viernes, 8 de junio de 2018

El Gato Trotero escribe sobre: "La huella de los Adioses"

jueves, 7 de junio de 2018


LA HUELLA DE LOS ADIOSES de Marieta Alonso Más.

Yo soy Liborio el guajiro
Símbolo de Cuba bella,
De mi bandera la estrella
Y de mi patria el respiro.
Yo solo a una cosa aspiro
En mi patria soberana:
Verla en aquella mañana
Cuando ya libres seamos,
Cantar: no tenemos amo
Al son del triple y del güiro...

(El sueño de Liborio, fragmento. R. Galloso)




El día que "el Señorito" vino en persona a casa de mi abuela para invitarme a una fiesta que daba su hija, todo el mundo iba como pollo sin cabeza corriendo de un lado para otro. Mi abuela me dio un baño con estropajo para quitarme el olor a oveja que según ella siempre traía de casa de mi otra abuela -la cual se enfadó bastante al enterarse que me llevaban de "mono de feria" a la fiesta- y mi madre me puso el vestido rosa de los domingos y las sandalias nuevas, las que tanto me gustaban y nunca me dejaban ponerme por si las rompía; mi tía me hizo una cola de caballo tan estirada que notaba como los ojos se me achinaban por momentos. Mi abuelo movía la cabeza y decía sin parar ¡Ya veréis como la lía, ya lo veréis! y mi otro abuelo repetía ¡Cómo se nota que no está mi hijo, llevar a la niña a esa casa, no hay que mezclarse con señoritos! y yo pensaba ¡Qué familia!  Cuando llegué a la Casona vi a varias de mis mejores amigas sentadas en el patio, junto a unos rosales, todas emperifolladas y con cara de no haber roto un plato en su vida, y la "Americana", la mujer del "Señorito" que en realidad era irlandesa, nos recibía a cada una de nosotras con un beso y un vaso de naranjada. La verdad es que lo pasamos muy bien, Rebeca resultó ser muy simpática y divertida, y su madre nos dio permiso para disfrazarnos con ropa de un baúl, nos lo pasamos de maravilla...hasta que nos preguntaron por nuestras familias y empecé a sentirme avergonzada por comparación: tenía una tía abuela loca que recibía a las visitas con una escopeta, un tío que bailaba con tutú en el comedor de su casa cuando nadie lo veía, un primo que intentó volar como Supermán y otro que un día se desnudó y salió corriendo por la calle gritando que los marcianos lo vigilaban...¡Qué familia!. Así que me inventé una familia más acorde con el momento en el que estábamos. A la fuerza ahorcan.
Tras la fiesta volvía a casa y al pasar por la puerta de una vieja cotilla oí como esta le decía al cura: los nietos de la "pastora" son todos unos salvajes, pero no me extraña, con esa abuela y esos padres que tienen, demasiado bien han salido aún las criaturas, vaya una gente incivilizada. 
Así que hice lo único que había que hacer para defender el honor de mi gente: arrearle una pedrada a la vieja cotilla, lo que pasa es que le dí al cura al errar el tiro  y con aquella pedrada se acabaron  las fiestas para mi en la Casona, los "señoritos" dijeron a mi abuela que "no me lo pasé bien y que preferiría jugar con mis primos, y ellos lo entendían"...

Pero de mi familia solo hablo mal yo, que para eso son míos ¡Y cuidado con tocármelos!

La huella de los adioses es una saga familia, comienza en España y regresa a ella desde una Cuba que es un desafío y un dolor. Marieta Alonso nos ofrece una rica galería de personajes vigorosos y bien trazados que nos llevan hasta el último tercio del siglo XIX y nos devuelven a las postrimerías del siglo XX para ofrecernos un retrato íntimo de la sociedad cubana, del exilio, del regreso a los orígenes y de la poderosa capacidad del ser humano para adaptarse a nuevas circunstancias. Armada a través de cartas, reflexiones, vívidas escenas y valiosa naturalidad descriptiva, la novela se disfruta página a página y nos deja al final el sabor agridulce de lo más auténtico.
                                                                                                   (Jorge Eduardo Benavides)
                                                                                       



Los cuentos de Marieta son una delicia, sus dos libros anteriores son justamente eso, recopilación de cuentos y pequeñas historias que son en sí mismos, pequeñas novelas; los disfruté muchísimo y mes a mes recibir las publicaciones de sus relatos en la revista Nuevo Aquelarre, es uno de los momentos más esperados y disfrutados. Pero ahora, la escritora hispanocubana nos trae su primera novela larga, casi cuatrocientas páginas nada más y nada menos, esto es dar un gran paso, adentrarse en el género por la puerta grande. Los que conocemos y disfrutamos sus cuentos sabemos de su valía, su talento y su prosa cautivadora, pero ¿habrá sabido conservar esas aptitudes en este gran salto? pues para eso hay que ponerse a leer ya. Y así lo hice.

