El santuario domina el paisaje de Azpeitia en Guipúzcoa. Es un edificio de los siglos XIV-XV, edificado en torno a la casa torre de la familia de los Loyola. Consiste en una serie de edificios construidos en estilo barroco churrigueresco alrededor del lugar de nacimiento de San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús.
La
parte inferior es de piedra, evocando su pasado de fortaleza y la superior de
ladrillo que representa la evolución a una casa palaciega. Sobre la puerta se
ve el blasón de los antiguos Loyola, compuesto por una olla colgada de una
cadena y flanqueada por dos lobos rampantes.
En la
Capilla de la Conversión hay un altar y a un lado una estatua de Ignacio de
Loyola, quizá en el mismo rincón donde el hombre se acurrucó hace siglos. Estar
en el lugar sagrado donde se recuperó, se enfureció, se reconcilió, se
convirtió y finalmente aceptó, es sentir la historia de la habitación.
Entre
junio de 1521 y febrero de 1522, en esta modesta habitación de la última
planta, con sus vigas de madera oscura y ventanas emplumadas, Ignacio se
recuperó de sus graves heridas de la batalla de Pamplona. Las lecturas le
abrieron a un nuevo mundo: el de las emociones de Dios que afectan a la forma
de vivir.
Poco
a poco, Dios enamora a Ignacio, e Ignacio se enamora de Dios.
Una
de las obras más famosas y fecundas de san Ignacio fue el libro de Los
Ejercicios Espirituales. Es la obra maestra de la ciencia del discernimiento.
Empezó a escribirlo en Manresa y lo publicó por primera vez en Roma, en 1548,
con la aprobación del Papa.
Encima del
altar, en una de las grandes vigas hay una inscripción:
Aquí se entregó a Dios, Íñigo de Loyola
San Ignacio de Loyola por Pedro Pablo Rubens
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