Se dice que los alimentos
calientes llenan más que los fríos. A mí me entonan el estómago. Me encantan
las sopas. Las frías y las calientes.
Según mi amiga Chelo cuando
se decida a ponerse a dieta, cosa que pospone cada día, se tomará tazones y
tazones de sopa, mientras tanto a ella le gusta lo sólido.
Aunque sea algo obvio, me
dice muy seria, que la sopa se ingiere con cuchara. ¡Dios mío! Lo que me
faltaba. ¡Cómo si se pudiera tomar con tenedor! Y otra cosa —no para de dar
consejos—, que se sirve generalmente al inicio de cada comida.
Al parecer los humanos la
tomaban desde el Paleolítico Superior. Y se podría decir, sin faltar a la
verdad, que las sopas de pan quizás fuera un alimento básico de la gastronomía
mediterránea y europea.
Ingredientes
2
cebollas cortadas en rodajas finas
1
litro de caldo
1
cucharada sopera de perejil picado
100
gramos de queso parmesano rallado
Sal
Aceite
de oliva
Preparación
Se fríe la cebolla en rodajas
en el aceite de oliva. Se añade el caldo. Se deja cocer unos 20 minutos. Se
retira del fuego, se añade el perejil. Y ya en el plato se echa por encima el
queso parmesano.

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