miércoles, 31 de mayo de 2017

Luis Box Pérez: Hemos leído "Stoner" de John Williams






Fue publicada por primera vez en 1965 sin apenas repercusión. Salvo alguna ocasión en la que alguien intentó recuperarla, sin éxito, ha pasado desapercibida hasta 2004 en que fue publicada en Francia. Después, ha sido traducida a diferentes idiomas (en español, en Argentina en 2006). No queda clara la razón, o razones, de ese olvido o desatención. Sin embargo, desde 2004 ha recibido los más altos elogios desde fuentes y personajes tan importantes como variados. Críticos, novelistas, lectores… han sido muchos los que la consideran como una obra maestra de la segunda mitad del siglo XX

El relato está escrito en  forma lineal, el lenguaje es sencillo, el narrador omnisciente. No leo, en mi caso oigo, frases complejas o términos rebuscados. Sin embargo, a mi juicio y a pesar de lo sencillo del lenguaje empleado, el relato es profundo en la cantidad de ideas y sentimientos que aparecen. Solamente cabe mencionar algunos momentos de lenguaje más técnico cuando refiere situaciones referidas a su trabajo como profesor o respecto a algunos trabajos sobre Shakespeare.

Es la historia de una vida sencilla, la de un personaje gris, mediocre, cobarde, resignado, sin capacidad de rebelión o respuesta. Quizás la idea central es señalar la rutina o poca relevancia que puede tener la vida de la inmensa mayoría de los seres humanos. La historia de Stoner, o el balance final de su vida, se puede leer en las primeras líneas. Nació, vivió, murió sin brillantez, apenas deja recuerdos, ni entre sus alumnos ni entre sus compañeros, no hay menciones a su trabajo y su nombre queda sin pena ni gloria. Y esto está descrito en unas pocas líneas, las primeras del primer capítulo.

Desde mi punto de vista, además de lo que se lee en la historia y la que ésta nos cuenta, se puede destacar lo siguiente:

La escasa diferencia entre las vidas brillantes, solamente lo consiguen unas pocas, y la falta de consistencia de la inmensa mayoría de los seres humanos, tal y como he dicho antes. Todos los personajes que aparecen en su vida son casi tan mediocres como él y tan solo algunos alcanzan un mínimo y limitado éxito. Esposa, hija, padres, suegros, amigos, compañeros, alumnos, incluso su amante. ¿Querría el autor decirnos que la vida suele ser sencilla, corta y muchas veces rutinaria?

La represión como mecanismo de defensa para huir del contacto afectivo o de tener que mostrar sus sentimientos, espacio en el que se siente inseguro y acomplejado. Tal vez el autor nos dice lo difícil que son las relaciones humanas vividas en profundidad.

La negación, otro mecanismo de defensa, para evitar la angustia de la frustración. El personaje evita el compromiso afectivo con sus amigos durante la I Guerra Mundial, niega su frustración sexual, acostumbrándose a ella, su rabia ante «el secuestro emocional» de la hija por parte de la esposa, su frustración por el fracaso en su trabajo al no poder ascender en su Departamento de la Universidad, refugiándose siempre en su trabajo. También se acostumbra y acepta la renuncia a la relación positiva, afectiva y satisfactoria que la amante le proporciona. El mensaje parece decir que negar la realidad puede ser útil para evitar sufrimiento.

La sublimación, tercer mecanismo defensivo, dirigiendo su rabia, frustración, represión y miedo hacia un fin más alto que pueda explicarle su actitud. Todo se sacrifica en honor de un bien más elevado: el estudio y la enseñanza o magisterio. Este mecanismo proporciona una mirada desde el exterior hacia el personaje que le hace más comprensible y socialmente aceptado al tiempo que oculta la verdadera situación de dolor que el personaje tiene. Posiblemente, el autor quiera expresar cómo la apariencia es, obviamente, siempre un engaño pero que casi siempre resulta fácil construirla.

