jueves, 17 de octubre de 2019

Mayo de 1968 en Francia y década de los años 60



Este movimiento político y cultural, marcado por la mayor revuelta estudiantil y la mayor huelga general de la historia de Francia, fue secundada por más de nueve millones de trabajadores.

Consiguió poner en jaque al Gobierno francés presidido por Charles de Gaulle. La mayor parte de las protestas finalizaron cuando se anunció elecciones anticipadas, que tuvieron lugar la última semana de junio.

El movimiento fue más que una protesta y algo menos que una revolución. Muchos de sus lemas como: «La imaginación al poder», «Prohibido, prohibir», «Seamos realistas, pidamos lo imposible», han servido de inspiración a numerosas, obras de arte, libros, películas y canciones.

A nivel político internacional, la década de los sesenta, fue una época convulsa, con territorios recién independizados, el triunfo de la revolución cubana, la guerra de Vietnam, Indochina, Argelia, la Primavera de Praga, la Revolución cultural de Mao...

También se producen gran cantidad de asesinatos políticos, como las muertes de Patrice Lumumba, John F. Kennedy, Malcolm X, Martin Luther King, Robert F. Kennedy…

Durante la carrera espacial se envía el primer hombre, Yuri Gagarin, al espacio y a la primera mujer Valentina Tereshkova, hasta que la misión Apolo XI logra poner en la superficie lunar a Neil Amstrong.
A nivel musical: los Beatles, Rolling Stones, Bob Dylan, Led Zeppelin, Pink Floyd… En literatura se inicia el Boom latinoamericano.

Surge el movimiento hippie en San Francisco, California. Movimiento contracultural, libertario y pacifista. La causa que llevó a muchos hippies a entrar en la protesta social fue la Guerra del Vietnam.

Se ven series animadas como el Oso Yogi, Los Picapiedra, Scooby-Doo, La Pantera Rosa… El cine ofrece: La dolce vita, El Dorado, Desayuno con diamantes, El Graduado, Psicosis, El apartamento, Viridiana, West Side Story... y tantas otras películas.




martes, 15 de octubre de 2019

La caída del Imperio Romano









Fue una lujosa superproducción dirigida por Anthony Mann, que contó con un deslumbrante plantel de actores: Stephen Boyd, Sophia Loren, Christopher Plummer, Alec Guinness, Omar Sharif, Mel Ferrer… y una elaborada trama histórico-dramática, coescrita por los guionistas Ben Barzman, Basilio Franchina y Philiph Yordan, aderezada con intrigas, batallas, romance y acción.  

A esto se suma los recursos económicos de los que hacía gala el productor independiente ruso-americano Samuel Bronston.

Se sabe que las películas históricas a veces tienen demasiadas licencias y no deben ser tomadas como palabra sagrada. Marco Aurelio no murió envenenado.

Se estrenó el 24 de marzo de 1964, con una duración de ciento ochenta y ocho minutos. No alcanzó el éxito económico y de crítica que se esperaba, pero hoy es valorada como de gran interés. Fue galardonada en 1965 con el premio Globo de Oro a la mejor música, una hermosa e inolvidable banda sonora del gran Dimitri Tiomkin.

Sofía Loren cobró un millón de dólares por esta película, y fue la segunda actriz después de Elizabeth Taylor (Cleopatra), en cobrar esa cantidad por una sola película.

La réplica que se hizo del Foro romano del siglo II, ostenta el récord Guinness como mayor decorado de la historia del cine. Se construyó en un terreno propiedad del Marqués de Villabrágima en Las Matas, en la Comunidad de Madrid. Se necesitaron mil cien obreros que emplearon siete meses en levantar la fachada del foro. Estos decorados se reutilizaron después para el musical Golfus de Roma.

