viernes, 1 de abril de 2016

Amantes de mis cuentos: ¡Vaya dos!

Mico. Tití plateado





Hay gente borde como las hay demasiado amable. Me encuentro entre esos dos extremos. 

Somos tres en un despacho. La más antigua, la borde, la amable recién llegada.

−Me llamo Maricela.

−Yo, Joaquina.

−Yo, Esther.

Me levanto y le doy un beso de bienvenida. La otra ni se inmutó.

Se repartió el trabajo.

−¿Cielo, me puedes dar el listado de proveedores?

−Ahórrate lo de cielo. Te lo daré cuando lo tenga.

−Disculpa.

Y me miró roja como la grana. Le sonreí y le hice un gesto para que no hiciera ni caso.

Al día siguiente Maricela se presentó con unos pasteles. Era su cumpleaños. Fue de mesa en mesa repartiendo.

−Joaquina, prueba los pasteles, están muy ricos.

−No gracias. Estoy a dieta.

−Aunque solo sea uno, mi amor.

−Yo, tu amor. ¿Desde cuándo? 

Y salió del despacho dejando a la otra con la bandeja entre las manos.

Pasó el tiempo. Maricela cuidaba su vocabulario de toda expresión cariñosa frente a Joaquina pero así todo recibía ramalazos verbales cada dos por tres. Hasta que un día estando Joaquina frente a la máquina del café, apareció Maricela con el portafirmas a rebosar. Al estar Joaquina de espaldas la confundió conmigo y dijo toda eufórica.

−¡Hola, pitusa!

La reacción fue tan rápida que ya el café corría por su cara cayendo sobre los papeles cuando se oyó decir a Joaquina:

-Y tú, mico.

© Marieta Alonso Más         

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