domingo, 25 de junio de 2017

Luis Miguel García de Mora (Lumigarmo): Crónicas de mi padre II


Imagen: Centro Virtual Cervantes


El «hospitalito» de Alcalá de Henares

En el esplendoroso Alcalá de Henares patrimonio de la Humanidad, no podemos olvidarnos del «hospitalito»… El hospital gratuito de la Misericordia, llamado de Antezana y popularmente conocido por «el hospitalito», cubrió ya sus quinientos quince años de actividad ininterrumpida y abnegada. Fue una fundación de don Luis de Antezana y su esposa, doña Isabel de Guzmán, cristalizada en octubre de 1483, y bien puede ser uno de los centros benéficos en servicio más antiguos de España. Hoy depende de la fundación de su nombre y de las posibles donaciones. Se dice que carece de subvención oficial.

Imagen: Centro Virtual Cervantes

El hospital acoge a ancianas desamparadas, que están a cargo de las Siervas de María. El inmueble, en la calle Mayor, ofrece un bello patio castellano de guijos y pozo con brocal y galerías con balaustrada de madera, donde toman el sol y el aire las asistidas. En uno de los corridos se conserva la cocina que solía utilizar San Ignacio de Loyola cuando estuvo en Alcalá estudiando filosofía e incluso sirvió de enfermero. La iglesia, de reducidas dimensiones, alberga algunas obras de arte. Al exterior, un enorme alero hace casi de marquesina.
Cristo de Martínez Montañés

Frontera al hospital hállase la casa natal de Cervantes, que goza de numerosas visitas; enfrente, pero ya en la calle Imagen, está la casa en que nació don Manuel Azaña; a unos pasos y en la misma vía, el monasterio de carmelitas del que Teresa de Jesús fue priora en alguna época, como lo fue sor Luisa Belén de Cervantes, hermana del autor del «Quijote». Sábese que don Rodrigo de Cervantes, padre de ambos, ejerció como cirujano-sangrador en el hospital.

Hacia un lado de la calle Mayor cae la Plaza Mayor o de Cervantes, con el edificio esquinado que habitó Santo Tomás de Villanueva, hijo del «antiguo y conocido Campo de Montiel», en su período estudiantil, y la gran Universidad a escasas varas y en plaza adyacente. Hacia el otro, la iglesia magistral y catedral reciente, amén de otros recuerdos de Cisneros; la Casa de la Entrevista, en la que los Reyes Católicos dieron audiencia a Cristóbal Colón para oírle sus sueños de nuevas rutas marinas; el palacio, entonces arzobispal, iniciado por Ximénez de Rada en el XIII y en el que viven o nacen reyes y emperadores, como tantas otras históricas piedras y sucederes.

La ideal singladura alcalaína discurre por los más diversos y significativos caminos y así se patentiza en aquellos parajes urbanos, que de otra parte, tanto han crecido en las últimas décadas por mor de la proliferación industrial y la consiguiente inmigración, sin que falten jamás acá o allá puntos que nos retrotraen presencias de hechos y personajes de altísimo nivel. Al margen de su más lejano pretérito remontado a la prehistoria, Alcalá de Henares es un cúmulo de valoración cultural en los más de siete siglos de tradición y proyección universitaria.

Y dentro, enclavado en el casco noble y tan noble como lo que más lo sea, el hospitalito de Antezana con su medio milenio de amor y generosidad, marcando un tiempo a los tiempos que van llegando, y a todas sus circunstancias, atendiendo como le es posible a un puñado de mujeres desvalidas, que acaso serían más si más disponibilidades hubiera… En el opulento Alcalá de Henares patrimonio de la humanidad, guardemos siempre un puesto de honor a este pequeño patrimonio de la humanidad doliente.
Sobrevolando el caserío, las ternes cigüeñas proclaman con sus crotoreos las glorias pasadas y presentes. También futuras.



