lunes, 23 de enero de 2017

Brújulas y Espirales: Emmanuel Carrère "Una semana en la nieve"

Blog Literario de Francisco Martínez Bouzas


"UNA SEMANA EN LA NIEVE": EN LOS RECOVECOS DEL ALMA INFANTIL




Una semana en la nieve

Emmanuel Carrère

Traducción de Javier Albiñana

Editorial Anagrama, Barcelona, 2014, 163 páginas


   Emmanuel Carrère (París, 1957) es escritor, guionista y realizador de televisión. Tras varias novelas de pura ficción, se consagró como un extraordinario narrador acercándonos a la figura criminal de Jean-Claude Romand en su novela El adversario, a experiencias vitales de gran dureza –la certeza y la claridad de la vida frente a la brutalidad de la muerte- en De vidas ajenas, o al retrato de Rusia en los últimos setenta años a través del retrato simbólico y paródico de Limonov. Anagrama recupera en este inicio otoñal dos de sus novelas estrictamente ficcionales: El bigote y Una semana en la nieve el libro que comento y valoro en esta reseña.

   Una semana en la nieve no es lo último de Carrère. El original francés, La Classe de niege fue editado en 1995, y es la última obra antes de que Jean-Claude Romand, el “monstruo” de El adversario, aceptara entrevistarse con  el escritor y Carrère se consagrara de forma definitiva a retratar la realidad como en las ficciones, desarrollando ese estilo tan característico que le ha convertido en uno de los escritores más leídos de Francia y de buena parte del mundo. Una semana en la nieve es pues el último libro de un escritor de estilo cristalino, directo,  a veces mordaz, antes de que decidiera moverse fuera de la ficción.

   La novela narra una historia de abuso sexual de un niño, aunque no sólo eso, y fue por ello por lo que en su día recibió el Premio Fémina de 1995. Una obscura tragedia que se interna en las entretelas del alma infantil hasta llevar al protagonista al final de la inocencia. Nicolás, el protagonista, es un niño solitario y sobreprotegido. Sobre él, sobre sus miedos de infancia, construye Carrère una trama en la que, en sus comienzos y buena parte de su desarrollo, parece que nada ocurre, pero el autor logra mantenernos en una permanente expectativa. Una trama que paulatinamente se irá haciendo terriblemente desasosegante porque el lector, a medida que se interna en el desarrollo argumental, intuye que algo sombrío va a acontecer. Es la gran pesadilla que flota sobre una trama de la que tan solo revelaré algún dato.

   El protagonista, Nicolás,  es, como he dicho, un niño apocado que casi siempre está en la luna. Va a pasar con sus compañeros una semana en la nieve para iniciarse en el esquí. Su padre, tan hostil como sobreprotector, decide que su hijo no viajará en el autobús escolar y será él quien lo acerque hasta la estación de esquí, lo que hace que, en un involuntario olvido, las pertenencias del niño queden en el maletero del coche paterno. Este hecho obligará a Nicolás a acercarse al compañero más bravucón del grupo que le presta algo de ropa para dormir. También es con él con quien comparte las pesadillas de los niños robados por traficantes de órganos para extraerles sus jóvenes miembros. Hasta que de repente tiene lugar la tragedia que se estaba mascando: la desaparición, violación y asesinato de un niño de un pueblo vecino. Es el suceso terrible que le llega al lector como un terrible mazazo, pese a que la escritura de Carrère lo iba insinuando poco a poco.

   Desde el punto de vista de los géneros, ésta es una “nouvelle”, estructurada  en treinta y un breves capítulos  en los que el autor, sin mostrar nunca todas sus ases argumentales, mezcla los códigos de la crónica periodística de sucesos con los del relato fantástico. Pero sabe controlar el suspense hasta el clímax  de los capítulos finales. Sin abusar de los recursos narrativos, en una de esas breves secuencias, Carrère  echa mano de una prolepsis que nos deja percibir cómo son los personajes, especialmente Nicolás y Hodkann, el niño bravucón, veinte años más tarde. Pero muy pronto se regresa al presente y el lector tiene la oportunidad de presenciar la tenebrosa y trágica historia que está por venir.

