domingo, 11 de octubre de 2026

Un tesoro: Perístera (Grecia)

 



Perístera es una isla griega en el mar Egeo. A simple vista, parece una de las muchas islas pintorescas de Grecia, pero esconde un secreto bajo sus aguas.

En sus profundidades yace uno de los naufragios más antiguos del mundo, datado en el siglo V a.C. Este barco mercante, cargado de ánforas de vino, es testimonio de la intensa actividad comercial de la época.

Descubierto en la década de los noventa, el naufragio de Perístera ha atraído la atención de arqueólogos y buceadores de todo el mundo. Los estudios han revelado detalles fascinantes sobre la construcción naval antigua y el comercio en el mar Egeo. Las ánforas encontradas, perfectamente conservadas, ofrecen pistas sobre las rutas comerciales y las conexiones culturales de la antigua Grecia.

Perístera no es sólo un tesoro arqueológico, sino también un paraíso natural. Sus aguas cristalinas y sus paisajes serenos la convierten en un destino perfecto para aquellos que buscan combinar la historia con la belleza natural.

Así, Perístera sigue fascinando a quienes descubren su legado, sumergido en las profundidades del mar.

viernes, 9 de octubre de 2026

La cocina a mi alcance: Sopa de cebolla clara

 



Se dice que los alimentos calientes llenan más que los fríos. A mí me entonan el estómago. Me encantan las sopas. Las frías y las calientes.

Según mi amiga Chelo cuando se decida a ponerse a dieta, cosa que pospone cada día, se tomará tazones y tazones de sopa, mientras tanto a ella le gusta lo sólido.

Aunque sea algo obvio, me dice muy seria, que la sopa se ingiere con cuchara. ¡Dios mío! Lo que me faltaba. ¡Cómo si se pudiera tomar con tenedor! Y otra cosa —no para de dar consejos—, que se sirve generalmente al inicio de cada comida.

Al parecer los humanos la tomaban desde el Paleolítico Superior. Y se podría decir, sin faltar a la verdad, que las sopas de pan quizás fuera un alimento básico de la gastronomía mediterránea y europea.

 

Ingredientes

2 cebollas cortadas en rodajas finas

1 litro de caldo

1 cucharada sopera de perejil picado

100 gramos de queso parmesano rallado

Sal

Aceite de oliva

 

Preparación

Se fríe la cebolla en rodajas en el aceite de oliva. Se añade el caldo. Se deja cocer unos 20 minutos. Se retira del fuego, se añade el perejil. Y ya en el plato se echa por encima el queso parmesano.

miércoles, 7 de octubre de 2026

Hacia la Virgen del Pilar, comienza el tiempo a cambiar

 


Décimo y antepenúltimo mes del año. Tiene 31 días.

Su nombre deriva de haber sido el octavo mes del calendario romano. La palabra octubre proviene del latín, idioma en el que significa: ocho meses. En la antigua Roma era considerado un mes de transición hacia el invierno.

En el hemisferio norte es sinónimo de otoño; las hojas cambian de color, el clima se enfría y los días se acortan. En el sur, en cambio, marca la primavera, un período de florecimiento y vitalidad.

Esta dualidad convierte el mes en un símbolo de transformación y nuevos ciclos.

El 12 de octubre de 1492, Cristóbal Colón llega al continente americano, protagonizando uno de los mayores hitos de la Historia.

Para la Iglesia católica, este mes está dedicado al Santo Rosario.​




lunes, 5 de octubre de 2026

Sol Cerrato Rubio: Café

 



Sorbo infinito que masajea

mis piernas, mi mente

y mis hipérboles.


Sin ti mis mañana son

más tenues,

mis sobremesas soñolientas

y mis noches esperan tranquilas.


Amargor de la la última vez

que quedó sin mezcolanza.

Dulzor de la anterior

por exceso de panela.


Adicta a tu esencia

quedan mis días

para recoger tu grano rojo.



Sol Cerrato Rubio

sábado, 3 de octubre de 2026

Amantes de mis cuentos: Deuda de honor

 





Me llamo Pepín y tengo siete años. Ayer murió mi padre, estamos en abril, comienzo de la primavera y mi madre no deja de llorar. Dice que ahora es viuda, que me he quedado huérfano y que mi padre se llevó a la tumba la llave de la despensa. Eso no lo he entendido muy bien porque nuestra despensa no tiene cerradura. Le ha dicho a sus mejores amigas que corran la voz de que ahora en adelante se dedicará a lavar y planchar ropas ajenas. Visto y no visto, ya en el velorio había conseguido a seis clientas.


Hoy, después del entierro se ha sentado a escribir en una hoja en blanco. Ha doblado el pliego y me ha pedido que se lo entregue en mano al señor Rodríguez, el dueño de la tienda de víveres de la esquina. Le fiaba a mi familia todo lo que comprábamos durante el año. Y cuando terminaba la zafra, a finales de mayo, iba de la mano de mi padre a pagar nuestra deuda. Era muy habitual comprar de esa manera.