© Miguel García de Mora


Miguel García de Mora Gallego, «El narrador de La Mancha» nació en Manzanares en 1916 y murió en La Solana en 2013. Llega a este Blog de la mano de su hijo Luis Miguel que lo define como un hombre sencillo y un periodista incansable. Para su hija Gloria, su padre, fue un manchego de pro, de franqueza campechana y corazón abierto, que se sintió Quijote y Sancho en extraña confusión. 

Muchísimas gracias a los dos por permitirme publicar algunas de sus crónicas.





viernes, 23 de junio de 2017

Brújulas y Espirales: Primo Levi "Los hundidos y los salvados"

Blog Literario de Francisco Martínez Bouzas


LITERATURA MEMORIAL: IMRE KERTÉSZ, PRIMO LEVI


Los hundidos y los salvados
Primo Levi
Tradución de Pilar Gómez Bedate
El Aleph Editores, Barcelona, 270 páginas


Kaddish por el hijo no nacido
Imre Kertész
Tradución de  Adan Kovacsics
Acantilado, Barcelona, 152 páginas
(LIBROS DE FONDO)



Curiosas circunstancias han provocado que el 2002 haya sido un año sumamente propicio para la floración de una literatura memorial de indiscutible calado. Verdaderos alegatos contra la desmemoria.
La publicación de las memorias en las que García Márquez desnudó una parte de su vida y las tiradas millonarias de un libro detrás del que se encuentra el gran mito de la literatura actual, coincidieron en el tiempo con la concesión del Nobel a Imre Kertész y con la traducción al español de I sommersi e i salvati, el tomo que cierra la trilogía de Primo Levi sobre su experiencia en los campos de exterminio nazis. Las memorias de Gabo no precisan panegíricos ni exégesis publicitarias. La firma del escritor más universal de cuantos existen hoy día justifica la 'gabomanía' desatada en su momento y prueban que Vivir para contarla no fue únicamente un fenómeno mediático.  .
Muy distinta es la situación de Imre Kertész y Primo Levi. El primer premio Nobel húngaro era hasta el día en que la Academia sueca acordó otorgarle el galardón, prácticamente un escritor desconocido en Occidente y su obra traducida al español por una pequeña editora catalana. La memoria de Primo Levi se difumina silenciosamente desde aquel día de abril de l987 en que su cuerpo se precipitó por el hueco de la escalera de la misma casa en que nació. Todo ello a pesar de que diez años después de su muerte, y a modo de homenaje, Franceso Rosi llevara a la pantalla la versión cinematográfica de La tregua, una de sus obras.

Los dos escritores supervivientes del exterminio entienden los campos de concentración como una siniestra señal de peligro. En los dos brotó en los días del Lager la necesidad interior de dar testimonio, de hablar a los "demás" para que supiésemos lo que aconteció y jamás olvidemos lo que el hombre hizo con el hombre. Los dos reconocen que ninguna lengua cuenta con las suficientes palabras para expresar la ofensa recibida por la humanidad en los campos de exterminio, el aniquilamiento del ser humano.
Pero también los dos no permitieron que la desesperanza anidara en sus almas y minara completamente los deseos de sobrevivir en ese infierno llamado Auschwitz-Bikerneau. Los dos coincidieron en aquel territorio del exterminio nazi y los dos fueron liberados en 1945. Primo Levi fue uno de los 20 supervivientes italianos de Auschwitz. Imre Kertész, un simple número entre el medio millón de húngaros deportados en el mismo, que convirtieron el magiar en la lengua más hablada en el campo de exterminio.
El azar los unió de nuevo en el año 2002. Imre Kertész recibe el premio Nobel de Literatura, el primer y definitivo reconocimiento a escala planetaria de la literatura del Holocausto. En las mismas fechas en las que aparece traducido al español I sommersi e i salvati de Primo Levi. El Aleph Editores completa así su trilogía memorial (Si esto es un hombre, La tregua, Los hundidos y los salvados).