   Prosa clara y precisa que permite intuir el estilo personal y único de un gran narrador, que sabe sobre todo contar una historia. Todo ello en una muestra de la literatura menos conocida y quizás secundaria del escritor. Sutil y turbadora. No solo entretiene, obliga a reflexionar. Y todo esto a pesar de que Emmanuel Carrère reniegue de la misma al abjurar de la ficción, de lo que es solo ficción. Lo que escribía en sus albores  de escritor de novelas.


Francisco Martínez Bouzas




Emmanuel Carrère
Fragmentos


“No se oía ya ruido, pero Nicolás no sabía si los demás dormían. Quizá, por temor a suscitar las iras de Hodkann, fingió hacerlo, y quizá Hodkann también, para sorprender a quien osara infringir la consigna. Nicolás, por su parte, no quería dormir. Temía hacerse pipí en la cama y mojar el pijama de Hodkann. O, peor todavía, traspasar el colchón, al no tener hule, y mojar al propio Hodkann, que estaba debajo de él. El maloliente líquido empezaría a gotear en su cara de tigre, Hodkann arrugaría la nariz, se despertaría, y la que se armaría. La única solución para evitar semejante catástrofe, era no dormirse. Según las manecillas fosforescentes de su reloj, eran las nueve y veinte, y se levantaban a las siete y media, o sea que le quedaba una larga noche por delante. Pero no era la primera vez, estaba entrenado.”



…..



“Este intercambio de palabras desató las lenguas. Maxime Ribotton , dándose importancia, dijo que su padre era partidario de que a los sádicos los condenaran a muerte. Alguien preguntó qué era un sádico, y Maxime Ribotton explicó que llamaban así a la gente que cometía ese tipo de crímenes: violar y matar a niños. Eran monstruos. Nicolás no sabía lo que quería decir violar, y sin duda no era el único, pero no se atrevía a preguntarlo; en cualquier caso, adivinaba que tenía que ver con la cosa sin nombre, entre sus piernas, que era una forma de tortura relacionada con eso, la peor de todas, quizá consistente en cortarla o arrancarla. Le tenía impresionado la seguridad con  la que Maxime Ribotton, de ordinario apático, trataba esos temas. «¡Monstruos!», repetía éste con feroz retintín, como si su padre y él hubieran pescado a uno y se dispusieran, antes de cortarle la cabeza, a torturarlo a su vez.”


(Emmanuel Carrère, Una semana en la nieve, páginas 35, 128)

domingo, 22 de enero de 2017

Amantes de mis cuentos: Un gato con ínfulas (Versión francesa)







UN CHAT EXIGEANT










Mon chat s’appelle Pelusa et même si à la maison nous sommes très humbles, ma maman a observé que notre félin est un peu snob. Je ne sais pas ce qu’elle veut dire mais d’après le ton… ce doit être quelque chose de mauvais!! Il n’aime pas les sardines, ni les toits, ni les  souris et il passe la journée dans la cour au soleil allongé sur le côté avec une patte sur la tête.

Nous sommes ouvriers , c’est mon père qui le dit, et nous ne pouvons pas acheter à mon chat  un collier avec son nom gravé, ni les meilleures croquettes, ni une litière en argent.

Pelusa dort au pied de mon lit y je me suis assis à son côté pour lui parler. Il ne doit pas demander des choses en argent; j’ai essayé de le convaincre mais il m’a répondu en miaulant qu’il ne le voulait pas en argent mais en or; on ne se rend pas compte qu’il est allergique au laiton et qu’il a besoin d’une litière en métal précieux pour son bien-être présent et futur parce que la chatte qu’il voulait conquérir vit dans une  maison luxueuse et il voulait lui faire bonne impression. Il ne veut pas souffrir des vicisitudes et encore moins vivre dans la misère, me répondit il en se léchant une patte.

Il me persuada complètement avec ce long discours, mais mon papa lui a donné un ultimatum: s’il ne fait pas son travail de chasser les souris, on devra se livrer de lui….Et je suis très apeuré parce que mon papa a dit que s’il ne travaille pas, il va empoisonner ses croquettes… Je ne veux même pas y penser et je me suis assis dans un coin à pleurer.

