martes, 3 de marzo de 2026

Amantes de mis cuentos: Éramos pocos y...

 


 

Desde que se ha levantado no ha parado ni un momento. Limpieza general en aquel piso de pequeñas dimensiones, abarrotado con muebles muy modernos, paredes con tonos que contrastan, libros por doquier, una leonera por habitación y dos maletas en la puerta. A todo correr está haciendo la comida para irse a trabajar. El malhumor la inunda. Y, encima, su marido le pidió anoche el divorcio.

—Din … don …

Se abre la puerta quedando una rendija sujeta con una cadena

—¿Quién es?

—Disculpe, ¿podría ayudarme? Busco a un profesor de literatura y no sé en cuál piso vive.

—No conozco a ningún profesor de literatura.

—Es ruso

—Como si fuera chino. Le digo que no le conozco.

—Es alto y delgado.

—Como si fuese enano y gordo. Lo siento. Se me quema el condumio y su búsqueda no es mi problema. Pregunte al conserje.

—¿Dónde vive el conserje?

Se oyó el golpe seco de la puerta al cerrarse y un grito. Cuatro dedos quedaron empotrados.

 

© Marieta Alonso Más

No hay comentarios:

Publicar un comentario