuvieron bordando, de modo constante y con técnicas nuevas y admirables. Al atardecer, llegó el momento de exhibir los trabajos. Atenea representó a los dioses en todo su esplendor, con una escena de su victoria sobre Poseidón, Aracne, en cambio, los representó decadentes, envueltos en vicios y amoríos.

Al ver la obra de Aracne, Atenea admitió que la destreza de la joven era perfecta, pero se enfadó mucho por la irrespetuosa elección del motivo y rasgó el tejido. Aracne dándose cuenta de su error, sintió mucho miedo, e intentó suicidarse colgándose de una viga del techo de su casa. Según nos cuenta Ovidio, Atenea se apiadó de ella y le salvó la vida. Sin embargo, la castigó convirtiéndola en una araña y la condenó a tejer para el resto de los tiempos.

Este mito no aparece en el repertorio de los pintores de vasijas áticas. La historia se narra en «Las metamorfosis» de Ovidio y en las «Geórgicas» de Virgilio, que identifican a Atenea (diosa griega) como Minerva (diosa romana).

La historia sugiere que el arte de tejer tenía su origen en la imitación de la labor de las arañas y que se desarrolló en Asia Menor.  

viernes, 15 de mayo de 2015

La Venus de Milo


La Venus de Milo
Museo de Louvre, París, Francia




Fue descubierta en la isla de Melos en 1820. Hecha en mármol blanco y con varios bloques, aunque sus uniones no son visibles. En un principio se creyó que era una escultura del tiempo de Praxíteles y creada bajo su influencia.  Lo cierto es que la Venus de Milo es muy posterior a este autor. Se cree que fue creada en fecha tan tardía como el año 100 a.C., si bien esto no se sabe con certeza. Pudiera ser obra de Alejandro de Antioquia. Mide alrededor de los doscientos once centímetros de alto.

Tiene una pose muy similar a la de Hermes. Probablemente el brazo derecho cruzaba el cuerpo de manera que los dedos tocaban ligeramente el ropaje, en la parte superior del muslo izquierdo. El brazo se mueve en dirección opuesta al giro que toma el cuerpo. Su brazo izquierdo se apoyaba en una columna, no por necesidad de apoyo, ya que la escultura se sostiene por sí misma gracias a los ropajes, sino para identificar a esta Venus, o Afrodita, según la llamaban los griegos, con un lugar concreto. Transmite calma, realismo, tristeza, pasividad, en su mirada perdida. Al ser tridimensional puede ser vista desde diferentes perspectivas. Gracias a la curva praxiteliana se tiene la sensación de realismo, de movimiento. El drapeado que cubre la parte inferior está hecho con todo detalle.

Venus era la diosa del amor, la diosa del deseo, la diosa de la reproducción, pero sobre todo, la diosa de la belleza. Se decía que podía hacer que cualquier hombre se enamorase de ella con solo mirarle. Según la leyenda Crono con una hoz de pedernal corta los genitales al dios Urano, su padre, y los echa al mar, desde el cabo Drépano. Es allí donde surge Afrodita entre la espuma que se forma alrededor de los genitales llenos de semen de Urano. El agua como símbolo de vida y muerte se relaciona con la fluidez de la libido.

Nace adulta, núbil y deseable. Tuvo numerosos amantes y su vida requiere una historia aparte.






domingo, 23 de noviembre de 2014

Islas griegas: Creta

Mapa de Creta de 1719

La más grande de las islas griegas y la quinta del Mediterráneo. Separa el mar Egeo del mar de Libia, marcando la frontera entre Europa y África.

En ella podemos encontrar asentamientos de la Edad de Piedra, palacios de una civilización perdida, ruinas romanas, fuertes venecianos, minaretes orientales, casamatas de la II Guerra Mundial, mitata (casa rupestre de piedra), monasterios, pueblos dispersos en las montañas, castillos y capillas abandonadas en pendientes escarpadas. Bosques de castaños, encinas y cipreses, de palmera, de cedros. Plantas aromáticas como jara, salvia, tomillo.