La Academia sueca reconoce en la trilogía de Kertész (Sin destino, Fracaso, Kaddish por el hijo no nacido) la experiencia frágil del hombre contra la arbitrariedad desalmada de la historia. Arbitrariedad que dejó en el Nobel húngaro terribles cicatrices que hacen que el protagonista de Kaddish por el hijo no nacido rece para que no se produzca el nacimiento de un ser humano en un mundo que permite la existencia de horrores como los de Auschwitz.
La Academia sueca tenía una deuda con la literatura memorial de los campos en los que se consumó el genocidio. En Kertész, al menos de forma simbólica, se premia a otros testigos de la barbarie, entre ellos a Primo Levi, a Jorge Semprún (El largo viaje), a Roberto Antelme (La especie humana) y también a Jean Améry, Violeta Friedman o Paul Celan.
Imre Kertész es un escritor distante de su tierra e incluso de Europa. Se considera un ciudadano del mundo y no olvida que en su día fueron asesinados seiscientos mil húngaros y Occidente calló. Su primera novela después del Nobel, titulada Liquidación, fue su último libro sobre el Holocausto y, a la vez, una fabulación contemporánea que se desarrolla en la Hungría de la caída del régimen comunista.

La obra de Kertész es enormemente compleja. Sus libros son muestras lúcidas de un autoanálisis doloroso, brutal y sin concesiones sobre el acontecimiento más traumático de la civilización occidental y del que él mismo fue víctima y ahora es testigo. Textos duros, filosóficos, existenciales, alejados del sentimentalismo, pero inmensamente perspicaces. Rezuman memoria y son una constante advertencia de cómo la gente, con frecuencia de forma inconsciente, se integra en la maquinaria del poder que exige sumisión y silencio. En la mente del escritor magiar, Auschwitz acabó únicamente porque cambió la suerte de la guerra, pero nunca ha existido en Occidente nada que pueda considerarse una negación fundamental de lo que fue y supuso el Lager siniestro.
En Si esto es un hombre, el primer trabajo literario de Primo Levi y principio de su trilogía memorial, el autor recupera con austera serenidad sus recuerdos personales en los campos de exterminio. Su testimonio sobre lo inhumano de Auschwitz y las terribles convulsiones del alma sometida a la convivencia con la muerte, le devuelven al horror su realidad y lo hacen tangible.

La tregua, la segunda entrega de la trilogía, es el libro del retorno. Los escasos supervivientes italianos de Auschwitz culminan un viaje tortuoso y esperpéntico a través de media Europa y el lector asiste atónito a la riqueza infinita de matices de la humanidad encontrados a través de su viaje, pero atenazado por el miedo a escuchar de nuevo la orden del amanecer en Auschwitz, la palabra extranjera, la orden temida y esperada: "¡A levantarse!","Wstawác".

En Los hundidos y los salvados Primo Levi efectúa una reflexión radical sobre cuestiones esenciales como la libertad, la vergüenza, la complicidad, el compromiso y un alegato a favor de la piedad como categoría básica de una ética que merezca ser llamada humana. E invita a reflexionar sobre algo que aconteció. De manera increíble pero real ocurrió que un pueblo civilizado, criado en la cuna del florecimiento cultural de Weimar, siguió a un histrión que hoy movería a risa. Y sin embargo sucedió y por consiguiente puede volver a  suceder.

El escritor que murió trágicamente en l987, no tuvo la oportunidad de contemplar cómo todo se está repitiendo de nuevo: personajes tan inhumano como Hitler dirigen hoy el muchos estados. Un personaje de parecida categoría moral dirigió no hace mucho el estado de Israel, llegando a marcar  los cuerpos de los palestinos y haciendo de la historia de Primo Levi algo más desolador que nunca, como escribió L. García Montero. Auschwitz que cambió de nombre, pero que nunca dejó de existir.