La voz del narrador nos dice al final de la película: 

«…Una gran civilización no es conquistada desde fuera, hasta que ella misma es destruida por dentro».



domingo, 13 de octubre de 2019

Malena Teigeiro: El caballo


La guerra se había llevado a los hombres, los de ella y los de todas las mujeres de la aldea. Muchas, asustadas, se marcharon a la ciudad en busca de sus lejanas familias. Las pocas que eligieron quedarse, conocían que vivía sola, bueno, sola, no. Se quedó a la guarda de los nietos, de esos niños que poco a poco iban creciendo, alguno prometía ser un buen mozo.

La primera vez que la había visto, fue una mañana durante su odioso paseo a caballo en busca de los huidos que intentaban volver a sus casas. Ella cultivaba la tierra cuando apareció de espaldas al sol. Se incorporó y temerosa, con la mano a modo de visera, fijó sus ojos en la cabeza chata del bruto. Le dijo que era un Warmblood. ¡Cómo si a ella le importara la raza! Él no sabía que solo buscaba la compasión de su mirada. ¡Era tan hermoso el animal!

Acababa de sacar la crujiente hogaza del horno cuando lo vio. El sol le arrancaba rayos al casco, al peto de acero, pulido como la plata, que lucía sobre la casaca. Se creía un dios. Sin ninguna consideración cabalgaba sobre su descuidado huerto sin importarle lo que arrasaba con las pezuñas de su bestia, sin importarle destrozar las pocas verduras que le iban a servir de alimento. Suspiró. La mujer se pasó la mano sobre las sienes y se sujetó los cabellos sueltos. Hipócrita, dibuja alrededor de los acerados ojos una sonrisa y con la hogaza bajo el brazo, como casi todas las mañanas, fue a su encuentro.

¡Qué poca suerte tuvo el día en que se fijó en ella ese hombre viejo! Si le quitaba el casco, no quedaba nada de su prestancia, rumia la mujer andando con cuidado, sonriente, entre los surcos de su tierra. ¡Mi hombre sí que es buen mozo! Al cerrar los ojos lo veía andando por el camino de tierra diciendo adiós con la mano. ¿Por dónde estaría ahora? ¿Viviría?

Mal rayo le partiera la vida, la de él y la de todos los que arrasaban sus tierras, decía su dura mirada mientras que, con el pan bajo el brazo, se acercaba complaciente. Corta una rebanada, y procurando no aproximarse mucho, se la entrega.

Aquel primer día le agarró la mano y la arrastró hasta subirla a la grupa. ¡Mala bestia! No le importó usar el caballo de litera para deshonrar su pecho, para toquetear su vientre, sus muslos. Y ella, muda, sin rebelarse, aguantaba el asedio, hasta que, sin enfadarlo, consiguió arrojarse al suelo. Él se llevó la mano a la visera del casco. Hasta mañana, le dijo despidiéndose seco, con voz metálica. Pasaría por allí todas las mañanas que pudiera. Y añadió, que siempre le tuviera preparado un poco de ese pan que perfumaba los campos. Ella, coqueta, ladeó la cabeza sonriente, con los dedos a la espalda cruzados en una maldición. ¡Ojalá te rajen el vientre y la sangre tiña tus desalmadas vergüenzas!

Y así siguieron hasta que un día descabalgó la bestia, y sobre sus verduras, las que luego, con las lágrimas contenidas, cortaba para que no se perdieran, la viola. Aunque lo cierto era que ella había consentido, y hasta intentó contentarlo. Cualquier cosa antes de que se acercara a la casa en donde escondía a sus dos hijos.

¡Maldita guerra!



sábado, 12 de octubre de 2019

12 de octubre: Día de la Hispanidad y de la Virgen del Pilar









La Hispanidad









El 12 de octubre de 1492 llegó Cristóbal Colón a Guanahani, sin sospechar que había llegado a un nuevo mundo. Este hecho está considerado como uno de los más importantes de la historia universal, por las consecuencias que tuvo, al iniciarse el contacto entre Europa y América. Muchos otros viajes se organizaron, como los de Núnez de Balboa que cruzó a pie el istmo de Panamá y encontró el océano Pacífico en 1513; el de Francisco Hernández de Córdoba y Juan de Grijalva que recorrieron las costas mexicanas, Pedro Alonso Niño que descubrió las costas del golfo de Paria, en Venezuela, la famosa expedición de Francisco Pizarro de los Trece de la Fama, Vicente Yáñez Pinzón que descubrió Brasil, y muchos otros…

