jueves, 9 de julio de 2026

La cocina a mi alcance: Ensalada de bacalao

 



Una ensalada puede ser de muchas cosas. Posiblemente habéis oído hablar del remojón andaluz que fue una ensalada de naranja que ha ido evolucionando con el tiempo, donde ahora comparte importancia con el bacalao. De procedencia árabe es típica de las provincias de Granada, Jaén y Almería.

Esa ensalada que me encanta, me la enseñó Rocío, mi vecina y tiene un gran contraste de sabores, el dulce de la naranja con el punto de sal que aporta el bacalao en contraste con las cebollas y aceitunas.

La preparación es muy sencilla. Tan solo hace falta:


500 gramos de bacalao

4 naranjas pequeñas o dos grandes

½ cebolla

4 huevos cocidos

Aceitunas negras (opcional)

75 ml. de aceite de oliva virgen extra

2 gramos de pimienta negra molida (opcional)

4 gramos de sal fina.

 

Preparación

En primer lugar, se desala el bacalao, poniéndolo en agua por la noche. Después, se mete en el frigorífico para que se desale a baja temperatura hasta el día siguiente. Y llega el momento de escurrirlo y asarlo con aceite a unos 180 grados centígrados, unos quince minutos aproximadamente.

A continuación, se deja enfriar, se desmiga y se reserva. Luego, toca cocer los huevos y pelar las naranjas. Se cortan en tacos o rodajas. El próximo paso es cortar en daditos el gajo de cebolla, deshuesar las aceitunas.

Montar los ingredientes en este orden: naranja, cebolla, bacalao, aceitunas y huevos.

 

martes, 7 de julio de 2026

En julio, la sombra huye del sol

 



Séptimo mes del año y tiene 31 días. Era el quinto del primitivo calendario romano y su nombre era Quintilis. En homenaje a Julio César que había nacido el día 13 del mes, fue renombrado por Marco Antonio como «Iulius», de donde deriva «Julio».​

En este mes, se hace un receso en el año escolar dando paso a las vacaciones de verano en el hemisferio norte y las vacaciones de invierno en el sur.

21 de julio: Neil Armstrong, 1969, pisa la Luna y se convierte en el primer hombre en la historia en lograr este hito.

25 de julio: Día de Santiago Apóstol. Patrón de España. Santiago el Mayor representa unas de las figuras más importantes de la cristiandad. El camino de Santiago, también conocido como Peregrinación Compostelana, tiene sus orígenes en el siglo IX. En 1492, el Papa Alejandro VI declaró oficialmente el «Camino» como una de las tres grandes peregrinaciones de la cristiandad junto con Jerusalén y Roma.

 



domingo, 5 de julio de 2026

Sol Cerrato Rubio: Tortuguitas

 



¡¡Bienvenida a la vida!!


¡Eclosionas!

Pasito a pasito

caminas la arena.

Tus aletas grisáceas

te acercan a la orilla mar.


La luz roja

de mi frontal no entorpece

tu búsqueda, la blanca espuma.


Miles de peligros

acechan tu deambular


¡Sientes tu libertad!

En el océano Pacífico

la puedes encontrar.

Pacífico

no es su estado natural.


¡Todo va salir bien!

Sigue tu impulso, algún día,

en tortuga marina

te convertirás


¡Ahí vas!

Pura vida sin rechistar.


Ahora solo

eres una tortuga cría

que empieza a intuir

su realidad.


© Sol Cerrato

viernes, 3 de julio de 2026

Amantes de mis cuentos: Mirada exhaustiva

 





Érase una vez una princesa que no tenía memoria visual.

Un día, en un baile, conoció a un joven y se enamoraron. Se vieron todas las tardes durante una semana, pero se tuvieron que despedir ya que el joven no tenía más remedio que marchar a la guerra.

Ninguno de los dos tuvo la precaución de quedarse con una foto.

Pasaron seis años y un día estando la princesa en su jardín, se presentó un hombre que dijo ser aquel joven.

Ella le miró de arriba abajo, de derecha a izquierda, le rodeó mirándolo fijamente, le hizo caminar hasta un árbol frondoso que quedaba cerca, le pidió que regresara con la cabeza alta y que tragase saliva.

Al final le dijo que era imposible que fuera él. Su amor jamás tendría aquella nuez en la garganta.

 

© Marieta Alonso Más

jueves, 2 de julio de 2026

Amantes de mis cuentos: Dicen que la palabra nunca es inocente

 



En el juzgado número 15, de la capital de un país lejano, se enfrentaban jueces, fiscales y abogados defensores ante la acusada.

No era una mujer, ni un hombre, ni un adolescente, ni un perro, ni un gato, era una palabra que luchaba por tener los mismos derechos que los demás.

Pobre palabra procesada. Por no tener, ni siquiera tenía, la presunción de inocencia.

 

© Marieta Alonso Más


miércoles, 1 de julio de 2026

Amantes de mis cuentos: ¿Superstición?

 


Dentro de muy poco, será Semana Santa y nos saludará la primavera con sus días más largos y soleados, con el regreso de las aves migratorias y las ganas de vivir…

Me gusta esta estación del año. A pesar de lo que sucede en mi familia. Sí, en la rama materna, la línea femenina. Varias de ellas, se han ido para siempre con noventa años y a la misma hora de un Viernes Santo. Parece mentira, pero así es. Todo comenzó con mi tatarabuela. Esta mujer a la que solo conozco a través de un medallón, que hoy tengo entre mis manos y que tiene incrustado un granate precioso, chiquitito, debajo de su foto.