El espinazo montañoso de Creta se extiende casi sin interrupciones a lo largo de los doscientos sesenta kilómetros que mide la isla. Algunos valles se abren al norte pero pronto se estrechan. Uno de estos embudos es la garganta mayor de Europa, Samaria, una de las zonas naturales más bellas de Creta. Su paisaje cambiante: unas veces tosco y árido, otras llano y frondoso. Pueblos rodeados de olivos, naranjos, vides, hortalizas. La mayoría de las ciudades portuarias se encuentran en la zona norte que es menos abrupta (Haniá, Réthimno, Iraklio, Agios Nikólaos, Sitía). En cambio Ierápetra (Piedra Sagrada), se encuentra en el sur, enfrente de África.

Diosa de las serpientes
Museo Arqueológico de Heraclión
Arte minoico (1600 a.C)

La leyenda dice que en este isla nació Zeus y también que Dédalo construyó aquí el laberinto del Minotauro. Minos reinó sobre Creta y las islas del Mar Egeo tres generaciones antes de la Guerra de Troya. Se creía que era hijo de Zeus. Vivía en Cnosos por períodos de nueve años, luego se retiraba a una cueva sagrada donde recibía instrucciones de Zeus sobre el gobierno que había de dar a la isla. Durante muchos siglos este reino yació enterrado. A principios del siglo XX, sir Arthur Evans, arqueólogo inglés, al excavar un enorme montículo al sudeste de Heraclion, lo descubrió.

Con cada piedra desenterrada se reconstruyó un maravilloso palacio que nos enseñaron que en aquella remota isla unos hombres aprendieron a escribir, a tallar piedras preciosas y marfil, a pintar frescos, a administrar una compleja sociedad y a manejar la más importante flota, mientras el resto de Europa estaba ocupada por tribus bárbaras.

Sería un desacierto dejar de ver los sitios arqueológicos que se encuentran en el palacio de Knossos, Festos, Malia, Zakros y Gortina. Aquí destaca unas placas con la inscripción de unas leyes escritas en dialecto dórico. También hay que disfrutar de la fortaleza veneciana de Rethymnon, las antiguas mezquitas y los monasterios de Arkadi y Prevell. 

Una erupción en la vecina Santorini hizo que terremotos y marejadas de treinta metros de altura devastaran las luminosas ciudades de Creta. Ola de invasores dorios, romanos, corsarios árabes, bizantinos, venecianos y otomanos, hizo que para los cretenses, la rebelión se convirtiera en una forma de vida, sin dejar de ser uno de los pueblos más joviales.
La Canea. Creta

Siempre fue una isla muy codiciada por su posición estratégica.  En 1913 se une a Grecia.

Creta no solo nos ofrece su pasado también en sus tabernas podemos: beber ouzo, bebida parecida al anís, tomar el yogurt con miel, saborear la Kalichunia (pequeños pasteles de queso fresco), comer Dolmadakia que son hojas de parra rellenas de arroz, Achinosalata, ensalada de erizos de mar  y el vino de Creta tan agradable al paladar.

En su capital, en 1541, nació Domenicos Theotocopoulos "El Greco" cuando aún era un territorio de la República de Venecia.  

         La lira es su instrumento más preciado y no es difícil escuchar canciones populares en alguna de sus tabernas y bailar al son de ella durante las fiestas.

En lo alto de la muralla de la capital de Creta, Heraklion, se puede leer el epitafio de la tumba de Nikos Kazantzaki (1883-1957), autor de Alexis Zorba, que dice así: 

No espero nada, no temo nada, soy libre.




Isla de Creta


Fotos: Wikipedia, la enciclopedia libre

domingo, 3 de agosto de 2014

El mito de Apolo y Marsias




 
Cima de Conegliano, 1507-1509






Apolo era un poderoso dios que entre todas sus virtudes se encontraban la música, la poesía y las artes. 

