sábado, 23 de junio de 2018

Brújulas y Espirales: Albert Camus "58 aniversario de su muerte"

Blog Literario de Francisco Martínez Bouzas

EN EL CINCUENTA Y OCHO ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE ALBERT CAMUS




   El día 4 de enero de 2018 se cumplieron los cincuenta y ocho años del trágico fallecimiento de Albert Camus (Mondovi, Argelia, 7 de noviembre de 1913 – Villeblevin, Francia, 4 de enero de 1960). Albert Camus o “la honradez desesperada” como ha sido definido por Charles Moeller, murió en un accidente automovilístico cerca de Le Petit – Villeblevin. Sobre las causas de ese accidente se han publicado especulaciones no confirmadas que involucraban a la KGB en el mismo. Albert Camus fue enterrado en Lourmarin, localidad situada en el sur de Francia.

   Albert Camus contribuyó a la confirmación de la filosofía del absurdo. Se le ha asociado con frecuencia con el existencialismo, aunque Camus siempre se consideró ajeno a esta corriente filosófica. Pese al alejamiento con respecto al nihilismo, rescata la idea de la libertad individual. Fue miembro de la Resistencia francesa durante la ocupación alemana. En la posguerra se le relacionó con los movimientos libertarios.

    Albert Camus ha sido uno de los grandes narradores del siglo XX. En 1957 se le concedió el Premio Nobel de Literatura por “el conjunto de su obra que pone de relieve los problemas que se plantean en la conciencia de los hombres en la actualidad”.

    
                                           
Tumba de Albert Camus en Lourmarin
   En homenaje a Albert Camus en el cincuenta y ocho aniversario de su muerte, reproduzco la reseña de El extranjero, ilustrado de forma muy original por José Muñoz, y publicado por Alianza Editorial en el año 2015. L’Étranger (1942) fue la primera gran pieza narrativa publicada por Camus. La novela muestra la alienación propia de los seres humanos en el siglo XX, y lo hace partiendo de un personaje, en el que muchos quieren ver la imagen de lo que Camus concebía como el hombre absurdo. El protagonista es condenado a muerte, pero, más que por matar a un hombre, la condena responde a que este es libre al hablar, nunca dice más de lo que siente, y no se conforma con las demandas de la sociedad. El extranjero fue llevado al cine en 1967 por Luchino Visconti, aunque con escaso éxito, debido a la misma dificultad de reflejar en imágenes la lucha contra el absurdo.



 
El extranjero

Albert Camus

Traducción de José Ángel Valente

Ilustraciones de José Muñoz

Alianza Editorial, Madrid, 2015, 139 páginas


  

   El extranjero está considerada como la mejor novela de Albert Camus y una de las grandes piezas narrativas del siglo XX. La edición que en estas fechas nos ofrece Alianza Editorial en su colección de Libros Singulares, se convierte así mismo en una joya editorial. La traducción de José Ángel Valente eleva a la categoría de arte el lenguaje conciso y esencial de Albert Camus. Calidad artística a la que contribuyen las numerosas ilustraciones del famoso dibujante argentino José Muñoz, discípulo de Hugo Pratt y creador de numerosos personajes conocidos universalmente en el mundo del comic. El extranjero -la primera edición francesa es del año 1942- pertenece a un período en el que Camus se enfrentó de una forma real no solo con el dolor, sino con la vecindad de la muerte. Un período pues muy alejado de la “dicha solar” mediterránea, tema central  de Noces, en el que el escritor descubre el absurdo en el mismo orden del universo. Y en El extranjero nos coloca ante ese absurdo, con la conciencia de que la vida no vale la pena ser vivida. Por eso el protagonista de la novela se siente seguro de sí mismo y de la muerte que tarde o temprano va a llegar.