A pesar de todo, el personaje mantiene una dignidad y una honradez a lo largo de toda su vida, poniendo su escasa capacidad de placer en el libro que escribe y en el que deposita su vivencia de logro vital y académico. Supongo que el mensaje es que siempre se puede encontrar algo por lo que vivir y por lo que gozar.

La expresión emocional que el personaje muestra se circunscribe a unos pocos momentos: su llanto cuando su profesor, Sloane, muere; su firmeza en el enfrentamiento con otro profesor a consecuencia de la tesis presentada por un alumno y que entiende como de poca calidad y se niega a cambiar su criterio; el dolor ante la evolución de la hija; la leve emoción que siente cuando sabe, años después, del relativo éxito de su amante. Y poco más.

Me parece de gran valor literario el ser capaz de contar en un libro corto toda una vida de manera tan intensa siendo a la vez una vida tan anodina. Tal vez el autor nos envía el mensaje final de que en cualquier caso, la vida merece la pena vivirla si la vives como la has deseado. Esto se ve muy bien en la muerte del personaje, abrazado a su libro y pensando en su vida, en lo que ha obtenido pero respondiéndose a su pregunta final «Y qué esperabas». En ese sentido, el personaje muere tranquilo ya que ha vivido lo que ha deseado, de la manera que ha decidido y con la triste pero tranquila conciencia de haber sido lo que pensó toda su vida. Este es el mensaje fundamental del autor: cualquier vida puede ser vivida de manera equilibrada entre la felicidad y la frustración, entre el amor y la adaptación a la realidad y la adaptación de esta realidad al deseo de uno mismo. Menciono como algo que me parece excepcional, el pasaje final en las últimas líneas (creo que son las dos últimas páginas pero no puedo estar seguro), en las que se describe la muerte de Stoner.

Como reflexión final, me quedo pensativo sobre la existencia de un cierto paralelismo entre la vida del autor y la del personaje. También el autor se dedicó a la enseñanza, también escribió un libro al que amaba pero cuya validez nunca fue reconocida en vida, también tuvo al parecer una vida discreta y poco relevante, tampoco dejó huella en su trabajo docente ni en los ambientes literarios. No sé nada sobre su vida personal, amorosa, social, etc.


En resumen, una novela muy triste pero magnífica y que me hace dar la razón a todos los que piensan que es una gran novela. 

© Luis Box Pérez




STONER. John Williams (Texas 1922-Arkansas 1994)
Editorial ‘Baile del sol’, tercera edición, febrero 2012
Traducción de Antonio Díez Fernández

martes, 30 de mayo de 2017

Feria del Libro de Madrid 2017

28 de mayo de 2017


El Parque de El Retiro 
me recibe con los brazos abiertos
y saltando, corriendo, riendo
me acurruco en él.


Mi familia de amigos

Foto de grupo tras las delicias culinarias.


Firmando con Antonio Portillo
Con Sandra y Sylvie

Mis amigas Mª Carmen y Herminia
¡Sorpresa! A primera hora de la mañana.

¡Qué raro! Hablando estoy

Candy, Milagros, Geny. A mi lado.


Mis queridos compadres
Muchísimas gracias a todos los amigos que me arroparon.
A Soledad Ortega en particular.
A todos los lectores que se hicieron eco de mis libros.
Al cielo de Madrid por no llover, solo chispeó un poquito.
A los chef del grupo para que repusiéramos fuerzas.

Hasta el próximo año 

Nuevo Akelarre Literario en El Rincón de las letras: Audio relatos



Audio relatos 

Tres autoras y tres cuentos: 

"Ventisca" 
Marieta Alonso

"La tía abuela Doriña ya no es de este mundo"
Malena Teigeiro

"Mademoiselle Rose" 
Cristina Vázquez


Podrás escucharnos en el minuto 00:39:20



Pincha aquí debajo. En el link






Disfrutad oyendo nuestros cuentos

lunes, 29 de mayo de 2017

Paul Cézanne (Aix-en-Provence, 1839-1906).

