lunes, 25 de septiembre de 2017

Luis Miguel de Mora García (Lumigarmo): Crónicas de mi padre IV









La capa española, un tanto de capa caída











En Ciudad Real existe una Asociación de Amigos de la Capa que es veterana y agrupa a gentes diversas. Son varias decenas de entusiastas…. Mas, sumando los de la capital a los de la provincia, tal vez, desgraciadamente, no queden en este ámbito más de un par de centenares de capistas…

Triste, sí. La castiza capa española, que hasta tiene bellamente su «Día», va en declive… Casi todos los años y desde hace varios, cuando asoma el invierno, formulamos nuestra pregunta a los veteranos de los lugares de nuestra constante singladura, y en mayor medida, de los manchegos:

-Oiga, tío Romualdo, ¿cuántas capas se ven todavía en la villa?

Y el tío Romualdo, o el hermano Zacarías, o el hidalgo don Nicolás, nos suelen contestar, indefectiblemente:

-Pocas, amigo, pocas… La gente de ahora es muy «descastá» y no la cree cómoda, sobre todo a la hora de montar en un cacharro.

Desde luego, éste es el mayor obstáculo que la capa ofrece hoy por hoy. Pero es que muchos no se dan cuenta de que si la capa no es idónea para tripular una «moto» o meterse célere en un «utilitario», sí que lo es, y muy salada a mayor abundamiento, para vestir, para ir de paseo, para acudir a una reunión, a una función de teatro… Es o debe ser en tales casos oportuna, garbona, elegante, señorial y, por supuesto, caballeresca, ahora, remontando el XX, como en el XVI, en que alcanzó su máximo predicamento. Sí, en todo eso que decimos y en veinte circunstancias más, y nadie será capaz de negarlo aunque la prenda no esté actualmente en órbita.

Pero estamos seguros de que volverá la capa (cuya paremiografía, no obstante, se ha mantenido a lo largo del tiempo), porque vendrá con la moda misma, que es la que trae todo lo nuevo o lo que fue. Solo falta que en alguna parte brote el chispazo en la juventud y contagie a los demás, incluso a los menos jóvenes y a los maduros que desertaron de tan gentil atavío. La capa no estará solo en los armarios, en las cómodas y arcones, con bolas de naftalina y a veces cerca e infiltrándose del penetrante aroma del azafrán o los cominos; no vendrá únicamente para que las mujeres, en los carnavales, se las pongan encima y por eso de que una buena capa todo lo tapa… o para que cuatro mocitos las resuciten en la noche de jarana.

La capa ha de volver por sus fueros -y vuelos- limpiamente, y su aire ha de prestar entidad y esteticismo al hombre, galán u otoñal, y su embozo ha de conferir tibieza y distinción a los cuellos varoniles. Ha de ser así, porque la moda no es que vuelva, sino que trae, además de lo que nunca existió, aquello que existió antaño y merece la pena recobrar.

De cualquier modo, pocas «pañosas» se han destruido en nuestros hogares. Quien pudo pensar en hacerse otra prenda con una capa se arrepintió presto y volvió a guardarla como una reliquia. Ya es sintomático de su prestigio y hasta de sus puntillos de veneración. Cualquier día, quizá el invierno próximo, surja la «novedad» de la capa española y falten fábricas para hacer paños y sastres para confeccionar. ¡Ah! Conste que no estamos pretendiendo su propaganda; solo hablamos en nombre de los enamorados de su gracia. Y porque, también, antojásenos absurdo que no tenga hoy una utilización como la ha tenido, con las naturales variantes, desde tan remotas calendas.

Nadie aspirará a que la capa nos cubra siempre nuestras más o menos jacarandosas humanidades. Ni lo permite la actividad viajera de los «homos» actuales, ni por estolidez hemos de imitar al personaje de «La rosa del azafrán»:

¡Mira qué guapa,
Lo que tú me propones no me s’escapa,
Que vaya to el verano
Con esta capa, con esta capa!

