miércoles, 15 de abril de 2020

Cuentos de la niñez: Blancanieves y los siete enanitos



En un próspero reino nació una preciosa niña cuyo nombre era Blancanieves. Su mamá murió. Pasaron unos años y su padre se volvió a casar. Su madrastra era hermosa, orgullosa y altanera. Tenía un espejo mágico y cada día le preguntaba:
‒Espejito, espejito, ¿Soy la más bella del reino?
‒Sí, lo eres ‒respondía.
Hasta que un día contestó:
‒Blancanieves es la más bella.
Eso la enfureció de tal manera que una diabólica envidia se asentó en su corazón. Mandó a llamar a un hombre de su confianza, y le ordenó que llevara a Blancanieves al bosque y la matara. Le daría una buena recompensa.
Llegado el momento, el hombre sintió mucha pena al comprobar la inocencia de Blancanieves y le dijo:
‒No te mataré, pero no vuelvas nunca. Si lo haces seré hombre muerto.
Blancanieves quedó sola en el bosque, y echó a andar. Cuando caía la tarde, de pronto vio a lo lejos una casita, tocó a la puerta y nadie contestó, por lo que decidió entrar. Todo era muy pequeño, la mesa estaba preparada para comer, y comió, luego se quedó dormida.
Los dueños de la casita regresaron de su trabajo en la mina. Eran siete enanitos que al ver a Blancanieves la despertaron, y ella les contó lo que le había sucedido. Prometieron cuidarla.
Mientras tanto, el espejo seguía diciendo que Blancanieves era la más bella de las mujeres del reino y que vivía en una casita muy pequeña, ubicada en el bosque.
La madrastra descubrió dónde estaba la casita, se disfrazó como una anciana y le regaló a Blancanieves una manzana a la que dio un mordisco. Pronto cayó al suelo. Estaba envenenada.
Al atardecer los siete enanitos se encontraron con Blancanieves caída en el suelo. No lograban despertarla por lo que decidieron construir una urna de cristal y colocarla dentro. La llevaron a lo alto de la montaña, donde la visitaban todos los días llevándole flores del bosque.
Un príncipe viajero pasó por el bosque, se enteró de lo sucedido, al verla se enamoró, y en un impulso incontrolable pidió permiso a los enanitos para que le regalaran el féretro. Ordenó a sus criados que lo transportaran en hombros, pero en un recodo del camino tropezaron y de la sacudida el bocado de la manzana saltó de la garganta de Blancanieves. Y como volvió a la vida, se casaron y vivieron felices.
¡Ah! ¿Queréis saber lo que fue de la madrastra? Pues no lo recuerdo. Creo que deberíais buscar el cuento original de los hermanos Grimm.


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