Autorretrato
(1879-1880)




Una de las figuras que más han influido en el arte contemporáneo, pero que, en vida fue ignorado por la crítica y el público. 

Estudió en su ciudad natal, allí conoció a Emile Zola, con el que trabó amistad. Por voluntad paterna se matriculó en la escuela de derecho. Poco después comprendió que su vida era la pintura.

En la casa de campo de su padre, el “Jas de Bouffan”, instaló su primer estudio, y en 1860, cuando Zola se trasladó a Paris, pidió permiso a su padre para ir con su amigo y estudiar pintura. No logró su deseo hasta el año siguiente en que se inscribió en la academia suiza para preparar el ingreso en la de bellas artes.

En el salón de 1861 le agradaron pintores como Cabanel, Gustave Doré, Meissonier, pero al ver en el Louvre obras de Caravaggio, Velázquez, Ribera y Zurbarán percibió la profunda diferencia que había entre unos y otros. 

Este descubrimiento tan importante para su carrera artística, le produjo una crisis, y, creyéndose incapaz de pintar regresó a Aix-en-Provence y aceptó un empleo en el banco de su padre.

En esta época pintó el retrato de su progenitor y del enano Achille Emperaire, amigo del pintor. En 1862 decidió volver a Paris.  Reanudó su trato con Zola y conoció en la academia a Guillaumin y Pisarro. Este encuentro fue decisivo, su estilo evolucionó en contacto con sus nuevos camaradas, especialmente Pisarro. 

Paul Cézanne se creó un estilo propio, al que llamaba “couillard”; un estilo desligado de las normas académicas, de toda escuela, de todo prejuicio.

En 1866 rechazaron su primer envío al Salón, hecho que se repitió en todos los envíos hasta el fin de su vida. Solo una vez por intervención de su amigo Guillemet le aceptaron una obra, que pasó inadvertida.

Por entonces conoció a la modelo Hortense Fiquet, de la que tuvo un hijo. Cuando estalló la guerra franco-prusiana (1870), Cézanne se hallaba en Provenza. Allí pintó numerosos paisajes y bodegones, en los que ya se aprecia la evolución de su arte; colores más vivos, pintura más fluida. Había asimilado el color como elemento constructor, no solo a base de contrastes, sino de fusiones, vibraciones y transparencias.

La casa del ahorcado. Auvers-sur-Oise (1874)
En 1872 regresó a Paris y pintó en Louvenciennes una serie de paisajes en compañía de Pisarro y otros pintores, todos ellos convencidos de la importancia de pintar al aire libre.
Vista de Auvers

De allí pasó a Auvers-sur-Oise, donde pintó “La casa del ahorcado” (1873, Louvre) que marca un rumbo en su pintura.  


Al año siguiente participó en la 1ª exposición impresionista con “Paisaje en Auvers”; “Una moderna Olimpia”…
Una moderna Olimpia (1873-74) 

A la tercera exposición impresionista (1877) envió dieciséis lienzos, que fueron acogidos desfavorablemente por crítica y público.

En 1884 se casó con Hortense. 

Por aquel tiempo Zola publicó “La obra”; Cézanne creyó reconocerse en el personaje del pintor fracasado, Claude Lantier, y rompió su vieja amistad con el escritor.

Después de la muerte de su padre se instaló en Aix, donde pintó numerosos cuadros de la montaña Sainte Victoire y naturalezas muertas. 
La montaña Sainte-Victoire (1905)


Su máxima aspiración fue la de unir en sus cuadros la vivacidad de la sensación directa -preconizada por los impresionistas- y el cuidado por la composición, el ritmo y la cadencia. 

Siguiendo esta tendencia se esforzó por representar la estructura fundamental de la naturaleza. Para ello empleó simplemente el color, prescindiendo del modelado y del claroscuro de la pintura tradicional. 

Pensaba que la forma y el color no eran elementos diferentes y precisó: “A medida que se pinta se dibuja… Cuando el color es rico, la forma es plena”.

