domingo, 23 de septiembre de 2018

Brújulas y Espirales: Epifania Uveda de Tobledo/Alejandro Vaccaro

Blog literario de Francisco Martínez Bouzas

EL SEÑOR BORGES Y SU FIEL MUCAMA


El señor Borges
Epifanía Uveda de Robledo / Alejandro Vaccaro
Edhasa, Barcelona, 164 páginas
(LIBROS DE FONDO)
En el mes de mayo de 2004, en una sesión del Senado argentino, estaba previsto que el entonces vicepresidente Daniel Scioli le entregase una distinción a Epifanía Uveda de Robledo, en reconocimiento de su dedicación de más de treinta años a Jorge Luis Borges. Sin embargo, el acto fue suspendido a última hora porque la viuda del escritor, María Kodama, intervino para evitar que tuviese lugar el homenaje a la criada de Borges así como la presentación del libro que acababa de escribir, Señor Borges, memorias de su vida con el escritor. Epifanía Uveda de Robldo no es otra que Fanny, la fiel sirvienta que trabajó en la casa de Borges desde 1950 y que fue despedida en 1986, cuando el escritor argentino más internacional se estableció en Europa junto con María Kodama.
Fanny fue la fiel servidora, la mujer que, con excepción de su madre, Leonor de Acevedo, mejor conocía al escritor. En septiembre de 2003 la Cámara Federal Argentina absolvió a Fanny de la demanda por difamaciones interpuesta por María Kodama, que no sale bien parada en este libro que Edhasa edita ahora para España. Ni tampoco en las declaraciones que en 2002 la fiel mucama había hecho a la revista Loft, en las que da fe de que Borges había muerto siendo virgen, que se casó con Elsa Astete Millán por sugerencias de su madre  (“Georgie por qué no te casas, así no te quedas solo cuando yo me muera”), y que no mantuvo relaciones sexuales con ninguna mujer porque el solo hecho de pensarlo le producía pánico. Fanny recuerda lo que doña Leonor le dijo a Elsa momentos antes  de la ceremonia del matrimonio. “Mira que Georgie no quiere compartir cama”. A lo que la prometida respondió: “Yo se como llevarme un hombre a la cama”. Fanny tiene la seguridad de que en este matrimonio, lo mismo que en el contraído con su última mujer, María Kodama, Borges jamás mantuvo relaciones sexuales. Recuerda también Fanny que, en su vulnerabilidad de ciego, vivió sometido a la codicia y a la crueldad de María Kodama que le amenazaba constantemente con abandonarlo.
Al hilo de los recuerdos trasladados a la escritura por el ensayista Alejandro Vaccaro, El señor Borges, permite que nos sumerjamos en la cotidianeidad  de la vida de Borges, e sus fobias y en sus filias. Una forma complementaria de penetrar en el apasionante mundo borgeano, un mundo no solamente repleto de  escondrijos literarios, de eruditas citas bibliográficas, sino también de humanidad. Fanny recorre todos los contornos del Borges íntimo: la vida diaria; la rutinaria e inútil espera anual por el premio Nobel. Año tras año, en efecto, se repetía la misma rutina. Borges siempre era el eterno candidato al Nobel de Literatura. Pero también año tras año, la negativa a otorgárselo se convertía en la noticia del día. Ni siquiera fue posible el último año: “La última vez, que por supuesto tampoco le dieron el premio Nobel, se juntaron un montón de periodistas pensando que ese año se lo iban a dar. Hacían guardia durante todo el día y entonces, cuando llegó la noticia, empezaron a decir que no, que no se lo habían dado y el señor se puso muy mal. Él pensaba que si, que ese año se lo iban a dar, porque sentía que él merecía ese premio... Pero había uno que mandaba más en es parte del mundo y dijo: mientras yo viva Borges no va a ser el premio Nobel. El señor se puso muy triste”. La alegría cuando en 1979 le conceden en España el premio Cervantes que Borges interpreta como la coronación de su vida. El absurdo casamiento con un final previsible en  1967 de un hombre de sesenta y ocho años, de un hombre no habituado a los cambios. El dolor por la muerte de la madre. La inutilidad del escritor para la vida material de cada día. Su conocida opinión sobre el fútbol: “Los que juegan al fútbol parecen estúpidos, todos corren detrás de una pelota. Sería mucho mejor darle una a cada uno”. Las amistades y las mil anécdotas que jalonan la vida del escritor, los disparatados sueños borgeanos, sus frágiles comidas, sus manías a la hora de escoger la ropa. La “plata” que Borges guardaba entre los libros. El misterio de los cambios radicales en los últimos meses de su vida. La presencia “de esa piel amarilla que se va a quedar con todo”
Epifanía Uveda de Robledo
El libro de Epifanía Uveda y Alejandro Vaccaro nos estimula para releer a Borges, iluminados por otra luz: la de su humanidad. Y al mismo tiempo nos descubre y nos muestra a Fanny, la mujer fiel y discreta que tanto quiso y tanto honró a Borges sin haber leído ninguno de sus libros, como ella misma confiesa. Fluyen los recuerdos de una forma incontenible en este libro cálido y acogedor y nos permiten comprender la personalidad de Borges, la humanidad de aquel sabio que, cuando le preguntaron: “¿usted es Borges?” , respondió ciego pero con los ojos claros: “A veces
Francisco Martínez Bouzas