Pelusa est venu avec moi et je lui ai expliqué très doucement que si mon papa et ma maman lui donnaient tout ce qu’il demande, il partirait avec la chatte riche et je le perdrais pour toujours; d’autre part, s’il n’accepte pas de faire la chasse aux souris, mon papa va l’éliminer… Donc, de toutes façons je ne pourrais pas l’avoir avec moi… et il est le plus important pour moi.

Il se mit à réflechir. D’un coup, il sauta par la fenêtre et il disparut. Je pensais l’avoir perdu pour toujours et je sentis une si forte douleur que je me mis à crier, à rouspéter et à dire à mes parents qu’ils étaient méchants et que je ne les aimais pas. Ma maman me caressa la tête, m’embrassa et me moucha… Comme je n’arrêtais pas de pleurer, elle me donna une fessée et m’envoya dans ma chambre faire les devoirs.

Pelusa fut absent tout un mois et quand il retourna il portait une petite bourse en cuir pleine de pièces de monnaie et la donna à mon papa. Il lui tourna le dos très dignement et se lança à mon cou avec ses deux pattes de  devant, à la fois qu’il reposa sa tête sur mon épaule. Je le serrais très fort contre moi et riais. Mon papa lui demanda des explications mais il ne voulut rien lui dire. Mon papa et ma maman ouvrirent alors la bourse et ils y trouvèrent le salaire d’un mois. Ils doutèrent mais, comme la bourse portait le nom de l’usine de farine, mon père y alla retourner cet argent.

Pendant ce temps, Pelusa me raconta qu’il avait cassé avec la chatte riche et qu’il avait pris certaines bonnes décisions importantes dans sa vie parce que j’étais la personne qu’il aimait le plus. Il laissa très clair qu’il ne voulait pas être l’esclave de personne et que ma maman devait parler à mon papa pour lui demander pour lui un poste important à la maison. Cela dit, il caressa sa moustache.

A son retour, mon père apportait l’argent parce que le patron de l’usine de farine lui explica que c’était  le payement pour les travaux que Pelusa avait faits. Il ne fit pas la chasse aux souris qui pullulaient dans le magasin, mais, depuis le haut d’un sac, il leur miaula de telle façon que les souris partirent apeurées autre part et elles n’étaient plus retournées. Ensuite, installé dans le meilleur fauteuil de son bureau, il donna de sa patte droite des ordres au gamin  chargé des commissions et le patron était tout étonné et heureux de voir son usine plus ordonnée que jamais. Et comme récompense, il employa Pelusa.

Ma maman regardait Pelusa avec respect  et elle  prit dans ses bras mon chat orgueilleux et lui carressa  le dos en  disant:

-       -Je me suis trompée sur toi… Tu n’es pas un snob!!! Tu es un champion!!! Tu sais convaincre sans te forcer!!!


Et depuis, grâce à mon chat, la misère est partie en courant de notre maison et on ne la plus revue…



Traducida por: 

María Ramírez Sánchez nació en Melilla y con 8 añitos se fue a vivir a Oujda, una ciudad del entonces protectorado francés del norte oriental de Marruecos, a muy pocos kilómetros de la frontera con Argelia.

Con 21 años se vino a Madrid, donde ha trabajado haciendo traducciones francés-español hasta su jubilación, y donde ha formado una bonita familia de la que se siente muy orgullosa.



En español

Mi gato se llama Pelusa y aunque en casa somos muy humildes, el felino, observa mi mamá, nos ha salido pijo. Yo no sé qué quiere expresar con eso pero por el tono en que lo dice debe ser algo muy feo.

No le gustan las sardinas, ni los tejados, ni los ratones y se pasa el día en el patio recostado sobre su lomo con una pata en la cabeza, tomando el sol.

Nosotros en casa somos obreros, eso lo proclama mi papá y no podemos comprarle mi gato el distintivo que pretende, con su nombre grabado, ni el mejor pienso, ni que el arenero, como tan fino le llama, sea de plata.

Pelusa duerme a los pies de mi cama y allí me senté para dialogar con él. No debía pedir cosas de plata, intenté convencerlo y me contestó con un maullido que él no quería que fuera de plata sino de oro, si es que no nos enterábamos, el latón le daba alergia, necesitaba que fuera de un metal precioso para el bien de su salud y de su futuro porque la gata que tenía en mente vivía en una urbanización de lujo y la primera impresión era muy importante para conquistarla. Él no estaba para sufrir vicisitudes y mucho menos vivir en la miseria, me dijo mientras se lamía una pata.

