jueves, 2 de abril de 2026

Amantes de mis cuentos: Desafortunado aniversario

 



Ayer, el tío Joaquín y la tía Cecilia cumplieron sesenta años de casados, sus bodas de diamante. Como era martes dejaron la celebración para el domingo y ella pudo asistir a su cita con el dentista.

Por lo visto se le estaba desgastando la dentadura, chirriaba los dientes de noche, apretaba la mandíbula y el dentista le recomendó una férula dental. Tuvo la suerte que en la consulta tenía una que le iba al pelo, perdón a la boca y a un precio muy asequible. El único problema era el color rojo cereza madura. Las transparentes costaban mucho más, sí, y total ella solo la tenía que utilizar en la noche. Tan acomodaticia como siempre, la tía Cecilia, aceptó.

Cenaron, vieron un rato la televisión, y llegó la hora de irse a dormir. Esa noche, la luna llena incidía en el espejo del dormitorio mostrando luces y sombras. La tía Cecilia, como siempre, se lavó los dientes, se embadurnó de cremas, se colocó los bigudíes, estrenó el nuevo artefacto bucal, comprobó que luces, puertas y ventanas estaban como debían estar y se acostó. El tío Joaquín, se acurrucó a su lado y le dijo algo al oído, ella se dio la vuelta riendo.

¡Ayyyyyy! 


El grito del marido se oyó a dos kilómetros de distancia. Fue lo último que dijo e hizo el pobre hombre que nunca había estado enfermo.

 

© Marieta Alonso Más

 

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