Dentro de muy poco, será Semana Santa y nos saludará la primavera con sus días más largos y soleados, con el regreso de las aves migratorias y las ganas de vivir…
Me gusta esta estación del año. A pesar de lo que sucede en mi familia. Sí, en la rama materna, la línea femenina. Varias de ellas, se han ido para siempre con noventa años y a la misma hora de un Viernes Santo. Parece mentira, pero así es. Todo comenzó con mi tatarabuela. Esta mujer a la que solo conozco a través de un medallón, que hoy tengo entre mis manos y que tiene incrustado un granate precioso, chiquitito, debajo de su foto.
Ella nació allá por 1848 en lo que es hoy es la República Checa. Por avatares de la vida, su tataranieta, yo, vivo en Madrid. El medallón ha ido pasando de mano en mano, de generación en generación, hasta llegar a las mías.
El granate, ese mineral de color rojo intenso, además de ser bello, tiene propiedades mágicas. Se dice que da energía vital, protege el amor, cuida al corazón y la circulación sanguínea…
Lo aprieto muy fuerte entre mis manos a la espera de que no tenga en cuenta el maleficio, porque el próximo tres de abril, cumplo esa bonita edad y es Viernes Santo.
Marieta Alonso Más

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