jueves, 13 de agosto de 2026

Malena Teigeiro: La cerveza

 


Se apretó la pajarita y sin trastocar la perfecta raya, pasó los dedos por el cabello. Aunque se pusiera gomina, sus rizos eran indomables. Con cuidado se quitó una pelusa de la solapa y se miró detenidamente en el espejo. Como si fuera un pavo real hinchó el pecho. ¡Qué lástima que no tengo cola de plumas para abrir!, se dijo sonriente. Se gustaba. Carlos conocía bien su buena planta. Y hoy debía lucirse más que nadie. Hacía ya tres días que Rita lo había dejado. La mujer, que en su tiempo debió haber sido una belleza, estaba ya muy pasadita, por lo que a Carlos hacerle arrumacos y acostarse con ella le daba bastante cosilla. Pero, gracias a Dios, ya se acabó, pensó al separarse del espejo.

Apagó la luz del vestidor, recogió las llaves y se echó una última mirada. Contempló su figura con satisfacción. Por algo le llamaban El Pavo Real, dijo en voz alta al tiempo que colocaba una sonrisa en la boca. Bajó directamente al garaje. Allá al fondo vio su coche, un deportivo regalo de María del Sol, una mejicana anterior a Rita, y del que ya se encontraba un poco harto.

El teatro de la ópera y el casino, fueron buenos sitios para encontrar mujeres adineradas que vivían solas, sobre todo los días en que, como aquel, se inauguraba la temporada. Aunque tenía que reconocer que desde hacía un tiempo ya no era lo mismo. A la ópera, con tal de tener un poco de dinero, iba cualquiera. Y el casino apenas lo pisaban unos ancianos. Otro sitio que le había dado buenos resultados era las barras de los bares de los hoteles de súper lujo. Sin embargo, allí ya solo iban los matrimonios ricachones, las estrellas de cine y gente por el estilo. Madrid, ya no era lo mismo. Incómodo, frunció la frente. Aún así, él no conocía sitio mejor que El Real al que poder ir a trabajar.

Ya en el coche, sin abandonar la sonrisa y con la cabeza bien alta, Carlos iba pensando en que tenía que tener más cuidado. Rita no había resultado lo que parecía. Si bien era cierto que tenía muchísimo dinero, era tacaña como nadie. Le resultaba casi imposible sacarle un paquete de euros, aunque esto en el fondo le hacía gracia. Sí. Le agradaba tener que trabajar con mucha cabeza. Cada noche la hacía disfrutar con técnicas desconocidas para ella, aunque eso era bastante difícil, pues como Rita decía, era una mujer de mucho mundo.

Ahora todo se había acabado, pensó al dejar el coche en el parquin. Eso sí, le cabía el honor de haber sido él quien finalizó esa relación. Sí. Fue él. Le había molestado que le negara el Porsche 911 que tanto deseaba.

—Ya estoy harto de ir en un descapotable. En Madrid, no es nada práctico. En invierno te mueres de frio y en verano el sol te machaca las neuronas —dijo haciéndole una de esas caricias que a ella obnubilaban.

—Lo del frio lo entiendo, lo de las neuronas... Será al que las tenga, cosa que no es tu caso —dijo Rita firmando un cheque por diez mil euros—. Toma Carlos. Cuida bien este dinero, porque en un tiempo no habrá más. Me voy unos meses a Nueva York invitada por mi ex.

Carlos cogió el cheque malhumorado. Esa cantidad a él no le llegaba ni para pasar el mes.

Entró en el Real. Como siempre, con los hombros hacia atrás, y el pecho hinchado como el pavo real que decían que era buscando hembra. Se estrenaba la temporada. El mejor momento para encontrar lo que buscaba. Echó una mirada alrededor. La butaca 6 de la fila 4 estaba ocupada por una morenita y su lado no había ningún caballero.

Carlos sacudió la cabeza. Se sentó en su butaca y esperó al entreacto. En cuanto la vio pasar por su lado, la empujó. Perdona, dijo engolando la voz. Ella se volvió hacia él. No te preocupes, añadió la sonriente mujer mientras sacudía la melena. Ese gesto era como el de Rita.

Pero, ¡cómo se le podía haber olvidado!, se dijo llevándose la mano a la frente. En cuanto entrara en casa tenía que decidir qué iba a hacer con su cadáver. Llevaba ya tres días en el frigorífico, lo que le estaba resultando bastante molesto. Desde entonces no había podido beber esa cerveza que tanto le gustaba tomar con el aperitivo a media mañana.

© Malena Teigeiro

martes, 11 de agosto de 2026

Capilla de la Conversión: Santuario de Loyola

 


El santuario domina el paisaje de Azpeitia en Guipúzcoa. Es un edificio de los siglos XIV-XV, edificado en torno a la casa torre de la familia de los Loyola. Consiste en una serie de edificios construidos en estilo barroco churrigueresco alrededor del lugar de nacimiento de San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús.