Marsias era un sátiro, criatura mitad hombre, mitad carnero, acompañante de la diosa Cibeles.


Un día Atenea hizo una flauta doble con huesos de ciervo y la tocó en un banquete de los dioses. Al principio no podía comprender por qué Hera y Afrodita se reían tapándose el rostro con las manos, pues su música parecía complacer a los otros dioses; en consecuencia se dirigió sola a un bosque, tomó otra vez la flauta junto a un arroyo y contempló su imagen en el agua mientras tocaba. Enseguida se dio cuenta de lo ridícula que parecía con el rostro azulado y los carrillos hinchados, por lo que arrojó la flauta y maldijo a quienquiera que la recogiese.


Marsias tropezó con la flauta, y se convirtió en el mejor flautista, venciendo a cualquiera que lo desafiara. Recorrió Frigia con ella, en el séquito de Cibeles, deleitando a los campesinos. Éstos decían que ni Apolo mismo podía haber hecho mejor música, ni siquiera con su lira. Y Marsias fue tan insensato que no les contradijo. Esto provocó la ira de Apolo, quien le invitó a un certamen en el que el vencedor podía imponer el castigo que quisiese al perdedor. Marsias accedió y Apolo eligió a las nueve Musas como jurado.


Hay varias versiones del concurso: Unas dicen que Marsias tocó mejor que Apolo. Otras dicen que quedaron igualados. En cualquier caso Apolo le gritó a Marsias:


-         “Te desafío a que hagas con tu instrumento lo que yo hago con el mío. Ponlo al revés y toca”.


Marsias no pudo hacer frente al desafío pues con una flauta eso era imposible.
   

Otra versión nos dice que Marsias fue derrotado cuando Apolo acompañó con su voz el sonido de la lira, cantando himnos tan deliciosos que las Musas sentenciaron a su favor. Marsias protestó, ya que el concurso consistía en la habilidad tocando un instrumento y no con la voz, pero Apolo replicó que Marsias soplaba en su flauta, lo que era casi lo mismo.


Apolo se vengó con mucha crueldad de Marsias. Lo desolló vivo y clavó su piel en un pino, según unos, a un plátano, según otros, junto a la fuente del río que hoy lleva su nombre.


Apolo ganó un segundo certamen musical presidido por el Rey Midas; esta vez venció a Pan. Así fue como Apolo se convirtió en el Dios de la Música y desde entonces toca su lira de siete cuerdas.


Es la eterna lucha entre los aspectos apolíneos y dionisíacos de la naturaleza humana, el caos y la mesura, tan opuestos y complementarios a la vez. Nietzsche desarrolló estos conceptos en su obra “El nacimiento de la tragedia” cambiando la visión racionalista de los antiguos griegos.









        

