martes, 23 de enero de 2018

Brújulas y Espirales: Raymond Carver "Todos los cuentos"

Blog Literario de Francisco Martínez Bouzas

"TODOS LOS CUENTOS": LA VIDA TRANSFORMADA EN LITERATURA



Todos los cuentos

Raymond Carver

Traducciones de Jesús Zulaika y Benito Gómez Ibáñez

Editorial Anagrama, Barcelona 2016, 702 páginas


   Cincuenta y ocho relatos publicados en vida del escritor, más cinco póstumos, hallados a partir de 1999, convierten a Raymond Carver (1939-1988) en un icono, en el mejor cuentista de América, quizás el mejor de todos los tiempos junto con Chéjov. Cuentos agrupados en cinco colecciones: ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor? (1976), De qué hablamos cuando hablamos de amor (1981), Catedral (1983), Tres rosas amarillas (1988) y Si me necesitas, llámame (2001). La barcelonesa editorial Anagrama, editora de la mayoría de los relatos de Carver en España, los ofrece ahora agrupados en este amplio volumen de la colección “Anagrama compendium”, que recoge todos los cuentos de Carver, los publicados en el estilo extensivo en el que escribía Carver y los reescritos, a partir de 1981, en forma elusiva por su editor Gordon Lish, que cambió párrafos enteros, reduciendo a la mitad muchas veces los cuentos originales y cambiando los desenlaces en numerosas ocasiones. No obstante, los cuentos de Carver, construidos, como afirma Alessandro Baricco, con paisajes de hielo, aunque habitados y dulcificados por emociones y sentimientos, que en la poda feroz de Gordon Lish fueron suprimidos,  convierten a su autor en uno de los grandes pilares del realismo sucio. “La voz más genuina de la Norteamérica contemporánea” como de él dijo la crítica, que nos ofrece, o eso creíamos, una literatura minimalista, “dependiente de lo omitido” (Harold Bloom).

   Suele  considerarse a Hemingway el iniciador de la narrativa minimalista en EE.UU, pero ese subgénero se asoció por antonomasia con Raymond Carver. Mas es preciso matizar: los cuentos minimalistas (estructuras únicamente enunciativas: sujeto, verbo, objeto + silencio; diégesis frugales e incluso insignificantes, personajes vulgares que habitan en la monotonía, desenlaces inesperados y frecuentemente terribles…) son el resultado de la reescritura que de los cuentos carverianos  hizo Gordon Lish en la editorial A. Knopf, sobre todo en ¿De qué hablamos cuando hablamos de amor? En 2009, tras un largo proceso de investigación de William L. Stull y Maureen P. Carroll, apareció publicado en Londres Beginners, la versión original de esa colección de cuentos de Carver que Gordon Lish había podado de forma inmisericorde. Y en esa versión podemos comprobar que Carver lo narra todo, sin concederle oportunidades a la omisión.

   La prosa original de Carver tiene, pues, poco que ver con el juicio que de ella hizo Tim O’Brien: “Utiliza el inglés como una cuchilla: talla piezas de prosa austeras y exentas de adornos, y para ello despoja a esta de todo salvo el meollo mismo de la emoción humana". Beginners y ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor? muestran de forma cabal cómo era la prosa original de Carver: sin vacíos, sin silencios, carente de espacios sin nada para que el lector los llene con lo que guste, sin los finales fulminantes y helados que parecen no ser una consecuencia lógica de la trama.

   En la edición de Todos los cuentos de Carver, encontramos los dos Carver: el puro y el impuro. La prosa original y la prosa martirizada por su editor. Pero en ambos casos, prosa realista, con escenarios cotidianos, personajes grises, retratos de los más oculto de la condición humana, escritos por el autor cuando era esclavo del alcohol, o cuando, a partir del 2 de junio de 1977, la experiencia amorosa con la poeta Tess Gallagher le regaló diez años de propina e hizo posible la escritura de cuentos, poesía y compilaciones.

   Textos sobre todo que, a pesar de los escenarios cotidianos, de la sequedad de su prosa o de su prolijidad, de los trasfondos desconcertantes, se han convertido en clásicos por la capacidad de hacernos llegar una fuerza portentosa y gran credibilidad. Es por ello que los cuentos de Carver nos siguen inquietando, a pesar de que, especialmente los cuentos que se conservan en su versión original, tienden a veces a la obviedad y a lo farragoso.