Ella nació allá por 1848 en lo que es hoy es la República Checa. Por avatares de la vida, su tataranieta, yo, vivo en Madrid. El medallón ha ido pasando de mano en mano, de generación en generación, hasta llegar a las mías.

El granate, ese mineral de color rojo intenso, además de ser bello, tiene propiedades mágicas. Se dice que da energía vital, protege el amor, cuida al corazón y la circulación sanguínea…

Lo aprieto muy fuerte entre mis manos a la espera de que no tenga en cuenta el maleficio, porque el próximo tres de abril, cumplo esa bonita edad y es Viernes Santo.

 

Marieta Alonso Más

lunes, 29 de junio de 2026

Cristina Vázquez: Revelación

 


¡Ahí va Caterina!, gritaban los niños y jóvenes del pueblo cuando pasaba la chica. Ella siempre iba mirando al cielo, siempre con una sonrisa.
Después de unos meses de su nacimiento, el médico les aseguró que la niña era completamente normal, pero que había algo en ella que a él se le escapaba: un ligero retraso, una manera diferente de evolucionar…

—Yo, señora —dijo el hombre con dulzura—, no tengo conocimientos para este sutil diagnóstico.

La mujer se quedó preocupada por lo de “sutil”. ¿Qué sería ese mal? El médico le recomendó a un colega en el hospital de la vecina ciudad, la importante de la región. Este, después de examinarla con atención, concluyó lo mismo que el del pueblo. Tenía algo especial esa criatura, pero no podía definir qué.

—No se preocupe, señora —sonrió el doctor—. Es una niña preciosa.

Caterina creció con esa aura especial. Tardó en aprender a escribir, las tablas de multiplicar no llegó a memorizarlas nunca, en cambio, tenía un don para la música y para la oración. Nada le gustaba más que aprenderse oraciones y no perderse ninguna festividad o acto que hubiera en la iglesia de Santa Caterina. Todos se acostumbraron a que la chica preparara los jarrones de flores, o se ocupara de planchar los manteles y a su voz cantando plegarias que nadie sabía dónde las pudo aprender.

—Es mi santa —repetía desde pequeña— y yo su ángel.

Pensaron que esas afirmaciones formaban parte de su singularidad, aunque ella lo aseguraba con absoluta certeza y alegría. Al crecer siguió jugando con niños más pequeños y no parecía importarle que los chicos la señalaran por la calle. ¡Ahí va Caterina! Luego añadían adjetivos peyorativos y hasta obscenos cuando se transformó en una hermosa mujer.

En ese diminuto pueblo del sur de Italia, en el que la pobreza y abandono seguía dejando huellas, solo se destacaba dicha iglesia, la de Santa Caterina, que había atraído turistas en los últimos años. Los locales se sorprendían de las exclamaciones de admiración que despertaba. Ellos estaban acostumbrados a oír misa o ir a los funerales rodeados de esas pinturas que cubrían las paredes.

Un día en que barría la Iglesia mientras cantaba su extraña música, un hombre extranjero —para los de pueblo todos eran ingleses, aunque fueran de otra nacionalidad—, se quedó maravillado de la voz y la belleza de la joven. Sacó fotos de los frescos de las paredes y también de ella. Cuando el hombre las reveló se dio cuenta de que había una de Caterina al lado del ángel de la Anunciación y concluyó que eran idénticos. Si esa pintura fuera reciente no hubiera dudado que había sido la modelo para esa figura. Los mismos rasgos, la misma entrega, exacta cara de inocencia y beatitud. Amplió la imagen y se percató de que en el suelo había unas levísimas plumas que parecían escapadas de la pintura.

Volvió a la iglesia con la intención de comprobar su descubrimiento que le había llenado de un extraño anhelo. Una mezcla de sorpresa y de esperanza lo mantuvo inquieto hasta que llegó. Preguntó por ella y no le contestaron. ¿Quién era ese extraño que preguntaba por la chica? ¿Qué querría? ¿Podrían sacar algo de él?

El hombre se sentó en las escaleras de entrada a la iglesia hasta que oyó la voz de la joven. ¿Por dónde habría entrado? Golpeó la puerta varias veces, pero no cedía y los hombres del pueblo se fueron acercando a él rodeándolo en una silenciosa y compacta amenaza. Comprendía que era absurdo lo que estaba haciendo y trató de enseñarles las fotos y que entendieran lo que él veía, pero sus miradas eran obtusas, airadas. Por un momento sintió un miedo atroz. Empezó a ver algunos brillos de navaja, y supo que sus explicaciones no las entenderían nunca, como él tampoco debió entender el código de esos hombres.

Cuando el filo de un cuchillo brilló en el aire, la puerta se abrió y apareció Caterina.

—Yo soy el ángel de la Santa y este hombre es sagrado.

Su voz sonó con una resonancia arcaica y los miró a todos con su sonriente semblante. Cogió al hombre del brazo y entró con él a la iglesia.

© Cristina Vázquez