El relato que
hoy os traigo me ha sorprendido y me ha enganchado. Muchas veces oí hablar de
las deportaciones forzosas a Siberia llevadas a cabo por el régimen
estalinista, pero la historia que Guzel Yájina presenta en este libro nos pone
delante de los ojos una realidad poco aireada.
La política de
colectivización agraria marcó la vida de campesinos (kulaks) que fueron arrestados, deportados a la taiga siberiana, una
especie de nada con la que luchar para arrancar a la naturaleza lo mínimo
imprescindible para la supervivencia y el pago de su supuesta deuda con el
estado en aplicación del sistema GULAG dirigido por el NKDV (Comisariado del
Pueblo para Asuntos Internos). Los deportados vieron confiscadas sus tierras y
sus bienes, apresados y, en ocasiones, asesinados sin derecho a alzar la voz.
Zuleijá,
casada siendo una niña con un hombre treinta años mayor, trabajando día y noche,
maltratada por su marido y su suegra que, nunca la consideró suficiente, y
pariendo hijas que morían inmediatamente, se ve arrancada de todo lo que conoce
y trasladada en un viaje interminable e infernal en el que descubre que
nuevamente está embarazada, hasta un lugar inhóspito y olvidado del mundo donde
tendrá que criar a su hijo entre desconocidos, trabajos extenuantes, frío y
hambre.
Aquellos
primeros deportados: kulaks,
intelectuales y cualquier supuesto sospechoso de ser enemigo del régimen,
levantaron con sus propias manos un triste asentamiento que, poco a poco, fue
creciendo con la llegada de nuevos trabajadores forzados.
La
menuda y silenciosa Zuleijá tuvo que aprender a vivir de nuevo dejando olvidado
todo lo que había constituido su existencia y en lo que creía para renacer a una
vida totalmente distinta en la que conocerá el hambre, el miedo, el frío, la
maternidad plena o el amor y participará activamente en la construcción de un koljos a orillas del río Angará
Zuleijá
compartirá esta historia con otros colonos de muy diversas procedencias, todos
ellos van a enredar sus vidas con hilos invisibles: Kárlovich, Ikonnikov, Gorelov,
Isabella, Lukka y, es especial, Yusuf, su hijo, y el comandante del campo
Ignatov.
Esta
es una obra que deja poso tras su lectura. Las imágenes tan espléndidamente
retratadas, los personajes, las relaciones establecidas, los hechos históricos
que relata y la denuncia implícita que se vislumbra, se quedan en la retina y
en la mente dando vueltas a otra de tantas atrocidades de la humanidad.
En
definitiva, esta primera novela de Guzel Yájina es una lectura totalmente
recomendable si no tienes miedo a zambullirte en historias con cierta
profundidad.
Julia de Castro
Mi primavera en libros
Junio 2023

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