Los jugadores de naipes

En 1895, Amboise Vollard organizó una exposición de obras de Cézanne, pero el artista no quedó satisfecho con la crítica favorable porque era evidente que no había comprendido su pintura.  En 1899 expuso en el salón de Independientes.  Su nombre empezaba a ser conocido. Jóvenes pintores como Emile Bernard y Charles Camoin, le pedían consejo.

Cézanne, que seguía viviendo en Aix, se trasladaba con frecuencia a Paris y pintaba en el bosque de Fontainebleau. 

El primer salón de otoño (1904) consagró su éxito. “Fauves y cubistas” empezaron pronto a llamarse sus seguidores, pues en la tendencia constructivista de Cézanne, en su rotunda afirmación de los elementos estructurales de la realidad (cubo, esfera, cilindro, cono), estaban en germen las intenciones estilísticas del cubismo, que adquirió  “estado civil”, -según Janneau-, al año siguiente de la muerte del pintor.

Las obras de su último período fueron –y son– consideradas por los entendidos como obras geniales. Sin embargo la consagración definitiva de Cézanne no se produjo hasta después de su muerte.     

Las grandes bañistas (1906)
Philadelphia Museum of Art 



Fuentes:
Enciclopedia Larousse

Wikipedia, la enciclopedia libre.  

domingo, 28 de mayo de 2017

De tertulia con... El sombrero

Sombrero cordobés






La historia usa sombrero. Y ¿usted?

Su origen es difícil de datar. Al parecer su primer uso fue para fines funcionales como librarse del sol ardiente, de la lluvia pertinaz, del frío, ya que los primeros eran de fieltro, de lana. Luego como es natural se fue transformando a lo largo del tiempo y se comenzaron a usar con fines estéticos. Si ponemos atención hasta se puede descubrir sin palabras el status social del portador, años ha… la monarquía se distinguía por los sombreros grandes, vistosos, de terciopelo y adornado con cintas, piedras preciosas y plumas, mientras el pueblo usaba capuchas, caperuzas, o sombreros pequeños. También se puede deducir sin mucho esfuerzo adónde se dirige quien lo lleva… si de boda, de pesca, de paseo...

A los egipcios allá por el siglo XVI antes de Cristo, se les podía ver con ornamentos en sus cabezas, como así reflejan las pinturas de las tumbas tebanas. En la Grecia del siglo XII antes de Cristo, usaban el gorro frigio, esa especie de capucha, casi siempre roja, aproximadamente cónica con la punta curvada, que fue uno de los atributos del dios Mitra y que muchos años después se tomó como emblema de libertad por los revolucionarios franceses de 1793 y luego por los republicanos españoles. Figura como símbolo de emancipación en el escudo de varias naciones como Argentina, Bolivia, Colombia, Cuba, Haití, Nicaragua, El Salvador, Paraguay… También lo usaban los Pitufos, esos personajes creados por el dibujante belga Peyo, criaturas azules y de pequeño tamaño, protagonistas de películas, dibujos animados, videojuegos que hacen las delicias de grandes y chicos.

El primer sombrero con alas data del siglo V antes de Cristo en Grecia. Etruscos y romanos hicieron de él una prenda popular tanto que en época del imperio romano se declaró el sombrero como símbolo de libertad, al esclavo liberado se le regalaba uno. Se dice que Carlos IV de Francia llevaba un sombrero de castor, forrado de terciopelo carmesí y en el remate una borla de hilo de oro, al hacer su entrada en Ruan en 1494.

Hubo un tiempo en que el uso del sombrero declinó a favor de pelucas y peinados sofisticados. Una tendencia iniciada por el rey Luis XIII de Francia y que la Revolución francesa puso fin, diríamos de forma drástica, por lo que el sombrero volvió a resurgir, predominando el estilo tricornio.

Fue en esta época, durante el siglo XVIII, cuando las damas se hicieron eco de esa prenda que era usada solo por los hombres y la industria del sombrero proliferó, especialmente en Milán, donde tenían fama de ser los de mejor calidad.