Francisco Martínez Bouzas


Imre Kertész

Fragmentos

"Y dejad de decir por fin, dije con toda probabilidad, que Auschwitz no tiene explicación, que Auschwitz es el producto de fuerzas irracionales, inconcebibles para la razón, porque el mal siempre tiene una explicación racional, es posible que el propio Satanás sea irracional, como lo es Yago, pero sus criaturas sí son racionales, todos sus actos se derivan de algo, igual que una fórmula matemática; se derivan de algún interés, del afán de lucro, de la pereza, del deseo de poder y de placer, de la cobardía, de la satisfacción de este o de aquel instinto, y si no, pues de alguna locura al fin y al cabo, de la paranoia, de la manía depresiva, de la piromanía, del sadismo, del asesinato sexual, del masoquismo, de la megalomanía demiúrgica o de otro tipo, de la necrofilia, qué sé yo de qué perversión de las muchas que hay o de todas juntas quizá, porque, dije con toda probabilidad, porque prestad atención, porque lo verdaderamente irracional y lo que no tiene explicación no es el mal, sino lo contrario: el bien. "

(Imre Kertész, Kaddish por el hijo no nacido)

…..


Primo Levi
“Los jóvenes suelen preguntarnos, con mayor frecuencia y más insistencia a medida de que pasa el tiempo, quiénes eran, de qué pasta estaban hechos nuestros «esbirros». La palabra se refiere a nuestros ex guardianes, a los SS, y a mi entender no es apropiada: hace pensar en individuos retorcidos, mal nacidos, sádicos, marcados por un vicio de origen. Y, en lugar de ello, estaban hechos de nuestra misma pasta, eran seres humanos medios, medianamente inteligentes, medianamente malvados: salvo excepciones, no eran monstruos, tenían nuestro mismo rostro, pero habían sido mal educados. Eran, en su mayoría, gente gregaria y funcionarios vulgares y diligentes: algunos fanáticamente persuadidos por la palabra nazi, muchos indiferentes, o temerosos del castigo, o deseosos de hacer carrera, o demasiado obedientes. Todos habían sufrido la aterradora deseducación suministrada e impuesta desde la escuela como habían querido Hitler y sus colaboradores, completada después por el Drill de las SS. Muchos se habían alistado en esa milicia por el prestigio que confería, por su omnipotencia o también, sólo para escapar de las dificultades familiares. Algunos, poquísimos en verdad, se arrepintieron, pidieron ser transferidos al frente, proporcionaron cautas ayudas a los prisioneros, o eligieron el suicidio. Debe quedar bien claro que responsables, en grado menor o mayor, fueron todos, pero que detrás de su responsabilidad está la de la gran mayoría de los alemanes, que al principio aceptaron, por pereza mental, por cálculo miope, por estupidez, por orgullo nacional, las «grandes palabras»  del cabo Hitler, lo siguieron mientras la fortuna y la falta de escrúpulos lo favoreció, fueron arrollados por su caída, se afligieron por los lutos, la miseria y el remordimiento, y fueron rehabilitados pocos años más tarde por un juego político vergonzoso”

(Primo Levi, Los hundidos y los salvados, páginas 269-270)

miércoles, 21 de junio de 2017

María del Carmen Aranda: Mi mente vacía


Rayo de luz solar
Cañón del Antílope, en Estados Unidos






«Decía el filósofo griego Esquilo, que sabio es el que sabe cosas útiles más que el que sabe muchas cosas. Estamos ante el vacío de las ideas, de la creación y del positivismo».









-Hola -le dijo la pequeña Estela de Luz a la Sombra de la Noche-

Vengo a despertar a muchos que yacen, porque en vida demudados mueren.

-¿Y eso por qué? -preguntó la Sombra de la Noche.

-¡Míralos, están durmiendo; nunca despiertan, comen y andan con sus ojos abiertos manteniendo sus mentes dormidas bajo la sombra de mi extenso cuerpo!

-Sí, lo sé -le dijo la Estela de Luz.

