Las terrazas son para el verano. En pleno verano nos apetece acercarnos a una terraza para disfrutar del buen tiempo. El duro invierno nos mantuvo más encerrados de lo que hubiésemos querido, por eso ahora nos falta tiempo para coger el teléfono y quedar con amigos.
CUENTOS de MARIETA
miércoles, 15 de julio de 2026
Nuevo Akelarre Literario nº 130: Terrazas de verano
lunes, 13 de julio de 2026
Malena Teigeiro: El juramento
Cuando estaba entonando el último Vincerò, la ópera de Puccini que tanto admiraba, vio que en el lateral del escenario lo esperaba su amigo. Ya es el día, se dijo sin dejar de advertir la sonrisa en el rostro del otro. En ese instante sintió que algo le subía a la boca interrumpiendo su canto. Era un vómito de sangre. Según caía al suelo, Marcello escuchaba el grito de horror del público puesto en pie. Apenas dos horas más tarde, el tenor había fallecido. Solo tenía cincuenta años.
Al niño que cuidaba el ganado de sus padres por las colinas de La Puglia le gustaba cantar. Según decían, su voz, dulce y melodiosa, enamoraba a las ovejas que se arremolinaban a su alrededor. Cuando escuchan sus gorgoritos, están tranquilas, afirmaban los dueños de la borregada. Pasaron los años, y en contra a lo que el párroco de su aldea creyó, la voz del joven era cada día más fuerte, más dulce, más hermosa, por lo que don Giulio decidió que, a cambio de darle clases de música, Marcello cantaría en su iglesia.
Una tarde retransmitieron por televisión Turandot. Era el estreno de la temporada de ópera en el teatro alla Scalla de Milán. El chico se quedó pasmado delante del viejo aparato. Eso era lo que él deseaba. Quería ser como aquel que en el escenario interpretaba al príncipe Calaf. Él quería cantar aquel Vincerò como ese de la televisión. Después de hablarlo con sus padres, y aunque estos no estuvieran de acuerdo, Marcello se dirigió a Milán. Él creía que en cuanto entrara en el teatro y lo escucharan, casi le rogarían que cantara para ellos.
Al encontrarse en aquella inmensa ciudad, sin montañas ni campos, Marcello entendió que lo primero que tenía que hacer era buscar un trabajo. En la misma estación, vio un cartel pidiendo barrenderos. En cuanto el jefe de esto lo vio, le gritó: Tú, ven aquí. Servirá seguro, comentó volviéndose hacia su compañero.
Esa mañana, ayudado por Luigi, otro joven barrendero que le explicaba dónde y cómo tenía que hacerlo, Marcello comenzó a trabajar en aquella estación que siempre se encontraba llena de gente. En sus ratos libres intentaba acercarse alla Scalla. Pero, quizá por su aspecto de campesino o tal vez su torpeza al dirigirse a la gente, el caso fue que en aquella grande y hermosa ciudad, a él no lo escuchaba nadie, ni siquiera para indicarle el camino hacia el teatro de la ópera. Después, volvía a la estación, en donde pasaba la noche durmiendo en un banco.
En cuanto cobró el primer sueldo el joven le alquiló una habitación a la madre de Luigi. En aquella casa el muchacho volvió a ser casi feliz, y si no lo era del todo fue porque no podía cantar, cosa que necesitaba para vivir.
En la estación hacía un frio helador. La niebla, espesa, húmeda y sucia, lo envolvía todo. Marcelo barría los andenes pensando que lo mejor era volver a La Puglia, y olvidarse de su deseo de entonar sus óperas. Una noche más, sentado en un banco de la plaza frente al teatro, arropado por las sombras, admiraba la iluminada fachada, la entrada de los hombres de etiqueta y las hermosísimas mujeres vestidas de seda, a las que escuchaba reír. A partir de aquella, una noche tras otras, hiciera frío o calor, Marcello esperaba allí sentado hasta verlas salir. Entonces su sentimiento comenzó a ser diferente: Ya no los veía reír, sino que le parecían emocionados por lo que acababan de escuchar.
La noche que acudió a la plaza para despedirse de sus sueños, un joven, casi de su edad, se sentó a su lado. Después de presentarse, el muchacho de ojos enfebrecidos, le susurró que si le prometía quedarse para siempre con él, le ayudaría a triunfar con su voz allí, y señaló con el dedo el edificio de alla Scalla. Marcello cerró los ojos y recordó el interior del teatro que había visto en la televisión. Vio las escalinatas, los dorados palcos y las butacas de terciopelo rojo. Se vio allí, sobre el escenario, recibiendo los aplausos de un público puesto en pie. Se volvió hacia el joven. ¿Qué tenía que hacer?, preguntó ansioso. Nada, solo jurarme que a los cincuenta años te vendrás para siempre conmigo. Marcello se levantó. Estiró el brazo y le dio la mano al tiempo que decía: «Hecho.»
sábado, 11 de julio de 2026
El mar Cantábrico
Foto: Por Emilio Gómez Fernández - Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=148110596
Fue bautizado por los romanos
en el siglo I a.C. como Cantabricus Oceanus en referencia a los pueblos
cántabros.
Se trata de un mar de unos
800 kilómetros de longitud, que va desde el cabo Ortegal, situado en A Coruña,
también llamada «Balcón del Atlántico» hasta la desembocadura del río Adur,
cerca de Bayona, ciudad de gran importancia histórica, ya que cuando Martín
Alonso Pinzón arribó a las costas de Bayona tras su viaje a América convirtió a
esta villa en la primera que supo la noticia del descubrimiento del Nuevo
Mundo.
El fondo marino alterna entre
roca, grava y fango. A pesar de no ser un mar demasiado extenso, sí que es
profundo siendo la fosa de Carrandi, frente a la costa asturiana, donde alcanza
su punto máximo, con 4750 metros.