Pero sí nos satisfará que la vigencia de la «pañosa» torne a nosotros masivamente, sin discriminaciones de ningún tipo. Hay en ella, dentro o fuera de múltiples otras consideraciones, un hechizo, un sutil encanto, un romanticismo como no se da en las gabardinas y gabanes. Y verdaderamente nuestra vida de relación y de estar tiene oportunidades para echársela a los hombros y lucirla y lucirnos.

En tanto esto llega, ¡ay!, tenemos provincias donde apenas si quedarán doscientos incondicionales prácticos.

© Miguel García de Mora

Diciembre 1979

sábado, 23 de septiembre de 2017

Brújulas y Espirales: Rafael Chirbes "En la orilla"

Blog Literario Francisco Martínez Bouzas

"EN LA ORILLA" DE RAFAEL CHIRBES, PREMIO NACIONAL DE NARRATIVA



   Rafael Chirbes (Tavernes de la Valldigna, Valencia, 1949) ha obtenido hoy el Premio Nacional de Narrativa que concede anualmente el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. El Premio -de larga trayectoria, fue concedido por primavera vez en 1924 aunque con otro nombre- premia la mejor publicación en narrativa publicada el año precedente en cualquiera de las cuatro lenguas propias del estado español. Su cuantía es de 20.000 euros. Un jurado presidido por María Teresa Lizarazu y del que formaron parte Carmen Riera, José Luis Vicente Ferri, Julia Otxoa, Carmen del Riego, Ángel Basanta, Javier Rodríguez Marcos y Javier Merino, ganador de la pasada edición, optó por En la orilla como ganadora del Premio que ya había obtenido el Francisco Umbral y el Premio Nacional de la Crítica.

   Debido a la actualidad de la concesión del Premio y a la calidad de una pieza narrativa que ficcionaliza la  sucia voracidad de la actual crisis, reproduzco hoy el comentario-reseña publicado en este blog el 21 de mayo de 2013.

 

En la orilla
Rafael Chirbes
Editorial Anagrama, Barcelona, 2013, 437 páginas



   Después de Crematorio (2007), considerada por varios críticos una de las mejores piezas del escritor valenciano y también una de las grandes novelas de lo que va de siglo, Rafael Chirbes (1949) publica en Anagrama En la orilla, otra novela que marca tanto fronteras como cumbres, pues está siendo valorada por lectores y críticos como la novela definitiva sobre la crisis. No obstante, la novela, editada hace apenas dos meses, no debe de ser considerada como un salto en el camino en el que el narrador literaturiza un fenómeno aislado e independiente, consecuencia de la crisis actual, que sin duda dará lugar a no pocas obras narrativas, porque la literatura, no lo olvidemos, lo aprovecha todo. Sucede justamente todo lo contrario: En la orilla puede y debe de ser leída como un nuevo escalón de esa gran pirámide narrativa que está construyendo Rafael Chirbes, sus episodios nacionales de un país en buena parte del siglo XX y del actual.

   El escritor valenciano ha sido catalogado como un hábil practicante de la literatura intimista, esa escritura introspectiva que fija su atención de manera privilegiada en las interioridades de los personajes, en sus conflictos, en sus estados de conciencia o de inconsciencia, escudriñando en las ondulaciones psicológicas de sus héroes o antihéroes. Chirbes además reniega de la literatura en abstracto y, por eso mismo, “pega” sus historias al tiempo de los acontecimientos narrados. Por todo ello, Rafael Chirbes es calificado a la vez como escritor balzaquiano (avala la tesis de que la novela debe de relatar la vida privada de las naciones) y galdosiano  (crea novelas imaginándolas en torno a unos personajes que, a su vez, están concebidos en profunda relación con los acontecimientos de su momento histórico, tendiendo igualmente a sustituir  el personaje individual por el personaje múltiple.

   De ambos apadrinamientos es una muestra paradigmática En la orilla. La novela inicia su recorrido (el tiempo de la historia), en diciembre de 2010 y con la palabra “carroña” en el frontispicio de la narración. En Crematorio la misma palabra cerraba el relato. Además en la novela hay un pantano (el de Olva), que cumple una importante función tanto teórica como real). Es el  lugar  al que durante años ha ido a parar precisamente toda esa carroña: los residuos y escombros de las obras y de la putrefacción de animales y hombres. Es por ello que En la orilla puede ser leída como el envés de Crematorio: la dura e hiriente resaca derivada  de la burbuja inmobiliaria y fangosa especulación, tematizadas en Crematorio.