 

La parte inferior es de piedra, evocando su pasado de fortaleza y la superior de ladrillo que representa la evolución a una casa palaciega. Sobre la puerta se ve el blasón de los antiguos Loyola, compuesto por una olla colgada de una cadena y flanqueada por dos lobos rampantes.

 

En la Capilla de la Conversión hay un altar y a un lado una estatua de Ignacio de Loyola, quizá en el mismo rincón donde el hombre se acurrucó hace siglos. Estar en el lugar sagrado donde se recuperó, se enfureció, se reconcilió, se convirtió y finalmente aceptó, es sentir la historia de la habitación.

 

Entre junio de 1521 y febrero de 1522, en esta modesta habitación de la última planta, con sus vigas de madera oscura y ventanas emplumadas, Ignacio se recuperó de sus graves heridas de la batalla de Pamplona. Las lecturas le abrieron a un nuevo mundo: el de las emociones de Dios que afectan a la forma de vivir.

 

Poco a poco, Dios enamora a Ignacio, e Ignacio se enamora de Dios.

 

Una de las obras más famosas y fecundas de san Ignacio fue el libro de Los Ejercicios Espirituales. Es la obra maestra de la ciencia del discernimiento. Empezó a escribirlo en Manresa y lo publicó por primera vez en Roma, en 1548, con la aprobación del Papa.

 

Encima del altar, en una de las grandes vigas hay una inscripción:

 

Aquí se entregó a Dios, Íñigo de Loyola


San Ignacio de Loyola por Pedro Pablo Rubens

Museo Norton Simon de Pasadena
 

 

domingo, 9 de agosto de 2026

La cocina a mi alcance: Tortilla en Pyrex: fuente de vidrio

 


En las crónicas de Indias se tiene documentado que en 1519 ya se conocía la tortilla de huevo tanto en Europa por los conquistadores españoles como en América, al menos por los aztecas, quienes la preparaban y vendían en los mercados de Tenochtitlán; en esos textos al hablar de tortilla solía referirse como «pan de maíz», por lo que la alusión a la «tortilla de huevo» se realiza sin confusión:

Segunda carta de relación de Hernán Cortés:

..." Venden huevos de gallinas y de ánsares, y de todas las otras aves que he dicho, en gran cantidad; venden tortillas de huevos hechas. Finalmente, que en los dichos mercados se venden todas cuantas cosas se hallan en toda la tierra..."

Historia general de las Indias, Francisco López de Gómara:

..."Carne y pescado asado, cocido en pan, pasteles, tortillas de huevos de muy distintas aves. Es innumerable el mucho pan cocido y en grano y espiga que se vende, juntamente con habas, judías y otras muchas legumbres..."

 

Hoy haremos una tortilla de verduras, rica, rica…

Ingredientes:

2 huevos

2 cucharadas de leche

¼ de Calabacín

¼ de pimiento

¼ de cebolla

1 chorrito de aceite de oliva

sal y queso rallado

 

Manos a la obra

Se engrasa la bandeja de vidrio con un poco de aceite de oliva. Se baten los huevos, la leche, la sal, el queso con un tenedor. Se incorpora las verduras bien picaditas, crudas. Y al microondas durante dos minutos a máxima potencia, si el centro aún está algo líquido, pues otros treinta segundos.

Lista para comer

viernes, 7 de agosto de 2026

Llueva o no llueva, en agosto la huerta riega

 



Octavo mes del año y tiene 31 días. En el año 8 a.C., Octavio Augusto, primer emperador romano, optó por darle su propio nombre, porque en el año 30 a.C., venció a Cleopatra y Marco Antonio y entró triunfador en Roma. También porque quiso imitar a la medida tomada por el Senado romano, que 21 años antes modificó el nombre del mes quintilis para denominarlo julio, en homenaje a Julio César.

El mes de agosto comienza, astrológicamente, con el signo de Leo y termina en Virgo.

Es un mes de abundantes frutas y verduras. De temporada están el albaricoque, la ciruela, la frambuesa, la granada, el higo, el melón, la pera, el plátano, la sandía o la uva. En cuanto a verduras, es una buena época para las calabazas, cebollas, ajo, espinacas, judía verde, tomate o zanahoria.

El 3 de agosto se celebra la partida del Puerto de Palos de la Frontera, en Huelva, de las tres carabelas que al mando de Cristóbal Colón protagonizaron el descubrimiento de América.

El 8 de agosto es el día Internacional de los felinos. Ya que está considerado el mes de los gatos.

Entre el 10 y el 14 de agosto se produce la mayor eclosión de las Perseidas o Lágrimas de San Lorenzo, una «lluvia» de estrellas fugaces que toman su nombre de la constelación de Perseo y que para los cristianos representan las lágrimas que derramó el santo en su dura muerte en la hoguera.

