La historia que
se nos presenta en La bruma verde se desarrolla en África, en las selvas del
Congo donde están ocurriendo algunas cosas que afectan, muy seriamente, al
resto de la humanidad.
Bineka es hecha
prisionera por el grupo de asesinos que ha arrasado su aldea y ha acabado con
su familia y vecinos. Durante el traslado sufren un accidente que permite a la
niña huir y, posteriormente, ser adoptada por una familia de chimpancés con los
que entabla una delicada relación, siempre al filo del desastre. Mashira, la
matriarca que la protegerá de todo peligro; Takuro, el jefe de la manada, fiero
y peligroso; Furaka, la cría a la que Bineka adopta al morir su madre. La niña
convive varios meses en este difícil entorno, cual moderno Mowli, temiendo
siempre por su vida, pero entre las dudas de si escapar para volver a caer en
las garras de los que están haciendo de su medio un infierno y las dificultades
de esa nueva vida entre primates.
Por otro lado,
Beatriz, que trabaja en una ONG medioambiental investigando las agresiones que
grandes multinacionales, en busca de sus preciadas materias primas, están
perpetrando en la zona, desaparece y Lola, amiga de la infancia de la
desaparecida, viaja al Congo para encontrarla.
Bineka y Lola se
van a encontrar con este escenario de fondo y, ayudados por un compañero de
Beatriz, se enfrentarán a una compleja trama de corrupción, luchando por
despertar conciencias para conservar el mundo que la pequeña ha conocido
siempre.
La novela de
Gonzalo Giner nos muestra un mundo ideal amenazado, seriamente, por la ambición
desmedida que está esquilmando los pulmones de este planeta tan castigado.
Que nos estamos
cargando el mundo en que vivimos creo que lo sabemos todos, lo que no sé es si
nos estamos dando cuenta de que, en estos entornos algo alejados del llamado
primer mundo, hay seres humanos y animales que están sufriendo masacres
extremas debido a la riqueza sobre la que siempre han morado.
Después de leer La bruma verde es imposible no tener la
sensación de pérdida irreparable y más difícil todavía se hace no enamorarse, a
través de los ojos de Bineka, de ese mundo que nos parece tan lejano, pero al
que estamos abocando a la desaparición.
Sinceramente creo
que es una novela que hay que leer porque puede remover conciencias para que,
de una vez por todas, decidamos implicarnos en la defensa de los entornos
naturales y de sus habitantes.
Julia de Castro
Mi otoño en libros
Noviembre 2021

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