   La acción novelesca transcurre en  Olba, una pequeña localidad del Levante español, y se inicia con el hallazgo de un cadáver en el hediondo pantano del mismo nombre. Las páginas del relato nos irán mostrando a diferentes personas -la narración tiene mucho de coral- y especialmente  una tupida telaraña de intereses y enconos. Y sobre todo ello emerge la figura de Esteban, un hombre de setenta años, sin atributos ni sustancia, que se autodefine como un esclavo en busca de amo. La crisis, la actual crisis, le ha obligado a cerrar la carpintería que poseía, así como algún otro negocio inmobiliario, dejando en el paro a los que con él trabajaban. Ahora, mientras cuida a su anciano padre, enfermo en fase terminal, reflexiona e indaga en y sobre los motivos de la crisis, de la sucia voracidad de la actual ruina en la que él ha jugado tanto el papel de verdugo como el de víctima.

   Aunque la novela está compuesta sobre todo por las cavilaciones de este personaje central derrotado, sus recuerdos, la historia familiar y social, los fantasmas que pueblan sus existencia, en contraste con las perspectivas de familiares y allegados, es mucho más, es la historia de un país, de España en su triste e indecente caminar en los inicios del presente siglo y en el momento actual, rebosante de degeneración y podredumbre, de indecencia, de incontables explotaciones del ser humano por parte de los poderosos., de esa carroña que llena el lodazal del nauseabundo pantano, que Chirbes coloca como telón de fondo y donde se inicia y concluye la historia. La segunda parte pues de un espantoso díptico sobre la España de nuestros días.

   Y Chirbes narra lo que ve y tal como lo ve, con mirada realista, incluso materialista. El matrimonio entre La Celestina y Lucrecio (De rerum natura) sigue estando presente en esta novela, como lo estaba también en Crematorio. Y Lucrecio, recordémoslo, es el padre de todos los materialistas.

   En su visión corrosiva y pesimista del momento presente recibe, sin embargo múltiples influencias, tanto de la literatura universal como de la específica tradición literaria española. Jorge Manrique, por ejemplo y su “ubi sunt” en un recitado con palabras tomadas de la actual crisis (“escasea la cocaina”, “está de moda ser pobre”, “no hay tanto traqueteo carnal” desaparecieron los coches de gran cilindrada…) se deja escuchar en el desenlace de la narración. También Calderón y su concepción de la existencia como representación teatral.

   Una buena, muy buena novela pues que da testimonio de las posibilidades estéticas del realismo con flecos expresionistas y un provechoso empleo del simbolismo. Lenguaje directo, tono obsesivo, un carrusel de voces narrativas, amplia gama de recursos, en la que si algo sobra, son algunas reiteraciones que quizás no le hacen ningún beneficio al personaje central, aunque  contribuyen a crear esa tonalidad obsesiva. Escrita con buen ritmo, logrado mediante el dominio y ciertos ajustes que el autor hace con la lengua.

   Radiografía pues de los que hay, viaje a lo más obscuro de la noche que se suma a esa gran mural de “la historia como pura carnicería” que está en el centro de la concepción ideológica y estética del escritor valenciano. Muy recomendable, por consiguiente, para todos aquellos que deseen percibir mediante la literatura la imagen de la voracidad y ruina instalada en la actual España, y gozar además con una espléndida narración.


