miércoles, 30 de diciembre de 2020

Antoine de Saint-Exupéry: El arte de los pequeños pasos

 


No pido milagros ni visiones, Señor, pido fuerza para la vida diaria. Enséñame el arte de los pequeños pasos.

Hazme hábil y creativo, para notar a tiempo la multiplicidad y variedad de lo cotidiano, los conocimientos y experiencias que me atañen personalmente.

Ayúdame a distribuir correctamente mi tiempo: dame la capacidad de distinguir lo esencial de lo secundario.

Te pido fuerza, autocontrol y mesura para no dejarme llevar por la vida, sino más bien organizar sabiamente cada momento de la jornada. Ayúdame a enfrentar lo mejor posible lo inmediato, y a reconocer que esta hora es la más importante.

Otórgame la lucidez para reconocer que las dificultades, las derrotas y los fracasos son oportunidades para crecer y madurar.

Envíame en el momento justo a alguien que tenga el valor de decirme la verdad con amor. Haz de mí un ser humano que se sienta unido a los que sufren. Permíteme entregarles en el momento preciso un instante de bondad, con o sin palabras.

No me des lo que yo pido, sino lo que necesito.

¡Enséñame el arte de los pequeños pasos!

¡Así sea!

 

Antoine de Saint-Exupéry, autor de «El Principito» el 31 de julio de 1944, a las 8:45 horas, despegó a bordo de un Lightning P-38 para una misión de reconocimiento sin armamento de una base aérea en Córcega, con una autonomía de vuelo de seis horas. No regresó jamás.

En un período particular de su vida, escribió esta bella oración al Señor para pedirle un regalo raramente invocado: aquel de la sencillez y de la fidelidad tranquila y serena en las pequeñas decisiones de cada día.

 


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