   En un relato lineal, nos encontramos con Meursault, el héroe principal de la novela. Es un modesto empleado de una entidad bancaria en Argel, un hombre cualquiera exento de preocupaciones, incluso de pasiones. Vive en un embotamiento lúcido. Como un extraño. Y como tal asiste a los funerales de su madre. Consume su vida diaria en la rutina de su trabajo en la oficina y en unas diversiones triviales: el cine, la playa, preparar la comida, dormir, soñar, observar desde su balcón a un viejo que da de comer a los gatos, tener sexo con Marie Cardona, la que sin embargo no es su amante  y a la que no quiere, ya que querer no significa nada, tal como piensa. Todo en su existencia da un giro radical un día en el que, mareado quizás por el calor o por la misma insípida vida que lleva, mata de forma absurda a un árabe. Condenado a muerte, sin posibilidad de apelación, este hombre mediocre se transforma en un héroe que se enfrenta a su destino: comprenderá y gozará de su condición de “extraño” de extranjero, rehusando los consuelos y las esperanzas de una existencia más allá de la muerte. Acepta la vida que ha vivido. Es una elección lúcida del absurdo, que ya es en sí un acto enteramente moral. Una moral laica, tan legítima como aquellas que están cimentadas en una fe.

   Novela de un solo personaje que, en primera persona da cuenta de su trágica felicidad. Es Meursault, un ser fantasmal, “sueño de una sombra”, cuya vida se halla pautada por los baños del sábado por la tarde, por las sesiones del cine a continuación y por el sexo con Marie los domingos. Vive, o mejor dicho, vegeta en un automatismo de pesadilla que le arrastra a un crapuloso arreglo de cuentas entre árabes del hampa. Mata a un desconocido porque un amigo ocasional le induce a hacerlo. Y asiste al proceso que le condena a muerte como si nada fuera con él. Y aunque percibe la falsedad del mismo, no protesta. Hasta la víspera de sus ejecución no percibe que la vida “extraña” es la única real, aunque no merezca la pena ser vivida por su falta de sentido. Cuando pocas horas antes de su ejecución, el capellán le habla de Dios, Meursault se rebela, cobra conciencia de la absurdez de la existencia y también de la dicha que engendra ese mismo hecho de ser absurda. Y por eso se siente dichoso. Una vivencia de la dicha sin duda estúpida, inconsciente, animal.

   
                                               
Dibujo de José Muñoz para la edición especial de El extranjero
   La definición de su identidad nace pues del absurdo, y se transforma en felicidad, en el instante en el que toda ilusión se desvanece. Meursault es en definitiva un “extranjero”, un “extraño” moral. Será la cólera que en él brota cuando el capellán trate de acercarle  a Dios, cuando le dice que rezará por él, la que lo convertirá en un ser moral al tomar conciencia de su vida: “vaciado por la esperanza, ante esta noche cargada de signos y de estrellas me abría por primera vez a la tierna indiferencia del mundo” (página 138).

   A pesar de los más de setenta años transcurridos desde la publicación de El extranjero, la novela de Albert Camus no ha perdido actualidad, ya que refleja fielmente la mentalidad de millones de hombres y de mujeres de hoy. Es, según uno de los primeros críticos de Camus, Charles Moeller, la novela de la dicha de Sísifo. Los dibujos de José Muñoz que incluye esta edición especial, acrecientan sin duda, en una dimensión sensorial, la profunda carga de dramática extranjería, la única patria de la que puede presumir el protagonista. La única así mismo que le hace feliz.


Francisco  Martínez Bouzas


                                                  
                                                   
Albert Camus

Fragmentos


“Del mar llegó un soplo espeso y ardiente. Me pareció que el cielo se abría en toda su extensión para vomitar fuego. Todo mi ser se tensó y mi mano se crispó sobre el revólver. El gatillo cedió, toqué el pulido vientre de la culata y fue así, como un ruido ensordecedor y seco, como todo empezó. Sacudí el sudor y el sol.

Comprendí que había destruido el equilibrio del día, el silencio excepcional de una playa donde había sido feliz. Entonces disparé cuatro veces sobre un cuerpo inerte en el que se hundían las balas sin que lo pareciese. Fueron cuatro golpes breves con los que llamaba a la puerta de la desgracia.”