   Se ha escrito que los cuentos de Carver están transidos  por “un misterio que le atormenta” y que el escritor incorpora a sus personajes. Ese misterio fue, sin duda la convicción de que las relaciones amorosas en pareja, la vida familiar se convierten en el hábitat más propio del ser humano, del que,  a la postre, depende su felicidad. De ahí que muchas parejas que hallamos en estos cuentos intentan salvar sus matrimonios, aunque la virulencia de sus heridas hace que finalmente acaben yéndose cada uno por su lado. Otros relatos como “Desde donde llamo” (Catedral) o “Leña” (Si me necesitas, llámame) están protagonizados por hombres perdedores, desvalidos -“el proletariado de la psique”, como se les ha llamado- que intentan empezar de nuevo tras haber sido presas del alcoholismo. Reescrituras posiblemente de las propias experiencias vitales del autor: en 1977 en El Paso, Raymond Carver, empujado por el amor de su segunda pareja, Tess Gallagher, intenta escribir de nuevo, tras haber pasado diez años víctima del alcohol.

   La solidez artística con la que Carver sabía contar sus historias y que, en estas colecciones de cuentos, explota en mil direcciones, nos permite sumergirnos en la estética de uno de los grandes escritores de la segunda mitad del pasado siglo, cuyas historias nos siguen sobrecogiendo precisamente porque son muy buenas.


Francisco Martínez Bouzas



Raymond Carver

Fragmentos


“Cuando divisaron a las chicas, Jerry y Bill salieron del coche. Y se apoyaron sobre el paragolpes delantero.

-Recuerda -dijo Jerry, apartándose del coche-. La morena es mía. Tú te encargas de la otra.

Las chicas dejaron las bicicletas en el suelo y tomaron uno de los senderos. Desaparecieron tras un recodo y volvieron a aparecer un poco más arriba. Ahora estaban allí, quietas, y miraban hacia abajo.

-¿Para qué nos seguís, chicos? -gritó la morena.

Jerry tomó el sendero

Las chicas se volvieron y se alejaron de nuevo a buen paso.

Bill fumaba un cigarrillo, y se paraba de vez en cuando para dar una honda chupada. Cuando llegaron a un recodo, miró hacia atrás y vio el coche.

-¡Muévete! -dijo Jerry.

-Ya voy -dijo Bill.

Y siguieron subiendo. Pero Bill tuvo que recuperar el resuello. Ya no podía ver el coche. Tampoco la carretera. A su izquierda pudo ver una franja del Naches que se extendía hacia abajo como una tira de papel de aluminio.

Jerry dijo:

-Vete por la derecha y yo iré de frente. Les cortaremos el paso a esas calientapollas.

Bill asintió con la cabeza. Jadeaba demasiado para poder hablar.

Siguió subiendo durante un rato; el sendero empezó a descender y a encaminarse hacia el valle. Bill miró y vio a las chicas. Se habían puesto en cuclillas tras un saliente del terreno. Tal vez estaban sonriendo .

Bill sacó un cigarrillo. Pero no pudo encenderlo. Entonces vio a Jerry. Y después de aquello, ya no importaba.

Lo que Bill había querido era follar con ellas. O verlas desnudas. Pero tampoco le habría importado mucho que la cosa no saliera.

Nunca llegó a saber lo que quería Jerry. Pero todo empezó y acabó con una piedra. Jerry utilizó la misma piedra con las dos chicas: primero con la que se llamaba Sharon y luego con la que se suponía que le iba a tocar a Bill.”


(Raymond Carver, “Dile a las mujeres que nos vamos”, ¿De qué hablamos cuando hablamos de amor, páginas 266-267)


…..


“El marido de Sandy llevaba tres meses instalado en el sofá, desde que lo despidieron. Aquel día, tres meses atrás, volvió a casa pálido y asustado, con todas las cosas del trabajo en una caja.

-Feliz día de San Valentín -dijo a Sandy.

En la mesa de la cocina puso una caja de bombones en forma de corazón y una botella de Jim Beam. Se quitó la gorra y la dejó también sobre la mesa.

-Hoy me han despedido. Oye, ¿qué va a ser de nosotros ahora?

