miércoles, 15 de agosto de 2018

Virgen de la Candelaria

Patrona de Canarias
La Virgen de la Candelaria


Fiesta de la presentación del niño Jesús en el templo cuarenta días después de su nacimiento. Lucas el Evangelista relata la escena en la que se menciona el encuentro con el anciano Simeón y Ana la profetisa. Es el primer encuentro oficial. Por eso también es llamada la Fiesta del Encuentro.

Se celebra cada 2 de febrero.

A mediados del siglo V esta celebración era conocida como la «Fiesta de las luces». Pero no se sabe con certeza cuándo fue el comienzo de las procesiones con velas en esta fiesta, solo que ya se celebraban en el siglo X.

La advocación mariana de la Virgen de la Candelaria tuvo su origen en Tenerife, Islas Canarias, España. Según la tradición, la Virgen se apareció en 1392 a dos «guanches»” que pastoreaban su rebaño. Al llegar a la boca de un barranco, vieron que el ganado no avanzaba, por eso uno de los pastores se adelantó para ver lo que pasaba y vio en lo alto una pequeña imagen de madera de una mujer, como de un metro de alto. En la imagen, la señora portaba una vela en la mano izquierda y cargaba a un niño en el brazo derecho, mientras que el pequeño llevaba en sus manos un pajarito de oro.

Esa imagen se convirtió en la Patrona de Canarias y se venera en la Basílica de Nuestra Señora de la Candelaria en Tenerife. 

Esta devoción se fue extendiendo y llegó a América.

Argentina:

Su fiesta se celebra en la localidad de Candelaria, en la provincia de Misiones, con procesiones y se espera a la Virgen con serenatas populares.

El nombre de Misiones nos retrotrae a las misiones o reducciones jesuíticas guaraníes, allá por el siglo XVII, conjunto de treinta pueblos guaraníes. Hubo quince reducciones en las actuales provincias de Misiones y Corrientes en Argentina, ocho en Paraguay, y las restantes situadas al suroeste de Brasil.

Parroquia Nuestra Señora de la Candelaria de Villa de Leales


En la ciudad de Humahuaca, en la provincia argentina de Jujuy, se realiza la tradicional danza de los toritos y fuegos artificiales. En la localidad de Villa de Leales, en la provincia de Tucumán, esta festividad es una de las más multitudinarias. También en Guaraní, provincia de Buenos Aires, la Virgen de la Candelaria es patrona de la ciudad.


Bolivia:

En Copacabana, en 1583, fue tallada la imagen de la Virgen de la Candelaria de Copacabana por Francisco «Tito Yupanqui». El Templo de Copacabana es el segundo templo más antiguo de Hispanoamérica.

En este país, la Virgen de la Candelaria es patrona de Aquile, Cochabamba; Rurrenabaque, Beni; Samaipata, Santa Cruz; Azurduy, Chuquisaca; y de la comunidad de La Angostura en Tarija.

Chile:

En la Iglesia de San Antonio, en la isla Mancera en Valdivia, hay registros del culto a la Virgen de la Candelaria que datan del año 1645. Es venerada en los sectores mineros del norte del país.

En la ciudad chilena de Copiapó existe un santuario de la Virgen de la Candelaria y en el pueblo de Mincha, comuna de Canela, se encuentra un templo donde hay gran devoción a la Candelaria y que es monumento histórico nacional desde 1980.

Colombia:
Imagen de la Virgen en el escudo de Medellín

La ciudad de Medellín fue erigida en sus orígenes como «Villa de Nuestra Señora de la Candelaria de Medellín» y por ello la Virgen aparece en el escudo de la ciudad. De igual manera, la primera Catedral de la actual Arquidiócesis de Medellín fue la Iglesia de Nuestra Señora de la Candelaria. Otras ciudades colombianas también la tienen como patrona.

Cuba:

La advocación a la Virgen de la Candelaria llegó a Cuba de la mano de emigrantes canarios. Es patrona de la ciudad de Camagüey y de San Fernando de Camarones, pueblo fundado en 1714. El municipio de Candelaria, hoy provincia de Artemisa, lleva su nombre por haber sido fundada por canarios, en memoria de su patrona.