…..


“Durante toda la jornada había mi petición de indulto. Creo haber aprovechado al máximo esa idea. Calculaba sus consecuencias y obtenía de mis reflexiones un óptimo rendimiento. Partía siempre de la suposición más negativa: mi petición era rechazada. «Pues bien, habré de morir». Antes que otros, era evidente. Pero todo el mundo sabe que la vida no vale la pena de ser vivida. No ignoraba, en el fondo, otros casos, otros hombres y otras mujeres vivirán, y así durante miles de millones de años. Nada resultaba más evidente, en realidad.

Era siempre yo el que moría, ahora o dentro de veinte años. En ese momento, lo que me molestaba un poco en mi razonamiento era el brinco terrible que sentía en mí al pensar en veinte años de vida por venir. Pero no tenía más que ahogar esos pensamientos imaginando lo que éstos serían cuando, de todos modos, la hora hubiese llegado. Desde el momento en que se muere, el cómo y el cuándo, no importan, es evidente. Así (y lo difícil era no perder de vista todos los razonamientos que ese «así» representaba), así debía yo aceptar que mi petición fuese recusada.”


…..


“No, hijo mío -dijo poniendo la mano en el hombro-. Estoy con usted. Pero usted lo ignora. Porque tiene un corazón ciego. Rezaré por usted.

Entonces, no sé por qué, algo reventó en mí. Empecé a gritar a voz en cuello, lo insultaba y le dije que no rezase. Lo había agarrado por el cuello de la sotana. Volcaba sobre él todo el fondo de mi corazón con estremecimientos de alegría y de cólera. Parecía tan seguro. Sin embargo ninguna de sus certidumbres valía un cabello de mujer. Ni siquiera tenía la certeza de estar vivo porque vivía como un muerto.

Yo parecía tener las manos vacías. Pero yo estaba seguro de mí, seguro de todo, más seguro que él, seguro de mi vida y de esa muerte que iba  a llegar. Sí, era lo único que yo tenía. Pero, al menos, yo tenía esa verdad tanto como ella me tenía a mí.”


(Albert Camus, El extranjero, páginas 78, 131, 136-137)

jueves, 21 de junio de 2018

El Cosmos








Al principio se tenía una imagen ingenua de una Tierra plana, inmensa y centro del Universo. Los griegos fueron quienes crearon la Geografía y también la Astronomía, libre de supersticiones.

Parece mentira que Ptolomeo, allá por el siglo I, por la reflexión y el cálculo asignara con notable aproximación ‒algo menor que las reales‒ sus dimensiones. En cuanto a su posición siguió la geocéntrica, como era la opinión general de su época.

Estas ideas predominaron durante toda la Edad Media, no fue hasta la Edad Moderna cuando Nicolás Copérnico defendió la teoría heliocéntrica, que no despertó mucha atención. Fue Galileo Galilei quien utilizando un telescopio hizo tales descubrimientos que dieron apoyo científico a dicha teoría.

En 1687 Isaac Newton publicó la Teoría de la Gravitación como ley fundamental del Universo. A mediados del siglo XVIII Herschell a través de telescopios descubrió la Vía Láctea. Esto fue un avance espectacular pues la teoría heliocéntrica quedaba confirmada como verdadera, pero solo en lo concerniente a nuestro Sistema Solar. Al Sol ‒al igual que antes a la Tierra‒ se le despojó de su posición central en el Universo, era una estrella más.

Se cree que en un principio el Cosmos era una masa de increíble densidad, pero hace unos diez mil millones de años una gigantesca explosión diseminó por el espacio sus fragmentos. Es la teoría del Big Bang.

Cada estrella es un sol y el nuestro es una estrella de tipo medio, tanto en tamaño como en edad. En este mundo la Tierra es menos que el punto de una i. El espacio es tan inmenso que tanto por su tamaño como por su unidad es admirable. A pesar de estar poblado por trillones de astros se encuentra prácticamente vacío. En él se rigen las mismas leyes físicas por lo que no hay peligro de choque entre las estrellas que se mueven a grandes velocidades.