Sandy y su marido se sentaron a la mesa, bebieron whisky y comieron bombones. Hablaron de lo que podía hacer él en lugar de poner techos en casas nuevas. Pero no se les ocurrió nada.

-Algo saldrá -aseguró Sandy.

Quería animarlo. Pero ella también estaba asustada. Finalmente, el dijo que lo consultaría con la almohada.

 Y lo hizo. Aquella noche se hizo la cama en el sofá, y allí fue donde durmió todas las noches desde entonces.

Al día siguiente de su despido había que ocuparse de las prestaciones de la Seguridad Social. Fue al centro, a la oficina de empleo, a rellenar papeles y buscar otro trabajo. Pero no había empleos como el suyo ni de ningún otro tipo. Empezó a sudar mientras intentaba describir a Sandy la multitud de hombres y mujeres apiñados en la oficina. Aquella noche volvió a echarse en el sofá. Empezó a pasarse allí todo el tiempo, como si, pensaba ella, eso fuese lo que debía hacer ahora que ya no tenía trabajo.”


(Raymond Carver “Conversación”,  Catedral, página 367)

domingo, 21 de enero de 2018

María del Carmen Aranda: La traición

Símbolo de un corazón roto






«La traición la emplean únicamente aquellos que no han llegado
a comprender el gran tesoro que se posee siendo dueño de una
conciencia honrada y pura».

VICENTE ESPINEL (1550-1624)
Sacerdote/escritor español






Aquel día Carol salió en su busca, estaba cansada, harta, aburrida, no podía más. Era como huir hacia un final sin fin.

Con la cabeza nublada de turbios pensamientos, sentía un dolor punzante en el alma. Le faltaba el aire, le temblaban las piernas sintiendo cómo se repetía una vez más la misma situación; la humillación presa e inerte ubicada en un pequeño rincón de su gran corazón.

Necesitaba correr, evadirse, y empezó a callejear reflexionando y viéndose a sí misma, patética, desecha de dolor.

Horas más tarde, recibía la llamada de su amado con excusas bien diseñadas, con mentiras perfectamente hiladas y Carol, a pesar de ser conocedora de que todo era una farsa, como una pieza de sainete dramática y jocosa, de nuevo le aceptaba.

Ella era una mujer atractiva, sensible, paciente, llena de alegría y color, pero cuántos días le acompañó el silencio disfrazado.

Saturada por el vacío que asediaba su casa, le llamaba, pero él no contestaba.

«¿Y ahora dónde estará? ¿Pero por qué no contesta? ¿Por qué no me llama?», incesante y hasta casi enloquecer, una y otra vez se lo preguntaba.

¡Pobre Carol! ¡Qué bien disimulaba su tristeza ante el resto de los ojos que, incrédulos a su aparente bella historia de amor, la observaban!

Hoy, después de mucho tiempo, le ha dicho adiós.

Aquella tarde, Carol decidió cerrar esa puerta que día tras día abría con la esperanza y cerraba con desilusión. Hoy, por fin ha cerrado esa gran puerta de realidad irreal a pesar de su contradicción.

Pobre de aquel hombre de doble vida llena de mentiras que dejó, presa tras esa puerta y que Carol cerró, la gran oportunidad de su vida: «El verdadero amor».

La verdad es dolorosa, pero a veces se necesita para poder avanzar.

Cerrar puertas a sueños fallidos es necesario para abrir nuevas ventanas que hagan entrar la luz y así nos empujen e irradien para caminar hacia un futuro mejor dejando atrás la mentira y la traición.



© María del Carmen Aranda

viernes, 19 de enero de 2018

Luis Miguel García de Mora (Lumigarmo): Crónicas de mi padre VII





La Mancha, 1901… 
Como sucedáneo del ferrocarril, a principios de siglo se estableció el servicio Villanueva de los Infantes-Manzanares que fracasó por el boicot de los labradores.





Decían que aquella máquina les espantaba las mulas…

Era alrededor de 1901… El campo de Montiel, con sus tres mil y pico de kilómetros cuadrados, no tenía ferrocarril -ni lo tiene-, y alguien buscó un sucedáneo para enlazar la población de Villanueva de los Infantes con la estación de Manzanares, pasando por La Solana.