Salí de casa a todo correr, a cumplir con el recado. Al llegar un dependiente me saludó preguntándome:


—Hola, Pepín, ¿qué vienes a buscar?


—Quiero hablar con el señor Rodríguez


No hubo necesidad de llamarlo. Apareció y me invitó a pasar a la trastienda, donde estaba su escritorio. Me pidió que me sentara en su sillón y él lo hizo en un taburete.


Le entregué el papel que había escrito mi madre. Lo leyó despacio.

Movió la cabeza de arriba a abajo y me dijo que hablaríamos de hombre a hombre.


—Sí, señor.


—Necesito que me hagas una promesa.


—Sí, señor.


—A partir de este momento, tú eres el deudor.


—Sí, señor. Pero, ¿eso qué es?


Me lo explicó.


—¡Ah!, y dile a tu madre que no se preocupe. La deuda anterior queda cancelada. Borrón y cuenta nueva. Y recuerda tu promesa. No me falles.


—No, señor.


Sellamos el contrato con un apretón de manos.


Pasaron los años. Cada primero de abril mi mamá me daba un sobre con el dinero y yo se lo entregaba en mano al señor Rodríguez, que decía en voz alta: se renueva el contrato entre José Pérez García y esta Sociedad Anónima.


Pude estudiar gracias a las becas que conseguía por las buenas notas que sacaba. Al terminar mi carrera, obtuve un buen trabajo. Y no había pasado ni seis meses cuando me presenté, esta vez con mi madre, delante del señor Rodríguez, a pagar nuestra deuda y cancelar el contrato, prometiendo a ese hombre que tanto nos ayudó, que de ahora en adelante, compraríamos al contado.


© Marieta Alonso Más





viernes, 2 de octubre de 2026

Amantes de mis cuentos: Técnicas para enamorar

 




Aquel verano de mis dieciséis años tomé la decisión de enamorarme. Todos mis amigos tenían novia y yo estaba más solo que la una. Mi afición era leer, leer y leer.


Me gustaba la poesía, las novelas, los comics, los periódicos, los anuncios... Debía encontrar a la chica de mis sueños para no llegar a ser un solterón empedernido, como diría la abuela.


Hice un repaso de las chicas que conocía. Y me desanimé. Todas ellas estaban rodeadas de moscones, salvo una que me dije: Esa es tan rara como yo. Siempre está sola.


Un día la vi paseando por el camino que lleva al Castillo y como alguien caído del cielo me acerqué. Ni cuenta se dio. Tuve la intención de decirle muchas cosas, pero me había vuelto mudo. No arrancaba a hablar. Se me olvidaron las palabras.


Menos mal que me acordé de Benedetti y tomé carrerilla. Como si no existiera pasé por su lado como un loco trovador, repitiendo más o menos:


Mi táctica es mirarte

aprender como eres,

quererte como eres


Para mi asombro escuché una voz melodiosa:


Mi táctica es hablarte

y escucharte,

construir con palabras un puente.



Me paré en seco. Tartamudeando continué:


Mi táctica es quedarme en tu recuerdo.

No sé cómo ni sé con qué pretexto,

pero quedarme contigo.



Y, anda que no me quedé. Llevo con ella más de sesenta años.

Cuando discutimos por nimiedades, ella recita al uruguayo y se acaba el problema. Gracias a ese hombre que nunca tuvimos el placer de conocer, encontramos la solución perfecta para nuestras desavenencias. Es como si fuera de la familia, porque recitándolo tuvimos doce hijos. Al primero lo bautizamos con su nombre.


© Marieta Alonso Más


jueves, 1 de octubre de 2026

Amantes de mis cuentos: Malandra por obligación

 



La tía Julia, que no tenía responsabilidad con nadie y nadie la tenía con ella, se vio de repente ante la tesitura de dar de comer, vestir y atender a siete sobrinos entre dos y ocho años. A su hermana y cuñado les había dado la ventolera de coger rumbo hacia la Eternidad sin comentárselo siquiera.

Ella, que tanta fama tenía de trabajadora y honrada, cualidades que le permitieron colocarse de cocinera en el palacio de los condes de su pueblo, se vio abocada a agilizar la mente, por los acuciantes intereses familiares y las bocas abiertas de aquellos rapaces. Salir bien parada de tristes andanzas y utilizar las manos para hurtar con astucia, fue algo realmente imprescindible.

Tanta picardía y maña se dio que para todos siguió siendo la persona más honrada de su pueblo. Y eso que trapicheaba con las sobras, ya fueran alimentos de la despensa, ropa de los armarios, jabón de olor, agua de colonia... Todo lo afanaba para que sus niños no pasaran hambre y estuvieran como una patena de la cabeza a los pies.

 

 

© Marieta Alonso Más