Vuelve Kraken, el inspector de la Ertzantza, Unai López de Ayala, en otra
de sus investigaciones, esta vez en una carrera contrarreloj para encontrar lo
que creía perdido desde hace muchos años.
Con esta nueva entrega, la autora
prosigue con una saga que le está dando buenos resultados. Un género, el
policiaco, que ha demostrado tener seguidores fieles y que suele producir
novelas que enganchan y que no puedes dejar de leer.
En esta novela, Kraken ha dejado su
puesto de inspector y se limita a trazar perfiles. Pero ante una intrigante
llamada telefónica en la que le conminan a buscar un misterioso libro de horas
a cambio de la vida de una madre que, creía muerta desde el nacimiento de su
hermano Germán, todas las certezas en las que se sustentaba su existencia
saltan por los aires.
Unai va a discurrir ahora, entre Vitoria
y Madrid, por las librerías del barrio de Las Letras y las casetas de la Cuesta
de Moyano, para bucear en el mundo de los libros antiguos, de las joyas por las
que los coleccionistas pueden llegar a matar.
Estamos ante una historia entretenida,
una aventura más de Kraken, un personaje y unas tramas que han funcionado muy
bien en entregas anteriores y eso es, precisamente, lo que tanto gusta a los
expertos en márquetin y a las editoriales. Ya sabes, si algo funciona no lo
toques.
Tengo que decir que las primeras
entregas del inspector Kraken y el resto de los personajes que le suelen
acompañar me engancharon, no ha sido así con esta última. He tenido la
sensación de que el protagonista caminaba forzado sobre las situaciones que la
autora ha ido planteando.
Julia de Castro
Mi verano en libros
Julio 2022

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