Llega en primavera desde clima más cálidos, se establece en los bosques bajos y se anida entre arbustos y matorrales, muy cerca del suelo.
El macho deja oír su voz hasta que llegan las hembras y cuando están haciendo el nido mientras la madre incuba sus cuatro o cinco pequeños huevos verdosos.
Pero cuando nacen las crías, el padre deja de cantar y su voz se convierte en una especie de graznido.
El cambio no parece del todo involuntario, pues si algo malo ocurre con las crías, el ave vuelve a entonar su hermoso canto animando a su compañera durante la nueva puesta.
Los ruiseñores, salvo que perezcan o desaparezcan los polluelos, crían solo una vez al año, en mayo. Por tanto, desde mediados de junio deja de oírse su canto, aunque permanecen entre los arbustos hasta las últimas semanas del verano o las primeras del otoño.
En la época que cantan lo hacen por la mañana, aunque su canto queda amortiguado por otros sonidos de la naturaleza, permanecen en silencio por la tarde y comienzan de nuevo muy entrada la noche, cuando el resto de las aves guardan silencio. Entonces su canto se oye a más de un kilómetro de distancia.

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