Pero se le llamó América cuando el cartógrafo Martín Waldseemüller, en 1507, escribió en su mapa ese nombre, en honor al florentino Américo Vespucio que recorrió la costa norte de América del Sur, los litorales de Brasil y el sur de la Patagonia, y se le considera el primer europeo en comprender y anunciar que esas tierras eran en realidad un nuevo continente.









La Pilarica








El templo zaragozano se construyó en el lugar donde la Virgen María, según la tradición cristiana, dejó un pilar cuando se le apareció al apóstol Santiago el 2 de enero del año 40.

Como testimonio de esa visita, Santiago y los siete primeros cristianos de la ciudad, construyeron una pequeña capilla de adobe en este lugar, a orillas del Ebro, donde posteriormente se construyó una iglesia románica, otra mudéjar y finalmente el templo barroco que hoy conocemos.

La talla en madera dorada de la Virgen, a pesar de su importancia, solo mide 36 centímetros. Es de bulto redondo de marcado estilo gótico tardío, realizada en una sola pieza de madera y fechada en la primera mitad del siglo XV, hacia 1435. Está atribuida al imaginero aragonés Juan de la Huerta. Descansa sobre una columna de jaspe de 1,77 metros de altura y 24 centímetros de diámetro forrado de bronce y plata. Cada día del año la Virgen luce un manto distinto, excepto los días 2, 12 y 20 de cada mes, en los que se deja ver la talla y la columna.

El 20 de mayo de 1642 el municipio de Zaragoza proclamó a la Virgen del Pilar patrona de la ciudad, patronazgo que se extendió a todo el Reino de Aragón en las Cortes aragonesas de 1678.

Tanto las fiestas en honor a la Virgen del Pilar, como el Día de la Hispanidad, se celebran el 12 de octubre, Fiesta Nacional en España.

viernes, 11 de octubre de 2019

Socorro González-Sepúlveda Romeral: Mi familia y otros animales






Cuando nos apretamos todos alrededor de la mesa del comedor, pienso que somos una familia grande: El abuelo Francisco, mis padres, mis ocho hermanos, yo soy la pequeña, el tío soltero, que vive con nosotros y, a veces, vienen a casa algunas de mis primas, atraídas por el bullicio que se respira en ella.

En la casa también viven la Gorda y la tía Paula. La Gorda lleva la bandeja de la comida en alto y se defiende de mis hermanos con la espumadera, porque atacan las patatas fritas antes de llegar a la mesa. La tía Paula, muy viejecita, sentada en una silla baja, siempre está cerca de la lumbre o tomando el sol.
Los lugares donde hay mucha gente suelen atraer a más, así, nuestra casa se ha convertido en el punto de encuentro, para todos nuestros amigos. Todos ellos y, otros animales, componen mi familia.

Terrible y Temblores son los dos perros grandotes, que vigilan la casa. A pesar de su nombre Terrible es bueno y Temblores muy miedoso. Cuidan de nosotros los más pequeños y, solamente ladran al médico y al practicante porque saben que no nos gustan. Los gatos son de todos los colores blancos, negros o atigrados.  Tienen a las crías detrás de las tinajas y las transportan cogiéndolas por el cuello, pero no les hacen daño. Cuando son pequeños tienen los ojos cerrados y maúllan como niños recién nacidos.