Ese alguien, un precursor, llamábase don Nicolás Muñoz, ingeniero mecánico, que había emigrado a América y de donde vino, como buen indiano, con bastante plata, deseoso de invertirla en algo que redundara en beneficio de su patria chica.

Y, al efecto, ideó una original máquina de transporte -invento propio o adaptado de otro del Nuevo Mundo- que se alimentaba con leña. El vehículo era una especie de vagón de ferrocarril, con el departamento de la caldera delante. Tenía una regularcita capacidad.

(Podemos verlo en la fotografía que nos presta don Isidro López de Haro, un señor de La Solana, cuyo padre se cuenta entre los viajeros de la escena captada en cuestión. En ese momento el remedo de tren hacía su parada en la carretera a la entrada de dicho pueblo).

El negrísimo humo de su chata chimenea, sobre el pardo paisaje, era como una ilusión ferroviaria sin guardabarrera… Prestaba al terreno una creencia de civilización. Y daba el vehículo también tanto o más ruido, relativamente, que el más potente convoy de hierro.

A tal extremo, que éste fue precisamente la causa de que el benemérito y romántico servicio de viajeros durara solo unos meses. Los labradores le presentaron desde su principio el más tenaz y exacerbado boicot. El horrísono trepidar de la máquina alarmaba a las caballerías por la carretera, haciéndolas salir a la cuneta con sus pesados carros y galeras, e incluso, a su paso por las tierras de cultivo, espantábanse las bestias y luego costaba trabajo hacer que tirasen nuevamente del arado. Y esto no lo podían tolerar los hombres del agro. ¡Estaría bueno!

Por la carretera no había circulado todavía, según se sabe, más artificio de ruedas de tracción no hipomóvil que el “cuatro cilindros” de don Antonio Maura, una vez que la familia García-Noblejas le invitó a visitar las lagunas de Ruidera (entonces prácticamente desconocidas desde los tiempos de Don Quijote y Sancho), y los animales no estaban acostumbrados a semejante ruidoso “modernismo”. Otra cosa hubiera sido, claro, de haber topado con el ferrocarril, duro e inflexible, pues tantos ellos -los animales- como sus amos habríanse visto obligados a contemporizar con él, “velis nolis”.

Pero el nuevo servicio era de un particular, un enemigo “menor”, y los agricultores intensificaron su animosidad, tangibilizándola como podía. ¡Hasta colocando grandes palos y piedras en la carretera! El señor Muñoz tuvo que requerir la protección de la Guardia Civil y en cada viaje iba de escolta una pareja.

Más, así y todo, los ataques continuaban, y aunque el sistema de locomoción resultaba cómodo, rápido y barato para los viajeros de la vasta comarca, que solían viajar en pesadas tartanas y carros, se impuso la ley de la fuerza con el “aquel” de que a los campesinos se les asustaban las bestias de labor y acarreo. Y el ingeniero don Nicolás, que pensó hacer algo importante a favor de sus paisanos, clausuró su explotación. Un magnífico anticipo, sí, ya que no de la vía férrea, de las modernas líneas de autocares de nuestros días.


Y dícese que, dolido por la incomprensión de la gente, se volvió a las Indias.  





© Miguel García de Mora. Escritor
27 de julio de 1965
Revista semanal "Dígame" 







Miguel García de Mora Gallego, «El narrador de La Mancha» nació en Manzanares en 1916 y murió en La Solana en 2013. Llega a este Blog de la mano de su hijo Luis Miguel que lo define como un hombre sencillo y un periodista incansable. Para su hija Gloria, su padre, fue un manchego de pro, de franqueza campechana y corazón abierto, que se sintió Quijote y Sancho en extraña confusión. 



miércoles, 17 de enero de 2018

Carolina Olivares: Algunas personas... son tóxicas

Símbolo de las sustancias tóxicas





Igual que algunas personas sacan lo mejor de uno, otras sacan todo lo peor.

Igual que quisieras que alguien, en concreto, formara parte de tu vida, también se desea que otros no entren, o lo que es peor.

Porque algunos forman parte de tu vida, muy a tu pesar, y no ves el modo de sacarles de ella.

Cuida de las personas que no deseas perder. No les des una patada... Porque quizá, esa patada, no tenga marcha atrás.