Fragmentos
Si bien Borges descreía del matrimonio como institución, ya que lo consideraba un triste destino para la mujer, esto no lo amilanó para proponerle enlace a más de una (Concepción Guerrero y Estela Canto entre otras). Sus relaciones con las mujeres no se caracterizaron precisamente por haber sido duraderas y dejan la sensación, después de haberlo escuchado hablar sobre el tema, de que en la mayoría de los casos sus deseos amorosos no fueron correspondidos.
Sin embargo, al promediar los años sesenta Borges encontró la mujer que lo llevaría hasta el Registro Civil para aceptarla como matrimonio y en esto tuvo una activa participación su madre.(…)
Jorge Luis Borges y Elsa Helena Astete Millán se casaron ante el Registro Civil de la ciudad de Buenos Aires el 4 de agosto de 1967. Para esa fecha Elsa tenía cincuenta y siete años (…) y Borges entonces ya tenía sesenta y ocho años.
(…) Se casaron por la Iglesia el día de la primavera y en realidad el clima estaba espléndido. Pero enseguida empezaron los problemas. Por la noche el señor Borges y la señora Elsa, después que se fueron los amigos que habían venido a saludarlos, tuvieron una pequeña discusión. La señora Leonor( madre de Borges),  a toda costa le insistió al señor Borges para que fuera a dormir al Hotel Dorá, con su mujer, y ella también por supuesto, pero él no quiso saber nada.
«Para eso se casó» repetía doña Leonor. Pero él no quiso ir por nada del mundo, pese a la insistencia de la madre. La señora Leonor se vistió y acompañó a Elsa hasta la parada del autobús para que se fuera a su casa en la calle Talcahuano. Entonces esa noche la acomodé la cama y se acostó a dormir como siempre. A la mañana siguiente cuando lo desperté le pregunté, con un poco de picardía, cómo le había ido la noche de bodas. Me miró, se sonrió y me dijo: «Soñé toda la noche que iba colgado a un tranvía. Fíjese el sueño raro que tuve.»
Fanny esboza un gesto risueño al recordar la anécdota. Borges era un hombre desacostumbrado a los cambios y ciertas rutinas de la vida cotidiana le daban seguridad.”(…)
“Doña Leonor era una buena señora, pero muy autoritaria. Fue la mamá y la hermana las que arreglaron el casamiento porque él nunca dijo nada, no sabía nada. (…) Le compraron los muebles, le compraron el departamento, todo lo compró la señora Leonor. (…) El departamento era hermoso, con una habitación muy grande y luminosa para el matrimonio pero el señor Borges le dijo a la madre: «No, yo quiero  mi habitación con mi cama». Así que tuvimos que arreglar una habitación para él, con su escritorio y con sus cosas. Entonces Leonor le dijo a Elsa: «Georgie no quiere cama de matrimonio». Ella dijo que no le importaba, que sabía cómo atraer a los hombres a la cama. Todo lo arreglaban entre ellas”
(Epifanía Uveda de Robledo / Alejandro Vaccaro, El señor Borges, páginas 55-57)

viernes, 21 de septiembre de 2018

Frases de cine: «Creo que este es el principio de una hermosa amistad».