Por esa razón vengo. He oído voces musitando, suspiros, transidos lamentos a través de tímidas ráfagas de viento. Son mentes despiertas las que me llaman no queriendo esa falsa protección de tu sombrío cuerpo. Ellos quieren pacíficos y alegres amaneceres, suplicándome que no me aleje, que permanezca con ellos, y a pesar de que en algunos momentos mi luz pueda herir sus ojos, prefieren estar vivamente despiertos, dirigiéndose hacia un futuro hermoso, sin violencias, sin codicias ni palabras y hechos hirientes; un futuro distinto, desconocido para esas mentes durmientes.

-¡Pero déjales! -insistió la Sombra-. No les despiertes, así son felices. 

¿No los ves? No quieren problemas y en su letargo permanecen. Las mentes durmientes pasan el tiempo deambulando entre hojarascas secas, pisando las piedras de los caminos que sus pies adolecen, sufren enfermedades causadas por el continuo ataque de alimañas que envenenan sus cuerpos perdiéndose el disfrute de todo lo bello y justo que hay en el mundo, al no despertar su reprimida mente.

-¡Pobres! -dijo la Estela de Luz-. Morirán sin haber nacido en un mundo incoherente. ¿Cómo podría despertarles, explicárselo para que pudieran entenderme?

-¡Déjales! -insistió la Sombra-. ¡Déjales que caminen sin saber de qué defenderse! ¡Déjales que sigan creyendo que gobiernan sus vidas, que son independientes, que son sabios, cuando en realidad la sempiterna necedad les envuelve! Irán despertando cuando sientan que los que han despertado ya se hallan lejos, y ya no les protegen.         
Sombras


© María del Carmen Aranda

lunes, 19 de junio de 2017

Santa Casilda y Santa Margarita de Francisco de Zurbarán

Santa Casilda
Óleo sobre lienzo
Francisco de Zurbarán
Museo Thyssen Bornemisza






Santa Casilda de Toledo

Casilda era hija del rey moro de Toledo Al-Mamum. Según la leyenda llevaba comida a los cautivos cristianos que su padre tenía encerrados en las mazmorras del Alcázar. Como un día la sorprendiera el rey, su padre, que con tono airado preguntó qué llevaba en el regazo de su vestido, Casilda declaró sin vacilar que eran rosas y cuando descubrió lo que llevaba, los mendrugos de pan se habían convertido en rosas. Luego las rosas volvieron a convertirse en pan. Sucedió después que Casilda enfermó, los médicos del rey no encontraban remedio a su mal. Supieron que cerca de Briviesca, en la provincia de Burgos, había unos lagos llamados de San Vicente, en los que podría hallar cura. Partió con el permiso de su padre, siendo recibida por el rey de Castilla, Fernando I. Tomó el baño siendo curada de inmediato por lo que solicitó el bautismo y nunca más volvió a Toledo. Labró en lo más alto de una peña, una ermita, en la cual hizo vida solitaria y acabó sus días en ella. El culto popular comenzó muy pronto pero no fue reconocida como santa hasta el siglo XVI.  

El original de la obra se expone en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid.

Santa Margarita, 1631
The National Gallery, Londres


Santa Margarita

Margarita de Antioquía está incluida entre las santas mártires cristianas. Cuidaba de un rebaño de ovejas y fue encarcelada y torturada por defender su virginidad frente a los intentos de un prefecto romano. La representa con los trazos de una elegante pastora. El bastón que sostiene en la mano termina en un gancho, según la leyenda fue lacerada con uno. La presencia inquietante de un dragón alude a la leyenda que narra que durante su encarcelamiento el diablo bajó la forma de un dragón para tentarla y ésta consigue derrotarlo.

El lienzo puede contemplarse en la National Gallery de Londres.