Un par de palomas picotean en el patio, macho y hembra. Tienen el nido en lo alto del gallinero, sus pichones son blancos, como de algodón. Me gustaría jugar con ellos, pero forman parte de nuestra dieta y, son sacrificados sin piedad. Mi padre tiene, en el patio, dos jaulas con perdices, que utiliza como reclamo cuando va de caza. Cantan con frecuencia “Cuchichi, cuchichi”, él les contesta “Cuchichi, cuchichi”. Los pollitos, cuando salen del cascarón, también viven en el patio con su madre. Me acerco con cuidado para echarles migas de pan mojado, la gallina, para defenderlos quiere picarme. Yo le digo que no quiero hacerles daño ─ya sé que los animales solo hablan en los cuentos─ pero yo les hablo y creo que me entienden, así, el burrito gris, manso, que vive en la cuadra y podemos montar los pequeños, incluso me contesta con un rebuzno.

Hay otros animales como lagartijas, escarabajos, los abejorros, las mariposas y hasta los gusanos de luz, pero estos ya no forman parte de mi familia.
            

© Socorro González- Sepúlveda
         

jueves, 10 de octubre de 2019

Paula de Vera García: No me lo pidas de nuevo (DB Super Oneshot)








Era una noche clara, sin nubes y con las estrellas rutilando felices, en un cielo desprovisto de luna desde hacía más de una década. Vegeta lo observaba, sentado en una de las ramas más altas de uno de los árboles que rodeaban Capsule Corp., con el ceño fruncido y perdido en amargas reflexiones.

Tras la derrota de Freezer, las explicaciones y las muestras de empalagoso afecto entre todos, su querida esposa había decidido celebrar un banquete; del cual, sin duda, los que más habían disfrutado habían sido Beerus y Whiss. Vegeta, aun comiendo por puro hábito, apenas había podido soportar quedarse más tiempo del necesario rodeado de tanta jarana. Como en la mayoría de casos, le parecía innecesaria tanta pompa.

En el fondo, lo que no soportaba era el escozor en la base de su alma derivado de que Kakarot, el estúpido, el panoli, se hubiese vuelto a llevar toda la gloria. Quizá hacía una década no se hubiese preocupado por la Tierra, por él como si se volatilizaba en mil pedazos. Pero, ahora… Solo sentía humillación. Y rabia.

-Ah, así que estabas aquí…

Perdido en sus pensamientos, Vegeta casi se sobresaltó y cayó de la rama cuando escuchó su voz bajo él. A tiempo, sus reflejos aferraron sus dedos a la madera y pudo mantenerse entero, al tiempo que bajaba la mirada hacia la inesperada visitante.

-Bulma, no me des esos sustos -la regañó, a pesar de todo.

Ella, sin amedrentarse lo más mínimo, lo observó con la cabeza ladeada y media sonrisa que se intuía divertida.

-Francamente, empezaba a preocuparme de dónde te habrías metido y no me apetecía meterme sola a la cama…

Vegeta frunció el ceño y los labios, incómodo. Por un lado, le apetecía seguir estando solo. Pero si los que pedían atención eran Bulma y sus preciosos ojos azules…

-Pues aquí estoy -replicó, sin dejar traslucir del todo su sentir.

Ella asintió.

-Y, ¿qué? ¿Me subes?

Vegeta la encaró en la penumbra del jardín como si se hubiera vuelto loca.

-¿Cómo dices?

Bulma sonrió, animada por el hecho de poder hacer rabiar un rato a Vegeta.

-Anda, Vegeta -la mujer colocó las manos a la espalda y movió el torso de lado a lado, a la vez que componía su puchero más convincente-. Seguro que las vistas son estupendas desde ahí arriba…

Vegeta resopló. Claro: Bulma sabía que, a pesar de la escasa luz, procedente del jardín cercano a la casa, él podía verla perfectamente. Gimió para sus adentros. Era demasiado encantadora y convincente cuando se lo proponía…

Sin embargo, el guerrero Saiyan, en vez de hacerle caso, optó por bajar al suelo de un salto y plantarse frente a ella y su gesto apenas contrariado. En el fondo, los dos sabían que poco importaba arriba o abajo. Vegeta no podía resistirse a estar cerca de Bulma a solas si surgía la oportunidad.