Casablanca (1942)

Director: Michael Curtiz

Guionistas: Julius y Philip Epstein, Howard Koch

Obra teatral de Murray Burnett y Joan Alison titulada «Todos vienen al café de Rick» que nunca fue puesta en escena.

Reparto: Humphrey Bogart, Ingrid Bergman, Paul Henried, Dooley Wilson, Claude Rains…

Música: Max Steiner


Durante la Segunda Guerra Mundial un norteamericano cínico y amargado, expatriado por causas desconocidas, administra un local nocturno en Casablanca, Marruecos. Una ex amante llega con su marido un líder de la resistencia checa a solicitar los papeles para dejar Casablanca y salir hacia los Estados Unidos.

La película se rodó en estudios salvo alguna secuencia. Debido a que Ingrid Bergman sobrepasaba por casi cinco centímetros a Bogart, en las escenas que aparecían juntos, el actor se tuvo que subir sobre ladrillos o sentarse sobre cojines. Por otra parte Ingrid fue fotografía casi siempre en su perfil izquierdo y con unos efectos especiales que proporcionaban a su rostro una apariencia triste, tierna y nostálgica.
Obtuvo 3 Óscar, a la mejor película, al mejor director, al mejor guión adaptado. Está inscrita en el National Film Registry.

La frase no estaba incluida en la película por lo que Bogart tuvo que doblar la frase después de finalizada la filmación. Otras frases de la película son famosas, entre ellas:

«Tócala, Sam. Toca “El tiempo pasará”»

«Capturen a los sospechosos de siempre»

«Siempre nos quedará París».

«De todos los bares en todos los pueblos en todo el mundo, ella entra en el mío».


«Los alemanes iban de gris y tú ibas vestida de azul».

jueves, 20 de septiembre de 2018

miércoles, 19 de septiembre de 2018

Liliana Delucchi: Semper fidelis

Pintado en 1807 por Jean-Auguste-Dominique Ingres


Tras dejar la mesa en la que había estado almorzando, Marius emprendió camino hacia el otro lado de la ciudad. La tarde, aunque apacible, empezaba a cubrir el cielo de nubarrones y al joven se le antojó que su travesía no iba a ser lo rápida que imaginara.
En medio del puente le pareció escuchar unos pasos que se acercaban; giró la cabeza en busca del dueño, pero la densidad de peatones le hizo imposible detectar si lo seguían. Sostenía el libro con su mano temblorosa, mientras unas gotas de sudor le mojaban el cuello.

El monasterio parecía cada vez más lejano, su caminar más lento y el volumen más pesado. Un banco a orillas del parque lo invitó a calmarse. Una niñera con un carrito de bebé le hizo compañía, mientras él ojeaba los dibujos que cubrían, una a una, las páginas que con tanto celo acariciaba.

Charles Lauzun era su amigo. Habían crecido juntos en medio de las olas de pálido morado que cubrían las colinas de Aix-en-Provence; el olor a lavanda y a heno formaban parte de su infancia, junto con los sueños de llegar a ser grandes en la pintura.

Charles fue el primero en partir y su talento encontró el eco que esperaba entre los artistas. Le escribía largas cartas en las que relataba su vida entre novelistas y poetas; tertulias con sabor a vino y discusiones hasta el amanecer. Cada tanto le enviaba un dibujo nacido de su mano firme y su perspicacia para atrapar hasta lo más nimio. Deja el pueblo, le decía, tu lugar está aquí, con los nuestros. Pero, cuando finalmente se decidió, Marius pudo comprobar que el sitio no era tan grande como para albergarlos a todos. El camino hacia la gloria se estrechaba, solo unos pocos podían seguir por esa senda y comprendió que sus pasos no lo llevarían a compartir la cumbre con su antiguo compañero de infancia. 

