El hombre del habano, el
icono de la II Guerra Mundial, el escritor que ganó un Nobel de Literatura estuvo
dos veces en Cuba. Allí descubrió su gusto por el ron y los puros cubanos.
Churchill y su esposa Clementine llegaron el 1 de febrero de 1946 al Aeropuerto Internacional José Martí, de La Habana. Winston había acabado de cumplir 71 años.
Era un hombre mayor, enfermo, y por recomendación
médica había decidido tomarse dos meses de descanso. El lugar elegido fue
Miami, lo había invitado Frank Clarke, un oficial retirado del ejército
canadiense.
El entonces presidente de
Cuba, Ramón Grau San Martín, aprovechando lo cerca que se encontraba el
político que cambió el rumbo de la II Guerra Mundial, lo invitó a que visitara
La Habana. El presidente Truman ofreció a Churchill un avión para el viaje, y a
la hermosa Isla partió el ex primer ministro británico, junto a su esposa y Frank
Clarke.
Llegaron justo 50 años después
de haberla abandonado por vez primera. Y es que Churchill ya había estado en
Cuba en 1895, siendo muy joven, allí tuvo lugar su cumpleaños número veintiuno,
como corresponsal, durante la guerra de independencia cubana.
Del Aeropuerto Internacional
José Martí fueron llevados al Hotel Nacional y luego al Palacio Presidencial
para ser recibido y tener una primera conversación con el presidente Grau San
Martín.
Aunque se suponía que Churchill no debía hablar en público durante su viaje, una gran cantidad de personas se había congregado espontáneamente fuera del Palacio Presidencial y convencieron a Winston de que saliera al balcón y diera un breve discurso al público, que terminó de una manera que deleitó a los habaneros allí reunidos, al decir en español:
"¡Viva la Perla de las Antillas!"
Una anécdota contada por los
abuelos habla de que el descapotable con el que Churchill paseó por La Habana
era propiedad del dueño de la fábrica Partagás. Hasta de chófer le sirvió y le
pidió que visitara su empresa. Lo hizo. Por lo que una de las vitolas de la
marca Romeo y Julieta lleva el nombre del político británico.
Pinar del Río, famosa por su
producción de tabaco distinguió al ex primer ministro británico con el título
de «Hijo Predilecto».
Churchill se acabó de ganar
el corazón de los cubanos cuando en otro momento de su visita, refiriéndose a
su amor por los puros, aseveró:
“Cuba
siempre estará en mis labios”.

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