Francisco Martínez Bouzas

 

Rafael Chirbes (Foto de Marcos Creo)
Fragmentos


“En la soleada mañana de hoy, todo aparece tranquilo y solitario, ni una grúa rompe la línea del horizonte, ningún ruido metálico quiebra el aire, ningún zumbido, ningún martillo agreden el oído. El primer día que fueron juntos en el coche tras quedarse Ahmed en el paro, su amigo Rachid se rió de él cuando le dijo que lo acompañaba hasta el restaurante porque iba a buscar trabajo en las obras de La Marina. ¿Trabajo? Como no sea de enterrador de suicidas, se burló Rachid. Ma keinch al jadima. Oualó. No hay trabajo, nada. Ni una sola obra en marcha en La Marina, ni media. En los buenos tiempos, muchos peones cobraban la semanada y no volvían a presentarse en el tajo porque encontraban sitios donde les ofrecían mejores condiciones. Ahora, en los balcones cuelgan carteles disuasorio. Alguien que solicita trabajo se ha convertido en animal molesto. TENEMOS CUBIERTA LA PLANTILLA DE JARDINERÍA Y MANTENIMIENTO. NO SE NECESITA PERSONAL. ABSTENERSE, dice el cartel expuesto en los apartamentos que se levantan junto al restaurante.”


…..



Hay un par de chicas (dos niñas, no creo que hayan cumplido los dieciocho) a la entrada del camino por el que me desvío desde la nacional para llegar al pantano, un paraje donde los carrizales alcanzan el límite de la carretera. Están charlando de pie, obstruyen la entrada del camino, y han remoloneado cortándome el paso, sin duda convencidas de que soy un cliente. Me detengo un momento delante de ellas para no atropellarlas. Mueven la lengua, llevándola de una  a otra comisura de la boca, se ríen, se pasan la mano por la entrepierna, donde una de ellas me deja ver un mechón rubio bien recortado, mientras le da con el codo a la otra y se ríe señalándome con el dedo, tal vez advirtiéndola de que el conductor es un viejo. Un viejo mirón. Un asqueroso viejo caliente. Al menos, a mi se me ha pasado ese desagradable pensamiento por la cabeza, he dado un claxonazo y he apretado el acelerador.”


…..

“A Álvaro le cayó el despido por sorpresa, también a mi me ha caído por sorpresa lo que me ha venido encima, ¿o no?, él se creía que la empresa era algo tan inevitable como la piel que te cubre, nunca se interesó por los albaranes, libros de contabilidad ni balances, y miraba burlón cuando yo me quejaba de los problemas o de las dificultades, cuando me veía enredado en los números de los  presupuestos y tenía que hacer malabarismos para dar los pagos de modo que no coincidieran con los cobros y me dejaran al descubierto. Calcular bien o equivocarme, ganar dinero o perderlo. Ya me he equivocado demasiadas veces haciendo presupuestos para los clientes desde que mi padre dejó esa tarea…”


…..


“Así pasó el tiempo que te fue concedido en la tierra, amigo promotor. Así lo pasé también yo. Ahora nos toca vivir la vida que llega después de la vida.

Los nuevos tiempos son menos nerviosos, la gente ya no corre de acá para allá en coches de gran cilindrada, en camiones cargados de mercancía, en furgonetas que llegan tarde a una entrega urgente, hay otra tranquilidad, más reposo, son tiempos menos físicos (no hay tanto tranqueteo carnal, las habitaciones del Ladies están vacías, nadie se tiende sobre las sábanas rosa, nadie hace cola en los pasillos de las notarías para firmar escrituras de compraventa: es el efecto mariposa) y, por supuesto, se trata de tiempos mucho menos químicos, escasea la cocaína y la que circula es de pésima calidad y no la compra casi nadie. ¡Para gastar en coca estamos! Obviamente vivimos menos emputecidos, vivimos desengolfados, o con resaca de golfeo. En el ambiente se palpan nuevos valores, virtudes franciscanas: se aprecia de nuevo la lentitud, el paso tranquilo del atardecer, que es cardiosaludable, incluso se mira con otros ojos el pobreterío: me atrevería a decir que está de moda ser pobre y que te embarguen la casa y el coche (si yo te contara, amigo promotor. Imagino que estarás poco más o menos como yo). Te sacan en la tele como protagonista de reportajes si te desahucian  o te echan de la empresa, te conviertes en héroe; y han dejado de ser cool los acelerones…”


(Rafael Chirbes, En la orilla, páginas 14, 45, 230-231, 435)

jueves, 21 de septiembre de 2017

María del Carmen Aranda: La soberbia del poder. (Un poder alquilado)


«La soberbia es una discapacidad que suele afectar a los Pobres
Infelices Mortales, que se encuentran de golpe con una miserable cuota de Poder».