Desde muy antiguo, el 2 de febrero, se acostumbra ese día a podar las plantar y cortarse el pelo ‒dos o tres centímetros‒ para que crezca más y con más fuerza. Su veneración se encuentra sincretizada con la Santería, así la Virgen de la Candelaria es conocida como Oyá.

Perú:

En Puno, al sur de Perú, la Fiesta de la Candelaria es una de las más importantes de la región. Allí la imagen de la Virgen de la Candelaria es sacada en procesión por las calles de la ciudad, acompañada de danzas y música tradicional.

En noviembre del 2014, la UNESCO declaró la Festividad de la Virgen de la Candelaria de Puno como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

En muchos otros países se festeja a la Virgen de la Candelaria tales como: Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Estados Unidos, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Puerto Rico, Uruguay, Venezuela…

Basílica de Nuestra Señora de Candelaria en Tenerife



lunes, 13 de agosto de 2018

Malena Teigeiro: La vida de un peregrino

La Puerta del Perdón
Catedral de Santiago de Compostela


Como ese año era Año Santo, y mi vida hasta entonces no había sido muy edificante, decidí poner remedio a mis pecados e irme a por el Jubileo. Tomada ya la decisión, aquella noche dormí tranquilo. Por la mañana, en cuanto desperté, acudí con mi chica a arreglar los papeles para contraer matrimonio. Días más tarde, celebramos la ceremonia. Por lo menos, el pecadillo de amancebamiento, lo llevaba resuelto. Lo hicimos así, casi de puntillas, sin fiestas ni alharacas. Fui un poco egoísta, lo sé, pero a mis años ya estaba yo de vuelta de muchas cosas, y ella, con tal de casarse, se hallaba dispuesta a todo.

Dejé el viaje de novios para otras fechas, e inicié la preparación para hacer el último tramo del Camino de Santiago, eso sí, cara al verano, porque a mí no me gusta mojarme y tampoco las nieblas mañaneras me sientan bien. A mi edad, esas brumas frías se pegan a los huesos y causan bastantes molestias. Dándole vueltas al asunto, y conociendo que los refugios están al principio y fin de cada etapa, llegué a la conclusión de que lo mejor era partir las jornadas. Pero, claro, era de tontos deshacer el camino andado o quedarte a dormir a la intemperie, y como no me han ido mal las cosas en la vida, y tengo un buen coche, contraté a un mecánico, que venía a recogerme a donde yo estuviera y, juntos, nos dirigíamos al mejor hotel de la zona. A la mañana siguiente, después de haber tomado un buen baño y mejor desayuno, el hombre volvía a dejarme en el mismo sitio en donde me había recogido. Luego, se acercaba al hotel, que ya teníamos reservado, y allí lavaba la ropa y limpiaba el segundo par de botas, lo que permitía que llevara la mochila a la espalda como buen peregrino, pero solo portando el peso de un tentempié reparador y un par de termos. Uno, lleno de agua bien fresquita, y el otro, de café bien calentito, que yo sin mis cafelitos no soy nadie. Así hice los kilómetros que eran necesarios para que al mostrar el pasaporte bien firmado, le entreguen a uno eso que dan en nombrar La Compostela.

Llegué a la plaza del Obradoiro un soleado medio día, ya tarde. Sin perder tiempo, me coloqué delante de la Catedral, le hice una gran reverencia al Señor Apóstol, y, rápido, fui a almorzar, no fuera a ser que cerraran el encomiado restaurante en el que tenía reservada mesa desde Madrid.

Comí un magnífico centollo, de aperitivo un cuarto de percebes, empanada de raxo, y de plato base, una merlucita en caldeirada. Todo ello regado por el mejor Albariño. De postre, cañitas de crema, filloas, un par de cucharaditas de tocinillo de cielo, acompañado por una exquisita queimada, y café.