El inglés John Etherington inventó el sombrero  de copa -esa prenda negra y alta como una chimenea- el 15 de enero de 1797 y desde el primer momento se convirtió en un éxito.
Fedora

El sombrero de mujer llamado Fedora, de fieltro blando, ala flexible y surco en el centro, fue famoso. No solo por su nombre sacado de una comedia francesa de Sardou, obra estrenada en honor de Sara Bernhard, es que la fedora con velo y pluma volvió loca a las mujeres de la época y la pluma oscilaba mientras paseaban en su bicicleta.

Muchas son las formas sombreriles pero todos tienen una corona o copa que puede tener forma cónica, redonda o truncada y que se adapta a la circunferencia del cráneo. El ala cumple la función de proteger al usuario de los rayos del sol. Una banda suave en la parte interna entra en contacto con la cabeza del usuario y tiene la finalidad de ajustar el sombrero a la cabeza y detener el sudor. El cinturón es la cinta o adorno que se coloca alrededor de la copa entre la corona y el ala. La visera es común en gorras militares y en las que usan en los partidos de béisbol. El barbiquejo es la cinta que sujeta el sombrero a la barbilla.
Bicornio

Un sombrero personaliza. Os imagináis a Napoleón sin su bicornio; a John Wayne sin su sombrero de vaquero del salvaje oeste; a Sherlok Holmes sin su Deerstalker, imposible que pudiera descubrir al asesino si fuera con su cabeza a la intemperie; a Juanito Valderrama cantando «El emigrante» sin el sombrero cordobés; a Mary Poppins sin ese maravilloso sombrero adornado de flores; a Carmen Miranda con el explosivo colorido de sus sombreros repletos de plumas, flores y frutas; a Julia Roberts en Pretty Woman con su sombrero Panamá, de origen ecuatoriano, pero como Roosevelt lo llevó en la inauguración del canal, ya no hubo forma de cambiarle el nombre. Ese tipo de sombrero tiene su aquel, Al Capone no se lo quitaba de encima, por lo que Marlon Brando lo usó en El Padrino; a los sencillos, modestos y callados pescadores sin su sombrero de tela de algodón con un borde colgante que cae frente al rostro; a los gondoleros de Venecia sin su canotier; a los toreros saludando sin su montera; a la policía montada del Canadá y a los Boy Scouts sin el sombrero de campana; a los gauchos argentinos sin el sombrero de panza de burro; a los elegantes ingleses de la City sin el bombín, y que curiosamente también es usado por las mujeres indígenas bolivianas que empezaron a usarlo a principios del siglo XX por la influencia de los trabajadores británicos en el país andino; a los cubanos del siglo XIX sin el jipijapa, testigo mudo de tantas conquistas amorosas gritadas al viento; a los turcos y norteafricanos sin el fez o tarbush, a los jóvenes de hoy sin el gorro de lana…

Jipijapa

Ascott, ese célebre evento que rinde pleitesía a las extravagancias y peculiaridades del sombrero, no sería lo mismo, siii… casi, casi y sin casi, este artilugio es más importante que las mismas carreras de caballo.

¿Qué sería de los cascos azules de las Naciones Unidas que gracias a él los identifican como cuerpo de paz? Y los obreros de la construcción que les sirve como protección ante una caída, y los militares que lo utilizan como distintivo de rango, nacionalidad, o como parte del uniforme.

A mí que no me quiten la imagen popularizada de Pancho Villa, Charles Chaplin, Jacqueline Kennedy, Indiana Jones, Humphrey Bogart, Coco Chanel, Frank Sinatra, Orson Welles, Winston Churchill, Ernest Hemingway… y tantos otros que estarían desnudos sin ese complemento que tanto prestigio les ha dado.


De este año no pasa sin que me compre el sombrero que me haga pasar a la historia como la mujer más elegante del universo y que conste que soy de las que cree firmemente que el sombrero surgió para protegernos de las inclemencias del tiempo. 

