Cada
vez son más los pueblos abandonados en España como consecuencia de la creciente
despoblación de las zonas rurales.
Algunos
de ellos, a pesar del deterioro sufrido durante décadas por el abandono, el
expolio y el vandalismo, siguen siendo espectaculares. En sus calles ahora
vacías podemos imaginar cómo fueron en otros tiempos.
Uno
de los más populares es Belchite, en la provincia de Zaragoza, situado a 49
kilómetros de la capital y cabeza de la comarca conocida como Campo de
Belchite.
Muchas
de sus ruinas aún conservan la grandeza del pasado, como las de la Iglesia de
San Martín de Tours, la torre del Reloj o los arcos de la Villa y de San Roque.
Los
primeros testimonios humanos de la zona se hallan en la cueva de los Encantados
y se remontan a la Edad del Bronce Antiguo y Medio, pero hasta la Edad del
Hierro no hay constancia de presencia humana relevante. Es a finales de la Edad
del Hierro cuando se producen asentamientos importantes. La presencia romana
queda evidenciada por el yacimiento del cerro del Pueyo, cuya cronología
no es anterior a mediados o finales del siglo I a. C.
Más
tarde, la zona fue poblada por grupos de origen bereber relacionados con la
dinastía Omeya. La ubicación geográfica, controlando la ruta con Montalbán y
Teruel hacia la costa y el eje Molina-Guadalajara-Toledo, así como la
recuperación de la presa romana Almonacid y su acequia, permitieron un
crecimiento importante de la población.
En
1117-1118 Belchite fue conquistada por Alfonso I, el Batallador. En 1122
decide crear allí la que sería la primera orden militar a imitación de
la Orden del Temple. Tras la derrota de Fraga, gran parte del
territorio de la frontera sur del reino volvió a caer en manos de
los almorávides. Alfonso VII de León acudió al socorro de estas
órdenes pioneras. En 1143, con Ramón Berenguer IV serían absorbidas por
la Orden del Temple.
Tras
la Edad Media comienza un desarrollo económico del lugar siendo un próspero
centro de producción agrícola, económico y administrativo de una amplia
comarca. La población estaba conformada por cristianos, musulmanes y judíos con
un predominio claro de los moriscos que se dedicaban preferentemente a la
agricultura. En 1611 se decreta la expulsión de los moriscos, que representaban
el grueso poblacional de Belchite, y se crea una nueva carta de población con
el fin de atraer nuevos vecinos.
La
llegada del siglo XIX representa para Belchite el comienzo de un
largo declive. El 16 de junio de 1808 el general Palafox se asienta en Belchite
para presentar un frente de guerra al ejército francés. Los españoles fueron
derrotados. Esa victoria está reflejada en el Arco del Triunfo de París.
En 1838, dentro de las guerras carlistas se produce otra batalla en
tierras de Belchite. La revolución liberal implicó cambios en el sistema de
propiedad de la tierra que se plasmaron mediante las desamortizaciones.
Hacia 1872, de nuevo se desata un nuevo enfrentamiento carlista que tiene su
repercusión en la zona.
Bombardeado y
arrasado durante la guerra civil, se prohibió su reconstrucción y poco a poco
se quedó sin vecinos. Muy cerca se construyó a mediados del siglo XX el pueblo
nuevo de Belchite, con un estilo arquitectónico basado en el viejo pueblo, en ladrillo predominando el estilo mudéjar y el
barroco. Y se reconstruyó el santuario de
Nuestra Señora del Pueyo, lugar de devoción local y meta de romerías.
Se
economía se basa en la agricultura y la ganadería. Destaca el olivo, los
cereales, almendros. La ganadería se centra en porcinos, ovinos, bovinos,
avícolas... Hay una actividad minera relevante centrada en la producción de
Carbonato Cálcico de extremada pureza y blancura. Destaca la producción de
aceite de oliva el cual cuenta con la Denominación de Origen Bajo
Aragón. El sector servicios está asentado en el turismo que tiene como elemento
clave las visitas guiadas al Pueblo Viejo y al Belchite actual.
Por
sus características, el viejo Belchite ha sido escenario de diversos rodajes
cinematográficos, obras de teatro, numerosas producciones audiovisuales,
programas de misterio, anuncios de videojuegos… Tal
ha sido la afluencia que desde 2013 solo se puede acceder con las visitas
guiadas organizadas por la Oficina de Turismo.
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