Tras ese largo discurso me persuadió por completo, pero mi papá ha dado un ultimátum y ha dicho que si Pelusa no se dedica a su oficio, que es el de cazar ratones, nos tendremos que librar de él. Yo estoy en un sin vivir porque mi padre dice que de esta noche no pasa. Si no trabaja le va a poner veneno en la comida, no quiero ni pensarlo, por eso me he sentado en un rincón a llorar.

Pelusa se ha echado en mi regazo y le he explicado muy despacio que si mis padres le daban todo lo que pedía, él se marcharía con la gatita rica y yo le perdería para siempre; por otro lado, si él no aceptaba cazar ratones, mi padre se desharía de él, así que de cualquiera de las dos formas yo no podría tenerle a mi lado. Y él era lo más importante que tenía.

Mi gatico se puso en actitud pensante. De pronto, saltó por la ventana y cuando yo me asomé ya no le vi. Pensé que me había abandonado para siempre y sentí tal dolor que grité, pataleé, dije a mis padres que eran malos y que no les quería. Mi mamá me acarició la cabeza, me dio un beso, me sonó las narices pero como yo seguía gritando, me dio unos azotes en el culo y me mandó hacer los deberes.

Pelusa estuvo todo un mes fuera de casa y cuando regresó lo hizo con una bolsa pequeña de cuero llena de monedas y se la entregó a mi padre. Le dio la espalda de una forma muy digna y se abalanzó a mi cuello con sus dos patas delanteras al tiempo que ponía a descansar su cabeza en mi hombro. Yo le apretaba muy fuerte y reía. Mi padre le exigió explicaciones pero no se las quiso dar. Mi papá y mi mamá abrieron la bolsa y allí encontraron el sueldo de un mes. Tanto dinero hizo dudar a mis padres pero al fin como la taleguilla traía el nombre de una fábrica de harinas mi padre se dirigió allí para devolver lo que no era suyo.

Mientras tanto, Pelusa me explicó que había roto relaciones con la gatita de lujo y que había tomado ciertas decisiones muy importantes en su vida porque yo era el único acreedor de su cariño. Lo que dejó bien claro es que continuaría siempre con sus convicciones de no ser un esclavo de nadie y que lo mejor que podría hacer mi madre era hablar con mi padre para que le diera un puesto de relevancia en nuestra casa. Y dicho esto se atusó el bigote.

Cuando mi padre regresó traía de vuelta el dinero porque el dueño de la fábrica de harinas le había dicho que eso era el pago por los trabajos que Pelusa había realizado. No cazó a los ratones que pululaban por el almacén pero subido en un saco les endilgó una charla de maullidos tan convincente que los ratones asustados se habían ido a otra parte y no habían regresado desde entonces. Luego recostado en el mejor sillón de su oficina, había ido dando órdenes con la pata derecha al chico de los recados y el dueño asombrado no daba crédito cuando vio su fábrica tan ordenada como nunca lo había estado. Y en reciprocidad a tanta organización puso en nómina a Pelusa.

Mi padre miraba a Pelusa con respeto y mi madre tomó en brazos a mi orgulloso gato y acariciándole el lomo le decía:

-¡Qué equivocada estaba! ¡Tú no eres un pijo! ¡Tú sirves para adalid! ¡Convences sin esforzarte!

Y desde entonces, gracias a mi gato, la miseria salió corriendo por la puerta de nuestra casa y no la hemos vuelto a ver.



© Marieta Alonso Más

sábado, 21 de enero de 2017

María del Carmen Aranda: Anoche tuve un sueño

Mujer durmiendo de Gustave Courbet






Anoche tuve un sueño. Mis mejores amigos eran unos seres especiales. Nunca lo hubiese imaginado. 






Un niño pequeño, pálido, con una apariencia débil y mirada triste, unos pequeños y juguetones animales, un viejo coqueto paraguas y tres ancianos.

¿Cómo podría divertirme con ellos? No, los ancianos ya no son ágiles, se cansarían si quisiéramos dar largos paseos. ¿Y con el niño? ¿Qué me podría enseñar?

