Para conservar y almacenar la comida a lo largo de la
historia se han utilizado muchos métodos: la sal, el frío, el secado, el
ahumado…
En el siglo XVIII llegó la revolución de la lata de conserva
y en el siglo XIX Amanda Teodosia Jones consiguió eliminar el aire de una lata,
dando paso así al revolucionario envasado al vacío sin necesitar la cocción
previa de los alimentos ni de aditivos químicos.
Representó un avance en términos de salud pública, ya que su
sistema era limpio, seguro, accesible. Su invento fue patentado en 1873 bajo el
nombre de «El proceso de
Jones».
Rara vez se menciona su nombre. Sin embargo, hoy, la
industria alimentaria se beneficia de los principios desarrollados por ella. Su
legado vive en cada mujer. A lo largo de la historia ha habido grandes
inventoras y, aunque no han ocupado las primeras páginas de los episodios
importantes de la ciencia, el arte, la literatura…, dejaron huella en el
progreso humano, al escribir, pintar, promover una ciencia con alma.
Hablar de Amanda Jones es un acto de justicia histórica. Esta
mujer probó que el genio no tiene fronteras ni género.