Un planeta es un cuerpo celeste que orbita alrededor de una estrella, no emite luz propia. De momento el sistema solar consta de ocho planetas. Hay otros que se les considera planetas enanos, o se les cataloga con otra definición como Plutón, Ceres, Haumea, Sedna, Makemake, Eris…  

Mientras no se demuestre lo contrario la Tierra es el único planeta capaz de albergar seres vivos:

Marte es demasiado frío; Venus demasiado caliente; Mercurio siendo el más próximo al Sol no es el más cálido, Júpiter el mayor en tamaño y más viejo tiene gravedad muy fuerte, alta presión, fuertes vientos; Saturno se estudia por la NASA al encontrarse hidrógeno en «Encélado», una de sus lunas; Urano no está muy explorado quizás por la distancia; Neptuno ‒el más lejano‒ es extremadamente frío. El medio ambiente en todos ellos parece poco agradable para que exista vida tal como la conocemos.

La existencia de vida, tanto orgánica como «inteligente», parece ser la excepción. De momento es el Hombre, ese ser llenos de defectos y virtudes, capaz de investigar en el espacio, quien da importancia al planeta Tierra.


La Vía Láctea vista desde la plataforma de Paranal, Chile, hogar del telescopio gigante del ESO

miércoles, 20 de junio de 2018

Leer es un gran placer



















¿Te gustaría leer mis cuentos?

¿Te gustaría leer mi novela?

¿No sabes dónde encontrarlos?



O en librerías con encanto:

Librería Ciento Volando
C. Divino Pastor, nº 13
28004 Madrid

Librería Fernando Sanz
C. Juan de Urbieta, nº 8
28007 Madrid

Librería Papelería La Verde
Avda. de la Albufera, 71
28038 Madrid

Librería Sonrisas de papel y Blas
C. Pedro Laborde, nº 17
28018 Madrid

Notting Hill Bookshop
Plaza Los Santos Niños, 5
Alcalá de Henares (Madrid)




Un niño que lee, será un adulto que piensa.


Estoy leyendo. ¿Y usted?

martes, 19 de junio de 2018

Liliana Delucchi: Invitación

Sellos rusos emitidos en 1992, conmemorando el primer centenario
del ballet "El Cascanueces".

Mientras espera a su nieta, Edith permanece sentada, contemplando la niebla que cae sobre Madrid. Como cada semana anterior a Navidad, irán al ballet, la cita obligada para ver Cascanueces. Es una tradición que se remonta a la niñez de la señora, quien desde entonces se emociona con la música que Chaikovski compuso para la guerra de los juguetes. Aunque intenta fijarse en la copa de los árboles, desnudos en esta época del año, no puede obviar la presencia de una caja sobre la mesa, donde guarda sus tesoros, sus recuerdos. Alarga una mano para alcanzar el bastón, se pone de pie y se acerca a ella. El sobre está en el mismo sitio desde que lo recibió hace ya muchos años.

Era 1992, en medio de la algarabía de las olimpíadas, el Quinto Centenario y el annus horribilis de la familia Windsor, recibió una carta desde San Petersburgo que la llevó a otro tiempo, a otra ciudad. Dentro, había unos sellos y una escueta nota: «Mira lo que han impreso para conmemorar los cien años de nuestro Cascanueces». No llevaba firma. No hacía falta.

Era muy joven cuando viajó a Nueva York para celebrar las navidades con parte de la familia que vivía allí. Como era tradición, fueron a ver Cascanueces y, gracias a lo relacionado que estaba su primo con el mundo de la danza, tuvieron acceso a los camerinos. Al verlo de cerca por primera vez, con la cara pintada, enfundado aun en su maillot, a Edith le temblaron las piernas y casi no pudo decir palabra cuando extendió la mano para saludarlo.