Vivir en la gran ciudad era cada vez más caro y un anochecer que se encontraba apurando una copa de vino, un hombrecillo con un abrigo raído se le acercó. Solo tenía que conseguir el libro con los primeros bocetos de Lauzun y sus apuros financieros tocarían a su fin. Agotados los argumentos en pro de la fidelidad, decidió que la relación con su amigo se enfrentaba irremisiblemente a un erial de incomprensión. Y cedió.

Faltaban solo unos minutos para la cita: el monasterio seguía lejano y la respiración de Marius agitada. La niñera se puso de pie y se alejó empujando el carrito del bebé; un par de ancianos paseaban conversando, y una joven daba de comer a las palomas. Entonces, la muchacha se dio la vuelta y Marius pudo ver que llevaba un ramito de lavanda prendido en la chaqueta. Cuando el perfume de la Provenza llegó hasta él, acarició las tapas del libro que descansaba sobre sus rodillas, se levantó y emprendió el camino de regreso a su casa.



© Liliana Delucchi


lunes, 17 de septiembre de 2018

Carolina Olivares: Al fin somos libres



Relato poético inspirado en la película Gladiator.

Abajo, entre una airada multitud
mis pies, cansados, tanto o más que mi alma y corazón,
al igual que yo mismo, no abandonan ni se rendirán jamás
pues hemos nacido para soportar -sin clemencia ni compasión- las batallas hasta el final.

Y allí, rodeado de mentes enfermas
que solo ven saciadas sus necias necesidades
cuando el guerrero pierde la vida
aun sin haber perdido nunca lo que todos ellos no tuvieron, coraje y dignidad,
simplemente, y en estado de alerta, aguarda.

Allí, rodeado de gente
el esclavo nacido libre, pues ahora es propiedad de un miserable señor, es aplastado vilmente por la soledad.

Abajo, en el coso romano,
la desigualdad es a veces, mi única arma.
Y aunque, en otras ocasiones, porte escudo y espada,
mi condición hace que siempre esté en desventaja ante el enemigo que nunca me dio motivo para ser mi verdadero rival.
Pero me siento orgulloso... Aun con todo, hasta el presente, he ganado todas las contiendas.

Y mientras lucho y peleo
por no perder la vida;
una vida que carece de valor...
Mi imaginación se ausenta para volar hasta tu recuerdo, amor mío,
solo porque siente nostalgia de tus abrazos y besos... De tu calor...

Y mientras peleo y lucho
en cuerpo presente
mi corazón llora tu injusta muerte;
mi alma sueña con unirse a la tuya eternamente.
Y mientras lucho y peleo
en este, que intuyo sea, el último y definitivo combate
tumbado en la arena, pues aunque la vida me está abandonando,
ya que me desangro,
por causa de la herida que me provocó
aquel al que atenaza la avaricia, inquina y vanidad
antes de que comenzara nuestro particular baile mortal
no te confundas, antaño hermano, ahora cruel ser devastador, carente de escrúpulos, exento de todo sentimiento bondadoso...

Tú, no me has derrotado.
Abajo... En la arena del coso romano,
me he despedido de mi inerte cuerpo físico.
Ahora, avanzo entre las altas hierbas... Hacia ti.

Todos los días, tras los castigos y torturas, donde la existencia consistía en ser entrenado para matar...
Maldecía al que ordenó que te asesinaran.
Y en todas y cada una de mis noches, cuando los dolores y las pesadillas me lo permitieron, soñé con este instante.

Aquí, lo que dejé atrás... Desaparecerá.
Sé que los dioses jamás me juzgarán
por haber asesinado al que, primero, te asesinó a ti.
Y mientras avanzo, hacia ti, y hacia el hijo de tus entrañas,
doy gracias a tu Dios al tiempo que grito:
"Al fin somos libres".