José de San Martín (1778-1850)



José tenía el pelo blanco, cojeaba un poco y el peso de sus años se reflejaba en sus hombros, ya algo caídos y de aspecto cargados.

Me miró moviendo sus pupilas de arriba hacia abajo mientras, sus gafas algo opacas intentaban ocultar unos ojos húmedos por el tiempo ya cansados.

Acababa de salir de una reunión cabizbajo; su jefe, un soberbio hombre de negocios, le había, sin saber el porqué, ridiculizado.

¡Qué ingrato hace a los hombres el poder! Qué comportamientos tan soberbios hacen a esos hombres creer que lo tienen todo, sin ser conscientes de que en realidad el poder que ejercen es simplemente un poder alquilado; alquilado por una nómina, alquilado por un contrato.

Cuántas palabras había silenciadas en los ojos de José, cuántos miedos e intrigas inesperadas habían, a lo largo de su vida sus ojos presenciado.

José cogió su maletín marrón, ya algo pesado por los tickets, anotaciones de sus viajes, reservas de hoteles, hojas de gastos…, que a lo largo de los años había ido acumulando; miró el reloj y con una última y tímida sonrisa en sus labios, nos dijo adiós levantando ligeramente su temblorosa mano. El pequeño pitido de la máquina de fichar le anunciaba su último día de trabajo.

Salió por la puerta, por una puerta grande, erguido, airoso y laureado a pesar de los agravios sufridos por la envidia de un superior traumatizado. El poder alquilado quedó atrás con su codicia y soberbia en su piel instalada, en soledad, con las inscripciones de los sabios consejos de José llenos de significado y envueltos de sentido, en su mente grabados.

—¡Pobre de aquel jefe alquilado! —decían—. Creía ser alguien mientras estuvo contratado; pobre infeliz que a tanta gente ha ridiculizado. ¿Y todo para qué?

Él, que tuvo el poder y no supo controlarlo. Él, que creía ser Dios, mírale, está solo con las piedras hablando.



© María del Carmen Aranda

martes, 19 de septiembre de 2017

Película Su Excelencia, 1966.






Mario Moreno «Cantinflas»

Sinopsis

Lopitos es un empleado de la imaginaria República de Los Cocos que termina como embajador plenipotenciario. Los dos grandes bloques del poder: Verdes y Colorados necesitan el voto de Lopitos para dominar el mundo. En su discurso critica el comportamiento de los mandamases del momento y sus modelos económicos, exhortándoles a conseguir la paz y la libertad.




Memorable discurso

Me ha tocado en suerte ser último orador, cosa que me alegra mucho porque, como quien dice, así me los agarro cansados. Sin embargo, sé que a pesar de la insignificancia de mi país que no tiene poderío militar, ni político, ni económico, ni mucho menos atómico, todos ustedes esperan con interés mis palabras ya que de mi voto depende el triunfo de los Verdes o de los Colorados.

Señores Representantes:

Estamos pasando un momento crucial en que la Humanidad se enfrenta a la misma Humanidad. Estamos viviendo un momento histórico en que el hombre científica e intelectualmente es un gigante, pero moralmente es un pigmeo. La opinión mundial está tan profundamente dividida en dos bandos aparentemente irreconciliables, que dado el singular caso, que queda en sólo un voto. El voto de un país débil y pequeño pueda hacer que la balanza se cargue de un lado o se cargue de otro lado. Estamos, como quien dice, ante una gran báscula: con un platillo ocupado por los Verdes y con otro platillo ocupado por los Colorados. Y ahora llego yo, que soy de peso pluma como quien dice, y según donde yo me coloque, de ese lado seguirá la balanza. ¡Háganme el favor!... ¿No creen ustedes que es mucha responsabilidad para un solo ciudadano? No considero justo que la mitad de la Humanidad, sea la que fuere, quede condenada a vivir bajo un régimen político y económico que no es de su agrado, solamente porque un frívolo embajador haya votado, o lo hayan hecho votar, en un sentido o en otro.