Diseños de Coco Chanel publicados en 1917 por Les elegances parisiennes



sábado, 27 de mayo de 2017

MJ Pérez: Mi mejor argumento, el silencio

En ocasiones decidimos callar.
Pensamos que es mejor no hablar sobre determinados temas.
Nos convertimos en aliados del silencio y damos un paso atrás.
Hay quien nos tildará de cobardes, de indiferentes.
Pero estoy segura que alguien comprenderá.



Comprenderá que a veces es justo lo contrario.
Guardar silencio también es posicionarse.
Es darle a alguien más belicoso el lugar que se merece sin necesidad de palabras.
Se trata de no entrar en su juego y eso también es valentía.
Es sangre fría y nervios de acero.
Así que antes de juzgar mejor reflexionemos.

Reflexionemos porque detrás de todo siempre hay una razón.
Quizás ese alzamiento de cejas oculta magma volcánica.
Tal vez aquel encogimiento de hombros sea un esfuerzo de contención.
¿Lo sabemos? Me temo que no.
Porque para algunas personas un silencio es sólo un silencio.


© M. J. Pérez

jueves, 25 de mayo de 2017

Luis Miguel García de Mora (Lumigarmo): Caminar y contar


Las mujeres «Nacidas del Mar»,

y un pintor y la Virgen…

en la turística Garrucha


Hacía tiempo que no nos asomábamos por estos bellísimos -y confortadores- rincones almerienses como son Mojácar y Garrucha que ahí siguen en la cumbre… 

Vista de Mojácar desde la playa

Monte luminoso el primero con sus casas empinadas y gentes venidas de cualquier lugar del mundo, atractivo y variado, pesquero y con un pasado minero su vecino mejor hermano, a tiro de piedra ambos. Oímos una vez que, por estas tierras, nadie es extraño. Lo creemos. Hasta el castillo de Jesús Nazareno está de par en par… ¡Faltaría más! Bueno, por la noche, pero casi, pues un día celebraron en él dos bodas, sí, a pares, y pensamos que dormirían allí de lo a gusto que andaban todos. Nos contaba una gentil señorita que fue construido en 1765, que tenía todos los detalles como fortaleza y que, amén de otros, lo ocuparon el Cuerpo de Carabineros y la Guardia Civil. En la actualidad, se ha convertido en un espléndido museo, un mar de historia, muy visitado por escolares, residencias de mayores o gentes del cine que tanto se han visto por aquí.  

Del colosal monumento, a las afueras de Garrucha, el itinerario es sencillo, como los garrucheros, claro. Vayamos, primeramente, a visitar a la Asociación de Mujeres Nacidas del Mar. Tienen su local, mejor una casa con una gran familia…. Más de cincuenta nos cuentan, y un profesor de canto pues hoy toca ensayo. Y una feliz y guapa niña llamada Agnes (de Dios, como en la película, y de estas buenas mujeres) de once años que no vive cerca de ellas: está en Senegal. Es hija del hombre que les enseña a cantar en la iglesia desde hace cuatro años, Jean Jacques Baté, y gracias al esfuerzo de todas que le han conseguido un precioso traje blanco y demás ornamentos ha podido hacer la Primera Comunión hace unos días.