Escrito por Carolina Olivares Rodríguez. Reservados todos los derechos de propiedad intelectual a la autora.


domingo, 16 de septiembre de 2018

¿Conoces Cercedilla?



El domingo pasado, 9 de septiembre, nos fuimos de excursión a Cercedilla. Carlos Oliveros fue nuestro guía. Excelente profesional que nos fue guiando por las calles de este precioso pueblo que, en 1925, el rey Alfonso XIII concedió a su Ayuntamiento el trato de «Excelentísimo».

Paseos y rutas guiadas
Historia, patrimonio y personajes ilustres
Todos los sábados o domingos
Plaza Mayor, 16 Cercedilla

La mirada de Sorolla



Comenzamos la andadura leyendo un fragmento poético de don Antonio Machado a don Francisco Giner de los Ríos.

¡Oh, sí!, llevad, amigos,
su cuerpo a la montaña,
a los azules montes
del ancho Guadarrama.
Allí hay barrancos hondos
de pinos verdes donde el viento canta.
Su corazón repose
bajo una encina casta,
en tierra de tomillos, donde juegan
mariposas doradas….
Allí el maestro un día
soñaba un nuevo florecer de España.

Desde un primer momento hubo química entre guía y acompañantes. Y fue genial. Carlos sacaba un tema y era corroborado, ampliado, enriquecido por entusiastas parraos y animosos forasteros, lo mismo daba, en todos anidaba un sentimiento de sentirse parte de este pueblo rodeado por La Peñota, la Peña del Águila, La Bola del Mundo, Siete Picos…

Mucho se habló de Francisco Giner de los Ríos, filósofo y pedagogo krausista, fundador de la Institución Libre de Enseñanza, y de Manuel Bartolomé Cossio, ahijado y discípulo que recorría estas cumbres del Guadarrama.

De Santiago Ramón y Cajal, que veraneaba en Cercedilla, y llevaba barba, abrigo negro, bombín y bastón e hizo una queja formal por el ruido que hacían los cencerros de los bueyes y vacas, que iban a beber a las fuentes de «El Barrancón» y «El Bolo», muy cerca de su casa. Su hija Paula se casó con don Ángel Cañadas López que fue médico de Cercedilla.  

De Vicente Aleixandre, poeta de la Generación del 27, que tiene un mirador. De Luis Rosales, premio Miguel de Cervantes (1982) que pidió ser sepultado en Cercedilla y escribió estos versos:

Las noches de Cercedilla
las llevo en mi soledad,
y son la última linde
que yo quisiera mirar.

Quisiera morir un día
mirando este cielo, y dar
mi cuerpo a esta tierra que
me ha dado libertad.

Quisiera morir un día
y ser tierra que pisar,
tierra en la tierra que sueño
ya para siempre jamás.

De Gloria Fuertes que estuvo muy ligada a Cercedilla, alumnos de los años 70 la recuerdan cuando los visitaba en sus clases.

De Juan Ramón Jiménez que padecía de depresión lo que antes se llamaba melancolía. Era hipocondriaco y de él se decía: No murió, pero dio tormento.

Joaquín Sorolla y Bastida, alma mater de esta excursión, que aquí le llegó la muerte, el 10 de agosto de 1923. Fue el pintor de la luz, del aire, del polvo, maravilloso artista que nunca pintó los pies de sus modelos y ayudó a promocionar la fotografía que era, por aquel entonces, un arte menor. No solo vivió, también pintó a gente de este pueblo, como el guarda de su finca, «El tío Juanito» que aparece junto a un burro cargado de leña, a la «Paca» a la «tía Martina Calandria» y otros más…

En la casa rural de una de las excursionistas apareció un bajorrelieve de Francisco Pérez Mateo y nos contó su historia. Tengo entendido que hoy está en el Museo Reina Sofía.

El tren trajo a Cercedilla la modernidad. La línea férrea Madrid-Segovia con parada en Cercedilla, hizo que en este pueblo ganadero y maderero surgiera «la colonia de la estación», primer grupo de casas para veraneantes. Más tarde llegó el tren alpino. Una vía estrecha de un metro de ancho que en principio llegaba a Navacerrada y luego a Cotos. Fue inaugurado por Alfonso XIII.

