lunes, 27 de abril de 2015

Museo del Prado: Rogier Van der Weyden


Nace en Tornai en 1400. También se le conoce por Rogier de la Pasture, discípulo aventajado de Robert Campín, sintetizó el fuerte colorido y el gusto por el detalle del arte flamento con la expresividad de los rostros y las composiciones perfectas del arte italiano.

La obra de este gran pintor está en una exposición en El Prado desde el 24 de marzo hasta el 28 de junio de 2015, en la que podemos contemplar entre otras suyas, las tres únicas obras documentadas:

El Descendimiento
Museo del Prado (Madrid)

El Descendimiento (Museo del Prado, Madrid)

Está considerada como la obra maestra de este pintor. Fue un encargo del gremio de los ballesteros de Lovaina hacia 1445. Perteneció a María de Hungría, regente de los Países Bajos y hermana de Carlos I de España. Durante el viaje de Felipe II a los Países Bajos conoció la obra y se la compró a su tía. Esta obra vino a España en un barco que naufragó, gracias al embalaje, la pintura apenas sufrió daño. Así llega a estas tierras. Felipe II la pone en el Palacio de El Pardo hasta que se la lleva a El Escorial.

En principio el cuadro tenía puertas, por eso hoy no vemos espacio en los laterales. En el inventario de recepción de obras en El Escorial así lo dice:

Una tabla grande en que está pintado el Descendimiento de la cruz, con nuestra Señora y otras ocho figuras, que tiene dos puertas, pintado en ellas por la parte de dentro los quatro evangelistas con los dichos de cada uno con la Resurrección, de mano de maestre Rogier, que solía ser de la reyna María [...] que tiene de alto la tabla de en medio, por lo que toca a la cruz que en ella está pintada, siete pies y de ancho diez pies escasos.

Fue objeto de numerosas copias. Juan Fernández de Navarrete (el Mudo) creó dos alas o postigos en grisalla que devolvieron a la obra su estado original como tríptico. Más tarde dichas puertas se perdieron. Michel Coxcie hace una copia que en la actualidad se encuentra en El Escorial.

Por lo tanto lo que hoy tenemos es la tabla central de un tríptico que nos muestra a Cristo cuando es bajado de la Cruz. La cruz Tau actúa como elemento de simetría con un sayón detrás. Las figuras están encajadas en un espacio apaisado. José de Arimatea sostiene los brazos de Jesús vestido con túnica corta y  cenefa adornada con perlas y rubíes. Las piernas las sostiene Nicodemo vestido con un manto bordado en hilo de oro y forro de piel. María Salomé, madre de Santiago el Mayor y San Juan Evangelista, está al lado de su hijo, San Juan que está vestido con túnica roja acude a atender a la Virgen. Si tenemos la curiosidad de buscar los San Juan pintados por Van der Weyden vemos que siempre es el mismo modelo. María de Cleofás, pariente de la madre de Jesús, se cubre la cara llorando. A la derecha la Magdalena consternada, es la figura más lograda en cuanto a la expresión del dolor, se inclina con las manos juntas y los codos abiertos. La Virgen y Jesús están pintados en la misma posición, el tono blanco de la piel muestra, el desmayo de la muerte, el desmayo del dolor. La tracería de los extremos con unas ballestas pequeñitas en honor a los ballesteros. Los ropajes y el claroscuro proporcionan los efectos lumínicos. Entre los detalles minuciosos encontramos la barba de Cristo que es de hace tres días, desde que fue prendido. Hace más humana la composición. Por abajo hay un pequeño fragmento de paisaje, es hierba del monte Calvario, muy detallada. Una tibia a los pies de María y una calavera junto a su mano.


El Calvario
Monasterio de El Escorial (Madrid)


El Calvario (El Escorial, Madrid)

Felipe II compró el cuadro a la cartuja de Scheut, en las afueras de Bruselas, instalándola de forma provisional en su palacio de Valsaín. Van der Weyden la había pintado de forma altruista para dicha Cartuja pues su hijo Cornelius profesó allí como monje cartujo. 

Es obra de enorme tamaño, óleo sobre tabla de roble de la época final de Van der Weyden. Se dice que es más fácil datar una tabla que un lienzo. Llama la atención su impactante simplicidad. Solo una gama cromática: rojo y blanco. Tres lágrimas surcan el rostro de Cristo.

En 1574 se describe en el inventario de la primera entrega de obras artísticas a dicho monasterio y dice así:

Una tabla grande en que está pintado Christo nuestro Señor en la Cruz, con Nuestra Señora y Sant Juan, de mano de masse Rugier.

Es la expresión más refinada de las relaciones matemáticas y los sistemas geométricos que subyacen en todas las composiciones. Cada cuadrado tiene la proporción 8:5, siendo la proporción áurea los ocho cuadros en vertical y los cinco en horizontal.

Tríptico de Miraflores
Gemäldegalerie, Berlín

El Tríptico de Miraflores (Berlín)

Esta obra perteneció a Juan II de Castilla que la donó a la Cartuja de Miraflores en las afueras de Burgos, el año 1445. Acabó en la Galería Real de Berlín en 1850, tras su robo por el general Jean Barthélemy Darmagnac, en 1809, durante la invasión napoleónica a España.

Juan de Flandes hizo una copia que es muy similar pero de tamaño más reducido.

Pieza rígida organizada en tres escenas: Natividad, Piedad, Resurrección de Cristo


En las tres obras, las únicas documentadas, podemos ver la cruz de Tau, también llamada de San Antón, que tiene forma de T. Corresponde a la última letra del alfabeto hebreo y a la decimonovena del alfabeto griego. 

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