Los paseos por el parque sucedieron a las salidas a patinar, a las compras y a los villancicos, a besos escondidos entre bambalinas en medio de ensayos de pas de deux y las sonrisas cómplices de los miembros de la orquesta. Los bailes y las veladas los encontraban juntos hasta que tuvo que partir. Siguió su trayectoria a través de los periódicos, supo de su accidente por medio de una carta en la que le contó que ya no bailaba, que había sido contratado como coreógrafo en Rusia. Una y otra vez la invitaba a visitarlo, hasta que con la excusa de una investigación, pudo viajar y continuar con una historia de la que conocía el final.

Un amor por correspondencia salpicado de algún encuentro a escondidas de sus cónyuges, hasta que llegó su primera hija, desde entonces solo les quedó la correspondencia. Y los recuerdos.

La presencia de su nieta la devuelve al salón, a ponerse el abrigo y partir en dirección al teatro. De regreso a casa, con la música sonando todavía en su mente, recuerda que ha leído que esta semana le harán un homenaje en Nueva York. Ve la ciudad nevada, los niños patinando, los Santa Claus por todos los centros comerciales, a una pareja de jóvenes que desafiaban convenciones que estaban más allá de su alcance, y el temor de decepcionarse mutuamente al no ser capaces de vencerlas.

¿Por qué no?, todavía puedo viajar. Cuando está allí, él siempre se aloja en el mismo hotel. Introduce uno de los sellos en un sobre y escribe: «¿Qué harás en Nochebuena?».


© Liliana Delucchi

domingo, 17 de junio de 2018

Carolina Olivares: ¿Por qué estás aquí?

Campo de amapolas



(Reflexión personal).

Si estás aferrado a las cosas materiales y una de tu máxima preocupación es el dinero o alcanzar un alto estatus social... Malo para ti.

Si siempre necesitas estar acompañado por miedo a la soledad y no buscas tener tus propios espacios... Malo para tu alma.

Si no ejercitas tu cuerpo, si no desarrollas tu intelecto... Malo simplemente.

Si nunca abandonas tu zona de confort; si eres costumbrista y tu vida se ciñe a girar en torno a una invisible y rutinaria espiral donde todos los días son iguales... Malo no, lo siguiente.

No hay excusas para romper tu vida, como si fuera un cascarón que te aprisionara. Si en la vida ajena que ves, el sentimiento de la envidia te acecha, quizá sería bueno que dieras pasos para realizar cambios.

Personalmente nunca sentí envidia porque no hay nada en este universo que me aplasta, referido al ser humano, que me lo haga sentir.

El que posee bienes, no persigue mis mismos sueños. Sueños, en ocasiones, imposibles de hacer realidad. Porque yo, por ejemplo, quisiera poder ver el amanecer y el atardecer desde mi ciudad; sin embargo, los edificios o la contaminación me lo impiden. 
Por eso... No todos los sueños se pueden materializar.

Si tu cuerpo es esclavo de pasiones carnales; si las adiciones te dominan (alcohol, drogas, ludopatía, sexo, tabaco...). Los vicios ensucian las almas, imposibilitándolas a existir para lo que precisan: ser puras.

Si te atormenta estar a solas; sino sales a buscar la compañía de la soledad. Tal vez seas pobre de espíritu.

Todos somos fuertes, todos somos débiles; pero todos podemos superarnos.

Si no necesitas estar en contacto con la naturaleza. Si no ves belleza en los animales, en las plantas, porque lo bello ante tus ojos es aquello que tiene valor solo porque se lo dio una persona como tú... Entonces estás perdido.

Conclusión:

No te preocupes por tener un peinado impecable. Deja que la brisa te despeine. Aunque solo sea por puro egoísmo. La sensación de libertad es absoluta. Recuerda, no nacimos sometidos. 

Bastantes obligaciones «nos impone la vida». No te auto impongas tú más.

Deja que la lluvia moje tu cuerpo. Deja que las gotas de lluvia deformen tu pintura o maquillaje (si es que los usas).