Una anécdota real es que el rey Alfonso XIII visitaba con mucha frecuencia Cercedilla. No iba a recorrer sus montes, ni a hacer deporte, iba a visitar a Castora. Gustaba de desplazarse en tren, para pasar un rato delicioso en la Villa que lleva el nombre de su amiga. A la hora de marchar tomaba café en Gómez, enfrente de la estación.

En la carretera de las Dehesas se encuentra la fábrica de la luz. Inaugurada en 1925 fue una iniciativa municipal para producir energía pública y contrarrestar la subida de tarifas de la empresa que suministraba electricidad. Durante más de cincuenta años alumbró las calles y casas de Cercedilla. 

Como todo pueblo que se precie hubo un tema tabú, la Colonia de Camorritos, construida en 1923 en terrenos cedidos por la Sociedad del Ferrocarril Eléctrico del Guadarrama. Las casas con paredes de piedra berroqueña y madera de pino barnizada y cubiertas de pizarra con grandes chimeneas, dicen… que en ellas… vivieron nazis y que varios guardeses se hicieron dueños de las casas cuando, para huir, las vendieron a buen precio.

Gentes de todas clases sociales, de ideales contrapuestos, famosos, trabajadores, conviven entre sus calles, o lo hicieron en su momento. En una casa verde con jardín de frutales vivió Blas Piñar, y se rumorea..., que la hija de Vladimir Putin tiene una casa aquí, y que su padre la ha visitado en alguna ocasión.

José Canalejas tiene un Paseo. Aquel niño prodigio que fue ministro de varias carteras en tiempos de María Cristina de Habsburgo-Lorena y de Alfonso XIII, y que también fue presidente del Consejo de Ministros, entre 1910 y 1912, cargo que ocupaba cuando fue asesinado en la Puerta del Sol, fue un católico defensor de la libertad de cultos e intentó que el estado fuera laico. Compró casa y jardín en Cercedilla arrastrando a mucha gente a que hiciera lo mismo, en la llamada «Ampliación de la Estación». Hoy dicha casa está derruida y convertida en solar.  

Y por supuesto, no podemos dejar de hablar, de Paquito Fernández Ochoa, que ganó ese oro olímpico en Sapporo 1972, y de su hermana Blanca Fernández Ochoa, medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Albertville en 1992.

A los golosos se nos hizo la boca agua cuando se habló de Matías López, el fundador de la fábrica de chocolatera, casado con Andrea de Andrés Sánchez, primera marquesa de Casa-López, que tuvo palacete con jardín y alta verja de hierro, que tras ser derribado pasó a ser el Parque Municipal de Pradoluego. El enrejado del parque nos recuerda al Parque del Retiro, en Madrid.

Terminamos hablando de un mexicano rico que puso un caño en una fuente y en las fiestas corría el vino.

Como no pude tomar nota de lo que se habló sobre este tema, conmino a algún cercedillense, me gusta más parrao o parrá ‒a los que son de pura parra‒ a que cuente más historias de su pueblo.


Cercedilla se hace querer.


P.D. Los errores que pudiera haber son solo culpa mía. Se agradecen críticas y comentarios.

Nuevo Akelarre Literario nº 36: La boda



La boda

Es un rito que formaliza la unión entre dos personas ante una autoridad externa que regula y reglamenta el procedimiento, el cual genera compromisos contractuales u obligaciones legales entre las partes o contrayentes. 

Esta actitud de interés compartido se mantiene hasta el siglo XVIII en el que se empieza a pensar en el enamoramiento como razón para el matrimonio.

¿Pero qué hay verdaderamente detrás de cada casamiento? 

Los más románticos dicen que amor, sin embargo, encontramos intereses, soledad, amistad y hasta deseos de venganza. ¿Quién no ha temblado ante la tragedia de Bodas de Sangre? ¿Quién no se ha emocionado ante el amor de Romeo y Julieta o desesperado frente al de Cyrano de Bergerac?

Esperamos que os gusten.



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