El que les habla, su amigo... yo... no votaré por ninguno de los dos bandos (voces de protesta). Y yo no votaré por ninguno de los dos bandos debido a tres razones: primera, porque, repito que no sería justo que el solo voto de un representante, que a lo mejor está enfermo del hígado, decidiera el destino de cien naciones; segunda, estoy convencido de que los procedimientos, repito, recalco, los procedimientos de los Colorados son desastrosos (voces de protesta de parte de los Colorados); ¡y tercera!... porque los procedimientos de los Verdes tampoco son de lo más bondadoso que digamos (ahora protestan los Verdes). Y si no se callan ya yo no sigo, y se van a quedar con la sensación de saber lo que tenía que decirles.

Insisto que hablo de procedimientos y no de ideas ni de doctrinas. Para mí todas las ideas son respetables, aunque sean «ideítas» o «ideotas», aunque no esté de acuerdo con ellas. Lo que piense ese señor, o ese otro señor, o ese señor (señala), o ese de allá de bigotico que no piensa nada porque ya se nos durmió, eso no impide que todos nosotros seamos muy buenos amigos. Todos creemos que nuestra manera de ser, nuestra manera de vivir, nuestra manera de pensar y hasta nuestro modito de andar son los mejores; y el chaleco se lo tratamos de imponérselo a los demás y si no lo aceptan decimos que son unos tales y unos cuales y al ratito andamos a la greña. ¿Ustedes creen que eso está bien? Tan fácil que sería la existencia si tan sólo respetásemos el modo de vivir de cada quién. Hace cien años ya lo dijo una de las figuras más humildes pero más grandes de nuestro continente: “El respeto al derecho ajeno es la paz” (aplausos). Así me gusta... no que me aplaudan, pero sí que reconozcan la sinceridad de mis palabras.

Yo estoy de acuerdo con todo lo que dijo el representante de Salchichonia (alusión a Alemania) con humildad, con humildad de albañiles no agremiados debemos de luchar por derribar la barda que nos separa, la barda de la incomprensión, la barda de la mutua desconfianza, la barda del odio, el día que lo logremos podemos decir que nos volamos la barda (risas). Pero no la barda de las ideas, ¡eso no!, ¡nunca!, el día que pensemos igual y actuemos igual dejaremos de ser hombres para convertirnos en máquinas, en autómatas.

Este es el grave error de los Colorados, el querer imponer por la fuerza sus ideas y su sistema político y económico, hablan de libertades humanas, pero yo les pregunto:

¿Existen esas libertades en sus propios países? Dicen defender los Derechos del Proletariado pero sus propios obreros no tienen siquiera el derecho elemental de la huelga, hablan de la cultura universal al alcance de las masas pero encarcelan a sus escritores porque se atreven a decir la verdad, hablan de la libre determinación de los pueblos y sin embargo hace años que oprimen una serie de naciones sin permitirles que se den la forma de gobierno que más les convenga. ¿Cómo podemos votar por un sistema que habla de dignidad y acto seguido atropella lo más sagrado de la dignidad humana que es la libertad de conciencia eliminando o pretendiendo eliminar a Dios por decreto? No, señores representantes, yo no puedo estar con los Colorados, o mejor dicho con su modo de actuar; respeto su modo de pensar, allá ellos, pero no puedo dar mi voto para que su sistema se implante por la fuerza en todos los países de la tierra (voces de protesta). ¡El que quiera ser Colorado que lo sea, pero que no pretenda teñir a los demás! —los Colorados se levantan para salir de la Asamblea—.

¡Un momento jóvenes!, ¿pero por qué tan sensitivos? Pero si no aguantan nada, no, pero si no he terminado, tomen asiento. Ya sé que es costumbre de ustedes abandonar estas reuniones en cuanto oyen algo que no es de su agrado; pero no he terminado, tomen asiento, no sean precipitosos... todavía tengo que decir algo de los Verdes, ¿no les es gustaría escucharlo? Siéntese (va y toma agua y hace gárgaras, pero se da cuenta que es vodka).