viernes, 1 de marzo de 2013

Amantes de mis cuentos: Los doce trabajos de Hércules



Dedicado a:
 Alejandro, Álvaro, Luxuan, Paula


Los niños de hoy no son como los de antes. Son más espabilados, lo saben todo, se mueven con tal ímpetu que, al menos yo, me parapeto tras una coraza medieval cuando les veo correr hacia mí. Hay que ver lo que da el día de sí. Benditos dibujos animados que les mantienen hipnotizados, pero, esta tarde se nos ha estropeado la televisión, la niñera se ha despedido dando un portazo, mi marido se ha escapado a una reunión y los abuelos se han declarado en huelga. Desde el sofá  les veo, siento y oigo, desparramar cajones por los suelos, deslizarse por la barandilla de la escalera como si fuera un tobogán, saltar en los sofás y balancearse como simios de las lámparas.
Para no perder la paciencia que me caracteriza, logré sentarles en el suelo al estilo de Buda. Cosa rara, escucharon muy atentos, que les iba hablar de un dios mitológico, la divinidad tutelar de la agricultura, protector del suelo, el comercio y los ejércitos, que los griegos llamaron Heracles, los romanos Hércules, cuando en verdad, de niño le pusieron Alceo.
Y por vez primera se quedaron como si les hubiese inyectado anestesia.
Así que buscando en los recovecos de mi memoria, comencé:
Hércules es el más célebre de todos los héroes griegos. En un ataque de locura mató a sus propios hijos y a dos de sus sobrinos.
- ¡Oh, oh!
La culpable de que lo hiciera fue Hera, su madrastra, que le dio una pócima que le volvió loco. Como había cometido un crimen fue castigado a realizar diez trabajos. El Rey Euristeo dispuso lo que tenía que hacer.
-Y ¿Por qué no le metieron en la cárcel?
-No ves que fue castigado a trabajos forzados.
-Eso ¿qué es?
-A nosotras no nos van a matar porque somos unas niñas muy buenas. A vosotros sí, porque sois muy malos.
Hércules y el león de Nemea

La primera misión fue matar al león de Nemea y despojarle de su piel. Era una fiera de tamaño descomunal y aspecto aterrador. Su madre, Equidna, era una víbora y por esa razón, la piel del hijo, no admitía flechas. Pensando, pensando, Hércules llegó a una conclusión. Lo mejor era acorralarlo en una cueva y ahogarlo con sus propias manos. Y así lo hizo. Ya muerto el león cortó sus garras, con ellas desolló  su piel y como andaba desnudo por esos mundos, utilizó la piel como vestimenta. No sabía que hacer con las fauces así que para no tirarlas, ni que le estorbaran, las utilizó como casco.
-¡Qué fuerte!
-Y valiente. 
-El otro día yo maté a una hormiga.
-Y yo.


Antonio Pollaiuolo. Hércules y la Hidra.




Animada por tanta atención comencé con el segundo trabajo, que no fue otro, que eliminar a la Hidra de Lerna.  Era un monstruo con cuerpo de serpiente, garras de dragón y dorso cubierto con duras escamas. Tenía siete cabezas y las bocas lanzaban fuego y azufre. Si se le cortaba una cabeza salían dos. Hércules pidió ayuda a su sobrino Yolao. Uno tomó una antorcha y el otro una hoz. Así cuando uno cortaba la cabeza, el otro cauterizaba la herida. Y la Hidra, feneció.
-¿Eso qué es?
-Morirse, tonto.
Este trabajo no fue aceptado como válido por haber recibido ayuda.
-Y ¿por qué?
-Porque Euristeo así lo quiso.
-¡Ah!
Hércules y la cierva de Cerinea

El tercer objetivo era capturar a la cierva Cerinea que tenía las pezuñas y los cuernos de oro. Esta cierva era un animal sagrado del tamaño de un buey. Hércules con un mazo muy parecido a los bastos pintados en las cartas, la golpeó, a pesar de que corría a una velocidad sorprendente, pero Hércules tuvo mucho cuidado en no matarla, por temor a la ira de la diosa Artemis.
-¿Y que hizo con las pezuñas y los cuernos de oro?
-Se las entregó a Euristeo.
-¿Yo metería a Euristeo en prisión?
-¿Cómo? No sabes que los reyes tienen muchos guardaespaldas.

Tuaillon. Hércules y al jabalí de Erimanto
La cuarta prueba fue capturar al jabalí de Erimanto que era enorme y siempre estaba furioso. Con una cadena logró trabar sus patas y su hocico, y lo cargó sobre sus espaldas para presentarse con él, ante Euristeo, que según dicen, se escondió en un ánfora.
-Era un cobarde.