-Prefiero no arriesgarme a que te hagas daño -musitó, sacudiéndose los pantalones grises ajustados con aparente desgana-. Casi mejor así.

Bulma reprimió una risita y sacudió la cabeza, secretamente conmovida, mientras ambos echaban a andar sin previo acuerdo hacia el parque que rodeaba Capsule Corp. El ambiente estaba casi en completo silencio, exceptuando el ruido de algunos grillos y animales nocturnos que poblaban el bosque cercano; el lago frente a la casa estaba en calma, sin una mota de brisa que perturbara su cristalina superficie. Sin brusquedad, Bulma buscó los dedos enguantados de Vegeta y él se dejó coger de la mano, mientras los dos andaban a paso muy lento por el camino principal. La ciudad dormía a lo lejos.

-Qué noche más clara -murmuró Bulma-. Parece mentira que estemos así de tranquilos después de todo, ¿verdad?

-Sí…

Vegeta notó su estómago encogerse de nuevo al responder, pero procuró exteriorizarlo lo menos posible. Solo una ligera tensión de sus dedos reveló a Bulma lo que realmente pasaba por su mente y su corazón. De ahí que ella se detuviese y lo obligase a encararla sin violencia, tomándole ambas manos entre las suyas.

-Eh, ¿sigues dándole vueltas?

Vegeta rebufó por lo bajo y apartó la mirada, antes de soltar sus dedos de los de Bulma y darle a medias la espalda.

-¿Qué quieres que te diga? Me sienta fatal que ese pedante insecto siempre me pase por delante…

Bulma lo observó sin molestia, pero sintiendo un horrible escalofrío bajar por su espina dorsal cuando recordó lo que había sucedido, o no, dependiendo del punto de vista, hacía apenas unas horas. El mismo que había sentido cuando Freezer…

-Pues, igual crees que es muy egoísta por mi parte -arrancó a decir, a su espalda, haciendo que él se girara apenas unos centímetros. 

Bulma, al ver que tenía casi su plena atención, hizo un esfuerzo soberano por no llorar delante de su marido y suspiró antes de proseguir-. Pero… Lo cierto es que yo prefiero alegrarme de que tú sigas vivo, Vegeta, antes que lamentar que haya sido Goku el que nos ha salvado a todos.

Vegeta se giró del todo, encarándola con los ojos entrecerrados y sin saber bien cómo sentirse. Aquella declaración, en parte, era como un puñetazo en el centro de su ego. Pero tampoco se le había pasado un ligero detalle sobre aquel mensaje: el tono en que Bulma lo había dicho.

-Bulma…

Pero ella negó con la cabeza, interrumpiéndolo y sin poder evitar que cierta tristeza mal reprimida se filtrase en su voz cuando, con calma, fingida, manifestó:

-No me pidas volver a llorar tu pérdida por orgullo, Vegeta. Por favor. No lo hagas.

El guerrero se quedó de piedra bajo las estrellas, contemplándola sin dar crédito. Ante aquella petición, no sabía qué responder. No, claro que no le pediría algo así, no voluntariamente. ¿Cómo se le podía ocurrir? Pero, entonces, lo supo. Como un fogonazo tras sus retinas.

Buu. La posesión de Babidi. Su sacrificio para redimirse de todo el mal y hacer algo bien por primera vez en su vida. Ver las lágrimas de Bulma desde el infierno…

“¡Te quiero, Vegeta!”

Aquel grito, tan cargado de sentido, de amor, de “ella”, resonó de nuevo en su alma con la fuerza de un latigazo. El Saiyan tragó saliva con fuerza, mientras ambos se contemplaban en la semi-oscuridad del jardín. Entonces, muy despacio, Vegeta se acercó a ella y la tomó con delicadeza de las manos, primero la derecha, luego la izquierda, hasta quedar completamente frente a frente.

