lunes, 31 de mayo de 2021

Mujer de rompe y rasga: Emilia Pardo Bazán

 



Esta escritora rebelde murió en Madrid el 12 de mayo de 1921 a los 69 años de edad, en el número 27 de la calle de la Princesa en Madrid.

Fue precursora en sus ideas acerca de los derechos de la mujer, reivindicando su educación como algo fundamental. También se le considera como una de las impulsoras principales del naturalismo en España, movimiento que surge como reacción al romanticismo. En 1883 escribió «La Tribuna» siendo la primera novela social y naturalista en la que aparece Amparo, la cigarrera, dando voz a la mujer trabajadora.  

Emilia Pardo Bazán apostó por la tradición y la modernidad, el feminismo y el catolicismo, el cosmopolitismo y el amor a las raíces, que no tienen por qué ser contradictorios. Desde su punto de vista la influencia del entorno no debería anular el libre albedrío. El ser humano puede elegir, aunque circunstancias adversas puedan mermar esa libertad de decisión.

La literatura decimonónica era coto varonil y nuestra escritora encuentra en algunos de ellos una enemistad enconada. Llegó a decir: «Cómo habría cambiado mi vida de haberme llamado Emilio».

Cuando le recriminaron que sus novelas incluyeran escenas de cierta crudeza, contestó que lo primero que habría que dilucidar era si convenía más a la mujer vivir en la ignorancia o conocer la vida y sus escollos para evitarlos. Fundó «Biblioteca de la Mujer» orientada a mejorar la educación de las mismas. Siempre se rebeló contra la idea de que el sexo pudiera marcar el destino de las personas.  Una de sus frases la define: «Creo que todos los derechos que tiene el hombre debe tenerlos la mujer».

Cultivó casi todos los géneros: novela, cuento, ensayo, historia, poesía, divulgación científica. Una de sus obras más conocida es la novela Los pazos de Ulloa.

Aunque no pudo ir a la universidad, vetada en aquel entonces para las mujeres, tuvo la mejor educación posible, llegando a manejar con soltura el francés, el inglés, y el alemán.

En 1905 se convirtió en la primera mujer admitida como socia en el Ateneo de Madrid. En 1910 fue nombrada Consejera de Instrucción Pública por Alfonso XIII, y en 1916 fue la primera mujer en ocupar una cátedra de Literatura Contemporánea en la Universidad Central de Madrid, cuyas clases fueron boicoteadas hasta que se suspendieron.

Se casó muy joven con José Quiroga y tuvo tres hijos. Se separaron de forma amistosa, y cuando él murió, ella le guardó luto durante un año. Sin entrar en dimes y diretes, su apasionada relación con Benito Pérez Galdós nos devuelve la imagen de una mujer fuerte que no se resignó a vivir en un segundo plano como un simple complemento del varón. La relación pasó por muchos sobresaltos a causa de algunos deslices esporádicos con Narcis Oller, Blasco Ibañez, Lázaro Galdiano...

Católica fiel se especula que simpatizó con el modernismo religioso, según el cual había que renovar la dogmática y las instituciones. Frente a la solemnidad y el boato, se imponía regresar a la sencillez evangélica. En su estudio sobre san Francisco de Asís dejó muy claro que entendía el cristianismo como un canto a la fraternidad. Su amistad con Francisco Giner de los Ríos completó su interpretación de la fe.

Atacada por Valera, Pereda y Menéndez Pelayo, alzó la voz contra las penalidades de las clases populares, pidiendo reformas. Rosalía de Castro describió a Emilia Pardo Bazán en un poema como «magnífica, absoluta, soberana». Menéndez Pelayo fue su amigo hasta que dejó de serlo. Lo mismo que Leopoldo Alas «Clarín» que prologó su polémico libro La cuestión palpitante. Dijo de ella que era simpática, valiente y discretísima. Años más tarde dio marcha atrás declarando que se arrepentía del prólogo. 

Me pregunto: ¿Por qué se oye hablar de la obra de tantos literatos sin mencionar a sus amantes, respetando así su vida privada y a Emilia Pardo Bazán se la conoce más, por sus escarceos amorosos? Lástima, que sean tantos los que, lamentablemente, no han leído su producción literaria.

Imagino que allá donde esté, la gran escritora sonreirá sin darle mayor importancia y seguirá considerando que la igualdad entre hombres y mujeres es una meta posible.

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