No era ya persona cuando me retiré del yantar, por lo que decidí ir directamente hacia el Hostal de los Reyes Católicos, que hace ángulo recto con la Catedral, así, al día siguiente no tendría que ponerme a andar otra vez para cumplir mi objetivo. Me levanté dispuesto a entrar por la Puerta del Perdón para ganar el jubileo, cosa que hice sin tener que guardar cola, pues había tenido la precaución de mandar al chófer a las seis de la madrugada. Una vez allí, le invité a que pasara conmigo, cosa que agradecido, así hizo. Ya perdonados mis pecados, dirigí mis pasos a buscar el certificado de peregrino; luego, llevando las indulgencias bien dentrito en mi pecho, guardaditas en mi alma, escuché la misa de doce, que es cuando ponen en marcha el botafumeiro. Como pocas veces en la vida, sentí una profunda emoción con el humo del incienso, el abrazo al Santo, la homilía…

Después de haberme puesto a bien con el Señor Apóstol, le di al conductor el día libre, y volví a otro restaurante para almorzar; éste, por lo que me habían dicho, más exquisito. Tomé unos camarones, una enorme nécora, ¡nunca había probado otra igual!, y un plato de langosta con chocolate, que recomiendo a todo el que pueda, no deje de tomar. De segundo, esta vez elegí la carne asada. Estaba tierna, jugosa, ¡y qué patatitas de acompañamiento! Disfruté como un niño aplastándolas sobre la transparente y dorada salsa. De allí fui a dormir la siesta y cuando una hora y media más tarde me levanté, salí decidido a visitar algunos monumentos. Eran tantos y tan antiguos, que nada más ver el primero creí oportuno dejarlo, y volver en otra ocasión acompañado por la ya mi señora, para recrearnos juntos en tanta belleza. Regresé al Hostal y cómodamente sentado en la acogedora terracita que tienen en una esquina de la plaza, tomé un pincho de tortilla de patata, de ésas que al cortarla se le sale el huevo amarillo, cremoso, y una cañita de fría y espumosa cerveza, que tenía un sabor diferente, a mi juicio no tan bueno como la de Madrid.

Por la mañana, no queriendo añadir a mi cansancio de peregrino el de un viaje de vuelta por carretera, tan largo, ordené al conductor que llevara el coche y mis pertenencias a mi casa. Le di las gracias y le dejé dinero para sus gastos. Luego, tomé el avión y volví a la capital. Cuando mi santa abrió la puerta, caí derrotado en sus brazos. Cielo, le dije arrebujado en su pecho mientras la besaba y me acaloraba con su aroma, ¡qué dura es la vida del peregrino!


© Malena Teigeiro

sábado, 11 de agosto de 2018

Socorro González-Sepúlveda Romeral: Volver



Ella repasaba, mentalmente, las secuencias que formaban el argumento de su vida, para ver de qué periodo sentía nostalgia. ¿Adónde querría volver?

Su infancia, llena de carencias, era un recuerdo vago del frío y las ganas de pan con chocolate en la merienda. La juventud, más larga, sin muchas alegrías. Tardes escuchando seriales en la radio, mientras cose en un taller de modista. Recuerda el vestido azul, que ella misma se hizo y que estrenó en las fiestas. La ilusión del noviazgo, y los preparativos del ajuar para casarse.

La secuencia de la boda pasaba ante su vista en blanco y negro, como la foto del aparador, en la que los novios, muy jóvenes, posan con una sonrisa fija imitando las postales antiguas. Luego, tres partos y veintisiete meses de embarazo. Sin tregua. Con una enorme barriga, las náuseas y la preocupación constante.

Ella se detendría en la infancia de sus hijos, porque entonces no se detuvo. La vivió deprisa, deprisa:  colegios, deberes, visitas a los médicos, la canguro, el trabajo, la falta de tiempo, sobre todo, falta de tiempo y, de pronto, sin apenas darse cuenta, se hacen mayores y se van de casa. No la necesitan.