Quizás... al principio sería divertido, pero… ¿de qué hablaríamos? ¿Y los animales? ¿Me entenderían? ¿Entenderían mis necesidades? ¿Mis angustias? ¿Contestarían a mis tantas y absurdas dudas mundanas? No. Hubiese pensado que me estaba volviendo loco si hubiese elegido como amigos a esa pandilla tan disparatada.

Anoche soñé, y de ese sueño aprendí algo muy valioso, que las cosas y las personas no son lo que aparentan ser, ellas son tan sólo una proyección de lo que nuestros ojos quieren ver, de lo que nosotros queremos que sean.

Que la amistad no es impuesta y los amigos te vienen y se quedan contigo si sabes cuidarlos y los quieres de verdad, no importando de qué parte del mundo han llegado; simplemente están aquí, a tu lado.

Que los valores que tenemos como seres humanos es lo único que no nos pueden arrebatar, porque están en nuestras entrañas, con ellos creces y te fortaleces.

Que una mirada limpia barre los caminos y hace el viaje de tu vida más ligero y divertido.

Que la belleza y la fuerza no están vinculadas con el envoltorio de un cuerpo, sino que es la esencia del alma lo que realmente importa.

Aprendí que la dignidad y la honestidad te hacen más feliz y tu sueño es más placentero y que no sólo lloramos cuando hay dolor en nuestro corazón, porque la felicidad también nos trae lágrimas.

Aprendí que mis amigos, aparentemente débiles y minúsculos, poseían la fortaleza de las grandes montañas, la energía de las aguas de los mares, la agilidad de los vientos y la sabiduría de la naturaleza.

Aquella noche… «mi sueño» me enseñó a vivir.



© María del Carmen Aranda 





María del Carmen Aranda
Escritora
Embajadora Universal de la Paz en España del Círculo de Embajadores con sede en Ginebra-Suiza; París-Francia


viernes, 20 de enero de 2017

Antonio Portillo Casado: Alfabeto

Alfabeto Fenicio


Tenebrosidad. Aullidos. Gritos…
Bestias merodeando, acechando.
Bestias el mundo subyugando.
Truenos, gruñidos y gritos aunados
en desalmados seres humanos.
Remotos y aciagos tiempos
donde la bestia al corazón
dominaba y en el inframundo
de la sinrazón, al alma humana
cruelmente sepultaba.



Amanecer. Sonidos. Fue…
¿un azul rayo divino?
¿la casualidad humana?
¿una certera equivocación?
¿un rudimentario invento empírico?
¿un puntual relámpago neuronal?
¿o fue el Destino quien los alaridos
y aullidos cuasi-humanos civilizaba?
Liberada de su infernal prisión,
el alma humana,
se desvestía de bestia
y de civilización se vestía.
Hablando, la Humanidad,
su corazón sanaba.
Hablando, su espíritu se nutría.
El verbo, a la fiera interna
aplacaba, a la Humanidad civilizaba,
y las ideas, en la mente humana se expandían.
Mas, el verbo, sin figura ni sombra,
sin perfil ni cuerpo ni cara,
entre los recuerdos efímeros del viento,
etéreamente desaparecía.



Luminosidad. Luz en el lienzo. Pincelados caracteres…
…como concretos suspiros y deseos,
mágicamente surgen.
Incipientes signos ideográficos.
Primarios jeroglíficos bellos
que a la idea pintan de coloridos,
ricos y variados perfiles.
Hermosos jeroglíficos
que como roja lava indolora,
hacia la noble y pulcra letra progresaban.
Color púrpura, amanece en púrpura
en las exóticas tierras del pueblo púrpura,
en los confines del azur nuestro.
¡Oh! inteligente pueblo púrpura.
¡Oh! pueblo comerciante y marino,
que en hilera ordenada,
el azulado mar de letras
en bello alfabeto resumiste,
entre ocres y añiles,
entre olivos, cedros y vides.
El abecedario púrpura,
regio plantel de letras,
que a la luz de la luna,
del sol y de las estrellas,
deja que las preciosas letras
libremente se enamoren,
para que se nutra la mente,
para que el corazón se exprese,
para que el alma humana,
sueñe y vuele. 