Francisco de Zurbarán (1598-1664)




Francisco de Zurbarán

Nació en Fuente de Cantos, Badajoz en 1598 y murió en Madrid, en 1664. Contemporáneo y amigo de Velázquez y Alonso Cano. Gracias al comercio con las Américas su obra cruzó el Atlántico. Una serie de doce cuadros «Las tribus de Israel», está actualmente en Auckland, en el condado de Durham, Inglaterra, se supone que no llegaron a América por un ataque pirata.


Para Zurbarán el dolor no es, de por sí, un valor moral, por lo que en sus cuadros no hay derroche de heridas, sangre, tormentos. Sus cuadros con el tema de las vírgenes mártires solo fueron un medio para representar los instrumentos de tortura.

Probable autorretrato de Zurbarán
San Lucas como pintor, ante Cristo en la Cruz



sábado, 17 de junio de 2017

Carolina Olivares: Cuánto me canso en el trabajo

El sueño del caballero (1655)
Cuadro del pintor barroco Antonio de Pereda






Hace años mis padres me llevaron a visitar un museo de arte contemporáneo, en un lugar –tal y como se cita en el libro del Quijote- de cuyo nombre no quiero acordarme.

Y es cierto, pues no recuerdo el nombre del museo; tampoco sé cuáles eran los afamados pintores que pintaron los cientos de cuadros que decoraban las paredes del pasillo central ni las adyacentes, ni qué artistas esculpieron las magníficas esculturas que componían la galería que se ubicaba al fondo del colosal edificio que albergaba tantas obras de arte, las cuales, se repartían por sus estancias.

En cambio no he olvidado a un hombre de unos cuarenta años. Por lo que deduje mediante la observación trabajaba de vigilante en el museo. Aunque a mí en ningún momento me pareció que estuviera vigilando –salvo que lo hiciese para sus adentros- puesto que sentado sobre una silla de madera, tenía los ojos cerrados, la cabeza echada hacia atrás y la boca abierta como un buzón de correos.

Por la parte alta de las esquinas de aquel habitáculo podían distinguirse cámaras de vídeo vigilancia que enfocaban los lienzos.

Pero… ¿Si las cámaras vigilaban las obras de arte? ¿Quién vigilaba al vigilante, que durmiendo como estaba, parecía ser una obra de arte más?

Ahí estaba el quid de la cuestión.

Desde entonces decidí que de mayor sería vigilante de museo.

Aquel trabajo era una verdadera ganga: se podía dormir a pierna suelta. Encima, como los que manejaban las cámaras siempre tenían que enfocar las esculturas y cuadros, puesto que en el caso de haberlas movido y descubrir el descuido del trabajador, tampoco podrían decir ni mu porque entonces la bronca que les caería por parte del director del museo sería descomunal… So pena de perder el puesto del trabajo, por estar las obras por encima de las personas.

¡Ay, qué a gusto se duerme en el trabajo! ¡Hasta ronco y todo!

Y qué bien se está: en invierno con la calefacción y en veranito dándome el aire acondicionado en la cara.

¡Esto sí que es vida y lo demás son pamplinas!




© Carolina Olivares Rodríguez

viernes, 16 de junio de 2017

Revista Nuevo Akelarre Literario nº 21: Madame Bovary



Este mes de la mano de Flaubert hemos decidido dejar cuadros y fotos por las palabras. 

Un nuevo reto.

La frase: "Le parecía que toda la amargura de la vida estaba servida en su plato y, junto con el humo del hervido, de lo más hondo del alma le subían otras bocanadas de desabriento...", ha sido la inspiración.

Disfrutad con nuestros cuentos.


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jueves, 15 de junio de 2017

José Carlos Peña: El aroma de la traición


                                 



    
Cuando despertó, después de casi dos meses en coma, Gabriel descubrió con espanto que estaba en la cama de un hospital, unido a la vida por medio de tubos y sondas que conectaban su cuerpo a diferentes aparatos, cuyas pantallas brillaban, tenues, en la penumbra que envolvía la habitación.