Las secuencias se suceden. Llega, inexorable, la vejez. Tampoco quiere volver a vivir ese periodo, que ya está superado, porque ella y la vejez se han hecho amigas. Solo siente nostalgia de los sueños de antaño. Sabe que ya no se materializarán, pero… ¿Se puede añorar lo que nunca ha ocurrido?

No. Decididamente, ella no quería que las cosas volvieran a ser como antes.



©Socorro González- Sepúlveda Romeral

jueves, 9 de agosto de 2018

La cocina a mi alcance: Crema y sopa de cacahuete







Este fruto seco conocido como cacahuete, maní (nombre taíno), inchik (nombre quechua de la semilla), es un híbrido de dos especies silvestres que se originó por la migración humana y por la polinización natural de insectos, hace unos 9400 años. El lugar de cultivo más antiguo del continente se ha descubierto en Cajamarca, Perú. Muy apreciado en todos los pueblos que se asentaron en las faldas de los Andes, llegó a México, en donde se le llamó tlacáhuatl, que en lengua náhuatl significa «cacao de la tierra». Su contenido en aceite y proteínas lo hizo muy apreciado en la cocina mexicana, que lo emplearon en muchas salsas picantes conocidas como moles.

A diferencia de las almendras, nueces y avellanas, no crece en los árboles, lo hace bajo tierra. Se siembra a finales de primavera y se recolecta a finales de otoño. Al ser transportado por navegantes portugueses y españoles el cacahuete fue acogido en África con gran entusiasmo, por lo que arraigó en el área subsahariana. Hoy junto con otros productos también originarios de América, como el maíz, el tomate, los pimientos y la patata se ha convertido en un ingrediente indispensable en la cocina africana.

A Oriente también llegó de la mano de los portugueses y españoles que lo introdujeron en la India y en Filipinas. En 1538 era conocido en China, apenas cincuenta años después del descubrimiento de América.

En Cuba es un alimento popular y lo venden los maniseros en cucuruchos de maní, popularizados por la canción de Moisés Simons «El manisero».

No solo en snack se come el cacahuete. Me han hecho prometer que voy a probar la sopa de maní boliviana, la carapulcra de Perú, el corviche de Ecuador, el mole poblano de México y muchas más recetas, teniendo en cuenta que investigaciones recientes demuestran que el cacahuete y los productos elaborados con éste, cada vez tienen mayor relevancia en la ciencia médica por sus componentes y propiedades benéficas para la salud.


Crema de cacahuete muy fácil:

450 gramos de maní tostados (tres tazas), sin piel, en la batidora dos minutos y ya está. Guardarla en un recipiente de vidrio bien cerrado y a la nevera. Si se quiere un sabor más dulce se puede añadir pequeñas cantidades de azúcar o miel.


Sopa de cacahuete a la manera de mi amiga Claudia que tampoco le gusta pasar trabajo en la cocina:

2 tazas de leche evaporada
¼ taza de vino de jerez seco

3 tazas de agua
1 cucharada de azúcar
1 ½ taza de cacahuetes tostados o de la crema de cacahuete si te has atrevido a hacerla. Yo la compré.
Sal

Poner los últimos cuatro ingredientes en una olla a fuego medio durante quince minutos. Añade el jerez y la leche evaporada, prueba y agrega algo de sal si le hace falta. Un último hervor y apagar. Lista para servir.




martes, 7 de agosto de 2018

Los fenicios 1200 a.C - 539 a.C.: Marinos y mercaderes



Fue el único pueblo semita con vocación marinera. Sus naves dominaron el Mediterráneo y posibilitaron un intenso intercambio económico y cultural entre los pueblos de oriente y occidente durante la primera mitad del I milenio a. C.

Fenicia se hallaba en las actuales costas de Siria y Líbano. Nunca formaron los fenicios una unidad política, estaban divididos en ciudades-estados, independientes y rivales. Se llamaban a sí mismos «canaaneos», hijos de Canaán y coincide con el pueblo cananeo citado en la Biblia.

Los griegos les llamaban púrpuras o rojos, quizás por los tintes con que comerciaban. Biblos mantuvo un activo comercio con Egipto, luego pasó la supremacía a Sidón y Tiro.