Quiere a la persona que ocupa tu corazón. No tengas secretos, confiésale incluso lo inconfesable. No tengas miedo, si te ama no te juzgará, menos te abandonará.

Algunos intentan crear fracturas entre los que se aman... Por celos, por envidia... No se lo permitas.

En serio, vive tu vida y deja que los demás vivan la suya.

Si hoy, eres una persona tóxica, pon remedio.

Solo me acecha un miedo: que la vida me quite a la persona que amo. Y cuando digo que tengo miedo a que "la Vida" me lo quite...

Me estoy refiriendo a "la Muerte".

Porque contra ella... Ni yo ni nadie puede luchar.



© Carolina Olivares

martes, 16 de enero de 2018

Nuevo Akelarre Literario nº 28: El Olivo


El Olivo
Carlos Franco Rubio

Papel pintado con tinta china de barra rematado el verde con acrílico en Roquissart, Mallorca. Año 2012.

Nacido en Madrid en 1951 es una figura emblemática de la Nueva Generación Madrileña, movimiento que irrumpe en los años 70 regresando a la expresión figurativa. La inquietud creativa de este gran autodidacta rompe con las barreras convencionales.

Su pintura desprende voluptuosidad y gran gusto por los mitos, la magia, el inconsciente, así como referencias clásicas a maestros decimonónicos libremente interpretados.

Autor de una de las obras más singulares de arte en Madrid, las pinturas murales de la Casa de la Panadería de la Plaza Mayor concurso que ganó en 1989.

Está presente en todas las grandes ferias de Arte del mundo, Basilea, Arco, Colonia… En 2015 un rotundo éxito en Pekín, así como en el año 2004 en una exposición itinerante en Panamá, Colombia, Brasil, Costa Rica y otros países de Latinoamérica, le definen como un autor consagrado en el panorama artístico internacional.

Para leerlos pinchad aquí

lunes, 15 de enero de 2018

Joaquín Sorolla y Bastida (Valencia 1863- Cercedilla 1923).






A los dos años se quedó huérfano y fue criado por unos tíos que con sus menguados ahorros, al cumplir los catorce, le enviaron a estudiar dibujo en la escuela de artesanos de su ciudad natal, al mismo tiempo que trabajaba en el taller de cerrajería de su tío. Sus esfuerzos se vieron recompensados pues dos años más tarde, Sorolla era admitido en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos, en Valencia.

La plena dedicación al arte fue su rasgo más característico. Obtuvo diversos premios en exposiciones valencianas y en la nacional de Madrid.  En 1885 marchó a Roma, con una beca de la diputación de Valencia para estudiar a los maestros del Renacimiento y del Impresionismo, y allí residió hasta 1889, salvo cortos viajes a Paris, 1885; Madrid, 1887 y Valencia, 1888; éste para contraer matrimonio con Clotilde, hija del fotógrafo Antonio García, uno de los más fieles protectores de Joaquín.

Durante treinta y cinco años, Clotilde fue quien organizó su casa, sus finanzas, la educación de sus tres hijos, los asuntos domésticos… Para que nada pudiera distraer a Sorolla de su trabajo.    

A su regreso a España pasó a vivir en Madrid, donde en la exposición nacional de 1895, le fue concedida una primera medalla por el cuadro «Y aun dicen que el pescado es caro» lienzo donde la protesta social halla su expresión en los rostros de los pescadores que atienden a su compañero herido.
  
Y luego dicen que el pescado es caro

En la nacional de 1901 se le otorgó la medalla de honor por el conjunto de las obras presentadas. Concurrió en repetidas ocasiones al Salón de Paris y las primeras bienales de Venecia, y participó en otros muchos certámenes internacionales -Viena, Berlín, Múnich- obtuvo entre otros, el premio de honor de la universidad de Paris, en 1900. 

En 1906 celebró una gran exposición en las galerías George Petit, de la capital francesa, donde reunió hasta 500 obras entre cuadros y apuntes. Ya por entonces había empezado a pintar en diferentes lugares de la Península, así como a emprender viajes por otros países con motivo de sus exposiciones, como la de Londres, en 1908, y la de la Hispanic Society, de Nueva York en 1909, que después pasó a Búfalo y Boston.