-Jamás… Yo… No te pediría que hicieras algo así, nunca -aseguró, ronco. Ella retiró los dedos de una mano del agarre de su guante, solo para acariciarle la mejilla con cariño y media sonrisa. Él aprovechó a acercarse más y la ciñó por la cintura con el brazo libre, mientras la mano opuesta seguía enlazada-. Yo… Bueno, ya lo sabes -concluyó Vegeta en voz muy baja, sintiendo las mejillas arder sin remedio.

Pero Bulma, conmovida, se limitó a sonreír, enrojeciendo a su vez puesto que sabía lo que él quería decir casi sin verle la carita avergonzada, aún oculta en las sombras. No hacían falta más palabras. Y, por ello, tras apenas un segundo que a Vegeta se le hizo eterno, Bulma acercó sus labios a los de él para darle un dulce beso.

-Sí -afirmó-. Lo sé.

Cuando llegaron a la habitación unos cuantos minutos después, tras haber estado tonteando algo más en el jardín y a escondidas como dos novatos, el matrimonio se desnudó mutuamente sin prisa mientras sus labios parecían no querer volver a separarse jamás. Una vez sin ropa, Bulma llevó a Vegeta a la cama de la mano y le hizo tumbarse para darle placer. Él se dejó sin queja antes de que llegase su turno de hacer gozar a aquella mujer que lo volvía loco.

Entre caricias, besos y susurros, el sexo aquella noche resultó muy dulce para ambos; casi como hacía tiempo que no lo disfrutaban. Los besos siguieron fusionando sus labios durante horas, una y otra vez, deseosos, mientras sus pieles se rozaban en la intimidad y sin descanso. Cuando estaban enredados entre las sábanas, el guerrero Saiyan olvidaba todo. Y esa noche quería olvidar al mundo, de nuevo entre los brazos de Bulma, todo lo que fuese posible. Sus bocas y sus manos se reconocían y acariciaban, dando placer al otro sin pedir más a cambio que estar enlazados así para siempre.

Mientras hacían el amor, Vegeta se juró entonces que nunca volvería a ser un segundón; sería él quien defendiera a su planeta la próxima vez. Saldría victorioso… Y ella estaría a su lado para verlo.




© Paula de Vera García

(Imagen de @Saiya_Maria - DBS Broly - película) (Inspiración del relato: DBS anime)

miércoles, 9 de octubre de 2019

La cocina a mi alcance: Hummus o puré de garbanzos



Es una crema muy popular. Parece que tuvo su origen en el Antiguo Egipto. Me encanta y mi amiga Amira lo sabe. Es ideal para cenar de picoteo y dura varios días en la nevera. Ayer vino a verme y al ir a buscar un refresco, casi le dio un soponcio por la cantidad de garbanzos cocidos que tenía en el frigorífico.

‒¿Cómo es que tienes tantos garbanzos?

‒Es lo que sobró del cocido madrileño de Almudena.

‒Tan exagerada como siempre.   

Y ni corta ni perezosa se puso hacer una de sus especialidades: el hummus, delicioso.

Mientras tanto llamé a Almudena, era lo justo, al fin y al cabo, eran sus garbanzos. Estaba con su marido, sus hijos y dos amigas, de compras, y de inmediato se animaron a venir. Amira se entusiasmó con la idea. Le fascina cocinar por lo que llamó a su marido que también se apuntó junto con los hijos. Total una docena a cenar. 

He aquí su receta.

Ingredientes para cuatro personas:
  • 400 gramos de garbanzos cocidos
  • 2 dientes de ajo
  • 3 cucharadas de tahini o pasta de sésamo (opcional)
  • un pellizco de comino según el gusto
  • el zumo de 1/2 limón aproximadamente
  • unas 3 cucharadas de aceite de oliva
  • sal y pimienta negra
Preparación:

Se mezclan los ingredientes en un recipiente y se bate con la batidora hasta conseguir una textura cremosa y homogénea.

Si se desea más cremoso se le puede echar un poco de agua de la cocción o alguna leche vegetal.

Al servir se puede adornar con un poco de pimentón dulce (o picante), semillas de sésamo y un chorrito de aceite de oliva.