Cerca de él, sentada en un sillón, dormitaba su mujer. Tenía las cuencas de los ojos ensombrecidas y el rostro macilento, un libro entre las manos  y la cabeza inclinada sobre el hombro derecho.

Él la miró durante largos segundos y no se atrevió a despertarla, aunque sentía la urgente necesidad de encontrar respuestas a todas las preguntas que se agolpaban en su mente.

Dedujo, por el punzante dolor que le atravesaba el costado izquierdo desde la espalda hasta el pecho, que había sufrido un infarto y decidió permanecer así, en duermevela, hasta que las luces del alba inundaran la habitación y despejaran todas las incógnitas.

No recordaba absolutamente nada, ni tenía la menor idea de cómo había llegado hasta allí, pero jamás hubiera imaginado que fuera a causa de un disparo por la espalda, a bocajarro y a corta distancia, como le informaron los médicos una hora después y confirmó la policía algo más tarde, cuando dos agentes sin uniforme hicieron acto de presencia para tomarle declaración. Su mujer, por su parte, apenas podía hablar y todo lo que consiguió escuchar de ella fueron unas pocas palabras ininteligibles, que pronunciaba con dificultad mientras le tomaba la mano entre las suyas, que estaban frías y temblorosas. 

Los agentes formularon muchas preguntas, menos de las que les hubiera gustado hacer, pero sí las imprescindibles para intentar establecer un móvil; algún motivo plausible por el que alguien, no se sabía quién, pudiera desear la muerte de Gabriel hasta el punto de ser capaz de descerrajarle un tiro al anochecer, cuando salía del trabajo.

No se había producido robo ni ensañamiento, ni tampoco Gabriel había recibido amenazas con anterioridad. Todo en su vida se ajustaba a ese difuso concepto que llamamos normalidad. Él era un hombre tranquilo, sin demasiados amigos y ningún enemigo declarado; tenía un trabajo monótono, un matrimonio un poco aburrido, algunas aficiones inocentes que consumían parte de su tiempo libre, un par de hijos desapegados, un perro, un pequeño utilitario y las mismas deudas que cualquiera en una situación parecida a la suya. ¿Quién podía desear su muerte?

A lo largo del día, según se fue extendiendo la noticia de que había recobrado el conocimiento, por la habitación del hospital fueron apareciendo y desfilando algunos conocidos, uno de sus hijos, unos cuantos compañeros de trabajo, un par de vecinos y diversos familiares que habían venido precipitadamente del pueblo para darle ánimos e interesarse por su recuperación.

Todos, al final terminaban formulándose la misma pregunta: ¿Quién podía desear tanto la muerte  de un hombre como Gabriel, un tipo corriente, de vida rutinaria, sin trapos sucios que ocultar y nada de lo que presumir? Tal vez, concluían la mayoría de ellos, fue un error;  el asesino se confundió de víctima y a punto estuvo de segar la vida de un hombre insignificante, que no levantaba pasiones a su alrededor, ni a favor ni en contra.

Él mismo, postrado en la cama, se formulaba las mismas preguntas y obtenía  casi idénticas respuestas.

El desfile de familiares y conocidos duró casi todo el día. A última hora de la tarde uno de sus pocos amigos, quizá el más íntimo de ellos, entró en la habitación con el rostro desencajado, se inclinó sobre la cama y lo abrazó efusivamente mientras pronunciaba una palabras que él no acabó de comprender; pero que resultaron ser irrelevantes cuando Gabriel constató con estupor que las solapas de la chaqueta de su amigo estaban impregnadas del perfume que habitualmente utilizaba su mujer.

Entonces sufrió un vahído y a punto estuvo de desmayarse. La habitación se llenó de voces que intentaban reanimarlo, la alarma de uno de los aparatos a los que estaba conectado se disparó y sintió sobre su pecho la presión de unas manos que se movían rítmicamente. Pero todo aquello iba a ser inútil, porque Gabriel ya no deseaba seguir viviendo.




                        © José Carlos Peña