Ríete como cuando eras un niño y tu mente era neutra pues aún nada ni nadie la había llenado de absurdos conceptos prejuiciosos y/o ideas preconcebidas por terceros (que la mayor parte de las veces no las ponen en práctica, pero son empleadas para someter al resto).

Y deja de mirar el reloj. En serio. 

Simplemente vive y disfruta de tu tiempo.

© Carolina Olivares

sábado, 16 de junio de 2018

Nuevo Akelarre Literario nº 33: Restaurante Lhardy



El famoso restaurante Lhardy entra en su tercer siglo de existencia en la misma casa de la Carrera de San Jerónimo donde abriera sus puertas en 1839.

Gran parte de la historia de España se ha tramado entre la elegancia de estas paredes, bajo sus lámparas que evocan la etiqueta y solemnidad del romanticismo, y en torno a sus manteles que continúan subrayando los más delicados refinamientos gastronómicos.

En este ambiente inalterable, con el estímulo de manjares y amores, se han decidido derrocamientos, repúblicas, restauraciones, regencias y dictaduras.

El tiempo que pasa y vuelve, retorna siempre a los comedores de Lhardy, a la intimidad del salón blanco y a la fantasía oriental, ensueños coloniales del comedor japonés, para seguir tejiendo la historia secreta de España pero, sobre todo, pasado y porvenir se funden en la luz indecisa del famoso espejo, donde nuestras imágenes conviven con las sombras de personajes que allí se reflejaron.



Pinchad debajo para leer nuestros cuentos


Disfrutadlos 

viernes, 15 de junio de 2018

Cartas famosas: De Lewis Carroll a Gertrude Chataway.

Lewis Carroll






«Mi muy querida Gertrude: Usted estará apesadumbrada al oír la extraña enfermedad que tengo desde que se fue. Mandé buscar al doctor y le dije: “Deme una medicina, porque me siento cansado”. Él me replicó: “¡Estupideces! Usted solo necesita dormir”. “No es esa clase de agotamiento. Mi rostro trasunta cansancio”, dije. A lo que él añadió: “¡Oh!, es su nariz la que está cansada”. “No, no es la nariz. Quizá sea el pelo”, reflexioné. Entonces, el doctor mostró su desconcierto: “Ahora sí entiendo: usted estuvo peinando el pianoforte.” “No”, dije, “no lo he hecho, y no es exactamente el pelo: más bien entre la nariz y el mentón.” Entonces él, muy serio, preguntó: “¿Ha estado usted caminando mucho con la barbilla?” “No”, respondí. “Bien”, reflexionó él, “esto me despista mucho”. “¿Usted cree que el problema estará en los labios?”, preguntó. “Por supuesto”, dije. “¿Qué es, exactamente?” “Yo creo que ha estado dando demasiados besos…”, concluyó.

“Bueno”, recordé, “le di un beso a una amiga”. “Piense”, dijo él, “¿está seguro de que solo fue uno?” Yo añadí: “Quizá hayan sido once”. Entonces, el doctor me ordenó: “No debe darle ni uno más hasta que sus labios se hayan recuperado”. “Pero ¿qué hago?”, le dije, “¡Le debo ciento ochenta y dos besos más!”

El médico se emocionó tanto que las lágrimas corrían por sus mejillas, y me ordenó: “Mándeselos en una caja”. Yo tenía una que compré en Dover, pensando que podría regalarla. Así que los empaqueté con cuidado. Dígame si le llegan bien o si alguno se pierde en el camino».

Lewis Carroll


Preciosa, tierna, sorprendente y original carta fechada en 1876.


Lewis Carroll, ese controvertido escritor, que escribía a modo de juegos, que supo combinar fantasías, disparates, y absurdos, se inspiró en Alice Liddell para crear «Alicia en el país de las maravillas» y en Gertrude Chataway, para la protagonista del poema narrativo «La caza del Snark»

A su muerte dejó unas setecientas cartas y una de ellas es ésta.