Y ahora, mis queridos colegas Verdes, ¿ustedes qué dijeron?: «Ya votó por nosotros», ¿no?, pues no, jóvenes, y no votaré por ustedes porque ustedes también tienen mucha culpa de lo que pasa en el mundo, ustedes también son medio soberbios, como que si el mundo fueran ustedes y los demás tienen una importancia muy relativa, y aunque hablan de paz, de democracia y de cosas muy bonitas, a veces también pretenden imponer su voluntad por la fuerza, por la fuerza del dinero. Yo estoy de acuerdo con ustedes en que debemos luchar por el bien colectivo e individual, en combatir la miseria y resolver los tremendos problemas de la vivienda, del vestido y del sustento. Pero en lo que no estoy de acuerdo con ustedes es la forma que ustedes pretenden resolver esos problemas, ustedes también han sucumbido ante el materialismo, se han olvidado de los más bellos valores del espíritu pensando sólo en el negocio, poco a poco se han ido convirtiendo en los acreedores de la Humanidad y por eso la Humanidad los ve con desconfianza.

El día de la inauguración de la Asamblea, el señor embajador de Lobaronia dijo que el remedio para todos nuestros males estaba en tener automóviles, refrigeradores, aparatos de televisión;... y yo me pregunto: ¿Para qué queremos automóviles si todavía andamos descalzos?, ¿Para qué queremos refrigeradores si no tenemos alimentos que meter dentro de ellos?, ¿Para qué queremos tanques y armamentos si no tenemos suficientes escuelas para nuestros hijos? (aplausos).

Debemos de pugnar para que el hombre piense en la paz, pero no solamente impulsado por su instinto de conservación, sino fundamentalmente por el deber que tiene de superarse y de hacer del mundo una morada de paz y de tranquilidad cada vez más digna de la especie humana y de sus altos destinos. Pero esta aspiración no será posible si no hay abundancia para todos, bienestar común, felicidad colectiva y justicia social. Es verdad que está en manos de ustedes, de los países poderosos de la tierra, ¡Verdes y Colorados!, el ayudarnos a nosotros los débiles, pero no con dádivas ni con préstamos, ni con alianzas militares.

Ayúdennos pagando un precio más justo, más equitativo por nuestras materias primas, ayúdennos compartiendo con nosotros sus notables adelantos en la ciencia, en la técnica... pero no para fabricar bombas sino para acabar con el hambre y con la miseria (aplausos). Ayúdennos respetando nuestras costumbres, nuestra dignidad como seres humanos y nuestra personalidad como naciones por pequeños y débiles que seamos; practiquen la tolerancia y la verdadera fraternidad, que nosotros sabremos corresponderles, pero dejen ya de tratarnos como simples peones de ajedrez en el tablero de la política internacional. Reconózcannos como lo que somos, no solamente como clientes o como ratones de laboratorio, sino como seres humanos que sentimos, que sufrimos, que lloramos.

Señores representantes, hay otra razón más por la que no puedo dar mi voto: hace exactamente veinticuatro horas que presenté mi renuncia como embajador de mi país, espero me sea aceptada. Consecuentemente no les he hablado a ustedes como Excelencia sino como un simple ciudadano, como un hombre libre, como un hombre cualquiera pero que, sin embargo, cree interpretar el máximo anhelo de todos los hombres de la tierra, el anhelo de vivir en paz, el anhelo de ser libre, el anhelo de legar a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos un mundo mejor en el que reine la buena voluntad y la concordia. Y qué fácil sería, señores, lograr ese mundo mejor en que todos los hombres blancos, negros, amarillos y cobrizos, ricos y pobres pudiésemos vivir como hermanos. Si no fuéramos tan ciegos, tan obcecados, tan orgullosos, si tan sólo rigiéramos nuestras vidas por las sublimes palabras que hace dos mil años dijo aquel humilde carpintero de Galilea, sencillo, descalzo, sin frac ni condecoraciones: «Amaos... amaos los unos a los otros», pero desgraciadamente ustedes entendieron mal, confundieron los términos, ¿y qué es lo que han hecho?, ¿qué es lo que hacen?: «Armaos los unos contra los otros».