Llegó al quinto trajín. Para humillar a Hércules, Euristeo le mandó a limpiar los establos de Augías, en veinticuatro horas. Tenía que dejar impolutos unos establos que llevaban muchos años abandonados. ¡Ah! Pero Hércules no se amilanó ante tanto trabajo, porque desviando el curso del río Alfeo, su corriente arrastró toda la basura. Mientras el río limpiaba el establo, Hércules se puso a pensar que debía pedir una remuneración por ese trabajo y contra todo pronóstico, le dijeron que le pagarían, pero no cumplieron la promesa.
Hércules desviando el cauce

-No se debe mentir.
-Pues… mi amigo del colegio me dijo que me regalaba su coche y luego me lo quitó.  
Tampoco este trabajo fue aceptado como válido. Así que los diez trabajos se convirtieron en doce.
-Eso no es justo.
-¿Se enfadó Hércules?
-Seguro que sí.

Hércules y las aves del lago Estínfalo
El sexto mandato fue acabar con la amenaza de las aves del lago Estínfalo. Eran monstruos de origen divino con dardos en lugar de plumas, alas, picos y garras de bronce. Se escondían entre las ramas de los árboles, así que Hércules las hizo salir de su escondite por medio de unas grandes castañuelas también de bronce. Con el ruido se marcharon volando y con gran alboroto. Algunas las pudo matar con sus saetas que eran muy poderosas porque Hércules había guardado la sangre de las cabezas de la Hidra que eran muy letales y con ellas untó las flechas.
-¿Las flechas estaban envenenadas?
-Pues claro.
-Entonces solo con olerlas, el pájaro se moría.
-¡Este niño es idiota!


Hércules y el toro de Creta
La séptima faena fue capturar el toro de Creta. Era muy hermoso nacido de las aguas del mar al que Poseidón volvió furioso. Euristeo mandó hacer este trabajo con muy mala intención porque lo que quería era medir las fuerzas entre Hércules y el toro. Pero, éste, tras un forcejeo, lo agarró por los cuernos, se lo cargó a la espalda y se lo llevó vivo a Euristeo. 
-Con lo fuerte que son los toros.
-¡Pero Hércules lo es mucho más!
-¿Y si el toro mata a Hércules?
-Imbécil. No ves que Hércules siempre gana.
-Entonces ¿es un héroe?
-Pues claro. 
Hércules y las yeguas de Diomedes

La octava tarea fue apaciguar a las cuatro yeguas del Rey de Tracia, Diomedes. Estaban acostumbradas a ser alimentadas con carne humana. Hércules se sentó en una piedra a pensar. Bajo ningún concepto quería terminar en el estómago de esas yeguas. Las veía moverse de un lado a otro, nerviosas, al parecer llevaban días sin comer y tenían un hambre atroz. Así que para calmarlas le echó a Diomedes, el Rey. Las yeguas se lo comieron y se quedaron tan tranquilas. Sin grandes esfuerzos se las llevó a Euristeo que pidió que no se las acercaran, por si las moscas.
-No me gusta Euristeo.
-Y eso ¿qué nos importa?
-Bueno.
Hércules y el cinturón de Hipólita

La novena obligación: arrebatar el cinturón a Hipólita, la Reina de las Amazonas. Era el símbolo de su poder. Las amazonas eran mujeres guerreras que se cortaban un pecho para colocar mejor el arco. Se apareaban una vez al año. Si tenían hijos se los daban al padre o los abandonaban. Solo se quedaban con las hijas. Hércules no se lo pensó mucho y en un combate singular dejó a la Reina inmovilizada agarrándola del cabello y le quitó el cinturón. Hay quien dice que secuestró a su hermana Melanipa y a cambio ella le entregó su cinturón.
-Yo sé cómo nacen los niños.
-¿Cómo?
La pequeña se echó a llorar con gran desconsuelo. Tras un rato a la espera de que se calmara, dijo:
-Me gustan más los cuentos de princesas.
-A mí también.
-A nosotros nos gusta más Hércules. Vamos a ser tan fuertes como él.