Me encuentro con un libro muy cuidado en su aspecto y su formato, está hecho con mimo y dedicación, fotos familiares, mapas y cartas a mano envuelven el corazón de la novela, primer y último capítulo son rozados con ternura por estos pedacitos de recuerdos, solo con ver y acariciar el libro una ya se siente cerca de la autora y sus personajes, antes incluso de conocerlos. Y me pasa algo muy curioso, abro el índice y veo que cada capítulo lleva el nombre de un personaje y al lado una escueta frase que resume lo que nos podremos encontrar y una fecha,  y en ese momento me emociono, así como os lo cuento, solo leyendo estos nombres y esas frases, me he emocionado, grosso modo me he hecho una pequeña idea de lo que me puedo encontrar dentro y sé que no me va a dejar fría. 

Nos encontramos con el primer personaje, Cecilia, en la actualidad, en un viaje cargado de dolor y pena de Madrid a Galicia, con ella empezaremos y terminaremos esta historia, personaje clave de la novela, me arriesgo a calificarlo de principal por ser el hilo del que tiran los recuerdos para conocer el resto de personajes y con ellos, sus pequeñas grandes historias que desembocan en esta gran narración; hasta que no he leído esta novela no me había dado cuenta de la ligereza con la que había calificado de novela coral a otras muchas y es que la cantidad de personajes que conforman la novela es impresionante, y si faltara uno solo de ellos, la historia quedaría coja, por eso os comentaba antes que me arriesgaba a calificar a Cecilia de personaje principal, pues si los demás son secundarios son auténticos actores de reparto de lujo; pero no temáis, no perderéis el hilo en ningún momento, todos y cada uno de ellos están perfectamente integrados y perfilados en la narración, la historia de cada uno de ellos y su interacción con el resto están narrados de manera precisa, concisa, exacta, cuidada, con una naturalidad y sencillez que es como si los tuvieses delante. A lo largo del libro vamos conociendo a estos personajes y sus historias a través de pequeños saltos en el tiempo y el espacio, desde 1868 hasta 2007 pasando por la guerra de Cuba, los primeros años del siglo XX, y las siguientes décadas hasta la actualidad, en capítulos cortos, fáciles de leer, de seguir y relacionar con el resto de pasajes, vamos saltando con los protagonistas de fecha en fecha ¿recordáis Érase una vez el hombre? un reloj con ojos y manos nos iba marcando el tiempo a la vez que acompañábamos a los personajes a través del tiempo y la Historia, pues algo así sucede con La huella de los adioses, arriba a la izquierda, en cada capítulo, un dibujo de la isla de Cuba o de España, pequeño, sin llamar la atención pero marcando  el lugar en el que se desarrolla el capítulo que vamos a leer a continuación, junto con el nombre de su protagonista, una pequeña frase y una fecha, es nuestro reloj que nos anuncia "Il etait une fois" que rezaba en su lenguaje original aquella serie animada con la que crecimos y aprendimos Historia los niños de entonces. 

Y es que Marieta nos muestra de manera natural, franca, directa y afable la desconocida historia por la mayoría, al menos en mi caso, de Cuba. Mis conocimientos sobre la isla no sobrepasaba la famosa pérdida de Cuba del 98, el Che Guevara y Fidel Castro, y ahí queda la cosa; pero la autora nos lleva de la mano de sus personajes, desde 1868 y el viaje de Antón desde Espasante a Cuba, y embarcarnos con él y el inicio de una historia que mezcla sangre, razas y países en una saga familiar de profundas raíces aunque un océano separe los orígenes de unos y otros. Para mi ha sido un placer absoluto leer capítulo a capítulo, conocer a todos estos personajes, adentrarnos en sus mentes, sus corazones, sus vidas, y algo que no creí posible, disfruté y aprendí  de manos de cada  uno de ellos tanto sobre Cuba, antes y ahora, que me avergüenzo de mi ignorancia hasta ahora de tan extensa e importante Historia. 

Lo que nos une es mucho más de lo que nos separa. Ser la madre patria no es haber mandado tres barcos hace más de quinientos años allende los mares, es ser sangre, alma, ideas, recuerdos, nexos y lazos fuertes e invisibles, es ser Unos en Otros. 

Amaremos a Edelmira, Micaela, Isabel, Zobeida, Cecilia, sentiremos la sangre bullir por nuestras venas junto a Pedro, Vicente, Josefa, y sufriremos  sin dejar de sonreir con Pablo, Juan, Candelas, y nuestro ojos se humedecerán con Mamaquela. Aprenderemos todo sobre las plantaciones de tabaco, la esclavitud cubana, tradiciones, costumbres, platos, diversión, trabajo duro, sobre Guanajatabeyes y siboneyes; sobre un idioma español que a nosotros nos suena a galimatías...sobre una vida y muchas vidas. 

CONCLUSIÓN: La huella de los Adioses es una novela de personajes y sus historias, pequeñas grandes historias que dan forma y presencia a una saga familiar que no sabe ni de distancias, ni colores ni ideologías, una familia fuerte, amante de sus tradiciones y sin miedo a los cambios, abierta de mente y dispuesta a acoger nuevos acervos junto a los de siempre. Una historia de personas más que de personajes, de amor, de lucha, de grandes y pequeñas batallas y un par de grandes guerras; sentimientos, emociones, valores, amor, desamor, algún odio y mucho perdón. Una de las lecturas que más me han sacudido el alma y en alguna ocasión me ha retorcido las vísceras. Bella y sensible, que no sensiblera, de las que dejan huella en el corazón.


LA HUELLA DE LOS ADIOSES
Marieta Alonso Más


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