Según cuenta una leyenda mexica, el Dios Quetzalcoatl regaló
a los hombres el árbol de cacao. Según cuenta otra leyenda fue Kukulkán quien
dio el cacao a los mayas después de la creación de la humanidad. Mayas y
aztecas lo usaban como moneda de cambio mezclado con especie y hierbas para
suavizar el sabor amargo del fruto original.
Años después el botánico Carlos Linneo lo bautizaría con el
nombre científico de Theobroma, cuyo significado en griego es: alimento de los
dioses.
Hernán Cortés trajo a España el «oro moreno» y al parecer fue en 1534 cuando
Aguilar, uno de los monjes cistercienses de la expedición de Cortés, hizo
llegar el cacao a Antonio de Álvaro, abad del Monasterio de
Piedra, de Zaragoza, donde se elaboró chocolate por primera vez en España
y en Europa, y donde aún se sigue elaborando un chocolate de altísima
calidad, cuya elaboración es un secreto que guardan los monjes celosamente.
La incorporación de ingredientes como
el azúcar, la canela o el aroma de vainilla a esta bebida es una idea con
origen incierto: por un lado, se sabe que en México alrededor de finales del
siglo XVI gracias a la Nao de China llegaba a gran escala la
canela procedente de la isla de Ceylán y está claro que la extensión por
parte de los españoles del cultivo de la caña de azúcar en América pudo haber
facilitado que fuese allí donde se mezclasen ambos productos por primera vez.
Por otro, es recurrente la noticia de que eso solo ocurrió al llegar el cacao
a Europa. En cualquier caso, tal combinación se asocia casi siempre a obra
de miembros de órdenes religiosas: Las monjas de un convento de Oaxaca (México)
y el Monasterio de Piedra, en Zaragoza, son los dos lugares, en América y
Europa respectivamente, parecen haber sido los primeros en añadir azúcar al
cacao en 1529.
El chocolate negro cuenta con muchas propiedades beneficiosas
para la salud. En la actualidad, Ghana y Costa de Marfil son los dos
principales productores y exportadores de cacao a nivel global.
Delicioso

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