Hércules contra Gerión. el Louvre
Llegamos al décimo esfuerzo, en la que nuestro héroe debe robar los bueyes de Gerión. Hércules tuvo que trasladarse al extremo occidental del mundo. Así que llegó a Huelva donde vivían los tartessos, no sin que antes tuviera que abrir el estrecho de Gibraltar. Sin pereza separó en dos el continente. Gerión era un monstruo gigante y muy cruel, tenía tres cuerpos y era propietario de un inmenso rebaño de bueyes y de vacas rojas, que cuidada el pastor Eurition junto con un perro llamado Ortro de dos cabezas, hermano del can Cerbero. Primero mató a Ortro, luego a Euritión y por último a Gerión. Y se apropió del rebaño. De regreso Hércules pidió ayuda a Helios, el sol. Venía algo cansado porque no es fácil lidiar con tantas vacas y bueyes. Así que le pidió al sol su copa dorada para regresar, digamos como si diera un paseo por los aires, ya que Helios la utilizaba para cruzar el mar cada noche de oeste a este. Helios, muy amable se la prestó, y mientras tanto, se quedó en su cuádriga oyendo música, acompañado de sus hermanas, Aurora y Selene.
Así Hércules pudo llegar descansado al palacio de Euristeo.
-Y ¿si le hubiese pedido ayuda a Spiderman?
-Esta niña es boba. No vez que Spiderman está en Nueva York capturando a los malos.

El jardín de las hespérides
El undécimo quehacer fue robar las manzanas de oro del jardín de las Hespérides. En las Islas Canarias, habitaban unas ninfas, llamadas Hespéridas, que  cultivaban árboles con manzanas de oro. Un hermano de ellas, Atlas, se encontraba en aquel momento sujetando sobre sus hombros la bóveda celeste por haberse rebelado contra Zeus. A Hércules se le ocurrió pedir ayuda a Atlas. Y éste se ofreció a ir en busca de las manzanas si Hércules se quedaba sujetando el cosmos. De regreso con las manzanas, Atlas pensó, que si dejaba a Hércules sujetando el cielo, él se libraría de tan gran peso y podría quedarse, de paso, con las manzanas. Pero a Hércules no había quien le engañase. Le escuchó atentamente, asintiendo, y le dijo:
-No me importa quedarme sosteniendo el firmamento pero necesito ponerme algo sobre los hombros para sujetarlo mejor.
Atlas dejó las manzanas en el suelo y retomó el cielo.
Hércules libre de la carga recogió las manzanas y se marchó diciéndole adiós a Atlas, con una sonrisa.
-¡Qué estúpido!
-Yo quiero ser Hércules.
-Y yo
-Yo no. Yo quiero ser una amazona.
-Y yo… yo… yo… quiero ser una princesa. 
Hércules y el Can Cerbero

Llegamos a la duodécima hazaña. Esta vez Hércules tuvo que bajar a los infiernos, a Hades, como así se llama el abismo, para traer al can Cerbero que tenía tres cabezas y  cola de serpiente. Este perro era quien custodiaba la puerta del averno para impedir la entrada a los vivos y la salida a los muertos. Hay quien cree que Hércules le pidió permiso a Hades para llevarse a Cerbero y éste accedió. Otros dicen, que trató con tanta amabilidad al perro, que Cerbero no acostumbrado a ser tratado con deferencia, le acompañó dócilmente. En cambio, otros piensan que Hércules luchó con Cerbero y lo derrotó.
El caso es que consiguió llevárselo a Euristeo. Mientras buscaba a Cerbero, para entretenerse, liberó a Teseo…
-¿Ese quién es?
…pero la tierra tembló cuando intentó liberar a Pirítoo.
-¿Ellos también mataron a sus hijos?
Si queréis, otro día, os cuento la historia de estos dos. Así que con este último servicio, Hércules, finalizó todos los trabajos. Y colorín, colorado.
Los niños quedaron pensativos, cenaron en silencio y se acostaron temprano, sin chistar. Las pesadillas me tuvieron en pie toda la noche.
Pero a la mañana siguiente…



© Marieta Alonso Más