He dicho...

domingo, 17 de septiembre de 2017

Gustavo Adolfo Becquer: Rima LXVIII

El sueño del caballero (1655)
Cuadro del pintor barroco Antonio de Pereda


No sé lo que he soñado
en la noche pasada.

Triste, muy triste debió ser el sueño,
pues despierto la angustia me duraba.

Noté al incorporarme
húmeda la almohada,
y por primera vez sentí al notarlo
de un amargo placer henchirse el alma.

Triste cosa es el sueño
que llanto nos arranca,
mas tengo en mi tristeza una alegría...

¡Sé que aún me quedan lágrimas!


sábado, 16 de septiembre de 2017

Nuevo Akelarre Literario nº 24: La Aurora de Rodin



Pinchar aquí para leer los cuentos



François Auguste René Rodin (París, 1840 – Meudon, 1917) conocido como Auguste Rodin, está considerado como el padre de la escultura moderna. Tras sus inicios en la "Pequeña Escuela", trabaja en el taller del ornamentista Albert-Ernest Carrier-Belleuse, en París, y posteriormente en Bruselas, donde demuestra una gran habilidad para los temas decorativos de espíritu dieciochesco. El descubrimiento de Miguel Ángel, durante un viaje a Italia en 1875-1876, fue determinante para su trabajo posterior. Rodin abre paso al arte del siglo XX mediante la introducción en su obra de procesos técnicos y opciones que se encuentran en el centro de su estética.
La obra que inspira los relatos de este mes, titulada La Aurora, fue realizada entre 1895 y 1897 y es un buen ejemplo de cómo trabajaba el maestro, dando una dimensión alegórica a los retratos de sus allegados. En este caso utiliza los rasgos de Camille Claudel, también escultora, que fue su alumna, musa y amante. Cuando se conocieron en la escuela de arte, ella tenía diecinueve años y él cuarenta y tres.
El rostro, con una expresión algo lejana, es liso y pulido, mientras el bloque de mármol que lo rodea, marcado por las huellas de las herramientas, se ha dejado voluntariamente en bruto. Este contraste, que no deja de recordar el trabajo de Buonarroti, permite intensificar el brillo del rostro, evocando solo con su título, el sol que emerge al alba.
Este año, centenario de la muerte del artista, el museo Rodin de París ha organizado una exposición para recordarlo.

Que os gusten nuestros cuentos

viernes, 15 de septiembre de 2017

Carolina Olivares: Querido Abuelito:


 


Espero que tras la operación que el médico te ha hecho te recuperes pronto para que vuelvas a jugar conmigo… Aunque bueno, jugar, lo que se dice jugar… Tampoco es que juegues mucho.

Espero que cuando estés en casa dejes de fumar esos puros que huelen a rayos -que son los que te han llevado al hospital- y dejes de mandar matar a los hombres que mandas matar. Total, ellos serán malos pero tú, abuelo, santo, lo que se dice santo, no eres…

Y a ver si cierras esos negocios de juegos y bebidas que, aunque yo nunca las haya probado ¡Sé que saben fatal!

Procura portarte bien con la abuelita, que te he visto hablar con otras mujeres ¿Y sabes qué? Que yo, cuando sea mayor, no quisiera que mi marido me dijera o hiciera alguna de las cosas que yo veo que tú le dices y haces a la abuela.

También espero que dejes de cortar cabezas a los caballitos. Porque no te han hecho nada malo y son muy bonitos. Y además los animalistas se te van a echar encima y te vas a ver metido en otro nuevo lío, y ya tienes muchos problemas como para meterte en más.

Y bueno, abuelito, que estoy deseando verte para darte un beso y abrazarte. Aunque… Jolines, siempre que te abrazo me hago daño con el revólver que llevas en la cintura.

Pues eso, abuelito.
Te quiere, tu nieta.

(Carta dirigida al Padrino.)

 © Carolina Olivares