© Antonio Portillo Casado






Poemarios:

Amanece Copo a Copo - 2015:

Nuevo poemario Singladuras - 2016:

jueves, 19 de enero de 2017

Carolina Olivares: Ambigüedad y/o Caos Sentimental





Hoy leí: estoy triste porque no tienes tiempo para mí. Curiosidades de la vida, lo siento del revés: soy yo quien está triste por ver que el que no tiene tiempo para dedicarme eres tú.

Hoy escuché: no me quieres porque si me quisieras tendrías necesidad de mí; sin embargo, desde hace tiempo un interrogante me acecha: ¿me necesitan porque me quieren o me quieren porque me necesitan?

Hoy vi: gente vivir muerta en vida, mientras otros, aún moribundos, se aferran a pequeños brotes de esperanza y se ilusionan con ellos.
Ayer escribí, libros con la única intención de que fueran leídos solamente por ti. Y descubrí que, mis sueños no pueden hacerse realidad, ni siquiera cuando sueño despierta.

Mañana reposaré, entre flores marchitas, después de que mi alma le diga Adiós a la Tierra que la cobijó.

Hoy me ahogo: sin encontrar respuestas a las preguntas que formulo.
 
Ahora me angustio, consumida en odio, envidia, celos... Martirio.

En la última hora volaré juntos a todos los muñecos rotos que jugaron conmigo en la niñez. Y dejaré por siempre olvidados en el rincón del recuerdo los ratos de placer y dolor que pasamos juntos.

Quizá, podría escribir y leer para ti; pero al ignorado la ignorancia le daña igual que si le clavaran mil cuchillos de acero en el alma.

Tal vez: pudiera expresar de mil formas y colores lo que siente mi corazón. Sin embargo, quizá, mi pluma se haya secado al comprobar que mi tiempo... Simplemente... Se agota.

Dedicado a las personas emotivas, a los sensibles; a los frágiles y románticos. A los que se sienten entre la espada y la pared; a los que no saben si aman u odian; a los que no distinguen el bien del mal. Dedicado a los que sufren cuando son felices. Y a los que son capaces de sonreír aun siendo torturados.

Inspirado, entre otros, en Marilyn Manson.



© Carolina Olivares Rodriguez

miércoles, 18 de enero de 2017

Charla en el Centro Pérez Galdós: Historia del cuento



Te espero.

Tras la charla leeré tres de mis cuentos:

Idiomas

Sirenas

Un gato con ínfulas

¡Sorpresa!

Traducción simultánea...
Por los alumnos de francés de este Centro. 

No te lo pierdas.

 Cuento contigo.

Amantes de mis cuentos: Idiomas (Versión francesa)

Puente de Brooklyn visto desde Manhattan







LES LANGUES









Je pars en voyage. En avion. Je monte les escaliers de la main de mon père, il fait chaud; quand nous descendons il fait froid et il y a du vent.

Nous sommes arrivés à New York. Ici on parle l’anglais. Ma maman parle plusieurs langues. Mon papa et moi l’espagnol.

Il y a un mois que nous sommes dans cette ville. Nous habitions avec des amis jusqu’à ce que mes parents ont trouvé du travail. Maintenant nos dormons dans notre maison de Brooklyn, qui fait part aussi de New York. Ma maman va très élégante au travail, elle est dans un bureau. Mon papa s’occupe de garer des voitures. Il porte une salopette.

Mon premier jour de clase la maîtresse m’installa à une table avec d’autres enfants. Ils faisaient un puzzle, et je finis le mien très vite. Elle me caressa la tête.

On écrit les voyelles et les numéros comme en espagnol mais on les dit d’une autre façon. J’ai essayé de parler en anglais, mais je n’ai pas réussi. Je n’ai pas ouvert la bouche…

Pendant la récréation, un gamin me fit tomber par terre. Je suis resté là, les jambes écartées. C’est alors qu’un autre gamin est venu et l’a poussé encore plus fort et lui a fait comprendre qu’il ne devait plus jamais me pousser. Mon nouvel ami m’aida à me lever, me souria en espagnol et on se dit au-revoir avec les mains.

