domingo, 11 de febrero de 2024

Los «trulli» de Alberobello

 



Patrimonio de la Humanidad 1996

La comarca de las Murgas es famosa por los trulli, construcciones típicas de esta región que se extiende desde Selva di Fasssano al valle de Itria.

Unos dicen que el origen de estas construcciones se remonta a la Prehistoria, a la segunda mitad de Edad Media o a principios del siglo XVI cuando, siendo un pequeño feudo bajo el dominio de los condes de Conversano, comenzó a poblarse de campesinos que deseaban cosechar las tierras fértiles. Los condes autorizaron a los colonos para que construyeran sus casas a la piedra seca, esto es, sin utilizar mortero, para poder ser derruidas en caso de inspección regia.

Esto se debía a la Pragmática de Baronibus, norma existente en el Reino de Nápoles, en cuya virtud el nacimiento de una aglomeración urbana exigía el pago de tributo. Así con la astuta propuesta se evitaba pagar el impuesto, ya que se podían configurar como construcciones precarias, de fácil demolición.

Son cabañas de piedra caliza encalada y con techumbre en forma de cono que se embellecen con pináculos decorativos, cuya forma está inspirada en elementos simbólicos, místicos y religiosos. Están construidos sobre la misma roca. Las pareces de 1,5 a 1,8 metros de altura y normalmente de planta rectangular son dobles y cuentan con pequeñas ventanas. Su techumbre cónica está compuesta también por piedras planas dispuestas de modo concéntrico. Las viviendas cuentan con ingeniosos sistemas de recogida de la lluvia, usando unos aleros en la base del tejado que conducen y recogen como canalones el agua a través de un canal practicado en una losa hacia la cisterna que está situada bajo la vivienda.



Los trulli de Alberobello son unos de los mejores conservados y homogéneos de este tipo en Europa. El barrio de Monti contiene 1030 trulli. Sus calles descienden por las faldas de la colina y convergen en su base. Sobre la cumbre del rione Monti se encuentra la iglesia de san Antonio de Padua, también en forma de trullo, con planta de cruz griega y a más de cuatrocientos metros sobre el nivel del mar. Se integra perfectamente con lo que le rodea.

El barrio de Aja Piccola con 590 trullis es menos homogéneo y confluye sobre una explanada, la cual en la época feudal se utilizaba como «era» para trillar.

La mayoría de los trulli pertenecen a particulares, aunque algunos han sido adquiridos por el Ayuntamiento. Un 30% se destinan a tiendas para el turista, un 40% están abandonados y solo el 30% están habitados, aunque cada día va disminuyendo las familias que viven en ellos.

 


Leer es viajar



Fotos: Ángeles Alonso 


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