El 15 de agosto se celebra la festividad de la Dormición o Asunción de la Virgen

 


miércoles, 5 de agosto de 2026

Sol Cerrato Rubio: El planeta Tierra

 



El planeta Tierra se calienta,

los árboles arden,

los bosques son pasto

de las llamas sin control.


Algunos siguen preguntando,

relatando, si esto es

una emergencia climática

o solo una engañosa invención.


Humo y devastación.

bomberos jugándose la vida

con pocos medios

para tan loable labor.


El planeta seguirá en su orbita

y nosotros, ¡y nosotros

quién sabe si sabremos

reaccionar!


Las soluciones están

sobre el tablero

pero no hay consenso

gubernamental.


¡Es hora ya de actuar!


© Sol Cerrato




lunes, 3 de agosto de 2026

Amantes de mis cuentos: La araña juguetona

 



Era la mañana de un día de primavera cuando un joven se fue al campo para pasar un día tranquilo. Se levantó pronto, le dolía la cabeza, no le sentaba nada bien trasnochar. Le apetecía bañarse en el río y allá se fue.

Una araña que había tejido su tela entre las hojas de una gran higuera lo estuvo vigilando. No le hizo caso. Se desnudó, pero cuando fue a entrar en el agua, allí estaba, delante de él. Era tan grande como la oreja de un elefante. Caminó diez pasos a la izquierda y cuando levantó el pie casi pisa aquella bestia. Cambió de rumbo, se fue a la derecha, pero la maldita araña iba tras él. Así estuvo de aquí para allá durante más de quince minutos.

Se puso a pensar, algo que no siempre se le daba bien. La noche anterior su amigo, el tabernero, se negó a darle otra cerveza, dijo que ya estaba bastante achispado, que se fuera a la cama. Le hizo caso.

Y ahora ese arácnido enorme se le había puesto justo al lado. Había leído en alguna parte que existe un grupo de ellas muy peligrosas para los humanos. La miró fijamente. Solo le veía los cuatro pares de patas y unos ojos enormes que hacían el gesto de «sígueme» y claro, la siguió, hasta un sitio, donde de buenas a primeras, aparecieron tres cadáveres.

«Hasta aquí hemos llegado», así de serio le habló. A estos jóvenes les has envenenado con tus glándulas, pero a mí, trabajo te va a costar pillarme, y salió corriendo hacia donde más seguro se sentía: la taberna.

Nadie le creyó, a pesar de la desnudez con la que se presentó. «Delirium tremens», diagnosticaron los alcohólicos conocidos. Solo dos policías que durante su ronda bebían tónica, pidieron que le acompañara al lugar de los hechos.

La taberna cerró y todos en fila india se acercaron donde esa  depredadora les estaba esperando.

 

© Marieta Alonso Más

domingo, 2 de agosto de 2026

Amantes de mis cuentos: Los perfumes y yo

 



Un hombre choca conmigo frente al Museo del Prado. Disculpe. Y se va dejando tras él un rastro de aromas. Por un instante siento un torrente de recuerdos: la playa, la brisa marina, la madera de pino... Me siento en un banco cercano.

Poco tiempo estuve sola. A mi lado aparece un anciano igualito a Plinio el Viejo que me sonríe y sin preguntarle nada me suelta que la perfumería es el arte de hacer perfumes y que se practica desde los albores de la civilización, que los egipcios fueron pioneros en la utilización de esencias aromáticas, que los griegos asociaban los perfumes con la belleza y la salud. A lo mejor el hombre que pasó por mi lado rozó a Plinio y le han venido todos estos recuerdos.

No para de hablar. Ahora cuenta que los romanos incorporaron el perfume a los baños públicos, a los vestidos y a los rituales sociales. Y no contento con eso continúa con voz monótona: en Persia, en los jardines reales cultivaban rosas y azafrán para destilar esencias, usando alambiques primitivos. Y que hoy, la perfumería combina arte, ciencia y cultura.

A duras penas me lo quité de encima y me dirigí al Metro. Ya en el vagón, entraron media docena de adolescentes. Venían de jugar un partido de fútbol, ellos tan altos y yo tan baja, mi nariz quedaba a la altura de sus axilas. No sé cómo volví a tener a Plinio a mi lado y me cuenta que según Darwin los humanos y los monos descendemos de un tronco común que se separó hace millones de años. Que los chimpancés son los primos más cercanos a la humanidad.

¡Oh, Dios mío! Estos chicos tan altos y tan guapos, no han tenido tiempo de pasar por la ducha y han creado una identidad olfativa única. ¿Qué remedio pondrían los egipcios, los griegos, los romanos, los persas…? Plinio me sacó de dudas: el perfume.


© Marieta Alonso Más