La trata de blancas

En 1910, Sorolla era un pintor de renombre internacional. Los críticos le aclamaron como maestro de la luz. Era un genio para captar la carga dramática de un momento fugaz. Durante sus cinco meses de estancia en los Estados Unidos de América, pintó numerosos retratos, entre ellos el del presidente Taft. Tan solicitados fueron sus cuadros que en vida fue el pintor español más rico de su tiempo.

En 1911 volvió a Norteamérica con motivo de sus exposiciones en Chicago y San Luis, ambas patrocinadas por la Hispanic Society, y firmó con el presidente de la misma, Archer M. Huntington, un contrato para decorar la biblioteca de dicha institución con temas representativos de las diversas regiones españolas  –un total de catorce paneles de 70 metros de longitud por 3,5 metros de altura– que ocupó al pintor de 1912 a 1919, mostrando en ellos con singular maestría una arrolladora visión de España, con sus curtidos campesinos abulenses, sus bronceados pescadores valencianos, sus alegres bailaores andaluces...
 
La fiesta del pan. Castilla

Elegido en 1914 miembro de la Real Academia de Bellas Artes, cinco años después pasó a desempeñar la cátedra de colorido y composición en la escuela de San Fernando de Madrid.

Apenas habían sido embalados los paneles para su envío a Nueva York, Sorolla sufrió un ataque de hemiplejía ante su caballete. Durante tres años los especialistas lucharon inútilmente por sacar al pintor de su trágica parálisis. No pudo ser. El 10 de agosto de 1923, Joaquín Sorolla moría en Cercedilla.

A su muerte dejó una gran obra, cuyo catálogo sobrepasa los dos mil doscientos lienzos, cinco mil dibujos, así como unos dos mil apuntes, que hacen de Sorolla el más fecundo de los pintores españoles y testifican su afán por el dominio artístico que hizo de él no solo uno de los pintores más destacados de nuestros país, sino también un extraordinario folklorista gráfico.

Clotilde le sobrevivió solo cinco años. En su testamento legó la residencia de Madrid al pueblo español. En 1932 pasó a ser el Museo Sorolla, donde se conservan trescientos lienzos, ochocientos apuntes y más de cuatro mil quinientos dibujos de su mano.

Joaquín Sorolla representa, en la pintura española de finales del siglo XIX y principios del XX, el momento de mayor auge de la pintura de tipos y paisajes, así como la culminación de un impresionismo que adquirió en él rasgos muy peculiares, debido a su entronque con la tradición pictórica española.


Desnudo


Fuentes:

Enciclopedia Larousse. Wikipedia, la enciclopedia libre.                        

sábado, 13 de enero de 2018

Paula de Vera García: Infinito


Dos sombras girando en un espacio sin final.
(Imagen: “Reylo”, Pinterest, “oOsCOo”)

Se acercan, se alejan... Se pueden tocar.

Pero no, aún es pronto. No es suficiente. Las responsabilidades pesan más que lo que pueda transmitir ese leve roce de las yemas de sus dedos, de todo lo que significa.

Ella mira por el cristal al vasto océano de oscuridad, esperando.

Él mira a lo alto desde su balcón, como si así pudiese hacerla retornar de entre las estrellas.

Y de repente, la ve. Está en la otra pasarela. Y tan hermosa...

El corazón se estruja, entre el terror y la ansiedad. Ella debería estar con él, es la persona que complementa su ser aunque aún no lo sepa. Se miran, aferran sus manos la barandilla y la de ella se alza, como si saludara. Él quiere correr hacia ella, pero no hace más que mover un pie y la visión desaparece.

Un nuevo sueño. Una nueva decepción.

Ella respira agitada, retrocede y se sienta. Se lleva la mano al corazón y baja la mirada, como si se avergonzara. Se avergüenza de su debilidad, de no ser capaz de verlo con otros ojos... De haber mirado más allá de él y haber visto la luz que latía buscando emerger.

Ciega, vuelve a mirar al cielo oscuro y ahí está él, tendiéndole una mano como si nada hubiese ocurrido.

Y de sus labios, una frase:

-Ven conmigo, te encontraré.

Ella le da la espalda, con la mano aún en el corazón, pero aún gira un instante la cabeza  y susurra con voz queda:

-Eso espero.



Paula de Vera®, 2017.

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