Sarcófago fenicio de Palermo
(Siglo V a.C.)

Por las muestras que nos quedan de su arte no fueron muy originales, copiaban de los modelos orientales. Su religión era sombría y sangrienta. Sin embargo, este pueblo realizó uno de los inventos más prácticos que conoce la historia: el alfabeto.

El comercio fenicio no fue solo marítimo, sus caravanas cruzaron gran parte del Próximo Oriente, aunque fue en el mar donde alcanzaron mayor renombre. Comerciaban con metales preciosos, maderas y especias; a cambio de estos productos daban objetos de vidrio, tejidos, púrpura… Para facilitar sus operaciones comerciales fundaron colonias. La más importante fue Cartago, cerca de Túnez.

También desempeñaron un papel muy importante en el campo de los descubrimientos geográficos. La mayor proeza la realizaron hacia el año 600 a.C.: circunnavegar el continente africano partiendo del mar Rojo rumbo al sur y volviendo por el flanco occidental de África y el estrecho de Gibraltar.

Los fenicios fueron el primero de los pueblos colonizadores históricos de la península ibérica. Los restos más antiguos los tenemos en Málaga y Cádiz, aunque hubo asentamientos en Almuñecar, Mazarrón, Guardamar de Segura, Huelva, Chiclana de la frontera… y posiblemente en Lisboa.

Fue una gran potencia militar y mercantil hasta que se enfrentaron Roma y Cartago, en las llamadas guerras púnicas.


Baal tonante, estela hallada en Ugarit


domingo, 5 de agosto de 2018

Blanca de la Torre Polo: Envidia





Hasta hoy, el ritual siempre había sido el mismo: una mirada, una sonrisa, «buenos días», «buenas tardes», «buenas noches».

Ayer no pudo ser; estaba muy ocupado rumiando un discurso consigo mismo en compañía de varias latas de cerveza vacías, que llenaban la cesta del vehículo que utilizaba para moverse. Le faltaba una pierna y la otra sobrevivía maltrecha, tal vez, agonizante.

«Vengo del sur, vivo en la calle. Teniendo mi cerveza y mi tabaco no necesito nada más. Era feliz. Me puse malo y me trajeron aquí. Mi hermana me cuida, pero no nos llevamos...».

Eso me contaba después de varios intercambios de miradas, trece sonrisas, once saludos y una parada imprevista en el descansillo.

La lógica y la razón me poseyeron y hablaron por mí: «Ahora tiene un techo, un lugar donde vivir, comida todos los días, un familiar que está a su lado».

Él negó con la cabeza, agarró la barandilla con sus manos huesudas —de uñas larguísimas—, contempló el cielo y sus ojos vacíos me mostraron la otra vida. Un infinito techo celestial cubría nuestras cabezas y éramos los amos del tiempo. Un rincón, un sol para calentarnos y una luna que nos alumbraba.


Después, miró mis piernas. Y, conmovida, creí entender lo que sentía.



©Blanca de la Torre Polo



sábado, 4 de agosto de 2018

Sol Cerrato Rubio: Días de verano





La luz entra por la ventana a través de los cristales
iluminando la habitación repleta de amaneceres.

Mi mente viaja a lugares exóticos
con verdes palmeras, aguas turquesas
y bellas terrazas llenas de atardeceres.

¡El sol hoy invita a soñar y viajar!

Una refrescante cerveza me enreda en las fronteras
del ensueño y la imaginación.

Atrás quedaron las prisas, el estrés y los quehaceres laborales.

Ahora solo quiero bailar y elevarme entre las aguas
de este océano rebosante de palabras.

Y por un momento olvido quien soy
de dónde vengo, y a dónde puedo ir...

Como un viajero que deambula perdido
en los zocos de una gran ciudad.

Me siento libre de todo el peso
que gravita en las palabras…

Responsabilidad, Trabajo, Madrugar...

Si, volveré a mi realidad, pero hoy solo quiero VOLAR.

© Sol Cerrato Rubio