Y nos lo cuentan así, sin darle mérito…. Como otra señora, Antonia García González, que no habla de la enorme Semana Santa con dos cofradías cuyos pasos causan asombro: Como el Cristo del Perdón a quien llevan a hombros otras cincuenta mujeres. Y las siete procesiones a cargo de la Real, Antigua e Ilustre Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno y María Santísima de los Dolores que acaba de cumplir sus… cincuenta años. ¡Ah! Y la joven del castillo, según nos dijo, también forma parte de ella. Están orgullosísimas de su pueblo, de lo que ha crecido; y en lo personal, no digamos, los talleres municipales les han supuesto una alegría que creían perdida… sobre todo en no recordar penas o emigraciones a Alemania como recuerda Martín, esposo de una de ellas, que, desde su «Hogar del mar» de los mayores, suele acercarse a verlas cantar, o hacer encaje de bolillos (no hace mucho viajaron a Almagro para un concurso con las ya famosas encajeras de allí) o yoga donde lo pasan «como si estuvieran faenando en la pesca». Fue este señor uno de los veintitantos pastores que había en los años sesenta, y cuando lo llamaron para trabajar en «Lawrence de Arabia», ahí mismo en Carboneras, vio el cielo abierto -y el tren- y al poco estaba cerca de Berlín y lo sentiría por las ovejas… Nos dice al despedirnos: «Lo que daría yo porque pudiera ver mi padre la casa que tengo». Aquello se llenó de rostros emocionados y alguien habla de un pueblecito de Francia -Tence- con quien está hermanado Garrucha y comentan el recibimiento, «a lo Berlanga» pero de verdad, que les hicieron hasta con música y banderas. Ahora ya utilizan un hotel, pero al principio cada familia iba a una casa.

Razón llevaba nuestro padre cuando escribió en una crónica de los años setenta que «viajar, además de conocer, es amar»… Pues vamos con otros dos señores que hemos conocido. Uno es pintor y escritor. Félix Clemente Gerez, y necesitaríamos más espacio para poder contar lo que ha hecho, hace y le queda… Tiene un libro llamado «Gente brava» dedicado a su Garrucha natal que es como… una gran película y rodada aquí que es lo mejor. Exposiciones desde Vera o Macael -sí, la del mármol casi como el de Carrara, dicen- a Estados Unidos de América, Guadalajara, Florencia o Japón. En breve, participará en una internacional en Mojácar. Así que o en otro viaje, o lo cogeremos al vuelo… 

El otro Francisco Flores Flores, es de Mojácar y vive en Garrucha y sabe mucho de todo… Tiene una colección de fotos y periódicos con sabor añejo de sus dos queridos pueblos que piensa donar algún día a organismos culturales. De cine, bien: estuvo en la primera película rodada en Mojácar en los años cincuenta, «Sierra Maldita» y vio a Orson Welles degustar gambas y langosta cuando hizo por aquí una versión de «La Isla del Tesoro» en los sesenta. En fin, y nos fuimos al gran puerto a ver a la Virgen…

Panorámica de la playa de Garrucha



© Lumigarmo

miércoles, 24 de mayo de 2017

Feria del Libro de Madrid 2017



A todos los gatos:
Domingo, 28 de mayo de 2017
Caseta nº 349
¡Os espero!
¡A todos!




Mi primer libro. 
Son veintiséis relatos.
En ellos desgrano la vida de todos los días, hablo de ese idioma maravilloso que es el español, el nuestro, en sus distintas vertientes atlánticas, de las relaciones familiares, de las relaciones de pareja... 
Todos ellos basados en lo cotidiano pero con esa pizca de exageración que la literatura requiere.







Mi segundo libro. 
Está dedicado a todos los niños entre las edades de 0 a 99 años. El que tenga 100 debe demostrar que sigue siendo un niño o le catalogamos de adulto.
Contiene quince cuentos.
El escritor norteamericano Joseph Heller dijo: "He llegado por fin a lo que quería ser de mayor: ¡Un niño!"
Yo también.







Un tercer libro.
Contiene doce imágenes y cuarenta y ocho cuentos. 
Cuatro escritoras: una madrileña, una gallega, una argentina y una cubana que escriben cuatro relatos ante una misma imagen, demostrando con sus cuentos que cada uno percibe la realidad de forma diferente, con una mirada distinta.








¿Por qué a los madrileños les llaman gatos?

Porque en el mes de mayo del año 1085 cuando el ejército encabezado por el rey Alfonso VI no lograba entrar en la ciudad, uno de los jóvenes soldados consiguió escalar la muralla con tal destreza que parecía un auténtico gato. En honor a tal hazaña: Ser gato es un orgullo y vivir en Madrid un privilegio.