El Cantábrico alberga
alrededor de 500 especies de algas, clasificadas en verdes, pardas y rojas.
Cambio de mareas extremas:
Las diferencias entre marea
alta y baja pueden superar los 4,5 metros, creando paisajes en constante cambio
y oportunidades únicas para la observación de aves y vida marina. Se
experimentan dos tipos de mareas: las vivas y las muertas. Durante la semana de
mareas vivas, la bajamar ocurre por la mañana, mientras que la pleamar tiene
lugar por la tarde. A la semana siguiente, en las mareas muertas es, al
contrario, la bajamar se da por la tarde y la pleamar por la mañana.
Hogar de ballenas y delfines:
A pesar de su relativa
proximidad a zonas urbanas, el Cantábrico alberga una gran diversidad de vida
marina, incluyendo ballenas y delfines. Los amantes de la observación de
cetáceos pueden disfrutar de avistamientos emocionantes.
Rica tradición pesquera:
La pesca ha sido una parte
fundamental de la cultura en las comunidades costeras del Cantábrico durante
siglos. Esta región es famosa por su deliciosa oferta de pescado y marisco
fresco.
Paisajes escarpados y
hermosos:
La costa del Cantábrico está adornada con acantilado impresionantes, playas de arena dorada y pintorescos pueblos pesqueros.
jueves, 9 de julio de 2026
La cocina a mi alcance: Ensalada de bacalao
Una
ensalada puede ser de muchas cosas. Posiblemente habéis oído hablar del remojón
andaluz que fue una ensalada de naranja que ha ido evolucionando con el tiempo,
donde ahora comparte importancia con el bacalao. De procedencia árabe es típica
de las provincias de Granada, Jaén y Almería.
Esa
ensalada que me encanta, me la enseñó Rocío, mi vecina y tiene un gran
contraste de sabores, el dulce de la naranja con el punto de sal que aporta el
bacalao en contraste con las cebollas y aceitunas.
La
preparación es muy sencilla. Tan solo hace falta:
500 gramos de bacalao
4 naranjas pequeñas o dos grandes
½ cebolla
4 huevos cocidos
Aceitunas negras (opcional)
75 ml. de aceite de oliva virgen extra
2 gramos de pimienta negra molida (opcional)
4 gramos de sal fina.
Preparación
En
primer lugar, se desala el bacalao, poniéndolo en agua por la noche.
Después, se mete en el frigorífico para que se desale a baja temperatura hasta
el día siguiente. Y llega el momento de escurrirlo y asarlo con aceite a
unos 180 grados centígrados, unos quince minutos aproximadamente.
A
continuación, se deja enfriar, se desmiga y se reserva. Luego, toca cocer los
huevos y pelar las naranjas. Se cortan en tacos o rodajas. El próximo paso es
cortar en daditos el gajo de cebolla, deshuesar las aceitunas.
Montar
los ingredientes en este orden: naranja, cebolla, bacalao, aceitunas y
huevos.
martes, 7 de julio de 2026
En julio, la sombra huye del sol
Séptimo mes del año y
tiene 31 días. Era el quinto del primitivo calendario romano y
su nombre era Quintilis. En homenaje a Julio César que había nacido el día
13 del mes, fue renombrado por Marco Antonio como «Iulius», de donde
deriva «Julio».
En este
mes, se hace un receso en el año escolar dando paso a las vacaciones de verano
en el hemisferio norte y las vacaciones de invierno en el sur.
21 de julio: Neil Armstrong, 1969, pisa la Luna y se convierte en el
primer hombre en la historia en lograr este hito.
25 de
julio: Día de Santiago Apóstol. Patrón de España. Santiago el Mayor representa
unas de las figuras más importantes de la cristiandad. El camino de Santiago, también
conocido como Peregrinación Compostelana, tiene sus orígenes en el siglo IX. En
1492, el Papa Alejandro VI declaró oficialmente el «Camino» como una de las
tres grandes peregrinaciones de la cristiandad junto con Jerusalén y Roma.
domingo, 5 de julio de 2026
Sol Cerrato Rubio: Tortuguitas
¡¡Bienvenida a la vida!!
¡Eclosionas!
Pasito a pasito
caminas la arena.
Tus aletas grisáceas
te acercan a la orilla mar.
La luz roja
de mi frontal no entorpece
tu búsqueda, la blanca espuma.
Miles de peligros
acechan tu deambular
¡Sientes tu libertad!
En el océano Pacífico
la puedes encontrar.
Pacífico
no es su estado natural.
¡Todo va salir bien!
Sigue tu impulso, algún día,
en tortuga marina
te convertirás
¡Ahí vas!
Pura vida sin rechistar.
Ahora solo
eres una tortuga cría
que empieza a intuir
su realidad.
© Sol Cerrato
viernes, 3 de julio de 2026
Amantes de mis cuentos: Mirada exhaustiva
Érase una vez una princesa
que no tenía memoria visual.
Un día, en un baile, conoció
a un joven y se enamoraron. Se vieron todas las tardes durante una semana, pero
se tuvieron que despedir ya que el joven no tenía más remedio que marchar a la
guerra.
Ninguno de los dos tuvo la
precaución de quedarse con una foto.
Pasaron seis años y un día
estando la princesa en su jardín, se presentó un hombre que dijo ser aquel
joven.
Ella le miró de arriba abajo,
de derecha a izquierda, le rodeó mirándolo fijamente, le hizo caminar hasta un
árbol frondoso que quedaba cerca, le pidió que regresara con la cabeza alta y
que tragase saliva.
Al final le dijo que era
imposible que fuera él. Su amor jamás tendría aquella nuez en la garganta.
© Marieta Alonso Más







