domingo, 28 de mayo de 2017

De tertulia con... El sombrero

Sombrero cordobés






La historia usa sombrero. Y ¿usted?

Su origen es difícil de datar. Al parecer su primer uso fue para fines funcionales como librarse del sol ardiente, de la lluvia pertinaz, del frío, ya que los primeros eran de fieltro, de lana. Luego como es natural se fue transformando a lo largo del tiempo y se comenzaron a usar con fines estéticos. Si ponemos atención hasta se puede descubrir sin palabras el status social del portador, años ha… la monarquía se distinguía por los sombreros grandes, vistosos, de terciopelo y adornado con cintas, piedras preciosas y plumas, mientras el pueblo usaba capuchas, caperuzas, o sombreros pequeños. También se puede deducir sin mucho esfuerzo adónde se dirige quien lo lleva… si de boda, de pesca, de paseo...

A los egipcios allá por el siglo XVI antes de Cristo, se les podía ver con ornamentos en sus cabezas, como así reflejan las pinturas de las tumbas tebanas. En la Grecia del siglo XII antes de Cristo, usaban el gorro frigio, esa especie de capucha, casi siempre roja, aproximadamente cónica con la punta curvada, que fue uno de los atributos del dios Mitra y que muchos años después se tomó como emblema de libertad por los revolucionarios franceses de 1793 y luego por los republicanos españoles. Figura como símbolo de emancipación en el escudo de varias naciones como Argentina, Bolivia, Colombia, Cuba, Haití, Nicaragua, El Salvador, Paraguay… También lo usaban los Pitufos, esos personajes creados por el dibujante belga Peyo, criaturas azules y de pequeño tamaño, protagonistas de películas, dibujos animados, videojuegos que hacen las delicias de grandes y chicos.

El primer sombrero con alas data del siglo V antes de Cristo en Grecia. Etruscos y romanos hicieron de él una prenda popular tanto que en época del imperio romano se declaró el sombrero como símbolo de libertad, al esclavo liberado se le regalaba uno. Se dice que Carlos IV de Francia llevaba un sombrero de castor, forrado de terciopelo carmesí y en el remate una borla de hilo de oro, al hacer su entrada en Ruan en 1494.

Hubo un tiempo en que el uso del sombrero declinó a favor de pelucas y peinados sofisticados. Una tendencia iniciada por el rey Luis XIII de Francia y que la Revolución francesa puso fin, diríamos de forma drástica, por lo que el sombrero volvió a resurgir, predominando el estilo tricornio.

Fue en esta época, durante el siglo XVIII, cuando las damas se hicieron eco de esa prenda que era usada solo por los hombres y la industria del sombrero proliferó, especialmente en Milán, donde tenían fama de ser los de mejor calidad.

El inglés John Etherington inventó el sombrero  de copa -esa prenda negra y alta como una chimenea- el 15 de enero de 1797 y desde el primer momento se convirtió en un éxito.
Fedora

El sombrero de mujer llamado Fedora, de fieltro blando, ala flexible y surco en el centro, fue famoso. No solo por su nombre sacado de una comedia francesa de Sardou, obra estrenada en honor de Sara Bernhard, es que la fedora con velo y pluma volvió loca a las mujeres de la época y la pluma oscilaba mientras paseaban en su bicicleta.

Muchas son las formas sombreriles pero todos tienen una corona o copa que puede tener forma cónica, redonda o truncada y que se adapta a la circunferencia del cráneo. El ala cumple la función de proteger al usuario de los rayos del sol. Una banda suave en la parte interna entra en contacto con la cabeza del usuario y tiene la finalidad de ajustar el sombrero a la cabeza y detener el sudor. El cinturón es la cinta o adorno que se coloca alrededor de la copa entre la corona y el ala. La visera es común en gorras militares y en las que usan en los partidos de béisbol. El barbiquejo es la cinta que sujeta el sombrero a la barbilla.
Bicornio

Un sombrero personaliza. Os imagináis a Napoleón sin su bicornio; a John Wayne sin su sombrero de vaquero del salvaje oeste; a Sherlok Holmes sin su Deerstalker, imposible que pudiera descubrir al asesino si fuera con su cabeza a la intemperie; a Juanito Valderrama cantando «El emigrante» sin el sombrero cordobés; a Mary Poppins sin ese maravilloso sombrero adornado de flores; a Carmen Miranda con el explosivo colorido de sus sombreros repletos de plumas, flores y frutas; a Julia Roberts en Pretty Woman con su sombrero Panamá, de origen ecuatoriano, pero como Roosevelt lo llevó en la inauguración del canal, ya no hubo forma de cambiarle el nombre. Ese tipo de sombrero tiene su aquel, Al Capone no se lo quitaba de encima, por lo que Marlon Brando lo usó en El Padrino; a los sencillos, modestos y callados pescadores sin su sombrero de tela de algodón con un borde colgante que cae frente al rostro; a los gondoleros de Venecia sin su canotier; a los toreros saludando sin su montera; a la policía montada del Canadá y a los Boy Scouts sin el sombrero de campana; a los gauchos argentinos sin el sombrero de panza de burro; a los elegantes ingleses de la City sin el bombín, y que curiosamente también es usado por las mujeres indígenas bolivianas que empezaron a usarlo a principios del siglo XX por la influencia de los trabajadores británicos en el país andino; a los cubanos del siglo XIX sin el jipijapa, testigo mudo de tantas conquistas amorosas gritadas al viento; a los turcos y norteafricanos sin el fez o tarbush, a los jóvenes de hoy sin el gorro de lana…

Jipijapa

Ascott, ese célebre evento que rinde pleitesía a las extravagancias y peculiaridades del sombrero, no sería lo mismo, siii… casi, casi y sin casi, este artilugio es más importante que las mismas carreras de caballo.

¿Qué sería de los cascos azules de las Naciones Unidas que gracias a él los identifican como cuerpo de paz? Y los obreros de la construcción que les sirve como protección ante una caída, y los militares que lo utilizan como distintivo de rango, nacionalidad, o como parte del uniforme.

A mí que no me quiten la imagen popularizada de Pancho Villa, Charles Chaplin, Jacqueline Kennedy, Indiana Jones, Humphrey Bogart, Coco Chanel, Frank Sinatra, Orson Welles, Winston Churchill, Ernest Hemingway… y tantos otros que estarían desnudos sin ese complemento que tanto prestigio les ha dado.


De este año no pasa sin que me compre el sombrero que me haga pasar a la historia como la mujer más elegante del universo y que conste que soy de las que cree firmemente que el sombrero surgió para protegernos de las inclemencias del tiempo. 

Diseños de Coco Chanel publicados en 1917 por Les elegances parisiennes



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