Le lendemain, je l’ai cherché dans la cour. Quand je l’ai vu, on s’est souri, mais chacun s’en est allé de son côté: lui avec les garçons de sa classe et moi je me suis assis dans un coin en attendant la mienne.

Après quelques semaines, la maîtresse s’expliquait mieux. Ma maman me dit que c’est moi que, petit à petit, comprend mieux ce qu’elle dit. Je continue à ne rien dire en classe.

Un dimanche je suis allé avec mon papa jouer à un parc. Et mon ami était là aussi. Je me suis approché de lui, on s’est souri comme toujours et quand j’allais partir il m’a suivi. Je courais et il venait derrière moi. On a grimpé sur le toboggan  et on s’est laissé tomber l’un derrière l’autre. On a joué pendant toute la journée. Mon papa riait de me voir si heureux.

Hier ma langue s’est lachée. Ma maîtresse et tous les élèves sont restés bouche-bée. Je suis arrivé à la maison en criant:

-      Mami, mami, je parle l’anglais. Je suis le plus intélligent de ma classe.

Ma maman, comme toujours, m’a fait tomber des nues. Elle, elle parle le français, l’allemand, l’anglais et l’espagnol. Zut, je n’arriverai jamais à son niveau!!!

Mais, peut-être bien que je parle le français et l’allemand et je ne le sais pas encore!!!!!



Traductora: 

María Ramírez Sánchez nació en Melilla y con 8 añitos se fue a vivir a Oujda, una ciudad del entonces protectorado francés del norte oriental de Marruecos, a muy pocos kilómetros de la frontera con Argelia.

Con 21 años se vino a Madrid, donde ha trabajado haciendo traducciones francés-español hasta su jubilación, y donde ha formado una bonita familia de la que se siente muy orgullosa.





En español

Idiomas

Me voy de viaje. En avión. Subo las escaleras de la mano de mi padre, hace mucho calor, cuando las bajo hace frío y viento.

Hemos llegado a Nueva York. Aquí se habla inglés. Mi mamá habla idiomas. Mi papá y yo español.

Llevamos un mes en esta ciudad. Hemos estado viviendo con unos amigos hasta que mis padres han encontrado trabajo. Ahora dormimos en nuestra casita de Brooklyn que también es Nueva York. Mi mamá va muy elegante a su trabajo, está en una oficina. Mi papá parquea carros. Viste un mono.

El primer día que fui al colegio la profesora me sentó en una mesa con otros niños. Estaban haciendo un rompecabezas, así que hice el mío en un santiamén. La profesora me revolvió el pelo.

Las vocales y los números se escriben igual que en español pero las llaman de otra forma. Intenté hablar en inglés pero no me salió. Así que estuve todo el tiempo callado.

En el recreo un niño me tiró al suelo. Allí me quedé despatarrado. Entonces, vino otro niño y le empujó más fuerte y por las señas que hacía le dijo que no volviera a tumbarme nunca más. Mi nuevo amigo me ayudó a levantarme, me sonrió en español y nos dijimos adiós con las manos.

Al día siguiente lo busqué en el patio. Cuando le encontré nos sonreímos pero cada cual se fue por su lado. Él, con los niños de su clase, y yo a sentarme en una esquina a esperar que comenzara la mía.

Después de varias semanas la profesora se explica mejor. Mi mamá me dijo que era yo quien poco a poco iba comprendiendo lo que ella decía. Sigo sin decir palabra en clase. 

Un domingo mi papá me llevó a jugar al parque. Y allí estaba mi amigo. Me acerqué, nos sonreímos como siempre y cuando me fui a marchar él me siguió. Yo corría y él venía detrás, nos subimos a una canal y nos tiramos uno detrás del otro. Estuvimos toda la mañana jugando. Mi papá se reía al verme tan feliz.

Ayer se me soltó la lengua. Dejé boquiabiertos a la profesora y a todos mis compañeros. Llegué a casa gritando:

-Mami, Mami, ya hablo inglés. Soy el más listo de mi clase.

Mi madre, como siempre, no tardó nada en bajarme de las nubes. Y es que ella sabe francés, alemán, inglés y español.

¡Caray! Nunca alcanzaré a mi madre.

Aunque pensándolo bien, a lo mejor hablo francés y alemán y aún no lo sé




© Marieta Alonso Más